Mundo Judío

La alegría de vivir de Isaac Borojovich, sobreviviente de la Shoá

“SIEMPRE SABIA QUE ME IBA A SALVAR”.

A Isaac Zlotojablko Borojovich lo entrevistamos hace ya varios años, cuando recién había cumplido 80 años. Y sigue con las mismas ganas de vivir de entonces. Tiene mucho pasado para contar, pero no simplemente por los años transcurridos desde que nació en Svir, un pueblo de Polonia, ubicado a unos 80 kms.de Vilna, donde vivía con sus padres, una hermana menor, sus abuelos, tíos, primos y  muchos parientes más.

Cuando tenía 12 años, su pueblo fue ocupado, junto con toda una mitad de Polonia, por los rusos. “Allí comenzaron nuestros problemas”- nos contó . Si bien lo que fue visto al principio como una situación insoportable- el que les hayan llevado a vivir en su casa a un Coronel ruso- terminó salvándolos de ser enviados a Siberia, la vida de su familia cambió para mal.

 

“Yo no pude hacer Bar Mitzvá ya que corría el riesgo de que me echen de la escuela.

Con mi abuelo nos escondíamos para que él pueda, por ejemplo, enseñarme a ponerme Tfilim”- recuerda hoy.

En 1941, entraron los alemanes y la casa de Isaac y su familia, quedó dentro del ghetto judío. Salía a buscar sobras de la comida de los nazis, para llevar a su casa. Trabajó en la Comandancia de la SS cortando leña y trató siempre de arreglárselas para poder llevar algo de comer a su familia.

Las dificultades de la vida diaria, le desarrollaron al parecer un sexto sentido que le salvó la vida en más de una oportunidad.

“Un día nos dijeron que debíamos volver al ghetto, pero yo le dije a un compañero que no me gusta nada, que nos escondamos en el sótano. Pasamos mucho miedo esa noche. Cuando volvimos finalmente al ghetto, nos enteramos de que se habían llevado a 19 jovencitos como nosotros para matarlos”.

Tiempo después, tuvieron que empezar a moverse. Y allí, la familia empezó a encontrar la muerte. En un lugar llamado Panar, cerca de Vilna, mataron a sus abuelos, tíos y tías. El fue trasladado junto a sus padres y su hermana al ghetto de Vilna, para lo cual su tío tuve que entregar antes unas monedas de oro.

Y nuevamente, esa sensación de que algo más está por suceder.

“Vino la orden de liquidar el ghetto y nos transfirieron a mis padres y a mi a un campo de trabajo en Estonia llamado Vaivara. Allí nos llevaron a la plaza, nos pusieron en dos filas , a cuatro metros una de la otra. Por el medio pasaban los alemanes sacando a los jóvenes de mi edad.   Esto no me gustó y le dije a mi padre que me quiero escapar, a lo que me contestó que me van a matar. Me arrimé como pude a mi madre, le dije lo mismo y me contestó: “Hacé lo que te diga tu corazón”. Me escapé gateando y me mentí en un pozo negro, con los desperdicios.Recién cuando se fueron salí y me enteré que todos los jóvenes de 15 y 16 años habían sido llevados .No los volvimos a ver.Los habían matado”.

Pero el tema, claro está, no era sólo la muerte. Trabajando en pantanos, Isaac contrajo pleuresía, lo cual le dejó hasta ahora una pequeña mancha en un pulmón.

Más adelante, en otro campo, se enfermó de tifus  y estuvo inconsciente, con fiebre alta, durante una semana. “Estaba tan débil que mi mamá no comía para darme su comida a mi”.

Todo ésto, siendo sólo un adolescente…

“Después llegó la orden de ir a Talin caminando. Muchos quedaron en el camino ya que había 23 a 24 grados bajo cero. Llegamos a un campo llamado Hereda.Era de noche y debíamos dormir a la intemperie. De chico había leído que los esquimales se tapaban con nieve para que el viento no los congele y eso hice para pasar la noche.

Al día siguiente nos encontramos con mi tío y mi hermanita.Ellos pidieron para quedarse con nosotros pero no los dejaron y los mandaron a Auschwitz, donde los mataron”.

Con 17 años, enfermo, “casi muerto”, había quedado solo.Fue trasladado a la barraca de los enfermos y dos semanas después fue trasladado a Bergen Belsen.

“Ese campo era muy grande y la gente moría sola, ya que la  comida estaba envenenada.

Todos dormíamos en el suelo. Cuando nos levantábamos de mañana, siempre había algún muerto.”.

Y en medio de la muerte, un reencuentro lleno de vida.

“El 9 de abril de 1945, un amigo-.Aron Barbariski- me dice que cerca del portón vienen mujeres de Vilna.Corrí hasta el portón y veo a mi mamá.Yo la reconocí enseguida, pero ella a mi  no. Me preguntó por papá y le dije lo que pasó. Me cuenta que trabajó en la fábrica de municiones , pero enseguida se la llevaron”.

Con su amigo Aaron Barbariski.

 

Pocos días después, el 15 de abril de 1945, Bergen Belsen fue liberado.

