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Mundo Judío

La cultura ídish en el Río de la Plata.

Este libro escrito en español e idish muestra la presencia del idish en las publicaciones que tenían que ver con Israel en Uruguay. Este libro contiene las donaciones de los uruguayos para la creación del estado de Israel.

 

La cita era en la calle Ibicuy, entre Soriano y San José, en el montevideano Teatro Albeniz. El afiche, en caracteres hebreos, anunciaba que el 9 de octubre de 1934, a las 9:45 horas se presentaría la obra El cantor sin voz, "en honor y beneficio del 1er actor Sissie Gold". Esta obra formaba parte de un movimiento cultural ídish presente a ambas orillas del Río de la Plata, aunque con mayor presencia en Buenos Aires, y que además de innumerable cantidad de obras de teatro incluía la publicación de diarios, literatura e inclusive tangos escritos en ese idioma.

En el libro "Oysfarkoyft. Localidades agotadas. Afiches del teatro ídish en Argentina", (publicado en 2006 por el Instituto IWO de Buenos Aires, y cuyas autoras son la archivista Silvia Hansman; la antropóloga Susana Skura y la diseñadora gráfica Gabriela Kogan), se describen éste y otras más de cien piezas de difusión. Según esta publicación, los actores ídish porteños y montevideanos se habían unido en la Sociedad de Actores israelitas de la Argentina y el Uruguay.

Antecedentes del ídish

Los judíos ashkenazíes arribaron a la Argentina principalmente a fines del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX. Los pogroms en Rusia, la Guerra y las persecuciones del régimen nazi impulsaron a muchos de ellos a buscar nuevos horizontes en el Nuevo Mundo. Junto con sus valijas cargadas de esperanzas e ilusiones, trajeron al ídish, una cultura surgida en los márgenes del río Rin, alrededor del año 1000. Allí se forjó esa nueva lengua que mixtura componentes latinos y germánicos, con el hebreo, idioma históricamente reservado al culto. "Sucesivas expulsiones y persecuciones obligaron a los judíos a migrar a países de Europa Oriental en donde durante casi siete siglos gozaron de libertad religiosa", apunta Débora Kacowicz, docente de ídish en IWO, especializada en traducción de correspondencia en esa lengua. Y agrega: "Es en estos países de donde el idish toma vocabulario eslavo y se amalgama en una creación lingüística original. Cabe destacar que desde su nacimiento el ídish posee escritura, hecho que permitió el surgimiento y florecimiento de una riquísima y vasta literatura de neto corte popular".

Algunos referentes de esta cultura ídish son el ensayista y fundador del IWO, Samuel Rollanski; los poetas Tzalel Blitz, abuelo de la escritora Marina Kogan, y el poeta Kehos Kliger, traductor El Martín Fierro; los actores Maurice Schwartz, Marcela Waiss y Max Berliner; los cantantes Jevel Katz (apodado "El Gardel judío") y Max Zalkind; el empresario Adolfo Mide; el actor y director de teatro y cine, Jacobo Ben Ami; los periodistas Jaim Botashanski (director de Di Presse) y Pinie Wald (integrante del Bund, quien en su texto Koshmar, "Pesadilla", dejó testimonio de su padecimiento sufrido durante la Semana Trágica. En enero de 1919 hubo una feroz represión contra obreros de los talleres Vassena, en el marco de la cual sectores nacionalistas acometieron lo que se consideró el primer pogrom en Argentina. El barrio judío del Once fue una virtual "zona liberada" en la que " unos niños bien que salieron a la caza del ruso", tal como testimonia el documental Un pogrom en Buenos Aires (2007), dirigido por el argentino Herman Szwarcbart.

Entre las mujeres que brillaron en la cultura ídish se destaca la poeta Nejome Lerer, quien abordó -desde una mirada femenina- el trabajo, las huelgas en los talleres, el teatro y la relación con los mandatos paternos.

El teatro ídish

Es interesante notar que en el movimiento ídish argentino hubo lugar a cuestiones vinculadas con lo local, como fue la traducción de El Martín Fierro, acaso uno de los textos fundacionales de la literatura argentina. Sin dejar de lado la obra de Alberto Gerchunoff, autor de los Gauchos Judíos, espejo de lo que fue la inmigración judía de fines del siglo XIX y que –patrocinada por el filántropo inglés Baron Hirsch- se asentó en colonias agrícolas, principalmente ubicadas en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos.

Es llamativo -o no, teniendo en cuenta el marco de una sociedad con alta proporción de inmigrantes- el dato de que las obras se presentaban en locales pertenecientes a otras colectividades, como la italiana o la española. Según analizan Skura, Hansman y Kogan, durante el período 1910 a 1930, hubo puestas en escena de teatro ídish en salas como Orfeón Gallego Primitivo, Orfeón Español, Italia Unita y Unione y Benevolanza. En ese clima estimulante se formaron actores "extracomunitarios" como es el caso de Narciso Ibáñez Menta. El actor español asistía a las obras de Maurice Schwartz y de Jacobo Ben Ami.

