En comunidad

La pasión carnavalesca de Anita Wajner, Mama Vieja blanca y judía

Los recuerdos de años en la comparsa Yambo Kenia

Hasta que tuvo que pasar una operación de rodillas, Anita Klezki de Wajner, bailaba en las Llamadas de Carnaval. Acompañada por su hijo menor Diego al son del tamboril, disfrutaba de cada instante. Hoy, disfruta al recordarlo. Le agradecemos que nos haya contagiado la emoción.

P: Anita, hace muchos años te entrevisté sobre tu participación en las Llamadas en Carnaval, lo cual hacías con amor y mucha pasión. El espíritu juvenil y las fuerzas siguen ahí, pero por una operación de rodillas que has tenido que pasar, ya no podés hacer ese esfuerzo carnavalesco. Pero apuesto a que para ti, Carnaval sigue siendo una semana muy especial ¿verdad?

R: Sí, por supuesto. Es importante y motivador. Sobre todo, lo vivo con mucha alegría ya que sigo involucrada  y muy informada a través de muchos amigos carnavaleros.

P: ¿Cuáles son los mejores recuerdos que te acompañan de tu participación en las Llamadas?

R: Muchos lindos y emotivos recuerdos.  Al principio comencé a bailar en una comparsa muy importante en la que mi hijo Diego era tamborilero desde tiempo atrás. Estuve siempre muy acompañada y cuidada por él y recibía el respeto de todos los integrantes.

El día de las Llamadas teníamos una actitud divertida y divina que disfrutábamos  todos los años. Nos preparábamos como profesionales. Ya nuestros vecinos llenaban la vereda y  nos esperaban en la puerta de casa para sacarnos

y pedirnos fotos. También para ofrecerme otros abanicos o simplemente para colmarnos de halagos a mi hijo y a mí.

Nuestro viaje  por la Rambla hacia el lugar de encuentro de Cuareim e Isla de Flores, era una diversión aparte, con los saludos a vecinos y público sorprendido por los bocinazos. Y recibíamos la misma buena onda, de respuesta.

P: Ahora que está llegando Carnaval…¿podrías describirnos el ambiente que ya se está viviendo entre los que salen a las Llamadas? Tú lo conociste desde adentro.

R: Yo diría que ante todo, es un ambiente de cordialidad  fabuloso. De plena alegría y emoción. Con una seriedad y profesionalidad increíbles.

Todos hablan con todos, se encuentran todas las comparsas. Recuerdo bien el clima de naturalidad y mezcla,  y cómo nos sacábamos fotos con otras comparsas. Se escuchan risas,  canciones y el fuego de tensar las lonjas juega su papel de unidad. Además, es un reencuentro con la gente del año anterior, siempre en un ambiente de gran camaradería y amistad.

P: ¿Quedaste en contacto con amigos de entonces?

R: Efectivamente, gente tan linda y diferente de aquellos con los que convivís durante el resto del año. Y eso, me encanta. Uno se enriquece mucho con este hermoso intercambio. Te ubicas en el corazón de la gente sin darte cuenta y ellos en el tuyo a todo nivel. Así conocí por ejemplo a Carlos Paez Vilaró, un caballero por todo lo alto. Siempre respetuoso, cariñoso y atento.

Con Carlos Páez Vilaró

 

 

La anécdota simpática es que cuando las comparsas compiten en el Teatro de Verano, siempre vamos a verlas. Cuando terminan su presentación y bajan de la escena, desfilan entre el público por el centro de las filas entre la gente,y me emociono mucho cuando  casi todos

paran ante mí. Me saludan, me abrazan y mi cara y mi ropa quedan totalmente brillantes y pintadas. Parezco una  más del grupo que se está despidiendo.

Tenemos una relación de hermandad muy linda y amistosa. Nos veíamos puntualmente para algún evento, pero estamos en contacto todo el año. Cada vez que el negro Tatá me encuentraba, me recordaba  todo el abolengo lituano-polaco que le hice conocer y me saluda así: ¿Cómo le va Sra. Ana Klezki Goldansky Muzinski Scaravinski de Wajner Grodzicka?

