David ben Jaim

David ben Jaim

Nació el 11 de Abril de 1933 en Concepción, Chile. El año 1939 la familia se traslada a Santiago. El año 1943 se incorpora al JIS (Juventud Israelita Sefaradí) formando parte de la Directiva que en 1947 adhiere a Hanoar Hatzioní, quedando a partir de ese instante, integrado al sionismo en forma indivisible. Sus primeros comentarios los escribió a partir de 1964 y de 1970 en adelante, se incrementan hasta llegar a ser parte de su ser. Estos comentarios se han publicado en la casi totalidad de medios comunitarios chilenos, principalmente en El Vocero y Jadashot de la Comunidad Sefaradí. En la actualidad, es columnista habitual del portal electrónico ANAJNU.

Columna de opinión

PARASHA TERUMÁ

Estudiar esta Parashá, debería ir en conjunto con Yitró, Mishpatim y Tetsave, como mínimo, ya que estas 4 están totalmente relacionadas.

En Yitró, vemos como los truenos, las antorchas y el sonido del Shofar, anuncian la subida de Moshé al Monte, donde recibirá directamente de Hashem, los 10 mandamientos recién mencionados.

En Mishpatim, Moshé recibe de Dios, las leyes que han de regir la vida del pueblo de Israel. Aquí, nos encontramos con dos categorías de ordenanzas, las relaciones del pueblo para con Dios, muchas de ellas imposibles de cumplir en nuestros días, ya que su desobediencia debería terminar con la muerte del pecador y las que tratan sobre el actuar del hombre para con sus semejantes, un cúmulo de disposiciones realmente asombrosas ya que sus indicaciones son de tal contenido moral, ético y de justicia, que no sólo que están vigentes en pleno siglo XXI, sino que no ha podido ser igualado por código legal o moral creado por el hombre, hasta nuestros días.

En Terumá nos encontraremos con las minuciosas instrucciones referidas a la construcción del Tabernáculo, el Sancto Sanctórum (Kadosh Ha Kadoshim)   y la Menorá, para finalizar en Tetsave, con lo referido a los Cohanim, sus vestimentas, consagración y obligaciones, pero, como cada una ha sido y será analizada y estudiada separadamente, nos concentraremos en Terumá.

Esta Parashá la podríamos dividir en dos porciones distintas, una referido a la construcción de todo lo en ella señalado y una segunda, que en realidad, para mí, es una serie de interrogantes, muchas de ellas, sin encontrar una respuesta dentro de nuestra limitada capacidad humana.

A medida que vamos adentrándonos en la forma meticulosa e increíblemente detallada de cada una de las cosas a construir, nos encontramos, en primer lugar, como Hashem ha incorporado a toda la naturaleza y a toda la Comunidad, en cada cosa a elaborar. En su elaboración, se encuentran el reino animal, en las pieles y la lana. El vegetal, en la madera de acacia y el lino y el mineral, en el oro, la plata y el cobre. Dios no distingue entre el valor del oro y la plata con el cobre. Todos son necesarios, así como cada uno de nosotros, es irreemplazable, independiente de su riqueza o educación, pero sí, importando nuestra disposición a servir al todo.

Normalmente, la Torá nos enseña a no mezclar por ejemplo, en el vestir el lino con la lana. En el campo, no enyugar un buey con un burro ya que sus fuerzas son tan disímiles, que este último, no soportaría la prueba. Al sembrar, no se mezclará el trigo con la cebada. Son muchas otras las prohibiciones de mezclar, sin  embargo, en la construcción del Tabernáculo, sí se mezclan, al representar el Universo donde todo se combina.  

Se inicia la Parashá con la clara instrucción que los elementos que se utilizarán en tan laboriosa labor, ha de provenir de todo israelita que voluntariamente y acorde a los designios de su corazón, quiera dar. Nada será impuesto, con lo que se estará logrando que el mínimo aporte del más humilde, tenga igual valor que la más cuantiosa de las donaciones. Si analizamos la vida comunitaria del pueblo judío, a través de 2 mil años de exilio, esta idea ha sido central y determinante en la subsistencia del pueblo mismo.

Voluntariamente, daremos nuestro aporte en forma de cuotas sociales, donaciones por Aliot y para cada uno de los permanentes “casos excepcionales” en forma absolutamente voluntaria. Ningún castigo recibirá aquel que se reste a esta maravillosa costumbre, salvo el peso de su propia conciencia, al saber en lo más íntimo de su ser, si no estuvo a la altura de sus reales posibilidades.

Esto, la cantidad de elementos donados, llegará a tal magnitud, que nos debemos preguntar de adonde salieron tales cosas y como se transportaron a través del desierto, hasta el instante que ellas fueron solicitadas. Lo primero que acude a nuestra mente es que, todo ello, es producto de lo que los israelitas obtuvieron “prestado” de los egipcios al salir apresuradamente de la esclavitud, camino a la libertad y la Tierra Prometida.

