Mundo Judío

Con Serge y Beate Klarsfeld: la pareja cazadora de nazis.

Él judío,sobreviviente de la Shoa.Ella, luterana, alemana, hija de un soldado de Hitler.

 

Serge y Beate Klarsfeld tienen una historia singular: Se conocieron en 1960 en el Metro de París. Ella, alemana, luterana, cuyo padre había sido un soldado común en el ejército de Hitler, aunque no era miembro del partido nazi. Él, judío, nacido en Rumania, sobreviviente de la Shoa, cuyo padre fue asesinado por los nazis en Auschwitz. Beate trabajaba de niñera .Serge estudiaba abogacía y sería poco después también un reconocido historiador.

Ella no sabía nada de lo ocurrido en el Holocausto y comenzó a abrir los ojos y la cabeza al horror, al conocer a Serge. A través de su historia personal- de cómo él a los 8 años de edad, escondido junto a su madre y su hermana detrás de una pared falsa en su casa en Niza, oyó cuando los nazis entraban al lugar y se llevaban a su padre- le contó sobre la tragedia que Alemania había impuesto a Europa y a su principal víctima, el pueblo judío.  

El amor llegó rápidamente. Pocos años después de aquel encuentro casual, se casaron y desde entonces están juntos. Tienen dos hijos y también nietos. Su hijo Arno, que lleva el nombre de su abuelo paterno asesinado en Auschwitz, es hoy juez y como abogado, procesó a uno de los criminales encontrados por sus padres.

Beate dedicó su vida a un intento de reparación de lo que su país había hecho. Compartió no sólo la vida con Serge sino también una misión que se encomendaron a sí mismos: hacer justicia, ubicar a criminales nazis  responsables del Holocausto y de los crímenes en la Francia de Vichy y llevarlos a juicio.

“ Cuando yo empecé este camino en 1960, habiendo llegado desde Berlín, no sabía nada sobre los crímenes de los nazis”, nos dice ella en una entrevista que nos  concedió recientemente durante una visita de la pareja a Israel. “Por casualidad conocí a Serge en París, adonde yo había ido para aprender francés.  Me contó que su padre  había sido asesinado en Auschwitz. Mi padre había estado en el ejército alemán”.

Preguntamos a Beate si había preguntado alguna vez a su padre qué había hecho durante la guerra. “En aquel momento nadie preguntaba nada en sus familias.Tampoco mis amigas preguntaban nada a sus padres”, respondió .Recordó además que ella se había considerado afortunada porque varias de sus compañeras de estudios habían perdido a sus padres en el frente, mientras que el suyo, por haberse enfermado, no fue enviado a luchar y volvió rápidamente a casa.

Sea como sea, después de la guerra, no preguntó. ”Alemania había sido bombardeada, no había lo qué comer, había mucha presión .Berlín occidental estaba ocupada, mucha gente había perdido su casa, mi padre había perdido su trabajo, así que toda la situación era difícil”. La situación difícil de la propia Alemania era un hecho y nadie se preguntaba abiertamente por qué. “Mis padres nunca dijeron nada acerca de por qué se había bombardeado Berlín, porque los nazis habían empezado la Segunda Guerra Mundial”.

Serge combina el recuerdo de su niñez con la vida que le tocó vivir y que también eligió, por convicción.

 “Yo viví lo que muchos niños vivieron durante la Shoa. Mi padre sacrificó su vida para salvarnos”, nos cuenta . “ En principio podría haber vivido, a pesar de ese pasado, una vida normal, estudiando, con un buen trabajo y feliz. Pero ocurrió algo : me casé con una chica alemana que quiso tratar de reparar parte del daño hecho por su país, que se sentía alemana y quería poder estar orgullosa de su país”. Se juntaron pues las motivaciones de ambos. “Cuando yo mismo fui a visitar Auschwitz , sentí que yo mismo había escapado y que eso no podía haber sido en vano, por nada. Ella sentía la necesidad de protestar en Alemania y yo sentía la necesidad de ser útil a la causa judía”.