P: Volvamos atrás. Contame cómo empezaste con todo esto. Recordemos que bailaste muchos años.

R: En un cumpleaños de mi hijo Diego, vinieron algunos integrantes de la Yambo con sus tambores , amigos de siempre. Comenzó el ritmo y el director de la comparsa al verme bailar, me invitó a integrar la misma.  Para el carnaval siguiente  aún faltaba mucho tiempo. Mi sorpresa fue muy grande, cuando ya en noviembre reiteraron el convite. Previa consulta familiar,  unánimemente aprobada, aquí estoy desde hace más de 10 años.

Con su hijo Diego y otro tamborilero
Con su hijo Diego y otro tamborilero

 

P: Para mucha gente, seguramente, las Llamadas significan baile, buen ritmo, trajes multicolores y mucha alegría.Estoy segura que para ti, desde adentro, aunque seas de las “acopladas” a los negros que las iniciaron, son algo más.De fondo, hay un mensaje, no sólo lo que hoy se conoce como una gran fiesta ¿verdad?

R: Así es. El estar dentro de una actividad como ésta tan alejada de lo habitual, ya es un gran desafío. Me encontré con gente maravillosa, respetuosa, sensible y que quieren mucho a Diego. Al ser yo su mamá, ya tenía mi camino hecho.

Pero te digo que es único lo que vivo cada vez que me reúno con ellos. Tengamos presente las similitudes entre negros y judíos. Si  fuimos esclavos en Egipto, ellos conocen bien la tribulación de la esclavitud. La discriminación nos hermana. A nuestro sabio rey Salomón le inspiró  una musa morena, la reina de Saba, ese poema de amor que es el Shir hashirim, el Cantar de los cantares.

Algo interesante nos sucedió en el Festival  de Coros de Jerusalem, la Zimriyá.  Allí conocí un músico negro extraordinario, el Dr. Joseph Thomas, con el que hicimos un seminario de música afroamericana, Gospel. El nos manifestaba en charla de amigos,  que para los negros americanos “…nuestra esperanza eran los judíos…”,  sentíamos  en ellos el encuentro con nuestra liberación. De ahí que tantos negros tengan nombres bíblicos, Joseph (él mismo), Gideon, etc.

En Israel hemos tenido experiencias hermosas que dos coros africanos que nos han dejado recuerdos maravillosos en lo personal y musical. Uno de sus integrantes me dijo que era la primera vez que tocaba una mano blanca.

P: ¡ Qué fuerte algo así…! Roberto, tu esposo, me decía que hay mucho en común entre los negros y los judíos , por eso de “Avadim Haínu” , “Esclavos fuimos en Egipto”…¿Cómo ves tu este tema? ¿Surgió alguna vez en las conversaciones con los compañeros de comparsa?

R: Te diré que una vez, previo al comienzo de las  Llamadas, en un aparte que tuvimos con varios integrantes de la Yambo, les hablé de las similitudes que teníamos blancos y negros y que yo sentía el orgullo de ser la primera “mamavieja” judía.  No te puedes imaginar con qué interés escuchaban y entonces, comenzaron a contar sus experiencias con judíos, sin miedos ni prejuicios. Fue una conversación muy abierta y muy pedagógica.

P: Es inevitable hacer mención del hecho que no te entrevisto simplemente porque tenés la vivencia singular de participar directamente en una comparsa,  sino porque sos una uruguaya judía…¿Unica…o hay otros judíos, que vos sepas, en las Llamadas, o sea del lado del escenario, no de los espectadores?

R: No conozco a otros integrantes de nuestra Colectividad que participen en Las Llamadas, integrando conjuntos negros o lubolos. Yambo Kenia es una comparsa de negros, aunque participan blancos y blancos pintados de negro. Creo  ser la única mamavieja judía y mi hijo, por ende, gran tamboril. Creo, además, que con Diego éramos los únicos que participaban juntos como madre e hijo.

