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MiSinai

Tenemos el honor de compartir con nuestros lectores MiSinaí No. 47. Esperamos que lo disfruten tanto como nosotros.

No. 47
Ajarei Mot-Kedoshim
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Horario de velas de Shabat en Montevideo, viernes 01/05 17:44

Demás localidades ver en  www.jabad.org.uy

 

 

 

EL QUINTO AÑO

Por Yanki Tauber

Un chiste popular israelí dice que hay tres maneras de hacer algo: la manera correcta, la manera incorrecta y la manera judía...

De hecho, una lectura cuidadosa de la Torá muestra que todo en el mundo parece pertenecer a uno de estos tres dominios: lo bueno, lo malo, y un tercer reino que es más difícil de definir. En la Halajá (la ley de Torá) se lo llama "el optativo" (reshut); la Cábala y Jasidut lo definen como "la cáscara translúcida" (klipá nogá) o simplemente, "lo indefinido". Básicamente, en esta tercera categoría una cosa no es lo que es, sino lo que se hace de ella. Algo puede elevarse al reino de lo sagrado o arrastrarse al reino de lo profano, dependiendo de lo que usted haga con eso, para lo que lo use, incluso lo que piense mientras esté involucrado con eso.

Por ejemplo: una actividad humana común es comer. Comer matzá en Pesaj o hacer kidush sobre el vino en Shabat es una mitzvá, un acto Divino. Para un judío comer carne de cerdo o un plato que contenga al mismo tiempo carne y leche es una aveirá, una trasgresión del deseo Divino. Y luego viene un tercer, un dominio "neutral": su almuerzo común, en un martes común. O tome otra actividad humana común, una transacción financiera: dar caridad es una mitzvá, robar es un pecado, y luego existen las compras, ventas, préstamos, entre otras. Otro ejemplo, hablar: palabras de estudio de Torá y plegaria son sagradas, mientras que el chisme o la mentira se prohíben, y luego están todo lo que hay en el medio que no es ni lo uno ni lo otro.

De acuerdo a los maestros jasídicos, este "ni lo uno ni lo otro" es el componente más importante de nuestra misión en la vida.

En ambos reinos de lo santo y lo profano, no tenemos ninguna injerencia en la naturaleza del acto. La única cosa que decidimos es lo que haremos. ¿Haremos la mitzvá o permitiremos que la oportunidad de traer divinidad al mundo se pierda? ¿Crearemos un vacío en nuestras almas transgrediendo el precepto divino, o fortaleceremos nuestro carácter y daremos placer al Omnipotente resistiéndonos a la tentación? Una mitzvá es una mitzvá sin importar si la hacemos o no, y la trasgresión es un hecho negativo sucumbamos o no a ella. Nuestras acciones tienen un efecto profundo en nuestro propio ser interior y en el estado de la creación, pero no definen la naturaleza del hecho. Las reglas existen independientemente de nosotros, la única opción real que tenemos es ajustarnos a ellas o rebelarnos contra ellas.

Pero D-os no creó al ser humano simplemente para que tenga un rol en un plan cósmico preestablecido. Él ya tiene bastantes jugadores pasivos en su universo: los átomos, árboles, vacas, planetas y ángeles. D-os creó al hombre porque Él deseó tener lo que el Talmud llama "un socio en la creación", alguien que escriba las reglas y trace el plano junto con Él.

Esto, dice el Rebe de Lubavitch, explica algo curioso sobre las leyes de los árboles frutales mencionados en el capítulo 19, Parashat Kedoshim, de Levítico. Allí D-os ordena a Moshé que la fruta de los primeros tres años de un árbol recientemente plantado está prohibida para el consumo; que el cuarto año debe llevarse la fruta a la ciudad santa de Jerusalén y debe comerse allí bajo las condiciones de pureza ritual; y que al principio del quinto año, la fruta es nuestra para hacer con ella lo que queramos: envolverlas para un picnic, venderlas en el mercado o abrir una fábrica de puré de manzana, depende de nosotros.