Se juntaron el amor y la sensación de tener una meta que alcanzar.

“Comencé a concientizarme sobre lo que había ocurrido, por mi relación con Serge, que había perdido a su padre en Auschwitz”, dice Beate. “Yo era una alemana llegada del país que había matado a su padre. Nuestro matrimonio fue la base del compromiso que contrajimos después, entendiendo que cada uno tiene una responsabilidad con la que cumplir. Yo sentí que si quería asumir mi responsabilidad como alemana, tenía que hacer algo respecto a los crímenes cometidos”.

Ahora que Serge ya tiene 83 años y Beate 79, han bajado un poco el ritmo del trabajo en el terreno, pero siguen adelante con la oficina de Documentación de los crímenes nazis en Alemania y Francia, donde la familia reside también hoy.

 

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Distinguidos por la Fundació Raoul Wallenberg. Foto: Fundación RW.

 

JUSTICIA

En su valioso haber, la ubicación de por lo menos diez criminales nazis y colaboradores franceses que fueron llevados a juicio. El caso más notorio fue el de Klaus Barbie, conocido como “el carnicero de Lyon”, al que Serge ubicó en Bolivia. Barbie  fue condenado a cadena perpetua y murió en la cárcel.

 

\"\"Klaus Barbie, \"el carnicero de Lyon\".

 

Preguntamos a Serge cuál considera su mayor logro. “El juicio más importante para nosotros fue el de Cologne, Alemania, en 1979, cuando logramos llevar a juicio a tres ex jerarcas nazis , Kurt Lischka, Ernst Heinrichsoh y Hebert Hagen, que vivían libremente en la Alemania de posguerra”.  Lischka, el caso más notorio, estaba trabajando libremente como juez , aunque durante la guerra, como alto oficial en la Gestapo, había cometido crímenes de guerra tanto en Alemania como luego en París, organizando el mayor operativo de expulsión de judíos franceses. Fue sentenciado a diez años de prisión, pero por razones de salud fue liberado antes de tiempo y falleció en una casa de salud.

   “Klaus Barbie había escapado a Sudamérica y estaba escondido con un nombre falso pero esta gente, en Alemania, vivía con sus propios nombres”, destaca Serge. “ Eran abogados, hombres de negocios, por lo cual era especialmente importante obligar a la sociedad política alemana a dejar de proteger a los criminales nazis”.

Otro juicio a destacar fue el de Maurice Papon, quien fuera jefe de la policía de París colaborador de los nazis, sentenciado a diez años de prisión en 1998. Se le halló culpable de haber puesto en práctica las leyes que hicieron posible la deportación de 140 mil judíos franceses. Serge preparó el caso y su hijo Arno, abogado, fue quien lo procesó, otra señal del involucramiento a nivel familiar con el tema y con la lucha por la justicia.

Los Klarsfeld dedicaron mucho tiempo a intentar ubicar a Alois Brunner, asesor de Adolf Eichmann, responsable del asesinato de 43.000 judíos de París, 66.000 de Salónica y 13.000 de Slovakia. Alcanzaron a descubrir que Brunner estaba viviendo bajo una identidad falsa en Damasco, trabajando para el gobierno del entonces presidente de Siria Hafez el-Assad. Ni corta ni perezosa, Beate se trasladó a Damasco simulando ser una activista nazi, consiguió su teléfono, le advirtió que la Inteligencia israelí está por llegar a él y que debe huir. Cuando él le agradeció, entendió que en efecto había hablado con Klaus Barbie. El problema es que tanto le creyó que huyó sin dejar rastros antes de ser capturado.Beate misma fue presa pero tres meses después los sirios la deportaron.

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Alois Brunner, ayudante de Adolf Eichmann. Ubicado en Siria.

