Entrevistas

Conversando con el escritor A. B. Yehoshua

Una de las plumas consagradas de la literatura israelí

Cuando se habla hoy de los clásicos de la literatura israelí contemporánea, uno de los nombres ineludibles es el del escritor A.B. Yehoshua (Abraham “Buli”, su apodo, es la “traducción” de las iniciales). Multifacético, ha sido ampliamente reconocido dentro y fuera de Israel, galardonado con diversos premios de literatura por prosa y poesía. En Israel, entre otros, recibió la máxima distinción que otorga el Estado, el Premio Israel.

Asimismo, se le conoce, junto a los escritores Amos Oz  (z”l) y David Grossman, como un duro crítico de la política de su gobierno en el tema palestino.

Al haberse celebrado recientemente el “Mes del libro hebreo”, pedimos a “Buli” volver a entrevistarlo, lo cual ya habíamos hecho en repetidas ocasiones en años anteriores. Nos recibió en su departamento en Givataim. Fue una conversación sobre literatura, política, y la nostalgia que le embarga desde el fallecimiento de su compañera de toda la vida, su esposa “Ika” (Rivka), y de su gran amigo, el escritor Amos Oz.

 

P: Se acaba de celebrar una nueva “Fiesta del libro”, tal cual se le suele llamar últimamente…surgen constantemente nuevos escritores y me pregunto qué sigue inspirando a quien es ya un “clásico”, como usted. ¿Comparte eso de la “fiesta” del libro?

R: Te diré que hoy se escribe muchísimo. Yo hasta diría que hay una inflación en la escritura, quizás hasta demasiado. Todo el tiempo aparecen películas israelíes, obras de teatro, óperas…una vida cultural creo yo sin precedentes. Es impresionante. Y por otro lado, un poco deprimente.

P: ¿Por qué dice eso?

R: Porque no tiene nada que ver con la situación, que no es sencilla. La expresión cultural no necesariamente es indicio del estado de salud de una sociedad. Es interminable la publicación de libros pero creo que hay tantos que muchos se pierden en los estantes. Se ha hecho muy fácil escribir, también en las redes sociales. Hay cursos de escritura creativa. Vienen nuevos escritores y a los del pasado no los recuerdan. Creo que hay algo inflacionario en la actividad cultural. Los teatros están llenos con todo tipo de producciones. Pero se sube rápido y se baja rápido. Te digo todo esto porque no estoy seguro que eso de la “fiesta del libro” sea indicio del verdadero estado de la cultura. Pero creo que no era sobre todo esto que me querías preguntar ¿no?

P: Yo quiero escuchar lo que usted siente y cómo ve las cosas, así que ese punto también es válido. Pero me pregunto, aún si usted  da a entender que la gran actividad cultural no siempre significa que lo que sale es bueno, si usted ve también cosas de calidad que captan su atención..¿o es difícil llegar a usted?

R: Es difícil. Puede ser que yo también me haya puesto más selectivo. Muchas críticas enseguida escriben “¡maravilloso!”, “¡extraordinario!”, “removedor”, “emocionante” y otras cosas similares. Y la forma de publicitar los libros hoy, no existían antes.

P: A usted le choca…

R: Bueno, yo no soy la vara para medir eso. Tengo 82 años. Cuando yo empecé era otra época. Pero al mismo tiempo sé que hay que tener cuidado de no vivir extrañando otras épocas.

P: ¿Tiene que decidir  conscientemente no hacerlo?

R: Sí, no extrañar demasiado otros días. Hay que mirar las cosas objetivamente. Bueno, yo no puedo bajo ningún concepto ser objetivo. Sé que no lo soy. Mido las cosas de acuerdo a mi propia vara y a mis valores. Pero lo que yo pienso no es tan importante.

 

Entre clásicos y nuevos

P: ¿Cree que si usted hubiera empezado ahora se convertiría en un clásico israelí, tal cual es desde hace mucho?

R: No lo sé. Realmente no lo sé. Quizás hoy no sería escritor. Además, llamarme de “clásico”….

P: ¿No se siente bien con el término que usé?

