En comunidad

Partida hacia Auschwitz

Este es un extracto de "Un libro sin título" de la querida sobreviviente Ana Vinocur Z"L

...El tren comenzó a marchar, dejando nuestra ciudad, el triste ghetto y todo lo que antes se llamó nuestro hogar.  Vamos rumbo a lo desconocido y sólo Dios sabe lo que nos está preparando como destino.  El viaje comienza a prolongarse.  Pude alcanzar la ventanilla.  Observo el panorama.  Se ven casitas, ovejas, gente caminando despreocupada, como si no existiera la guerra.  De pronto pasa otro tren y puedo leer en él: Hungría, Francía, etc.  Vagones con gente como nosotros. ¿Por qué digo gente? Ganado como nosotros.

Miro el panorama de la naturaleza, tan grandiosa, tan perfecta, el sol que brilla para tantos millones de seres que viven sobre la tierra.  ¿Por qué no para nosotros?  ¿Qué delito cometimos para que hasta el sol nos dé la espalda?  No hay respuesta.  La única contestación fue el pito de algún otro tren que pasó delante de nosotros.  Esta vez eran soldados alemanes cantando como si el mundo les perteneciera.  ¿Será verdad?  Nosotros no lo sabemos, desde hace ya bastante tiempo no sabemos nada del mundo exterior.  Sigo observando, se ven campesinos trabajando con sus arados, algunos de ellos se paran para mirar nuestro tren.  Pienso que podría ser que alguno de ellos supiera quién viaja en los vagones de carga, y si nadie lo sabía se extrañarían de ver manos que parecían estar saludando por las ventanillas de estos vagones para animales.  Sentimos el aroma y la frescura del campo.  Parece una hermosa pintura.  Ello se debe a la primavera.  Se ven árboles con hojitas frescas y tranquilas.  Miré el cielo, puro, limpio, apenas se ve una nubecilla blanca.  ¡Qué grandiosa es la naturaleza y qué linda sería la libertad en este momento!  Al fin me venció el sueño.

Cuando desperté, oí hablar a la gente que todavía no había podido cerrar los ojos.  ¿Cuánto tiempo durará este viaje?  Nadie sabe nada, lo único que queremos es agua.  El aire es muy pesado, somos muchos, todos se quejan.  Menos mal que nuestra desgracia parecía disminuir nuestro apetito.  ¿Quién piensa en su hambre?

Observo a mi familia, mi padre está demacrado, la enfermedad lo dejó muy deprimido, era tan impecable siempre, y ahora ni se afeitó.  Dijo que cuando lleguemos ya se afeitará y arreglará.

Mamá está muy pálida y triste, mi hermano está mirando ahora por la ventanilla, debe pensar lo mismo que yo hace un instante.

Se para el ferrocarril efectivamente, y nos dan un poco de agua, ¡qué alivio!  De inmediato se cierra la puerta nuevamente, y en marcha.  Pasamos otras estaciones y nuevos pueblos y aldeas.  Algunos soldados saben quién viaja en los vagones donde nos encontramos nosotros y nos hacen burlas, nos hablan con un vocabulario sucio y degradante.  Ellos, los alemanes, la raza superior, tan delicados, siempre tan amables, y ahora los veo con sonrisas irónicas e insultos grotescos.  Parecía que el viento quería quebrar las palabras que lanzaban contra nuestros oídos, porque es muy posible que el mismo viento se hubiera avergonzado de oír tantas blasfemias.

¡Qué alivio!  ¡Por fin llegamos!  Se oyen voces de alemanes y nos dicen que nos tenemos que comportar correctamente, sin motivar desórdenes.  Todos estamos aliviados por respirar un poco de aire fresco.

Creo que el viaje duró tres días, aunque nos pareció una eternidad.  Pensábamos que nunca dejaríamos la cárcel sobre ruedas.  Seguimos respirando el aire puro, lo más profundo que nuestros pulmones lo permiten.

Los S. S. nos indican que las mujeres se pongan de un lado y los hombres del otro.  Estoy todo el tiempo pegada a mi madre.  Creo que no olvidamos ningún paquete en el tren.  Pero, ¿qué veo?  Tengo conmigo el pan blanco de papá.  Mis ojos buscan a Papá o a mi hermano, pero no los veo.  ¡Tengo que encontrarlos!  ¡Tanto trabajo nos costó que papá pudiera tener su pan blanco y ahora...!  ¿Qué hago?  Me doy vuelta y por fin los veo.  Mi hermano me pregunta con los ojos si tengo el pan de papá. Como un rayo Herschek ya está al lado mío y el pan está en su poder. No hacemos caso de los insultos del nazi, pero éste se ríe de nosotros cínicamente. ¿Cómo? ¿En vez de pegarnos se ríe? Tal vez estoy equivocada y se ríe por otro motivo. Afortunadamente papá va a tener su pan blanco, el pan negro le hace mucho daño.

Le agradecemos a Rita Vinocur la autorización para reproducir este texto.

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