 

SIEMPRE JUNTOS

Serge y Beate han recibido altas distinciones y reconocimientos de Francia, Alemania, Estados Unidos y Gran Bretaña, por la labor a la que han dedicado sus vidas. Especial significado tuvo para Beate la actitud de Alemania, su país.

“Ella siempre supo que había diferentes Alemanias”, asegura Serge. “La prueba está en que en 1968 fue sentenciada a un año en prisión  mientras que en el 2012 fue candidata a Presidente de Alemania, lo cual dejó en claro que Alemania había cambiado. Y Beate fue parte del cambio en Alemania  no solo por lo que hizo contra las matanzas sino porque luchó contra los criminales nazis tanto en Alemania como en Austria, Oriente Medio y Sudamérica”.

Hace unos años a Beate se le agregó un reconocimiento singular por parte de Israel, que le otorgó cédula de ciudadana. Serge, que en la  Guerra de los Seis Días había viajado a Israel como voluntario, ya era ciudadano, aunque sigue viviendo en París. Otro eslabón de unión en esta pareja singular, que tanto ha aportado en la lucha por hacer justicia.

BEATE, ISRAEL Y LA LUCHA ACTUAL

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Recibiendo la cédula como ciudadana israelí, de manos del Ministro del Interior Aryeh Deri. Foto: Twitter Federique Schillo.

 

P: ¿Qué le inspiró haber recibido la cédula de ciudadana israelí, como gesto de reconocimiento por lo que ha hecho por el pueblo judío?

R: Yo ya había recibido reconocimiento de parte de Menajem Begin y de Golda Meir que me habían escrito cosas muy hermosas y significativas para mí. También me agradecieron por lo que hice en Beirut y en Siria, donde no se permitía a la Cruz Roja visitar a los prisioneros de guerra israelíes y yo traté de ayudar.

Serge mismo estuvo en el ejército israelí hace muchos años y recibió su ciudadanía hace ya 50 años. Ahora yo y esto es algo muy especial para mí.

P: Aquí hay un vínculo especial, usted ha ligado su destino al del pueblo judío.

R: Así es. Creo que Alemania tiene que apoyar a Israel.

P: Y realmente Alemania es uno de los grandes amigos de Israel. ¿Cree que parte de la explicación se origina en la Shoa, en la culpa por lo que los nazis hicieron?

R: Eso es parte, pero de por medio hay también una actitud liberal. Cuando yo le di la bofetada a Keisinger creo que algo aporté a que hoy todos los alumnos alemanes visiten Auschwitz-Birkenau, que no puedan dudar sobre lo que pasó.

 

Este comentario de Beate, requiere una explicación.

Otra de sus aventuras, fue la “persecución” del entonces Canciller alemán  Kurt Georg Kiesinger, que había sido un propagandista del aparato nazi durante la guerra. En 1968, Beate irrumpió a una sesión del Parlamento de Alemania Occidental y le gritó “¡Usted es un nazi!”. Luego interrumpió un mitín político dándole una bofetada al Canciller en público.

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El Canciller Kurt Georg Kiesinger

“Empezamos interrumpiendo debates con él en el Parlamento y ella anunció que lo detendría, en nombre de la juventud judía”, recuerda Serge.  “En noviembre de 1968, en  Berlín, lo logró, durante un mitín de los demócratas.Había unos 500 periodistas y miles de policías porque había numerosas protestas contra la llegada del Canciller  a Berlín occidental. Ella le dio una bofetada que fue fotografiada  y ese fue el primer golpe contra la presencia de un nazi en la cima de la sociedad política Alemania”.

La sentenciaron a un año de prisión, pero finalmente no la tuvo que cumplir.

“Beate le dijo al juez que si no le suspende la pena ella pediría al gobernador francés en Berlín hacerse cargo de su defensa .Y veremos si la nacionalidad francesa no es más fuerte que la alemana en Berlín Oeste, les dijo”, recuerda Serge. “Así que el juez llamó al Ministro de Relaciones Exteriores  que suponemos le dijo que lo mejor sería suspenderle la pena hasta que aclararan otras cosas. Y al final la liberaron ese mismo día. Pero podrían haberla matado en el momento de la bofetada, podrían haberle disparado. Corrió un alto riesgo”.

