Entrevistas

La lucha anti terrorista de Ilana Romano, viuda de uno de los 11 atletas israelíes asesinados en Munich.

Entre dolor, rabia y normalidad

 

Yosef Romano, miembro de la delegación olímpica de Israel a Munich, setiembre de 1972
Yosef Romano, miembro de la delegación olímpica de Israel a Munich, setiembre de 1972

 

Ilana Romano (73) sigue adelante, disfruta de sus 3 hijas y 8 nietos, asegura que ya vendrán bisnietos en algún momento, pero no olvida que en todo esto, debería haber estado acompañada por Yosef, su esposo. Pero él no está. Fue uno de los 11 atletas israelíes asesinados en setiembre de 1972 durante las Olimpíadas de Munich. Y también ahora, 47 años después, Ilana siente que sigue luchando.

“Hace tres años, cuando me entrevistaste por primera vez en mi casa, yo estaba por viajar a Río de Janeiro, al acto recordatorio que iba a ver en las Olimpiadas, algo que nunca antes había ocurrido”, nos recuerda hoy. “Durante años habíamos luchado por ese justo reconocimiento, junto con Ankie Shpitzer, cuyo esposo fue otro de los asesinados. Y se logró gracias a nuestra insistencia y a la actitud de Thomas Bach , Presidente del Comité Olímpico Internacional”.

En aquella ceremonia, que Ilana tiene presente como cierre de un círculo, Bach dijo explícitamente que el asesinato, el atentado terrorista, había sido también un ataque a los valores de las Olimpíadas. “Llevó años escuchar esas palabras. Y en esos momentos, yo no podía contener mi emoción”.

Ilana suspira y agrega: “Pero hoy, cuando vemos terrorismo por todos lados, cruzando fronteras, no tengo dudas: si el mundo hubiera entendido ya en aquel entonces, en 1972 en Munich, que el terrorismo puede que nos ataque a nosotros primero, pero no termina con Israel, sino que es un problema más amplio, hoy estaríamos en otra situación”.

Días atrás, se cumplió otro aniversario de la matanza. Y también ahora, casi cinco décadas después, Ilana está convencida que hay todavía lo que investigar. Que los terroristas palestinos de “Setiembre Negro” no habrían podido hacer lo que hicieron sin ayuda clara de adentro. “Había entonces nazis en el gobierno alemán, estoy segura…y en otros organismos. Recuerdo la actitud…Con Angela Merkel, todo cambió para bien y hoy hay también un muy digno museo recordatorio de la matanza dentro de la propia Villa Olímpica, como debe ser”.

“¿Y las fotos?”, preguntamos.

“Ah…las fotos…esas terribles fotos”, responde Ilana. Y calla unos segundos.

“¿Aún no las han visto tus hijas?”, preguntamos.

“No, no creo que nunca las verán. Ni yo quiero que las vean, ni ellas tampoco. Ni los nietos. Ya saben que todo fue muy cruel. No tienen para qué ver detalles”.

Hace tres años, cuando la entrevistamos en su casa pocos días antes de su partida a Río de Janeiro, también le preguntamos sobre aquellas fotos, el testimonio de los cuerpos castrados de los atletas, el ensañamiento y la tortura. El horror bestial de los terroristas. “No quiero que se publiquen”, nos dijo en aquel momento. “Pero si quieres, te las muestro”. Le pedimos verlas , Ilana se levanta, trae un papel en el cual guarda “las fotos”. Respira hondo y lo abre. “Aquí está. La prueba del horror”.

En una de las fotos aparece el cuerpo sin vida de Yosi, lleno de sangre en la zona de los genitales, después de haber sido castrado antes de matarlo.  Sus grandes músculos de quien tenía medallas por levantar pesas, no le ayudaron ante las armas de los terroristas palestinos de “Setiembre Negro” que cometieron la matanza. En otras fotos, Ilana nos muestra los cuerpos quemados de otros tres de los deportistas, también torturados antes de matarlos.