P:  ¿Cómo fueron en un inicio las reacciones de los demás cuando te sumaste, cuando empezaste y se enteraron de que sos judía?

R: Ellos conocen bien mi identidad que luzco orgullosa y siempre les contaba  cosas de mi hija Raquelita que vive en Israel y de mi Coro Zemer, que en una amalgama maravillosa de judíos y gentiles, cantábamos en hebreo, idish, ladino y otros idiomas..

P: Te vi y escuché con el Coro en la Zimria en Jerusalem,lo recuerdo bien. Fue en el Monte Scopus, hace muchos años…

R: ¡Es verdad! Les cuento que la última vez que fuimos a Jerusalem, en época de intifada, la mitad de los integrantes del Coro no eran judíos y no sintieron ningún temor de ir a Israel. A la gente de la comparsa le hemos regalado CD de las canciones del Coro, que mucho saboreaban y agradecían.

P: Se puede vivir con entusiasmo distintos ritmos sin duda…y el candombe es algo especial.

R: En el caso del ritmo de candombe uruguayo, es tan penetrante la vibración de cada golpe de lonja y madera que la negritud se te mete en el alma y sientes una gran alegría. Puedes  imaginarte cuál es el resultado cuando miles de personas en la misma noche, en el mismo lugar, comparten contigo esa inmensa emoción y te alientan a exteriorizar tu magia interna. Miles de personas, grandes y chicos, se congregan en los barrios Sur y Palermo a presenciar y protagonizar el borocotó-chás-chás, a tambor batiente.

P:  ¿Qué decían en tu casa de todo esto cuando bailabas?  ¿Felices de verte enloquecer de cara a cada Carnaval?

R: Toda mi familia estuvo siempre muy orgullosa. Me apoyaron y me acompañaron en cada instante previo, durante y post desfile. Sabían que la madre vuelve a enloquecer cada año. Diego desde su ubicación en la cuerda de tambores, venía detrás de mí y estaba permanentemente mirando hacia donde yo estoy. Y, siento su orgullo y alegría abrazándome a la distancia.

P:  ¿Algún recuerdo especial que  quisieras destacar, de esas cosas que uno lleva para siempre en el corazón?

R: Un momento muy tocante para mí era  cuando bailo para un joven en silla de ruedas que siempre encontraba en la misma esquina. Parecía que me esperara para tratar de acompañarme. Su mamá me saludaba emocionada y agradecida.  En el trayecto besaba a  una negra vieja, muy vieja, que me alentaba “Vamos Mama”, seguramente recordando cuando era ella la que bailaba.  La gente, su calor,  cariño y lo lúdico de todo esto, por disfrutarlo tanto y compartirlo con gente que conocía y que no conocía, repartiendo alegría, picardía y tantos abrazos. Por todo esto, doy gracias al Altísimo y a ti por interesarte en este tema que también es cultura y contribuye a estrechar lazos de profunda amistad entre negros y blancos.

P: Gracias Anita por todo esto, que me ha confirmado , por lo que siento ahora, que el llanto puede ser de dolor, pero también de emoción. Y para terminar….¿Por qué?  ¿Es la alegría del ritmo, el gusto por el baile, o algo más? O sea…¿se puede explicar una pasión?

R: Es todo.  Es la pasión por la vida, por compartir, por bailar y mi homenaje a la música. En mi condición de directora del Coro Zemer, lo hice  durante 30 años. Entregar  sin cuestionar, haciendo todo desde el alma sin importar dónde ni cuándo.

Yo diría desde la verdad, mi pasión por la vida, más allá de todo.Fui muy afortunada por haber tenido el coraje de hacer lo que quería y me gustaba y poder brindarlo a mis familia y a mis amigos.

P: Hermoso Anita. Gracias mil por compartir todo esto.

R: Gracias a ti de todo corazón.

Ana Jerozolimski
(20 Febrero 2020 , 03:06)

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