R: Creo que no es cuestión de clásico. Hubo tantos escritores que fueron clásicos y fueron olvidados como si no hubieran existido…

P: Eso también es cierto…pero está claro que si alguien del exterior me pregunta cuáles son los grandes escritores israelíes ya consagrados, yo voy a nombrarlo a usted, a David Grossman y Amos Oz, y no porque sean los únicos. Pero usted seguro debe estar incluido. ¿Eso quiere decir que soy anticuada?

R: No. Es cierto que somos conocidos. Pero tomemos por ejemplo a Shmuel Yosef Agnon . En el exterior nadie lo conoce. Y aquí todos hablan de él. Y me supongo que también en España hay escritores realmente importantes, que aquí ni se conocen. ¿Y Borges?. Probablemente ningún joven lo lea hoy. Pero es tan significativo. También es una cuestión de modas.

P: Además, no es que hay que determinar, seguro no cuando de literatura se trata, cuáles son los mejores como para que todos estén de acuerdo.

R: Claro que no. Cada uno tiene su gusto. Y son muchas las preferencias. Otro punto que creo que es relevante es que hoy técnicamente es mucho más fácil escribir. La computadora te corrige los errores ortográficos, Google te da enseguida información que uno puede precisar y eso ahorra estar investigando.

P: Los “accesorios” son hoy más fáciles.

R: Por supuesto. Si uno quiere describir un lugar determinado puede ir a Google, recibir enseguida las fotos…en fin, muchas cosas cambiaron.

 

Tragedia en medio del último libro

P: ¿Y el placer de escribir? ¿El disfrute de plasmar lo que siente y piensa, lo que imagina?

R: Hay de todo. En general las grandes creaciones de un escritor son en la mitad de su vida, pero yo saqué hace relativamente poco un libro, cuando Ika todavía estaba con vida. Cuando había escrito 70 páginas, ella falleció. Logré finalmente continuarlo y terminarlo. Está teniendo mucho éxito y hasta es cómico, pero fue intrincado el camino.

P: En hebreo se llama “Haminhará”, que traducido al español es “El túnel”, sobre un hombre de 72 años que comienza a olvidarse nombres, a confundirse, porque está sufriendo de una demencia incipiente. Es de hecho una comedia sobre cómo lidia con humor con un serio problema que lo acosa. El tema en sí da miedo, pero usted lo llevó por una dirección original. Y en medio de la escritura, su esposa, compañera de toda la vida, fallece. ¿Cómo se sigue?

R: Es muy difícil. Si bien su enfermedad fue muy corta, sin dolores, la mayor parte del tiempo en casa. Todo duró unos meses. Yo ya tenía la estructura del libro. Para mí su ida fue sumamente trágica. Estuvimos casados durante 56 años, siempre muy amigos, muy conectados, una relación muy profunda. Pero me quedé solo. Y tenía que terminar la novela, así que la terminé. La verdad, no entiendo cómo logré terminarla. Pero no tenía ninguna otra cosa que hacer.

P: ¿El desenlace de la novela cambió a raíz de lo que pasó, fue distinto de lo que tenía planeado?

R: En determinados momentos entró en el medio la enfermedad de mi esposa, descripta como la enfermedad de la mujer en la novela, aunque ella no muere. Pero la enfermedad, los hospitales, todo lo relacionado a ello, eso entró al libro.

Con su esposa "Ika", años atrás, en vacaciones (Foto: Wikipedia)
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No tengo motivos para escribir autobiografía

P: ¿Diría sobre alguno de sus libros “ese soy yo”?

R: Yo no escribo en forma autobiográfica. Mi autobiografía ha llegado en migas aquí y allá en todo tipo de cosas. Hay escritores que tienen una historia. Yo creo que uno escribe autobiografía por dos razones, porque tienen una herida, como Amos Oz que por cierto se expresaba desde esa herida, que escribe sobre la herida y quieren estudiarla, o porque sienten que les ocurrió algo importante que puede interesar al mundo, que les resulta importante personalmente. Guerra, Shoá, por ejemplo como Aharon Appelfeld. Pero en mi caso, ni una cosa ni la otra. No cargo con heridas. He tenido una vida hermosa, buena, en mi niñez todo estuvo bien. Y no sentí que tenía algo personal para contar, por lo cual activé mi imaginación para construir mundos a partir de ella. Por eso digo que para mí, el tema autobiográfico fue muy secundario, realmente marginal.

