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El boxeador polaco

Lean las entrevistas a Halfon, sus libros, sus historias. Es un viaje interno.

Eduardo Halfon: «El boxeador polaco» from Libros del Asteroide on Vimeo.

Era enero. Yo estaba tirada en una reposera tirando nombres de libros y autores. Federico, un amigo,  me preguntó si  había leí a Eduardo Halfon con cara de "esa ficha te falta". Le contesté que nunca había escuchado su nombre. Lo googleé y leí un reportaje a Eduardo Halfon, en su casa en París, de Hinde Pomeraniec, la editora de cultura de Infobae. Era una entrevista en París, hace poco, antes A.C (antes del maldito corona).  

Comenté algo del libro en twitter y me llegó un mail muy amable del editor del País Cultural  Laszlo Erdelyi. Lo que me gusta de Laszlo es que se define como lector profesional. Yo soy una lectora amateur. Leo por placer, escucho podcast sobre libros y relleno libretas de anotaciones con títulos que no leí. 

En uno de los artículos que leí, decía que a Halfon hay que leerlo todo y eso intentaré. Por ahora solo leí “El boxeador polaco” y “Duelo”de Eduardo Halfon y al terminar la nota había leído "Oh guetto, mi amor".  El boxeador polaco contiene una serie de cuentos, en el video el escritor lee el relato que da nombre al libro. Por su narrativa, transita su mix de identidades, sus abuelos: uno árabe y el otro polaco, su educacíon a caballo entre Guatemala y Estados Unidos. Ese cuento me hizo recordar a “La vida es bella” de Roberto Benigni. Cuando cuenta cómo fue que el boxeador polaco lo ayudó a su abuelo a zafar de la muerte, Halfon nos muestra un halo de luz en la oscuridad de Auschwitz. Suena muy real,  más tarde el escritor nos cuenta que es ficción. ¿Acaso le quita valor a la historia que sea ficción?  La literatura de Halfon mezcla su historia personal, la de su familia,  con esa memoria judía  tatuada  en el alma. Me encantó que  Halfon sea ingeniero, y  un día se dedicó a leer de manera compulsiva, para  luego cambiar de profesión y volverse escritor. Su shijdaj entre la ingeniería y la literatura nos sumó al mundo de los libros a un escritor ordenado y certero. 

Halfon escribe con un tono ameno, fácil de leer, con muchas referencias a su Guatemala natal y la influencia de la gente que la habita. Me recuerda a Carver, menos crudo y cruento. Sus descripciones me recuerdan a un dibujante quien con pocos trazos pinta un lugar y nos convierte a los lectores en protagonistas de su relato.

“Duelo”  es un viaje al pasado, es una búsqueda familiar para conocer la historia de su tío Salomón. Era un tema tabú en su familia, se decía que se había ahogado en un lago de Guatemala.  Son bastante frecuentes los secretos familiares, cuando los niños entran los adultos se callan y hay temas de los que no se habla.  Van quedando en nuestra memoria familiar.

A mí me gusta el chocolate amargo y la menta porque mi tía compartió sus chocolates conmigo en mi infancia. A mi marido lo crió una empleada tan fanática de Peñarol  que podía repetir los nombres de los jugadores de diferentes épocas. Halfon cuenta cómo Don Isidoro que trabajaba con su abuelo marcó su infancia por medio de anécdotas como el rezo católico que les conminaba realizar a los nietos de su jefe de religión judía.

Cuántas situaciones de estas han pasado niños judíos en las diferentes países y lugares que crecieron.

Nuestra identidad tiene tantas vertientes, somos de dónde venimos, pero también somos los olores que registramos en la infancia, los paisajes que vimos, por eso los viajes influencian la escritura. 

Los libros de Halfon son entretenidos y profundos. Con un buen café, un acolchado calentito, una buena música son literatura ideal para la cuarentena. Ayer a la noche, cuando el silencio le ganó al ruido, leí "Oh guetto, mi amor" que me resultó una delicia, una mezcla de comedia y drama. Si usas kindle, navega y compra, si te gusta el papel, El boxeador polaco está en Montevideo, lo editó Asteroide y hay un mundo por recorrer en esas 193 páginas de papel. No te lo pierdas. 

 

 

 

 

 

Janet Rudman
(13 Mayo 2020 , 15:40)

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