Israel

Los desafíos que no desaparecen en la era del Coronavirus

 

En el sur de Israel, a corta distancia de la ciudad de Ofakim, existe desde el 2003 un lugar especial, uno de esos sitios que refuerzan la fe en el ser humano y su capacidad de entrega al prójimo, especialmente a quienes han sido menos afortunados y lidian con serios desafíos.

Se trata de Aleh Negev, una villa de rehabilitación para niños y adultos con serias discapacidades, que hace ya años tiene un agregado singular a su nombre: Najalat Erán, en memoria de Erán Almog, hijo del fundador del lugar, el General retirado Doron Almog.

Doron Almog con su hijo Eran, hoy ya fallecido.

Hace ya muchos años, Doron Almog concibió la creación de este lugar cuando aún vivía su hijo, que había nacido con serios problemas de desarrollo tanto cognitivo como físico. Pensando en un sitio donde pueda ser atendido debidamente, decidió lanzar este impresionante proyecto, que hoy es una joya en el Neguev.

“Toda sociedad se mide por cómo sabe atender a sus más desfavorecidos”, nos dijo Doron Almog años atrás en una emotiva entrevista. “Uno nunca sabe qué le sucederá mañana. Había que diseñar y planificar este lugar pensando en que todos merecen lo mejor y en cómo quisiéramos que sea el lugar en el que algún ser querido nuestro o nosotros mismos tengamos que estar, si la vida nos depara súbitamente una tragedia”, resumió.

Días atrás estuvimos nuevamente en contacto con Doron Almog, para contarle que queríamos volver a publicar algo sobre Aleh Negev. Tuvo sólo un pedido concreto: que compartamos el mensaje que él había compartido pocos días antes con los trabajadores y voluntarios del lugar.

 “Eran, nuestro hijo, no supo jamás qué es la libertad. Nació con una enfermedad rara que provocaba un serio daño cerebral. Una de esas enfermedades llamadas huérfanas, de las que sufre sólo una muy pequeña cantidad de personas en el mundo. Siempre precisaba ayuda, para todo. No podía vestirse solo, ni comer solo, ni cambiarse el pañal. No podía decir papá ni mamá. Nuestro hijo Eran falleció finalmente de otra enfermedad rara, el síndrome Castleman.  Es una enfermedad que destruye el sistema respiratorio. Como el Coronavirus.

Yo sentía que en mis conversaciones de corazón con él, era como si Eran me estuviera diciendo: ´Papá…tú lo sabes…yo soy uno de los pocos y débiles detrás de los que no hay un mercado económico. Vine al mundo para probar el grado de humanidad y mutua solidaridad. Y hoy, cuando el mundo todo se siente amenazado por el coronavirus, cuando la gente teme a lo desconocido, cuando todos se alejan unos de otros temiendo un contagio que intensifique la pandemia, hoy, papá, tú puedes entender algo sobre el mundo en el que yo viví siempre. Un mundo sin esperanza de cura. Un mundo controlado por fuerzas de ego y fuerza. Y yo vine al mundo, querido papá, para decirte que un mundo sin amor, sin humildad, sin dedicación y abnegación de entrega por el más débil, el enfermo y el necesitado, es un mundo desgraciado. Un mundo sin esperanza. Y no lo olvides nunca papá, que cualquiera puede llegar a mi situación´. 

Eran, mi hijo querido, me mostró el mundo de la compasión, los cientos de voluntarios llegados a la villa que construimos para él de todo el país y de diferentes partes del mundo. Un mundo utópico en el que judíos, musulmanes y cristianos trabajan en gran armonía, comprometidos todos con el valor del amor hacia el prójimo, sea quien sea. Sólo el espíritu humano, del amor y la compasión, nos dará las proporciones correctas y los recursos emocionales para abrirnos camino hacia un mundo mejor”.

 

En Aleh Negev-Najalat Eran residen hoy unas 160 personas para las que el lugar es su hogar, para toda la vida. Todos son problemas médicos complejos y serias limitaciones cognitivas. Hay allí desde  bebés recién nacidos hasta adultos, el mayor de ellos hoy de 65 años. Además, hay 132 alumnos en la escuela de la villa, 20 de ellos son de los residentes fijos y el resto externos.

En el departamento de rehabilitación, hay 28 internados que llegan a Aleh Negev para tratamientos que llevan un promedio de 6 semanas. Y aproximadamente 100 personas llegan a tratamientos ambulatorios por el día.

 

El lugar es una combinación, tanto entre los usuarios como en el personal, de judíos y beduinos. El 20% del personal, son beduinos de la zona. La mayoría de los adultos que reciben atención en el lugar son israelíes judíos. Entre los bebés y niños atendidos, hay numerosos israelíes beduinos.

 

Aproximadamente 480 funcionarios y 750 voluntarios atienden a los residentes y quienes llegan para tratamientos diarios ambulatorios.  El 20% del personal, son beduinos de la zona.  Se realizan diferentes actividades de acuerdo a las necesidades de cada uno. Hay un safari con animales, un establo con caballos, un anfiteatro accesible, un centro de tratamiento ocupacional y piscina para hidroterapia.

 

La llegada de la pandemia del Coronavirus a Israel, hizo imperioso reducir el personal en Aleh Negev, a pesar de la gran importancia del trabajo de los numerosos voluntarios. Permaneció en la villa un grupo especial de voluntarios extranjeros que habían llegado ya meses antes de la crisis y quisieron quedarse para seguir aportando. Esto, en lugar de regresar a sus respectivos países en Europa, Sudamérica u Oriente.

La participación de estos voluntarios en el trabajo de Aleh Negev, es muy singular. El mosaico de Aleh Negev está compuesto por trabajadores beduinos, voluntarios de Taiwán, funcionarios de Ofakim y Netivot, voluntarios sudamericanos y trabajadores de los kibutzim de la zona. “Todos los matices de la sociedad israelí, trabajando juntos por un objetivo común, comprendiendo que con ello aportan a una de las poblaciones más necesitadas”, nos dicen en Aleh Negev. “Son el frente de batalla y el escudo humano que conecta entre nuestros residentes y la comunidad”.

 

Ana Jerozolimski
(05 Mayo 2020 , 06:02)

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