Si uno quiere buscar, puede ver quizás a veces la figura de mi esposa parecida por ejemplo a la figura de la mujer en “La novia liberada”.

P: Uno siempre puede asociar capítulos de su vida a cosas escritas.

R: Sí, a veces se puede. Pero no creo que haya en mi propia historia nada interesante. Sin embargo, sí creo que hay otras cosas que son importantes en la vida y que por eso hay que escribir sobre ellas. Me ocupa y preocupa mucho el tema israelo palestino. De la diáspora judía. Muchas cosas.

Literatura e ideología

P: Y usted en efecto se ha manifestado sobre estos temas, grandes temas en el Israel de hoy. Siente que debe manifestarse sobre algunos temas en los que tiene convicciones ideológicas claras ¿no?

R: Sí, siento que tengo un compromiso. Pero no tanto a través de los libros. Cuando sentí que tenía cosas importantes que decir, escribí artículos. Muchos. Amos Oz siempre decía “tengo dos lapiceras”. Yo le respondía “es la misma lapicera, la misma tinta, pero otra uña”.Claro que en la parte literaria propiamente dicha las cosas son más complejas, no van en una sola dirección, hay varias voces. Eso siempre fue muy importante para mí. Pero en mi ideología, nunca me importó, siempre sentí que hay que decir las cosas. Y aunque ahora hay a veces algún intento de censura, debo decir que en mi época siempre pudimos decir lo que queríamos.

P: Se refiere a censura no formal ¿no? Entrevisté a Eyal Scher, Director del Festival Israel y le pregunté sobre la Ministra de Cultura Miri Regev, con su estilo tan especial, y él me decía que ninguna de las iniciativas que ella tuvo, que intentaban limitar según determinada línea, se concretó, pero que el peligro en esas situaciones es que eso lleve a autocensura.

R: Autocensura es lo que les pasa a algunos artistas, especialmente los que dependen del público, como actores y cantantes. Es en ellos que puede haber peligro que se autocensuren. Y también habrá quienes hagan anticensura, que se van al otro extremo para mostrar que a ellos no los presionan en nada. Es un problema real.

Dado que yo ya estoy en otro lado y los temas sobre los que hablo son muy de fondo, relacionados por ejemplo al hecho que ya no creo en la solución de dos Estados, siento que estoy un punto especial. O me dicen que me pasé a la derecha o, como quiero un Estado de todos sus ciudadanos en el que los palestinos de Cisjordania sean ciudadanos, me dicen que eso es izquierda. O sea que todo se mezcla. Pero yo veo que a los jóvenes, lo veo en mis propios hijos, no les interesa la política como nos interesaba a nosotros.

P: ¿No será que hay  menos fe? ¿O menos confianza en una solución?

R: Hay menos fe en que las cosas cambien, en que se puede hacer algo.Hacen falta nuevas ideas.

P: No diré que he seguido de cerca a los nuevos escritores israelíes, o digamos los más jóvenes, pero creo que se manifiesta mucho menos públicamente sobre temas en discusión, que ustedes, los mayores y ya consagrados. Usted, Amos Oz y David Grossman, siempre dieron la cara.

R: Es cierto. También los anteriores a nosotros, Shamir, Meged, Izhar…Natan Alterman estaba todo el tiempo involucrado en lo político. Yo creo que hoy no se manifiesta tanto porque sienten que no hay nada nuevo y que nadie quiere hablar ya del tema palestino, que la gente está cansada, o porque no tienen una ideología formada.

P: En el tema palestino, el asunto es que quien no está a la derecha tiene mucho que criticar sobre la política oficial, pero creo que todos sabemos que hay  mucho para criticarle al otro lado, a los palestinos.