El circuito también se extendía a otras salas como IFT, Soleil, Ombú (que funcionaba en la sede de la AMIA), Corrientes, Politeama y Presidente Alvear, entre otros, y a salas del interior argentino: La Plata, Córdoba, Rosario y Carlos Casares eran algunas de las ciudades a las que llegaba el teatro ídish.

Además, grandes estrellas del género provenientes de EE.UU y Europa visitaban Argentina al concluir las temporadas en sus respectivos países.

En el libro "Oysfarkoyft..." también se da cuenta, en uno de sus afiches, de lo que fue la Tzvi Migdal, una asociación mafiosa cuyos líderes eran de origen judío y que durante las tres primeras décadas del siglo XX "importaba" muchachas de Europa para que ejercieran la prostitución en sus burdeles de Buenos Aires y Rosario. Un afiche promocionaba una obra "a beneficio del cementerio de Barracas al Sud", propiedad de los "rufianes".

Divina Gloria canta en idish

Una lengua con humor y nostalgia.

El humor estaba presente en muchos de los títulos de las obras de teatro ídish en Buenos Aires, que de por sí provocaban a la risa: "Una vez casado no hay remedio" o "Novia fugada", son algunos ejemplos. Es que el humor es una característica presente en el ídish que se observa en el uso de metáforas, diminutivos y la construcción de refranes. ¿Cómo se explica esta presencia permanente del humor? Al respecto, Tumeser consultó a Kacowicz: "Probablemente se debe a que era el idioma de la vida familiar –afirma. El hombre judío medio en Europa oriental utilizaba tres idiomas, distribuidos en contextos específicos: el loshn kodesh (hebreo) utilizado (no hablado) para el estudio y el rezo; el ídish, hablado en el ámbito familiar y comunitario; y el idioma vernáculo para comunicarse con los vecinos no judíos. A las mujeres judías les bastaba con saber el ídish. Por eso los diminutivos, propios del lenguaje maternal. Al ídish se lo denomina mameloshn (lengua de la madre). Es un idioma de un alto contenido emotivo y afectivo porque era el idioma de la vida cotidiana, de los lazos cercanos. Por eso también la picardía y el humor. También es el idioma popular, de los mil refranes y ocurrencias propias de un folklore sumamente vital y productivo. La vida misma en las ieshivot también estaba llena de humor, no es un atributo solamente del ídish. Sobre todo porque el humor judío es un humor basado en la palabra, en el doble sentido y el absurdo, tres cosas fundamentales para el estudio de la Torá (la palabra, sus múltiples sentidos y la correcta argumentación)".

Archivo del IWO

La Fundación IWO (Idisher Visnshaftlejer Institut - Instituto Judío de Investigaciones) es una organización sin fines de lucro que conserva, investiga y difunde materiales documentales sobre la historia, la cultura y los lenguajes del pueblo Judío. Mantiene una biblioteca, el archivo histórico y un museo.

Dentro de su colección -compuesta por 400 fondos documentales originados por diversos productores entre 1714 y 2007- se encuentra el reloj de la sala de lectura detenido a la hora de la explosión terrorista que destruyó la sede de la AMIA, en 1994, y que asesinó a 85 personas; fragmentos de placas y fachada, máquinas de escribir, libros, documentos, cassettes y esculturas dañadas, entre otros objetos.

Como símbolo de la resistencia del pueblo judío, se destacan una serie de candelabros, objetos de culto y libros de oración que fueron rescatados de los campos de exterminio de la Segunda Guerra Mundial por una comisión conocida como Reconstrucción Cultural Judía. Una vez finalizada la Guerra los objetos fueron enviados a distintos centros culturales del Mundo, entre ellos el IWO de Buenos Aires. Estos objetos lograron ser nuevamente rescatados de entre los escombros, luego de la voladura de la AMIA.

La Colección también incluye el atril, la silla de su estudio y una caja con los elementos de trabajo de León Untroib (1911-1994), uno de los más destacados maestros del fileteado porteño; seis esculturas y una caja con documentación acerca de la vida y obra de Israel Hoffman (1896-1971). Nacido en Colón, Entre Ríos, este destacado artista plástico egresado de la Academia Nacional de Bellas Artes recibió los elogios de Ernesto de la Cárcova: "Usted no tiene nada que aprender, usted tiene que enseñar", le dijo el autor del célebre cuadro "Sin pan y sin trabajo", que actualmente se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes en Buenos Aires.

