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MiSinai

Tenemos el honor de compartir con nuestros lectores MiSinaí No. 12. Esperamos que lo disfruten tanto como nosotros.
 

 

No. 12
Parashá: Eikev
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Horario de velas de Shabat en Montevideo, viernes 23/8 18:01
Demás localidades ver en  www.jabad.org.uy

Uniformidad: la clave de la exclusividad

Por Naftali Silberberg

El mandamiento bíblico de rezar está expresado como una orden de servir a D-os con “todos nuestros corazones”, lo que los Sabios entienden como el mandamiento de rezar. Originalmente, todos ofrecían sus plegarias personalizadas, empleando palabras que expresaban sus sentimientos únicos. Y como los sentimientos fluctúan, así también las plegarias personales de cada persona fluctuaban en forma diaria. Eventualmente, los Sabios de la Gran Asamblea instituyeron una plegaria uniforme para todos los judíos, creando el texto básico del libro de rezos que se usa hasta hoy en día.

Pero ¿se puede programar la relación de una persona con su Creador? ¿Es posible estipular los sentimientos que uno debería expresar a D-os?

En las enseñanzas del Jasidismo, las palabras se consideran “recipientes”, recipientes para los sentimientos y pensamientos que las generan. Dos personas pueden decir las mismas dos palabras, que aparentemente expresan el mismo sentimiento, pero solo el “recipiente” es igual, las emociones detrás de las palabras pueden estar en polos opuestos. Dos personas le pueden decir a sus esposas “Te amo”; ¿significa esto que su amor es el mismo, tanto en cantidad como en calidad? Obviamente no.

Vivimos en un mundo obsesionado en gran parte por atractivos externos. Todo se juzga por su dimensión más revelada, mientras que la esencia pasa inadvertida. La exclusividad se expresa con anillos en la nariz o autos sport, no a través de enfatizar el carácter y la sabiduría. A veces es necesario tener dos cosas externamente parecidas para apreciar la profunda diferencia que existe en realidad entre las dos.

El desafío que tenemos es crear una plegaria personal llena con emociones y sentimientos propios mientras usamos las mismas palabras que la persona sentada al lado en la sinagoga. Esto significa adentrarse verdaderamente en la plegaria, porque si los recipientes están vacíos, si las palabras no se apoyan en sentimientos y concentración, entonces la plegaria que se está ofreciendo no es diferente que la plegaria de cualquier otra persona.

Y D-os ama las plegarias únicas …

Vivir en el pasado

[Dijo D-os a Moshé:] “Inscribiré en [el segundo juego de] las tablas las palabras que estaban en las primeras tablas...” (Devarim 10:2)

Moshé partió las primeras tablas cuando vio que el pueblo judío había forjado el becerro de oro. Esas tablas partidas eran guardadas en una caja especial de madera, que D-os ordenó que el ejército judío llevara consigo cada vez que entraran en batalla. Pero ¿cómo puede el eterno testimonio del pecado cometido por los judíos al crear un becerro de oro ser de alguna ayuda, o de algún mérito, cuando están arriesgando sus vidas en batalla?

Moshé partió las primeras tablas al ver el becerro de oro porque en ese momento habían perdido todo valor. La Torá “voló” de las tablas y regresó al cielo, y en la tierra quedaron apenas dos tablas inanimadas. El propio D-os las había grabado, pero nada eran ahora comparadas con lo que habían sido cuando D-os grabara en ellas los Diez Mandamientos. Por lo tanto, la lección de las tablas partidas es que nunca debemos estar satisfechos con nuestro valor inherente; siempre debemos buscar maximizar nuestro potencial.

La misma lección es válida hoy en día. En vez de darnos por satisfechos con logros pasados, debemos buscar continuamente materializar nuestro potencial personal y nuestra misión divina, reconociendo que sin ella no somos más que una piedra rota, sin vida alguna.

Likutei Sijot, vol. 14, págs. 30-36.

En la tercera sección del libro Deuteronomio, Moshé pronuncia su segundo discurso de despedida al pueblo judío. Exhorta en él a observar incluso los que parecieran ser mandamientos menores, aquellos que —en sentido figurado— una persona podría llegar a pisar con el talón (éikev, en hebreo). Luego continúa su repaso de los acontecimientos ocurridos durante los cuarenta años de travesía del pueblo judío por el desierto, enfatizando las lecciones por aprender de estos.

El taxista

Por Eliezer Shemtov

Hace poco estuve en Buenos Aires y tuve la oportunidad de tomar un Taxi. Era de noche y me llamó la atención el hecho que el taxista no tuviera las luces prendidas.