R: Por supuesto, por supuesto. El tema palestino es un gran problema. No es casualidad que esté tan estancado. Lo está, de los dos lados.

 

Escritura, una vivencia personal

P: Volvamos a la escritura…¿Cómo llegó usted a ser escritor?

R: Mi padre tenía tendencias literarias. Él era estudioso del mundo árabe y Medio Oriente. Escribió libros pero no ficción sino sobre Jerusalem a  fines del siglo XIX  y comienzos del XX. Doce libros, muy bien escritos. Yo diría que eran libros de folklore.

P: Sobre amor por Jerusalem.

R: Sí, amor jerosolimitano que tomó no de su propia vida sino de una vida anterior, de Jerusalem. Y claro que de él aprendí, porque había por mi padre un trasfondo claro en mi casa. Mi madre llegó de Marruecos y no sabía hebreo. O sea, con nosotros hablaba en hebreo, pero no podía leerlo. Y empecé de a poco a escribir, primero en el ejército, recibí buenos comentarios, y seguí. Y siempre tuve cuidado, no me apuré al escribir. Primero escribí cuentos muy cortos, luego fueron siendo más largos. Y recién a los 40 publiqué mi primera novela. Fui siempre con cuidado sobre tierra segura, para ver dónde estoy parado.

P: ¿Y llega un momento en el que uno se dice a sí mismo “soy escritor”?

R: Recuerdo que cuando en el avión me daban esas tarjetas que uno tiene que llenar para entregar con el pasaporte, donde decía “profesión” siempre ponía “profesor universitario”, no escritor. Después de determinado momento, sí, empecé a poner “escritor”.

P: ¿Quizás después de un libro determinado que lo marcó?

R: No recuerdo. Creo que a los 45 años de edad ya escribía que soy escritor. No creo que sea una virtud especial ser escritor. Gran parte de nuestro éxito derivó del exterior. En las generaciones anteriores no había mucha literatura traducida. Cuando empezaron a traducir nuestros libros, eso no sólo dio dinero sino también determinado status.Agnon, por ejemplo , no fue traducido para nada durante muchísimo tiempo…y cuando sí se lo tradujo, creo que no se le destacó mucho. Era tarde.

P: Fue Premio Nobel de Literatura…

R: Así es. Las generaciones anteriores no fueron traducidas como nosotros.  Y está el tema del status. Creo que quizás yo fui el primero que recibió un puesto en la universidad en base a mi escritura, no a mi investigación literaria, porque yo no hice ninguna investigación.

P: ¿Le da importancia a las críticas?

R: Depende quién las escribe. Yo siempre leo las críticas. Pero no las buenas, porque temo ver que el crítico es tonto y que escribió algo bueno sobre un libro mío sin entender nada. Pero las críticas negativas sí las leo, porque es importante saber.Si es una crítica inteligente, uno puede aceptar, y aunque sea negativa, puede enseñar algo, si uno ve que el crítico entró realmente al libro y halló un problema  que vale la pena iluminar.

P: Y si alguien critica un libro que un escritor escribió con su verdad, porque no lo entiende? ¿Para qué?

R: No, yo puedo entender. Si yo publico un libro, de ello puede desprenderse un mensaje que le dice al potencial lector que ahora deje otras cosas, abra mi libro y lea. Y entonces, el libro debe ser digno. “Me estás pidiendo mi atención, no puedes recibir de mí un cheque en blanco”, puede decir el lector. Ahora por ejemplo estoy leyendo el quinto tomo del escritor noruego Karl Ove Knausgard que escribió seis libros autobiográficos. Escribe de una forma muy especial, me gusta mucho, y la traducción al hebreo es muy buena. Mis amigos Amos y David no encontraron allí nada que los atraiga.

P: Amos Oz y David Grossman…no les gustó.

R: No, empezaron y lo dejaron. ¿Qué puedo hacer? Cuando para mí un libro es bueno, quiero que muchos otros lo lean y compartan conmigo.

P: ¿De qué otra obra literaria se emocionó últimamente?

