Mundo Judío

Historia viva que hay que conocer

Eichmann y el  impresionante testimonio de Mijael Guilad (Goldman)

Días atrás se publicó la noticia del fallecimiento de Mija Maor, sobreviviente de la Shoá que logró fotografiar para el Mossad documentos en la oficina del Procurador General de Alemania, claves para la captura de Adolf Eichmann. En dichos documentos había información importante que demostraba el involucramiento de Eichmann en la “solución final” que pretendía terminar con toda la judeidad europea.  

Fue en abril de 1960 que el Mossad secuestró a Eichmann en la calle Garibaldi en Buenos Aires, al confirmar que el ciudadano argentino Ricardo Klement, era él. En agosto del año siguiente, tras el testimonio de 110 testigos en un juicio histórico en Jerusalem, Eichmann fue declarado culpable de crímenes contra el pueblo judío, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra. Fue condenado a la horca.

Eichmann solicitó clemencia, pedido que fue rechazado por el presidente de Israel Itzjak Ben Tzvi. El criminal nazi fue ejecutado en la cárcel de Ramle. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas fueron desparramadas en el Mediterráneo, fuera de las aguas territoriales de Israel.

Cuando Eichmann fue llevado a la horca, uno de los israelíes presentes fue Mijael Gilad (pronunciado Guilad), originalmente Goldman, sobreviviente de Auschwitz, quien como oficial de policía, fue uno de los encargados de la investigación clave en el juicio. Lo entrevistamos hace ya unos años sobre su historia y, a través suyo, la del pueblo judío.

Es como si lo hubiera contado hoy.

Un testimonio que nos parece hay que conocer, aunque aquí lo publicamos resumido.

Adolf Eichmann en su juicio en Jerusalem, (Foto: GPO)
Adolf Eichmann en su juicio en Jerusalem,
(Foto: GPO)

 

«No hay venganza para 6 millones»

 

P:  ¿Cuál fue, a su criterio, la importancia del juicio a Adolf Eichmann?

R: El juicio fue un evento sumamente importante en la historia de mi vida, aunque cuando fui incorporado al equipo de trabajo no imaginé que con el correr de los años sería cada vez más actual y que se convertiría en algo comentado no sólo en Israel sino en todo el mundo. El juicio a Eichmann en Jerusalén se convirtió en el juicio de Nüremberg del pueblo judío. Recordemos que en los juicios de Nürenberg si bien se mencionó la aniquilación de los judíos de Europa, ese no era el tema más importante mencionado, aunque sí apareció en más detalle que lo que los nazis hicieron a otros pueblos de Europa, quizás con la excepción de los gitanos.

El juicio a Eichmann fue el proceso a través del cual el mundo entero se enteró en detalle de lo que había sucedido. Pero más que nada, fue el medio por el cual los jóvenes israelíes de entonces, aquellos que vivían en ese momento en Israel y que habían nacido después de la Shoá, tomaron contacto directo con el Holocausto. Creo que esa es la importancia central.

P:  Usted no era un oficial más en el equipo; sobrevivió el Holocausto y pasó mucho junto a su familia durante la Shoá. ¿Se mezclaba esa vivencia personal con la conciencia y casi diría la responsabilidad que tenía sobre sus hombros a nivel nacional; creo que podemos decir en nombre del pueblo de Israel en general? Todo iba más allá de su historia personal...

R:  Indudablemente. Ante todo, creo que es importante mencionar que el trabajo que iba a emprender en ese juicio era totalmente diferente de todo lo que se hacía en la policía de Israel, de todo lo que yo había hecho durante años como oficial de investigación. Era sin duda algo fuera de lo común. Sentíamos que estábamos haciendo algo quizás sin igual en la historia. No pensábamos que nunca más en el futuro lograríamos capturar a un criminal de guerra de la talla de Adolf Eichmann. Cuando comenzamos a investigar, quedamos estupefactos al comprobar la envergadura del material.

P:  Y eso que usted estaba a cargo de solamente una de las siete partes del material de investigación...

