Mundo Judío

Mochileros comunitarios

La experiencia del joven israelí hijo de argentinos  Tomer Faur, en Mendoza

Son jóvenes, israelíes, no necesariamente hijos de padres latinoamericanos, y viajan por unos meses a Sudamérica a aportar a la actividad en comunidades judías relativamente pequeñas. Son los “mochileros” enviados por el departamento de Actividades en la Diáspora de la Organización Sionista Mundial.

El programa comenzó a funcionar en el 2016 y desde entonces han salido tres tandas de jóvenes que ya finalizaron su servicio militar o servicio nacional. La actividad comunitaria se lleva a cabo durante unos meses de paseo que ellos planeaban en forma independiente, como mochileros, por el continente. En ese lapso, dedican dos meses a la actividad comunitaria voluntaria.

Hasta ahora, los jóvenes han salido a Argentina (Bahía Blanca, Salta, Chaco, Paraná , Santa Fé y Mendoza), Ecuador, México (Guadalajara) y se planea agregar más a la lista. La intención es que se sumen también comunidades en Brasil, Bolivia, Chile y América Central.

Hace pocos meses, durante una gira por algunas comunidades en cuatro provincias argentinas, tuvimos el gusto de encontrarnos en Mendoza con Tomer Faur, de 22 años, nacido en Israel , hijo de padres argentinos,y residente en Jerusalem, que también vivió tres años en Montevideo durante un período de trabajo de su papá, Andy Faur, en Uruguay.

“A la mañana trabajo en la escuela israelita Max Nordau en Mendoza enseñando un poco de hebreo y sionismo”, nos cuenta. “Ayudo a chicos que necesitan reforzar el hebreo, tengo encuentros con jóvenes de todas las edades para estudiar juntos. Y los sábados voy a la actividad de la tnuá, el movimiento juvenil, trabajando como madrij de distintos grupos”.

Este acompañamiento es corto, solamente dos meses, y Tomer lo lleva a cabo con dedicación, pero sin perder las proporciones. “No es que me necesitan. No es necesario que venga aquí un israelí por dos meses y cambie todo. Vengo por mi iniciativa de aportar a la comunidad y así también aprendo yo”.

En lo personal, Tomer se siente identificado con la comunidad mendocina en la que activa porque es de la corriente masortí con la que él se siente más cómodo. “Tienen mi visión del judaísmo como cultura, no sólo como religión y eso ayuda a sentirme cómodo”.

Ahora que ya está de regreso en Israel, siente que capta cabalmente la dimensión de lo vivido. “Ahora entiendo que hice algo único, irrepetible”, nos dice. “Esta misión fue una experiencia personal formadora, que me enseñó mucho sobre mi propia capacidad, cómo ser independiente, cómo crear contenidos y promover encuentros interesantes”.

Preguntamos si hubo alguna vivencia que le quedó especialmente grabada. “Un niño de 5° de primaria en la escuela judía de Mendoza con quien yo había hecho un lindo vínculo durante mi actividad, me invitó a su casa a un asado y a un partido de fútbol de domingo, para que conozca a su familia y sus amigos. Creo que nada puede manifestar mejor la calidez que sentí en la comunidad judía de Mendoza”, relata satisfecho.

El tema va más allá de la vivencia personal. “Esto pasa por el acercamiento a la vida judía en la diáspora, donde cada uno halla su forma especial de ser parte y socio en la actividad comunitaria en particular y del pueblo judío en general”.

Tomer pide, al terminar, transmitir su agradecimiento al Departamento de Actividades en la Diáspora de la Organización Sionista Mundial por esta oportunidad.

 

Ana Jerozolimski
(26 Diciembre 2018 , 09:34)

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