R: ¿Me emocioné? Leí unos cuentos ucranianos de Gogol que no habían sido traducidos antes del ruso, unos cuentos de Faulkner, cosas así. Y en literatura israelí, me gustaron unos libros de Yael Neeman que escribió sobre el kibutz.

La amistad con Amos Oz (z”l) y David Grossman

P:¿Cómo era, desde adentro, su relación de Amistad con Amos Oz?

R: Mi relación con Amos Oz era algo de lo que me siento muy orgulloso. Y él también. Últimmente volvimos a hablar de eso nos dijimos que nos enorgullece ser escritores durante 60 años, amigos, a pesar de que estamos en principio en el mismo casillero, disputándonos supuestamente el mismo público. Pero mantenemos nuestra amistad, no sólo a nivel personal nosotros dos sino también entre nuestras familias.

P: ¿Solían encontrarse?

R: Sí, con Nili y con Ika. Tenemos otro amigo, Yehoshua Knaz, que también era muy cercano a nosotros. Él es el modelo inspirador en “El Túnel”. No sólo que somos amigos sino que nos enviamos unos a otros nuestros manuscritos antes de publicarlos, recibimos las observaciones del otro. Amos, que conoce mejor el escenario internacional, me dijo: “Que sepas que no hay cosas así.Esto es algo muy poco común”.

P: Usted sigue hablando de él en presente.

R: Sí.

P: ¿Lo echa mucho de menos?

R: Me hace falta, sí. Lo echo mucho de menos. También su muerte fue un relámpago, tan rápida…Después de fallecer Ika yo iba a su casa a las 7.30 de la mañana, cuando Nili aún dormía. Nos sentábamos a tomar café y hablábamos. A veces teníamos discusiones políticas sobre el tema de dos Estados o un Estado, y le dije “deja esa idea” pero bueno, cada uno pensaba lo suyo…Y cuando se enfermó yo iba a verlo al hospital.

P: ¿Cómo había empezado esa amistad entre ustedes?

R: Amos es 3 años más joven que yo. El dice que fue janij mío pero yo no lo recuerdo de esa época. Cuando yo fui madrij en los Tzofim, enviado como parte del servicio militar, él estaba en Hulda en ese momento pero los fines de semana iba a lo de su padre y como mis janijim eran de esa edad, él dice que cada tanto venía a mis peulot, a las actividades que yo organizaba. Pero yo no recuerdo haberlo conocido entonces. Cuando yo le pregunté cómo asegura que fue mi janij si no lo recuerdo, él me contestó: “en aquel momento yo era más bajo que el pasto”.

P: Me imagino que no se refería a la altura física.

R: No, se refería a cómo se sentía. Venía del kibutz, la situación era muy difícil. Venía a lo de su padre y al parecer su padre no quería que él esté en la casa. Sin duda, nos unían muchas cosas. Además, en la lucha política, estábamos del mismo lado. Y entre nosotros nunca hablamos  ni de ventas ni de dinero. Y la amistad se hizo extensiva a nuestras familias. Él quería mucho a Ika. Ella a él también. Mucho.

 P: ¿Usted se mantiene en contacto con Nili, la esposa?

R: Sí. Estuvo enferma, pero por suerte salió de eso.

P: Y está el tercer eslabón, David Grossman, mucho más joven que ustedes dos.

R: Así. Le dijimos que lo hicimos saltearse unas clases. Y él dijo “no, yo salté solo”. Amos y yo éramos amigos de David  y yo sigo en contacto con él. Lo quiero mucho. Especialmente después de su tragedia, que fue tan dura.

P: La muerte de su hijo Uri en la segunda guerra en Líbano…Y ato cabos…usted habló de la escritura de “El túnel” durante la cual falleció su esposa…y cuando David estaba escribiendo “La vida entera” él cayó. Justo un libro que habla sobre un soldado que cae y la madre que presiente y escapa constantemente para no recibir el anuncio de su muerte.