R:  Así es. Era, en realidad, la parte más grande. Se refería al asesinato de los judíos en Polonia, en los países bálticos, en los territorios ocupados por los nazis en la Unión Soviética y en los campos de exterminio. Recordemos, por ejemplo, que los judíos de Francia, Bélgica y Holanda fueron enviados a los campos de exterminio en trenes que llegaban a Polonia. O sea que el asesinato en masa, lo peor, la matanza cruel misma, fue en esos territorios: Polonia, Ucrania, Lituania, Estonia, en la zona del Gobernador General... y todo eso estaba bajo mi jurisdicción. Tenía que juntar las pruebas sobre la envergadura de los asesinatos en lo relevante a Eichmann, pero no sólo en lo estrictamente relacionado a él.

P:  ¿A qué se refiere?

R:  Por ejemplo, juntamos material sobre el Gueto de Varsovia. Eichmann no tenía a su cargo el gueto pero sí era responsable por la situación que existía en él debido a que todas las expulsiones de judíos de afuera hacia el gueto, que incidían directamente sobre la vida en el lugar, sí eran obra suya. Y la cantidad de gente que había influía en el hambre o en las enfermedades. También en las deportaciones desde el Gueto de Varsovia hacia los campamentos de exterminio. Al juntar el material sobre él, no podíamos limitarnos a sus acciones directas sino que debíamos dedicarnos también a temas en los cuales él había sido uno de los factores determinantes. La dimensión del material era impresionante.

P:  Imagino que aquí la gran dificultad iba mucho más allá de todo lo que abarcaba la cantidad de material. Y supongo que inclusive para usted, que pasó la Shoá, haber entrado en todos los detalles de cómo una persona es capaz de hacer lo que Eichmann hizo, habrá sido un desafío poco común. Esto no era una simple investigación de asesinato...

R:  Así es... Por ejemplo, no teníamos que demostrar que una carta determinada que recibimos de un archivo, firmada por él, llevaba realmente su firma. Él confirmó que era su firma. Pero dijo que le habían ordenado firmarla.

P: - Siempre decía que había cumplido órdenes...

R: Por supuesto. Esquivaba la responsabilidad directa. Él no podía, por ejemplo, desmentir que cuando estaba en Hungría tenía a su cargo el transporte de 450.000 judíos a Auschwitz, ya que era el responsable, junto a los húngaros, de la unidad que se encargaba de eso. Ello significa que toda la investigación era diferente de algo común y corriente.

P:  Pero además, ustedes debían conocer al dedillo, seguramente, cómo funcionaba toda la maquinara nazi ¿verdad?

-R: Así es. Teníamos que estudiar la ideología nazi, leer los Protocolos del Juicio Nüremberg, aprender cómo funcionaba el mecanismo de las SS, uno de cuyos departamentos era el cuartel de la Gestapo en la Dirección central de la SS en Berlín. Dentro de ese departamento, el Sub Departamento de Asuntos Judíos, estaba encabezado por Eichmann. Era imprescindible saber todo eso para saber qué preguntar y cómo preguntar. Nada de esto se asemejaba a investigaciones criminales de cualquier cuerpo policial.

EL CONTACTO CON EICHMANN

P: Y todo dentro de parámetros e instrucciones muy claras acerca de cómo usted y sus colegas en la investigación debían comportarse con Eichmann...

R: Así es. Las instrucciones eran sumamente estrictas respecto a cómo hablarle, cómo actuar con él, para que luego, en el juicio, no tenga elemento alguno para alegar que lo presionaron. Quien estaba siempre con Eichmann, un amigo personal mío, el Capitán Avner Less, era nacido en Berlín. No era en realidad un oficial de Investigación, sino más que nada de Inteligencia. Él le hacía preguntas todos los días, Eichmann respondía y todo quedaba grabado; luego lo transcribían; al día siguiente le mostraban el protocolo; él podía leer todo, corregir y hasta borrar y agregar, y finalmente firmar. O sea que el trato que recibió fue más que correcto. Se lo trató con la delicadeza con que se trata a un huevo para que no se rompa.

