Rabino Daniel Kripper

Rabino Daniel Kripper

Actualmente Daniel Kripper es el rabino de Beth Israel, comunidad judía de Aruba y dicta conferencias sobre coaching y espiritualidad. Ha oficiado en comunidades tanto en América Latina como en Estados Unidos y ha brindado servicios de atención espiritual en centros de salud y de vida asistida en los EE. UU, Uruguay y Argentina. Se graduó en Sociología con una especialización en Psicología Social, Universidad de Buenos Aires (UBA). Argentina. Fue ordenado como rabino en el Seminario Rabínico Latinoamericano Marshall T. Meyer, en Buenos Aires, Argentina, y recibió el DD, o Doctor Honoris Causa en el Jewish Theological Seminary, New York. 

Columna de opinión

La Sucá de la Paz

El Premio Nobel de la Paz de este año fue concedido al Primer Ministro de Etiopía, Abiy Ahmed Ali, por sus esfuerzos por poner fin a la guerra de 20 años entre su país y Eritrea.

Esta es por cierto una noticia muy auspiciosa, que abre una esperanza de coexistencia y cooperación entre ambos países. Ello dependerá sin duda de la buena voluntad y persistencia de sus respectivos líderes. El otorgamiento del Premio es un rayito de luz en medio de un conflicto considerado otrora insoluble.

Lo que nos trae al conflicto del Medio Oriente. Recordemos que en el año 1994 también se agració con el Nobel de la Paz a tres representantes máximos de los Palestinos y del Estado de Israel: Yassir Arafat, Shimon Peres e Yitzjak Rabin.

Un año antes se habían firmado los Acuerdos de Oslo, que vaticinaban una nueva era de entendimiento y reconciliación histórica entre Israel y sus vecinos. Lamentablemente la historia de los años subsiguientes con choques, actos de terror e intifadas mediante, hizo trizas ese clima de optimismo y expectativa de los años 90, provocando el estancamiento del así llamado “Proceso de Paz” hasta el mismísimo día de la fecha.

Frente a esta situación de impasse crónico de las negociaciones, la paz se vislumbra como una llamita distante en el horizonte de los más optimistas.

Evidentemente cuesta ser optimista en vista de las complicaciones y barreras en el terreno de los hechos. ¿Se podrá activar y revivir la esperanza en un futuro previsible, superando obstáculos que hoy se presentan como infranqueables?

El gran rabino británico Jonathan Sacks diferencia entre optimismo y esperanza. El primero es la creencia de que las cosas van a prosperar, la segunda es la convicción de que en conjunto las partes involucradas pueden hacer que las cosas mejoren.

El optimismo es una virtud pasiva mientras que la esperanza implica una actitud activa. El rabino Sacks concluye que el pueblo judío, a pesar de la magnitud de las adversidades de su milenaria historia, jamás ha abdicado de la esperanza.

La festividad de Sucot que celebramos en estos días ilustra mejor que ninguna otra esta perenne aspiración judía de paz, tal como ha sido predicada por profetas y poetas de todos los tiempos.

El símbolo característico de Sucot es la sucá, la cabaña fragil y endeble que nos retrotrae a las moradas temporarias de nuestros antepasados en su paso por el desierto en camino a la tierra de Israel.

La sucá misma se ha convertido en la imaginería del judaismo en un símbolo de Shalom, paz y armonía por doquier. Así por ejemplo decimos en la oración vespertina: “Ufros aleinu sucat shlomeja”, extiende sobre nosotros la sucá de Tu paz.

Llama la atención que sea justo una sucá simple y temporaria la metáfora de la sombra protectora de la Divinidad en vez de un gran palacio, o mansión, cuya estructura sólida e imponente asegura la permanencia en el tiempo.

Dada la precariedad de la sucá, siempre expuesta a vientos y lluvias, sus moradores deben ejercer una incesante atención y cuidado. De la misma forma la paz requiere constante vigilancia y esmero para evitar ser arrasada en la marea de odios y rivalidades de grupos antagónicos.

El desafío está en preservarla a toda costa para asegurar su carácter duradero y consistente.

Otro dato interesante sobre la construcción de la sucá es que solo requiere un mínimo de dos paredes y una parte ínfima de una tercera. Metafóricamente, pretender una paz perfecta, acabada no sería realista; creo que, como dramáticamente enseña la historia, se trataría más bien una expectativa utópica e ilusoria.

El mensaje de Sucot es que a la paz se la construye y mejora a partir de la grandeza de espíritu y amplitud de miras, en vista de un futuro venturoso para las próximas generaciones.

Que en este Sucot se afirme la esperanza y se renueve en nosotros el anhelo de trabajar por un mundo más justo y pacífico. Y que prontamente en nuestros días se extienda la Sucá de Shalom sobre los pueblos del Medio Oriente y sobre el mundo todo.

Jag sameaj!

Daniel Kripper

Jag Ha-Sucot 5780

Rabino Daniel Kripper
(13 de Octubre de 2019 a las 14:29)

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