Para poder trasladar tablones, pieles y metales en tanta cuantía, nos lleva a recordar que cuando los hermanos de José llegan a Canaán, en busca de su padre Jacob, para bajar a Egipto, este no les cree, hasta que “vio las carretas” ¿Sabía Jacob que su descendencia estaría en Egipto por 430 años, para salir de la esclavitud, ya transformada su pequeña tribu en todo un pueblo de 600 mil hombres, sin contar las mujeres y los niños?

Si no fuera así, ¿cómo podríamos explicar que el haber visto estas carretas, cambiara su incredulidad extrema por certeza absoluta? Y aquí surge de inmediato otra duda: Como pudieron mantenerse dichas carretas intactas tan prolongado tiempo,  como pudieron tener la capacidad para transportar tanto, al momento de salir de Egipto y cómo los israelitas sabían dónde encontrarlas, posiblemente junto a los huesos de José.

Si aceptáramos esto como explicación, nos surgiría una nueva duda: si cada uno dio de lo suyo, ¿Cómo se podía determinar que era de quien, al venir todo mezclado en esas carretas que de ninguna forma podrían igualar en número a las familias israelitas que conformaban en dicho momento, el pueblo de Israel?

Sigamos avanzando en nuestro análisis, si el origen de todo ello era de los egipcios, ¿Cómo pudo transformarse de elementos profanos, provenientes de un pueblo idólatra que, por añadidura obró con tal crueldad con Su pueblo, en algo que sería digno de usarse en algo tan sagrado como el Tabernáculo y muy especialmente, en el Sancto Sanctorum, lo Santo Santísimo?

Sabemos que todo esto, no sería para que Hashem viviera en dicho lugar, construido gracias a meticulosas y precisas instrucción de EL, entregadas por intermedio de Moshé, ya que aclara que Su presencia estará en medio de su pueblo, si no olvida sus ordenanzas. El que el Arca de la Alianza sea construida acorde a tan divina ordenanza, no será para EL sino que para el hombre y, permanentemente, recuerde que EL nos liberó de la esclavitud, nos llevó a la Tierra Prometida, transformándola en un reino poderoso, con Salomón, para luego, llegada la diáspora tan nefasta y cruel para los hijos de Israel, permitió el milagro del renacer de Israel, 2 mil años después, sobreviviendo a todo aquel que lo tiranizó, persiguió y masacró, al crearse el 14 de Mayo de 1948, el actual Estado de Israel.          

A continuación, dos incógnitas simplemente inexplicables: ¿Cómo se pudo juntar en tan sólo una apresurada noche, tal cantidad de oro como para fabricar tanto a los querubines como a la Menorá, si ya antes, se había construido el becerro de oro? ¿Cómo se pudo utilizar oro para el sacrilegio del becerro y de los querubines y el candelabro de 7 brazos? ¿Cómo podemos explicar la confección misma tanto de estos dos querubines como de la Menorá, si las instrucciones eran que debían ser de una sola pieza y labradas a martillo? Es posible que la respuesta sea que, al hablar de oro, plata y cobre, se refiera más que a metales, a nuestros valores morales en que nuevamente se demuestra lo necesario de la participación de todos y cada uno de nosotros, en la continuidad de nuestro pueblo y  nuestra fe. Si es esta la respuesta, gracias a cada uno de nosotros, estos metales “inmateriales” serán aportados por nosotros en una sucesión interminable de bondad, caridad y fe inquebrantable.

Desde luego, me imagino que para llegar a cada una de las piezas primarias, el oro de aros, anillos y pulseras, debió ser fundido. A partir de esas inmensas masas de oro, ¿Cómo se logró labrar a martillo hasta alcanzar el grado de perfección que tuvieron estas 3 piezas, si nos atenemos a los detalles explicitados en esta Parashá? Los invito a pensar en los detalles labrados en cada uno de los 7 brazos, todos absolutamente iguales, en que cada palmo lleva un adorno diferente.

Veo una gran enseñanza en el detalle de los querubines y los brazos de la Menorá. Los primeros, estarán mirando al centro. Los 3 brazos de la izquierda, mirarán al centro, al igual que los 3 brazos de la derecha. La luz central, alimentará a las otras 6 y los querubines mirarán a esta central.

Cada luz por sí sola, es capaz de iluminar nuestro andar. Al compartir su luminosidad con sus compañeras, no estará disminuyendo su propia facultad sino que se estará complementando para formar un todo. Es por eso que todas convergen al centro. MI interpretación al respecto es que, cada una de estas luminarias, están guiando nuestro paso por la vida. Tenemos la obligación de compartir su bondad con nuestros semejantes y, al mirar todas al centro, nos está indicando que, justamente al centro de nuestras vidas, permanentemente está Hashem iluminando nuestro camino y, los querubines, son nuestros ángeles custodios, los cuales cuidan que no nos desviemos del camino correcto de las enseñanzas entregadas a cada uno de nosotros, a través de los  milenios, gracias a la magnificencia de Moshé, nuestro intermediario entre cada uno de nosotros y el Creador.

Shabat Shalom

Eduardo Hadjes

David ben Jaim
(8 de Febrero de 2019 a las 14:18)

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