P: - Demasiado delicadamente... entiendo que esa es su opinión...

R: Sí; demasiado. Además. Avner Less no lo investigaba en profundidad, sino que se quedaba con sus respuestas. Yo considero que aún en el marco de las instrucciones existentes, se podía haber hecho otras cosas. O sea, sin necesidad de decirle que miente y que está engañando, se le podía decir que lo que está diciendo ahora, contradice lo que está escrito en tal y tal documento suyo. Se podía haber sido más estricto sin violar el marco de instrucciones. No se hizo. Creo que en gran medida, eso se debió a que el investigador mismo era demasiado caballero.

 

Goldman, en el juicio, junto al Fiscal Gideon Hausner (Foto: GPO)
Goldman, en el juicio, junto al Fiscal Gideon Hausner (Foto: GPO)

 

P:  Usted también lo interrogó personalmente ¿verdad?

R: Sí; me reuní con él varias veces, cuando necesitaba detalles concretos sobre algo determinado, más allá de lo que había dicho sobre un tema particular.

P:  ¿Qué sintió la primera vez que tuvo a ese monstruo frente a usted?

R: Yo no conocí el nombre de Eichmann durante la Shoá. No creo que ninguno de los sobrevivientes, nadie que no haya estado en Berlín cuando Eichmann creó allí el Centro de Emigración, en 1938-39, o que no haya estado en Hungría cuando él estuvo allí, puede haber oído el nombre de Eichmann o haberlo visto en distintos guetos o campos. Pero cuando vi por primera vez su foto con el uniforme de la SS, tuve presente que él era el quinto en la jerarquía nazi, después de Hitler. Luego de Hitler estaba el jefe de la SS Heinrich Himmler, luego Ernst Kaltenbrunner y Heydrich, jefe de la Oficina Central de Seguridad del Reich, luego Heinrich Müiller, que era el jefe de la Gestapo y en el quinto lugar Adolf Eichmann, jefe del Departamento de Asuntos Judíos, que tenía a su cargo la «Solución final del problema judío» en Europa, o sea su exterminio físico. Aunque su rango de Teniente Coronel en la SS no era el más alto, había generales en la SS que le temían. Él, de hecho, era el que decidía todo en lo relacionado a los judíos que se encontraban en los territorios controlados por los nazis o vinculados con Alemania nazi.

Y volviendo a la pregunta original. Cuando lo vi personalmente por primera vez vi frente a mí una criatura humana; era una persona, un monstruo, pero una persona al fin con aspecto de desgraciado, lo que llamaríamos en idish «nébej», como consumido, disciplinado, que no osaba ni sentarse si uno no le había dicho antes que puede hacerlo, diciendo para cada cosa «a sus órdenes».

P:  Eso inspiraba seguramente más repugnancia todavía...

R: Sí... y yo me preguntaba: Dios mio ¿este es el hombre que me mandó a Auschwitz? ¿Este es el hombre que mandó a mis padres al campamento de exterminio en Belzetz? ¿Este es el hombre que se oponía a las selecciones en Auschwitz?

P:  ¿Qué significa que se oponía a las «selecciones»?

R: Él visitaba Auscwhitz cada tanto. Rudolf Hess, no el vice de Hitler sino otro, el comandante de Auschwitz, atestiguó en el juicio que se le hizo en Polonia (tras el cual fue llevado a la horca dentro de Auschwitz, y la horca se ve allí también hoy), que en 1943, en una de esas visitas al campo, Eichmann le preguntó por qué hacía «selektzia». «Yo le mando a la gente para que usted ejecute el plan, pero usted selecciona. ¿Para qué introduce gente en el campo? Alguno puede luego quedar vivo y vengarse de nosotros», le dijo Eichmann, según contó Hess.

P:  Usted mismo pasó una «selektzia»...