En el transcurso de la conversación con el taxista le pregunté por qué andaba con las luces apagadas.

"Lo que pasa es que hay suficiente luz en la calle y no hace falta que las prenda para ver el camino," me explicó amablemente.

"Pero, ¿por qué conformarse con la luz de los demás y no generar la suya propia? Fíjese que con prender las luces de su auto, no sólo ilumina los pocos metros delante suyo, sino que agrega luz a toda la ciudad de Buenos Aires..."

El hombre sonrió, prendió las luces y poco después llegué a mi destino.

¿Por qué cuento esta historia tan aparentemente insignificante?

Creo que encierra una enseñanza muy interesante.

Cada tanto uno se pregunta para qué sirve lo que hace.

Hay distintas maneras de determinar el valor de lo que uno hace:

1) Una manera es medirlo según su valor utilitario, o sea si lo que hace agrega o no algo con valor tangible y medible.

2) Otra manera de medir el valor es según la satisfacción personal que genera. O sea, aunque no agregue nada de valor objetivo, se justifica por el valor subjetivo y personal.

3) Después hay otra clase de justificación: el simbolismo. A veces el hacer algo genera una energía y onda en el mundo que no es medible tangiblemente pero altera al mundo entero aunque sea imperceptible para el ojo no adiestrado. Fíjese, querido lector, que esta anécdota de la conversación que tuve con el taxista de Buenos Aires está siendo leída por Ud. y miles de personas más (espero…) y tiene la posibilidad de motivarlo para hacer algo concreto aunque se encuentre muy lejos del evento del cual estamos hablando…

El agregar luz propia en vez de conformarse con la luz ya existente, es una actitud que si fuera multiplicada por todos, alteraría al mundo entero hasta, inclusive, de una manera perceptible.

Somos creaciones divinas, cada una con la capacidad de iluminar al mundo de una manera única, y, como aquel taxista en las calles iluminadas de Buenos Aires, aunque brille el sol afuera, podemos agregar una luz propia y única para hacer de este un mundo mejor.

La bendición posterior a las comidas

“Comerás y te saciarás y bendecirás a D-os” (Devarim)

¿Disfrutaste de la comida? No te olvides de darle las gracias al dueño de casa. ¿Qué dices? ¿Que tú eres el dueño de casa? No, no… tú eres el invitado, en el mundo de D-os. Por eso, cuando termines de comer, no te olvides de decir la Bendición posterior a las comidas, llamada Birkat HaMazón.

Ahora bien, ¿a qué llamamos “comida”? A los efectos del Birkat HaMazón, todo lo que incluye pan es una comida. ¿Cuánto pan? El tamaño de una aceituna grande. Un pedazo de pan de ese tamaño pesa alrededor de 25 gramos.

¿No comiste pan? ¿Hoy cenaste carne con papas? ¿Te comiste una barra de granola con una lata de bebida energizante? Para esos casos, tenemos bendiciones más breves.

El Procedimiento

Quédate sentado allí donde comiste. Lo ideal es que quede un poco de pan sobre la mesa.

Antes de las bendiciones propiamente dichas, hay unos versículos de “precalentamiento”. Ahora, lávate la punta de los dedos (hay quienes se pasan los dedos humedecidos por los labios).

Una vez listo, di Birkat HaMazón en voz alta y en forma clara. ¿Estás contento de haber comido, no es cierto? Dila en hebreo o en el idioma que entiendas. En realidad, las bendiciones son cuatro: la primera fue compuesta por Moshé; la segunda, por Josué; la tercera, por el Rey David y el Rey Salomón; y la cuarta, por el Consejo de Iavne tras la revuelta de Bar Kojva. Y culminamos con una serie de breves plegarias y una colección de versículos.

Más Detalles

Si tres o más hombres adultos comieron juntos, uno formalmente invita a los demás a que se le unan en la recitación del Birkat HaMazón. Esto es lo que se conoce como Zimún. A menudo, el que lidera el Zimún sostiene una copa de vino.

Presta atención, porque hay agregados especiales para las festividades.

Puedes decir Birkat HaMazón mientras la comida esté en digestión, aproximadamente 96 minutos después de terminar de comer.

Para los más pequeños, hay una versión muy cortita: “Bendito es Hashem, nuestro D-os, Rey del Universo, Amo de este pan”.

MiSinaí es una publicación de Jabad Uruguay. Pereira de la luz 1130, Montevideo.
Artículos extraídos de www.Jabad.com.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
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