Lo extraño aquí es el orden. Uno pensaría que la sucesión apropiada sería de abajo hacia arriba: prohibido, optativo, santo. En cambio, vamos de un extremo al otro, y luego terminamos en el medio.

En verdad, el quinto año es el más alto de todos. Aquí, en el dominio de lo optativo, es donde el aspecto más significativo de la vida está presente. Aquí nosotros no sólo determinamos lo que haremos, sino también lo que significa si lo hacemos. Tenemos delante nuestro la arcilla de la creación en bruto, el Creador está de pie y espera ver lo que haremos de él.

HONRANDO A LOS PADRES

[D-os le dijo a Moisés que le dijera al pueblo,] “Cualquier hombre que maldiga a su padre o madre debe ser [juzgado y] sentenciado a muerte [por la corte].” (Vaikrá 20:9)

Honrar a los padres, al menos hasta cierto punto, es el ejemplo clásico de un tipo de comportamiento que parece tan lógico que nos hubiéramos comportado de esa forma incluso si D-os no nos lo hubiera ordenado. No obstante, la razón por la que D-os nos ordena observar dichas reglas es que lo que nos es natural, tanto sea bueno como malo, está limitado por la naturaleza humana. Al convertir un comportamiento evidente en un mandamiento Divino, D-os nos permite ir más allá de nuestra naturaleza. De esa manera la Torá nos libra de nuestras limitaciones humanas, permitiéndonos tomar parte de la infinidad de D-os revelando nuestra esencia espiritual infinita.

Likutei Sijot, vol. 3, pág. 889.

Levítico (Vaikrá)  16:1 – 20:27

La sexta sección del libro de Levítico abre con D-os dirigiéndose a Moisés luego de (Ajarei en Hebreo) la muerte de los dos hijos mayores de su hermano Aarón (lo cual fue relatado en la tercera sección, Sheminí). D-os le da a Moisés las leyes relativas al Dia de Expiación (Iom Kipur). Esto es seguido por una lista de varios tipos de comportamientos que D-os ha prohibido al pueblo judío como resultado de haberlos transformado en un “reino de sacerdotes y una nación santa” en el momento de la Entrega de la Torá.

La séptima sección del libro de Levítico continúa con el tema de la sección anterior. El pueblo judío, al convertirse en “un reino de sacerdotes y una nación santa” en la Entrega de la Torá, debe adherirse a un código de conducta específico para cumplir este rol apropiadamente. Así que esta sección abre con D-os ordenándole a Moisés que le diga al pueblo judío que deben ser “santos” (Kedoshim en Hebreo), es decir, que deben atenerse a este estándar de conducta.

EL JASID QUE ENTRÓ POR LA VENTANA

Por Yehudah Chitrik

Sucedió una vez que la joven hija de Nejunia, el que cavaba pozos, cayó dentro de un pozo muy profundo.

Algunos de los que pasaban por allí corrieron de inmediato a informarle al rabí Janina ben Dosa, a quien se lo conocía como un hombre sagrado. Luego de escuchar lo sucedido, dijo: “Estará bien”.

Pasó el tiempo y se volvió dudoso que pudiera permanecer mucho más en la superficie del agua. Pero el rabí Janina volvió a afirmar que iba a estar bien.

Cuando hubo pasado más tiempo y ya era evidente que nadie podría permanecer vivo en un pozo durante tanto tiempo, el rabí Janina dijo: “Ha logrado salir”. Dicho y hecho, la chica había logrado salir del pozo.

Cuando le preguntaron cómo había escalado por las altas paredes empinadas, dijo que la había ayudado un carnero guiado por un anciano (lo que es una referencia a Abraham y el carnero que llevó como ofrenda en lugar de Itzjak).

La gente entonces se volvió hacia el rabí Janina ben Dosa y le preguntó si era un profeta.