R: Es verdad. Yo pasé la «selektzia», quedé con vida y no digo que me vengué de Eichmann, pero sí estuve frente a él cuando lo colgaron.

Mijael Gilad, en el jucio a Eichmann (foto GPO)
Mijael Gilad, en el jucio a Eichmann (foto GPO)

 

Entre el dolor y la venganza

 

P: Recuerdo que el ex Gran Rabino Israel Meir Lau, sobreviviente de Buchenwald, contó que en una visita a uno de los campos, vio las marcas dejadas en una pared, hechas al parecer con las uñas, de alguien que escribió: «Nekume», en idish, venganza. Y agregó que la venganza era haber podido volver allí, vivo, como Rabino Jefe de Israel. ¿Dónde está la venganza en el léxico judío? ¿Cómo tiene que aparecer ese concepto en la terminología de los sobrevivientes?

R:  Yo no creo que el concepto de «venganza» exista siquiera en algo de la envergadura de la Shoá. No existe la venganza. No hay venganza para los seis millones. Cuando estuve frente a Eichmann, a un metro de él, él ya debajo de la horca, con la soga al cuello, y cuando dos policías apretaron dos botones , el piso se abrió debajo de sus pies y él cayó, no tuve ningún sentimiento de venganza. No existe la venganza. Tampoco estoy de acuerdo con quienes dicen que el Estado de Israel es la venganza por la Shoá. El Estado de Israel podía haberse establecido también sin la Shoa.

P:  Escuché en más de una ocasión al Profesor Yehuda Bauer, experto en la Shoá, diciendo que lo exasperan los políticos que en los actos de Iom Hashoá dicen que el Estado de Israel fue creado debido a la Shoá, ya que los hechos históricos indican que lo que la Shoá hizo fue demorar la creación de Israel, dado que numerosos judíos pensaban emprender el camino hacia la tierra de Israel, que hay pruebas de ello, y que con su presencia, se habría acelerado la fundación del Estado...

R: Exactamente. La Shoá eliminó el gran reservorio del judaísmo de raíz, que habría podido aportar muchísimo al Estado de Israel. Yo digo que el Estado de Israel se creó a pesar de la Shoá, no debido a ella. O sea que ni Israel es la venganza por ello. Yo digo que la venganza por lo que se nos hizo en la Shoá, no existe. Y algo más: sólo Dios puede tomar venganza. Está en sus manos.

EL FINAL

P: ¿Qué le pasaba por la mente en esos momentos, cuando Eichmann ya estaba en la horca?

R: Recuerdo que allí, junto a la horca, había también un sacerdote, el Reverendo Hall. Él le decía a Eichmann todo el tiempo que diga Jesús, que diga Jesús. Pero Eichmann había rehusado confesarse con él. Y cuando, antes de morir, dijo «Viva Alemania, Viva Argentina, Viva Austria», agregó: «Yo creía en Dios y muero con mi fe en Dios». Y yo pensé: Dios mio, este asesino en masa ¿en qué dios creía? ¿cuál era su dios? En determinado momento, pensé preguntárselo, pero la disciplina era estricta, y no abrí la boca.

P: Una pregunta que quedó sin respuesta... ¿Quién era su dios? Y usted presenció esos últimos momentos...

R: Sí; allí estaba yo. Eichmann fue colgado unos minutos pasada la medianoche entre el 30 de mayo y el 1º de junio de 1962. Era una noche oscura, con niebla. Cuando la guardia policial bajó su cuerpo en una camilla al patio de la cárcel para llevarlo a incineración, íbamos junto a la cerca, alumbrando el camino con linternas. Mientras caminaba, en un momento pensé: «Como en Auschwitz». Pero luego me dije: No mi Auschwitz, sino el de él. Recuerdo claramente esa asociación. Pero no sé si puedo decir que fue una satisfacción. Él asesinó a millones. No se lo podía colgar seis millones de veces.

 

(Publicaremos el resto de la entrevista en otra oportunidad)

 

Ana Jerozolimski
(27 Junio 2019 , 16:12)

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