R: Así es.  Recuerdo que había estado en su casa ese día y de noche le avisaron que Uri había muerto. Al mediodía siguiente volví a verlo. Y él, en medio de tanto dolor, me preguntó “¿y qué va a pasar con la escritura?”. Le dije: “Continúa, sigue escribiendo, no te muevas de tu plan”. El pensaba que no podría volver a escribir. Yo le aseguré que podría.

P: Grossman me dijo una vez que para él era una necesidad casi física escribir, que se levanta todos los días con la necesidad de escribir.

R: Sí. Es cierto.

 

La escritura…y la vida

P: ¿Usted siente algo parecido?

R: No, yo ya no necesito escribir.

P: ¿Está escribiendo algo nuevo?

R: Sí. Pero muy lento. Despacio, muy despacio. Yo nunca fui de los escritores que publican muchos libros. Escribí unos 28 o 29 libros entre novelas, algunos libros de cuentos cortos, dos libros para niños, obras de teatro…Ya no le debo nada a nadie.

P: Y con esto vuelvo al comienzo de la entrevista. ¿Disfruta de sentarse a escribir?

R: A veces se disfruta, a veces es difícil…Lo que me es muy importante es lograr crear un mundo en el que todo se ordena bien, con un hilo que conecta bien las cosas. Hay quienes escriben libre. Yo planifico. Necesito que cada ladrillo en la construcción tenga un significado para el ladrillo de al lado. Esa es mi forma de escribir.

P: Todo planeado de antemano.

R: Así es. Yo planifico. Casi no borro. Escribo despacio, pero no borro. Pero cada uno va por el camino que le resulta mejor. No hay reglas para eso. Tengo un camino. A veces me pasa que al principio me cuesta ver dónde estoy, pero entonces determino cuál será la meta, cuál será el final y entonces me acerco a él paso a paso, lentamente.

P: Y con tantos años de esa literatura pausada y tan dedicada ¿usted puede decir elegir hoy entre sus libros?

R: Mi mejor libro es “El Sr. Mani”. Fue un invento y también, desde un punto de vista técnico, es único. Fue un libro que yo no sabía si lograría concretar. Es mi libro especial, mi “Cien años de soledad”. Trata sobre cinco generaciones, con cambios en el tiempo. También me gusta mucho “Viaje al fin del milenio”, que significó ir profundo en la historia, buscar un estilo especial. Es un proyecto que uno hace a los 40-50 años. En general un escritor llega a esa altura de la vida a un nivel y luego empieza a bajar.

P: ¿Pero usted siente que desde ese libro comenzó a bajar?

R: Está claro que no tengo la misma fuerza que tenía. “El túnel” ha sido exitoso pero no puedo compararlo con “Viaje al fin del milenio” . Recuerdo el esfuerzo espiritual que significó, las investigaciones que hice. Pero ya no importa. Te puedes fijar en muchos grandes escritores. Creo que Faulkner, sus mejores libros fueron entre los 30 y 40 años de edad.

P: Hasta los 120 ¿cree que escribirá mucho más?

R: Espero que no, espero que no.

P: ¿Ahora prefiere disfrutar de los hijos y nietos?

R: Claro que los disfruto, pero no es lo mismo que tener a mi esposa, mi compañera. Ella era lo más importante en mi vida.

R: ¿Se siente solo?

R: Sí. La relación con ella era lo más importante en mi vida. Nuestro matrimonio lo era. Yo estaba con ella, ella también tenía su carrera como psicoanalista y a mí me gustaba mucho también su carrera. Tenía su clínica aquí en casa, así que estábamos mucho juntos.

P: Estaba orgulloso de ella…

R: Muchísimo. Muy orgulloso. De ella, de su profesión, de su trabajo…de nuestro matrimonio.

P: Imagino que ella era su primera crítica ¿verdad? La primera cuya opinión le importaba…

R: Por supuesto.

P: ¿Hay algo más que quisiera comentar?

R: No, muchas gracias. Creo que esto es todo.

P: Muchas gracias a usted, por su tiempo, y por compartir pensamientos y sentimientos.

R: Gracias a ti por el interés.

Ana Jerozolimski
(22 Agosto 2019 , 04:29)

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