Ianai Silberstein

Ianai Silberstein

Nacido 1957, casado, dos hijos. Empresario. Licenciado en Literatura y Literatura Inglesa en la Universidad de Tel-Aviv en 1980. PDD en la Universidad de Montevideo en 1999. Participante de los Seminarios para líderes comunitarios del Shalom Hartman Institute en Jerusalém en los años 2009,2010,2011,2012, 2016, 2017, y 2018. Integrante del Consejo de la EIHU entre 1997 y 2006. Vicepresidente en 2003 y 2004. Miembro de la Comisión Directiva de la NCI 2003 a 2013. Presidente 2006 a 2009. Actualmente Vicepresidente 2º de la NCI. Creador del espacio radial “radiomaná” al aire entre 2004 y 2009. Creador del sitito web (hoy blog) TuMeser en línea desde 2009 a la fecha. Escritor. Charlista. Juez All-Rounder del Kennel Club Uruguayo.

Columna de opinión

Gaza: el NO-documental

Es casi obvio, pero no obstante vale la pena destacarlo, que TuMeser no se ocupa mayormente del tema “antisemitismo”. Por el contrario, y tal como se apreció a raíz del fallecimiento de Amos Oz, el propósito del blog es ahondar en lo judío.

Dicho de otra manera, construir identidad y relevancia judía desde serlo y practicarlo (al nivel que sea) en lugar de hacerlo desde el odio y la discriminación. La Shoá ha demostrado inequívocamente su fuerza generadora de identidad; el Proyecto Shoá en Uruguay movilizó miles de jóvenes, y sigue haciéndolo, volcando su influencia y  valores hacia fuera de la comunidad. De igual modo, la ola antisemita que atravesó Uruguay en 2014, durante la guerra en la frontera entre Israel y Gaza, que bajó del gobierno a las bases (permítaseme una expresión de izquierda uruguaya), generó una indignación, convocatoria, y unión que pocas veces nuestra comunidad judía muestra. De modo que está claro: el antisemitismo genera identidad judía.

Algo similar ha sucedido con el corto documental “Gaza” premiado como tal en los premios Goya, la “academia” española. Tal ha sido el revuelo en los medios y en las redes, tal la indignación y la frustración de todos (y son muchos) quienes han reaccionado a esa obra y su premiación, que decidí ir a la fuente: ver el documental. También eché un vistazo a algunas de las denuncias-respuesta a la obra. Algo me decía que vale la pena dedicarle unas pocas palabras, algunas ideas, a esta barbaridad; y para hacerlo, hay que verla. Pues la vi. Si no hubiera acometido escribir sobre ella, me la hubiera ahorrado. Son veinte minutos panfletarios, morbosos, y absurdamente parciales. No tiene pudor ni pretensiones. Es una expresión “artística” de un antisemitismo feroz. Sí, le concedo lo de “artístico”. De lo contrario caería yo en el mismo tipo de descalificación prejuiciosa e ideológica de la que hace gala el corto. Pero como “arte”, mediocre.

Ya se ha escrito mucho al respecto del “documental”, temo repetirme. Sin embargo, no puedo resistir alguna puntualización. Para empezar, eso de “documental”, como dicen ellos, los españoles, “nada”: que eso no es un documental. Eso es un video publicitario liso y llano. Imagine el lector cualquier aviso de una yerba o un diario uruguayos donde se resalta lo uruguayo, los paisajes, las costumbres, la cotidianeidad; bueno, invierta el enfoque y muestre sólo el crimen, la droga, los “sin techo”, y titule: “Uruguay”. Eso es “Gaza” el supuesto documental: un aviso publicitario contra Israel basado en imágenes y testimonios parciales; además, filmado fuera de Israel. El objeto de odio está obviado; incluirlo hubiera demandado una complejidad que se eludió ya sea por incapacidad o, lo más probable, por cometido. Un DOCUMENTAL, con mayúscula, incluye investigación, trasfondo, conflictos, dudas, atisbos de esperanza, fatalismo, humanitarismo, y sobre todo, complejidad: el propósito del género es enseñar, explicar, profundizar, y hacer reflexionar sobre un asunto. “Gaza” no lo logra: si no eres antisemita, indigna; si lo eres, es catarsis para tu odio.

El punto no está en discutir la obra ni el fallo ni la validez de la “academia” española. “Gaza” es tan burdo que no vale la pena discutirla. Lo que cabe preguntarse es por qué un fenómeno tan sabido, conocido, y nunca superado (ni lo será) como el antisemitismo produce una y otra vez las mismas respuestas estériles. Porque dudo que nadie deje de ser antisemita por un tweet o un discurso de Pilar Rahola. El antisemitismo es atávico; en algunos ha prevalecido, en otros se ha atemperado, y en muchos, educación y cambios religiosos y culturales mediante, ha desaparecido. Por lo tanto, la mejor publicidad, y la más barata, que ha conseguido “Gaza” es la que le hemos hecho los judíos indignados discutiéndola y señalándole sus (absurdas, obvias, burdas) carencias. Cada tweet, cada posteo, cada click, más llama la atención sobre este fenómeno, que vaticino será efímero. Como cuando Roger Waters estuvo en Montevideo, ¿qué necesidad hay de dar prensa a nuestros enemigos? Sí, enemigos: el que produce y dirige una obra como “Gaza” es enemigo de Israel y el pueblo judío. Auto-declarados, además.

Israel es pasible de críticas. De hecho, las más feroces surgen de su seno. El cine israelí, ficción o documental, abunda en el tema palestino. La cultura israelí genera buena parte de la construcción de la narrativa palestina, porque la ocupación no es un estado natural de las cosas para la mayoría de los judíos e israelíes. No sólo a nivel político, desde todos los círculos (intelectuales, sociales) surgen iniciativas para entender, atemperar, y viabilizar una situación que a nadie le gusta. De 1967 a hoy la situación en la zona y en el mundo se han complejizado tanto y de tal forma, que no es fácil proponer “una” solución. Tal como lo sugiere Micah Goodman en su libro “Catch 67”, para acompasar las necesidades de seguridad israelíes y las reivindicaciones palestinas habrá que ir por un camino de aproximaciones sucesivas; posibles; jamás perfectas o ideales. Eso aplica tanto en Cisjordania bajo la Autoridad Palestina como en Gaza bajo Hamas.

Ni los responsables de “Gaza” ni quienes la premiaron tienen idea de lo que es “complejo” en esa zona del mundo. El film lo denota. Su odio sólo confirma el antisemitismo europeo en particular y el antisemitismo como fenómeno en general. Existe: vino para quedarse. Aprendamos a vivir con él y no nos espantemos. “Gaza” es una manchita más, insignificante, en un tigre feroz que acecha y cada tanto mata. Documentemos la historia, generemos memoria (en eso somos muy buenos), y ocupémonos de hacer relevante, para todos y cada uno, esta vida judía que hemos elegido con orgullo y pasión.

Ianai Silberstein
(05 Febrero 2019 , 13:07)

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