Él les dijo: “No soy un profeta ni hijo de un profeta. Hice un cálculo simple. Nejunia puso mucho esfuerzo en cavar pozos para ayudar a los peregrinos que vienen cada año a Ierushalaim. ¿Cómo puede aquello a lo que ese hombre piadoso ha dedicado su labor convertirse en la perdición de su progenie?”.

Una vez sucedió que la hija del rabí Mordejai (Feitelson) de Lieple estaba muy enferma. Al ver que sus días estaban contados, el rabí Mordejai fue de inmediato a ver al rabí Shneur Zalman de Liadi para pedirle que rezara por su recuperación.

Cuando llegó, en la mitad de la noche, trató de entrar al hogar del rabí Shneur Zalman, pero todas las puertas estaban cerradas. Probó con las ventanas y al final encontró una abierta. El padre desesperado entró a la casa y encontró al rabí Shneur Zalman que, recostado en el piso, decía: “Nejunia el que cava hoyos… se ha convertido en la perdición de su progenie… Mordejai Liepler ha hecho algo y… ¿Será eso la perdición de su propia descendencia?”.

Ver que el rabí Shneur Zalman rezaba por su hija era todo lo que el rabí Mordejai necesitaba. Se fue de la casa y volvió a su hogar, donde encontró que su hija comenzaba a recuperarse.

Talmud, Bava Kama 50a; Reshimot Devarim I, pp. 78-79.

AMAR AL PRÓJIMO

"Ama a tu prójimo como a ti mismo" - Levítico.

"Este es un principio fundamental de la Torá" - Rabí Akiva.

"El alma entra a este mundo durante setenta u ochenta años solamente para hacerle un favor a otra persona" - el Baal Shem Tov.

Tal vez no haya habido nada tan dañino para el pueblo judío como el concepto moderno de que el judaísmo es solamente una religión. Nosotros somos mucho más que una religión: somos una única alma que irradia a muchos cuerpos uniéndolos a todos en uno.

El cuerpo sano es aquel en el que cada una de las partes funciona en armonía. El pueblo judío sano es una gran familia afectuosa en la que cada individuo ama al otro igual que se ama a sí mismo; en la que si cualquiera de sus miembros enfrenta una época difícil, los demás le extienden una mano; en la que si alguien tiene una buena racha de suerte, todos celebran con la misma alegría; en la que nadie es etiquetado ni apartado por sus creencias, comportamientos o antecedentes; en la que cada uno no duda en hacer un acto de bondad para el prójimo y cierra los ojos y los oídos a la vergüenza del otro.

El amor a los que están más cerca de casa nutre el amor por la familia extensa de la humanidad y, de allí se extiende al amor por todos los seres que creó D-os. Pero si el amor no empieza por casa, ¿de dónde vendrá?

Hablando en términos prácticos…

1. Comienza cada mañana diciendo: "Acepto sobre mí mismo la mitzvá de amar a mi prójimo como a mí mismo".

2. Sigue la regla de oro de Hilel: "Si no quieres que te hagan eso a ti, no se lo hagas a los demás".

3. Habla solamente de cosas buenas de los demás judíos. No escuches siquiera las malas palabras, a menos que tu conversación produzca algún beneficio real.

4. Cuida la propiedad de tu prójimo y sus posesiones como cuidas las tuyas.

5. Siempre estate atento buscando oportunidades de hacerle un favor a tu prójimo.

6. Une al pueblo judío. Tira abajo las falsas barreras de la edad, la afiliación y las diferencias étnicas.

7. Invita a los demás judíos a compartir lo más preciado que tenemos: nuestra Torá y nuestras mitzvot.

MiSinaí es una publicación de Jabad Uruguay. Pereira de la luz 1130, Montevideo.
Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
Para recibir MiSinaí por email o por whatsapp, contactar por teléfono al 2628 6770 o por mail: [email protected]

 

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