“No sabíamos nada que se terminaba la guerra. Vimos que se fueron los alemanes, que no había más custodia. Lo único que pensé era buscar a mi madre y después comida. Pasé dos días comiendo cualquier cosa  y buscando a mamá.Al tercer día, medio muerto, quedé tirado en la calle y allí me encontró mamá.Le dije: “antes de morir, te quería ver”. Luego, un médico holandés me revisó y dijo que clínicamente no podía estar vivo.Tenía disenteria.Pero tenía mucha voluntad de vivir”.

Algo después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, Isaac y su madre lograron llegar a París a través del Joint. Allí permanecieron seis meses y de allí partieron a Uruguay. A la semana, ya salió a trabajar como “kuentenik”, vendiendo puerta por puerta. 

 

Isaac se salvó con su mamá. Ella vivió en Uruguay hasta 1977.

“Me casé con Raquel Hecht en 1962”- cuenta Isaac. “Tenemos cuatro hijos: un varón de 43 años y tres mujeres, de 41, 36 y 34 años. Tenemos un nieto de doce años, una nieta de 6 , otro varón de 2 y uno más en camino, que nacerá en setiembre”.

Isac Borojovich vive hoy agradecido.  “Le agradezco a Dios y a mi voluntad de vivir, por estar vivo. Ahora trato de disfrutar la familia y aprovechar lo que me queda”.

 

LOS RECUERDOS

P: Isaac, lo que deben ser los años más hermosos de un jovencito, usted los pasó luchando contra la enfermedad, el sufrimiento, la muerte. Solemos decir que la esperanza es lo último que se pierde.¿Pero acaso no se llega a perder cuando la vida es como la que usted vivió? En otras palabras ¿creía que se iba a salvar o pensó que se moría?

R: Siempre pensaba que me iba salvar. Nunca creía en la muerte. Luchaba desde la madrugada hasta la noche para sobrevivir con comida, con lo que encontraba, para pasar el día. Cambiaba de trabajo porque sabía que ese otro daban más comida. Estando en el gueto de mi pueblo era yo el que traía comida para toda mi familia. Siempre luché y sabía que me iba a salvar.

P: Usted era jovencito, pero no un niño pequeño cuando empezó la guerra. ¿Cómo veía en aquel momento lo que estaba sucediendo? ¿Sentía, como quizás sólo una persona bien joven puede sentir, que quizás se puede hacer algo contra los nazis , que no puede ser que esté todo perdido?

R: Sentía que tenía que luchar para que mis padres, mi hermana y yo tuviéramos comida. El sueño de un niño de 14 años era poder matarlos a todos los nazis, pero como uno tenía una responsabilidad como cuidar a la familia, no lo podía hacer.

Por matar a alguien arriesgabas la vida de toda la familia y hasta de todo el gueto por eso lo único que queríamos era escapar y sobrevivir, pero no matar.

P: Supongo que las tragedias también cambian las perspectivas de la gente. Probablemente sea usted hoy una persona que sabe disfrutar las pequeñas hermosas cosas de la vida más que otros ¿verdad?

R: Claro que es verdad. Para mi no hay tragedias grandes después de lo que yo pasé lo tomo todo de otra manera. Vivo para la familia.

P: ¿Solía usted contar a sus hijos y nietos sobre la Shoá y lo que usted vivió? Si es así ¿Cómo reaccionaban? Es que uno lee los testimonios, también el suyo, y la sensación es que eso no puede haber sucedido en un mundo real.Es ,  como dijo un testigo en el juicio a Iván Demjaniuk en Jerusalem, años atrás, propio de “otro planeta”..

R: Algunos hijos se interesaron otros no. A los nietos les conté y se interesaron mucho. En estos momentos yo mismo no puedo creer todo lo que ha pasado y todo lo que yo hice. Si yo le cuento a cualquier persona (que sepa de la Shoá) no me cree. Hasta di una charla para chicos de cuarto de liceo de la Integral y quedaron muy impresionados.

P: ¿Qué le pareció Uruguay cuando llegó acá pocos meses después de la guerra?

R: Un paraíso terrenal. Uno trabajaba y lo que ganaba alcanzaba para todo.  Si uno quería trabajar siempre tenía en qué. Trabajaba doce horas por día. Teníamos de todo. Después de venir del campo, sin tener nada y encontrar todo eso era un PARAÍSO.

P: Isac, por las hermosas fotos que usted me mandó,  algunas de las cuales publicamos con la  entrevista, tiene usted una preciosa familia.  Quizás ni esté bien hablar de "venganza", cuando  uno mira las sonrisas de sus nietos, pero sí de  clara respuesta con la vida a lo que hicieron los nazis. En aquellos años oscuros ¿pensó que llegaría usted a cumplir los 80 años, rodeado de una familia  que lo quiere?

R: Esa felicidad no la soñaba. Tener una familia como la que tengo…. nunca lo pensé.

 

 

Con la familia casi en pleno, en una foto de hace unos años.

Ana Jerozolimski
(20 Enero 2019 , 20:19)

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