 

P: Ilana, tantos años después, tú sientes que sigues luchando…

R: Así es. Seguimos, junto con Ankie Shpitzer, porque hay que saber toda la verdad, quién ayudó, cómo se logró perpetrar el atentado. Los terroristas tuvieron ayuda, hubo cosas arregladas de antemano. 

P: La otra lucha, por la recordación, ya es cuestión del pasado. Ahora el recuerdo es oficial, tanto del comité  Olímpico Internacional como en la propia Alemania.  ¿Por qué tanta lucha? Suena como algo muy elemental al menos el recordatorio oficial.

R: Por presiones políticas. Algunos dijeron que no se puede hacer esos actos porque sería mezclar política con deportes. ¿Qué política? Nuestros deportistas  fueron a los juegos olímpicos como los de todo el mundo, estaban durmiendo cuando los atacaron los terroristas, y volvieron a casa en ataúdes. Y eso pasó por las fallas de seguridad en la Olimpiada.  Y el reconocimiento era clave.

P: Fue una odisea llegar a él.

R: Así es. La lucha empezó ya en los juegos de Montreal, los primeros luego de Munich. Atacamos la falta de reconocimiento, la insensibilidad. En Londres decidimos que nos quitamos los guantes y allí nuestro ataque fue fuerte. Thomas Bach fue electo justamente en el 2016 como Presidente del COI y nosotras lo felicitamos porque sentíamos que es valiente, que tiene principios y que con él podríamos avanzar.

P: Cuando dices “valiente” ¿te refieres a valiente para enfrentarse a las presiones políticas del mundo árabe?

R: Por supuesto.  Y hay que hacerlo sin temor, porque todos quieren participar. Hay que saber que aquí también entra en juego mucho dinero. Pero él decidió que debe hacerse por lo menos el mínimo de justicia.

P: ¿Qué le dijeron a Bach? Me imagino que además  de sus propias ideas, vuestro relato le habrá conmovido.

R: Le dijimos que nosotras no buscamos guerra, que sabemos que los juegos olímpicos son un evento destinado a realizarse en paz  y que lo único que queremos es recordar al mundo “nunca más” lo que pasó en Munich en 1972.  Le contamos que en 1994 enviamos a las olimpiadas en Atlanta a 14 niños huérfanos por el terrorismo. Esos niños se aconsejaron con nosotras  y nos preguntaron qué hacer. En esos juegos, la delegación palestina marchó por primera vez. Y esos niños, cuando entró la delegación palestina, se pusieron de pie y los aplaudieron. Porque no vemos  en cada árabe a un terrorista y consideramos que también los árabes tienen derecho a participar  en los juegos olímpicos. Y le dijimos que justamente él, desde el Comité Olímpico internacional, que es una autoridad, tiene que hablar, para que todo el mundo oiga, para que los terroristas  también oigan. Escuchó y nos dijo que estaba muy emocionado con nuestro planteamiento.

Thomas Bach, Presidente del Comité Olímpico Internacional, abraza a Ilana Romano y Ankie Shpitzer, viudas de dos de los atletas israelíes asesinados en las olimpíadas de Munich, al inaugurar el monumento en su memoria en la Villa OIímpica de Rio de Janeiero en el 2016. (Foto: AP Photo/Edgard Garrido, Pool)
Thomas Bach, Presidente del Comité Olímpico Internacional, abraza a Ilana Romano y Ankie Shpitzer, viudas de dos de los atletas israelíes asesinados en las olimpíadas de Munich, al inaugurar el monumento en su memoria en la Villa OIímpica de Rio de Janeiero en el 2016. (Foto: AP Photo/Edgard Garrido, Pool)

 

ENTRE PRINCIPIOS Y DUELO PERSONAL

P: Ilana, tú y Ankie libraron una lucha principista por el reconocimiento a los deportistas israelíes asesinados , pero en eso se mezclaba vuestro dolor y duelo personal.¿Cómo se lidia con eso?