Para Beate, uno de los logros más significativos fue precisamente ese “ataque” al Canciller Kiesinger. “Es que para mí esa bofetada fue un símbolo”, nos dijo. “ Fue como abofetearlo en nombre de la joven generación, siendo él ya una persona mayor. Yo sentí que también fue en nombre de los jóvenes judíos, aunque yo misma no lo era. Y fue una advertencia, porque después de la guerra, Alemania había vuelto a introducir a muchos viejos nazis como ministros. Luego Alemania empezó a cambiar”.

 

P : Beate, cuando usted observa cosas que ocurren hoy en el mundo, tragedias que ocurrieron después de la Segunda Guerra Mundial ¿piensa si acaso habrá desaparecido el riesgo de que otra catástrofe como la Shoa o similar , para otros pueblos?

R: Vemos muchas tragedias en el mundo.Hace un tiempo fui a Burundi  donde los jóvenes son asesinados en las calles , la policía los arresta y los mata sin que sus padres sepan dónde están.Es terrible.  Y es orden del gobierno. Uno ve horrores en muchos lados. Lo vemos también en Siria donde niños inocentes mueren diariamente, donde refugiados huyen de la guerra y luego se hunden en el mar tratando de escapar .Claro que no se puede comparar con la Shoa pero hay horrores. Y ha habido genocidio en diferentes países africanos. Se llevan a gente joven, la matan. Si hubiera unión entre las naciones africanas, con tropas de todos los países para garantizar la paz en todo el continente, algo cambiaría, pero la situación es otra. Todas estas cosas no sucederían si las Naciones Unidas  se unieran contra las barbaridades pero es una organización parcial, lo vemos claramente en el caso de Israel.

P: Perdón que vuelva atrás por un momento...¿Fue a Burundi a discutir con sus autoridades, a los 77 años?

R: Sí, yo misma conseguí la visa y pagué por mi pasaje. Cuando llegué me contactó alguien de la ONU,  me presentó a todos los ministros e intenté hablar, dije que es lo que hacen allí es terrible, que es un crimen humanitario matar inocentes. Tenemos que seguir luchando, mientras tengamos salud y nos apoyen nuestros hijos y nietos.

 

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Justamente, las mayores satisfacciones, en definitiva, van de la mano de la vida personal.

“Hemos recibido reconocimientos por nuestra labor, lo cual nos ha honrado, tanto la mayor distinción de la Legión de Honor como de parte de Alemania. No podíamos esperar nada más”, resume Serge. Y agrega: “Tenemos dos buenos hijos. Nuestra hija, abogada, está casada y es feliz, tiene una hija, y nuestro hijo es abogado y juez, destacado en Francia. Esa es una gran satisfacción”.

Preguntamos si siente que realmente aportó al pueblo judío. “Sí, siento que hicimos más de lo que podría haber hecho un ciudadano común. Claro que además hemos tenido una vida muy interesante y hemos luchado para intentar aportar a que se haga justicia, con la singularidad que da el hecho que lo hicimos juntos, un judío y una alemana no judía”.

Siempre, hablando de a dos, como Beate, que responde con claridad cuando le preguntamos a ella cuál es su mayor felicidad. “Creo que lo más especial de mi vida fue haber conocido a mi esposo en el Metro...fue una cuestión de segundos. Si hubiera tomado el otro metro, nunca nos habríamos encontrado. Creo que Dios nos guió al mismo tren.Fue un encuentro muy singular. El era un judío que había estado en la lista de deportados, su padre asesinado en Auschwitz, y yo, alemana, en Francia, país que había estado ocupado por los nazis.Hay muchos mensajes de por medio. Y a ellos, hemos dedicado nuestras vidas”.

 

 

 

Ana Jerozolimski
(19 Enero 2019 , 07:06)

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