R: Es cierto. Ambas teníamos 26 años cuando nuestros esposos fueron asesinados en Munich. Y el dolor personal es indescriptible. Pero realmente había más que eso. Mira lo que pasa hoy en Alemania, en Europa, cómo hay terrorismo...El mundo debía aprender que al terrorismo no se le paga, aún entonces, cuando recién comenzaba. Y te diré que dos meses después que los ataúdes de los nuestros volaron a Israel, Alemania pagó 9 millones de dólares a los terroristas que quedaron, pensando que con eso se cubrían y no los atacarían más en su suelo.

Y hoy sabemos que los terroristas se entrenaron en Alemania mis, que alguien hizo la vista gorda.  Si no ¿de dónde tantas armas? Y sabemos que el secuestro de un avión de Lufthansa  fue una puesta en escena coordinada entre los terroristas, Alemania y Libia, pero de hecho lo que hicieron fueron entregarles ese dinero  para irse a Libia.

P: Parte de lo que ustedes lograron en vuestra lucha, fue la revelación de los documentos de la Inteligencia sobre lo ocurrido. ¿Qué aprendieron de allí?

R: Ante todo, que había advertencias pero que nadie quería prestarles atención.  Advertencias sobre ataques a nuestra delegación.

P: Una de las revelaciones más terribles, tengo entendido, de los documentos, son las fotos...

R: Sí, así es. Las tengo desde hace 23 años, pero era tres días antes del casamiento de mi hija  y no quise hacer nada al respecto. Abrimos los documentos en lo del abogado, y él pidió que traigan un médico. Le respondí que yo ya había pasado mucho y que ya me imaginaba qué vería en esas fotos, que no era necesario un médico.  Cuando volví a casa aquel día, mis hijas me preguntaron qué había visto, y yo pedí que pactemos que no entro en detalles, que había visto fotos horribles , que no hablamos del tema, que trato de sacarlo de mi cabeza y permito que la vida siga avanzando. “Ustedes merecen ser felices”, le dije a mis hijas. Y nunca vieron las fotos.

P: ¿Cómo incidió el atentado en tu visión sobre la paz y el sueño de lograrla?

R: Aún sueño con que llegue la paz. Aún creo que desperdiciamos la vida perdiendo gente. Y yo sé bien qué significa sufrir por un ser querido muerto. El camino es duro y cruel.Y también en momentos felices, hay lágrimas, porque uno capta que él ya no está y no lo puede disfrutar. Y que sus hijos no pueden disfrutarlo con él. Mi hija menor jamás llegó a decir papá. Es algo terrible .Y mi hija mayor logró armar el rompecabezas de su padre en su vida, porque siempre hablamos de él en forma abierta. Y los nietos todos saben quién era el abuelo Romano. Pero ya no está.

Y ahora, al menos, algo cambia en la forma de recordarlo. Pero lo central es que el mundo comprenda que hay que combatir al terrorismo. No se le puede permitir ganar. Nunca más.

UNA HISTORIA DE AMOR

Ilana y Yosef Romano
Ilana y Yosef Romano

Ilana nació en Egipto. Su padre era italiano. A Yosi, que recuerda como “el amor de mi vida”, lo conoció en la playa.”Todo fue muy rápido.Yo era una niña, él tenía seis años más que yo”. Recuerda que como sus padres viajaban de regreso a Italia, ella y Yosef tuvieron que decidir rápidamente : separarse o casarse. No dudaron. “Estábamos muy enamorados y yo lo admiraba. Siempre con su sonrisa. Divertido, suave a pesar de sus músculos. Jamás gritó a las nenas”, recuerda.

Tuvieron tres hijas, de las que hoy Ilana tiene ocho nietos. La mayor, Oshrat, hoy de 53, tenía 6 años cuando su padre fue asesinado. Ruja, de 50,  tenía 4 y la menor, Shlomit, hoy de 48, solamente cinco meses. “Les prometí que el mundo nunca olvidará quién fue su padre”.  

Ilana hoy, con sus tres hijas y una de sus nietas.
Ilana hoy, con sus tres hijas y una de sus nietas

 

 

 

 

 

Ana Jerozolimski
(13 Septiembre 2019 , 11:07)

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