Asimismo, el IWO atesora objetos rituales como rollos de la Torá para la lectura diaria, cortinas para cubrir el arca en los templos, copas para la bendición del vino y candelabros para el ritual de Shabat; quemadores de incienso, lámparas rituales de siete y ocho brazos, punteros para la lectura bíblica, fajas de circuncisión (binder), mantos rituales, kipot, tfilim y mezuzot, entre otros. También, impulsado por Rollanski, la colección incluye objetos pertenecientes a la inmigración judía a la Argentina, desarrollada en ámbitos rurales y urbanos: desde un samovar europeo para mantener el agua caliente, un abanico con inscripciones en ídish, cuchillo de campo y otras herramientas de trabajo en las colonias agrícolas, herramientas de trabajo relacionadas con las profesiones mas corrientes de los inmigrantes judíos urbanos como las valijas de los vendedores ambulantes e instrumentos de costura, libros de corte y confección en ídish, materiales didácticos y bancos de escuelas judías, máquinas de escribir en ídish, sellos de diversas organizaciones de ayuda mutua, souvenires de Israel, juegos, invitaciones a circuncisiones, Bar Mitzvá, o casamientos y tarjetas de año nuevo.

Declinación del auge de la cultura ídish

"¿A qué se debe el declive del auge de la lengua y la cultura ídish en el Río de la Plata y en especial en Argentina? Para la antropóloga Susana Skura, este proceso de declinación se vincula "con la socialización lingüística de las nuevas generaciones en la escuela pública Argentina; la consolidación de un ideal de clase trabajadora nacional, obrera y homogénea propio del modelo de Estado peronista (1946-1955); el asesinato de la mayoría de los hablantes del ídish durante el Holocausto; la proscripción del ídish por parte del gobierno stalinista; y la instauración del hebreo moderno como lengua oficial del Estado de Israel, a diferencia de la situación histórica de distribución complementaria en la que el ídish funcionaba como lengua de uso y el hebreo como lengua sagrada o culta."

Para Kacowicz, el ídish –considerada por la UNESCO como "lengua en peligro de extinción"- comenzó a estigmatizarse crecientemente tras el Holocausto y luego del surgimiento del Estado de Israel: "se lo consideraba como el idioma del pasado, de los humillados, de los muertos. En cambio el hebreo era el idioma del futuro, de la esperanza, de la idea de un pueblo nuevo". Sin embargo, Kacowicz aclara que "esta dicotomía entre ambas lenguas es más antigua, se remonta al siglo XIX, también como fruto de querellas políticas".

"No sé si el idish tenga algún futuro (en el mundo laico, se entiende, entre los religiosos está más que vivo) -concluye Kacowicz. Sólo sé que en mí tiene un presente y eso no es poco. Hago mías las palabras de Isaac Bashevis Singer: 'El ídish no ha dicho aún su última palabra'".

Una ídishe actress argentina dirigida por Woody Allen (

2010. En una entrevista para el Forward en idish  una "bobe" de unos 90 años cuenta su historia: la de una actriz de teatro ídish de los años 30, "la única nacida en Argentina, y con orgullo", afirma. El reportaje ( incluye un fragmento de la actuación de Shifra Lerer -la "bobe" en cuestión- en "Los secretos de Harry" (1997), una de las geniales comedias de Woody Allen. En una nota concedida en 2003 a la periodista Ana Bianco, para Página/12, Lerer (que estudió "en el teatro Colón y en el Lavardén, con Alfonsina Storni como maestra; e interpretó obras de Samuel Eichelbaum") contó cómo obtuvo el papel de Dolly, una amiga de una vecina: estaba "anotada en ciertas agencias de casting y una es la de Juliet Taylor, que trabaja con Allen. Leí la letra (...). Al día siguiente me llaman y me transmiten que Allen quería hablar conmigo. Primero leí. El estaba sentado lejos, como estudiándome. Luego me dijo: ´Tú eres del teatro ídish y estás acostumbrada a proyectar con fuerza tu voz en un teatro, con gestos más amplios. El cine es distinto. Acá tienes un micrófono en la cabeza, otro de costado y los gestos no deben ser ampulosos, sino más medidos. ¿Crees que lo podrás hacer?'. Le respondí que iba a tratar. A los tres días me llama Taylor y me dice: 'Congratulations, el papel es tuyo'.

Estudiantes del ídish en argentina 

En Buenos Aires existen al menos dos instituciones en las que estudiar ídish. Una es el IWO, con varias décadas abocada a la investigación y difusión del idioma, y la otra es el Centro Universitario de Idiomas, perteneciente a la Universidad de Buenos Aires, en donde, además de la lengua ashkenazí, se enseñan otras lenguas como el guaraní o el chino mandarín. Por primera vez en su vida, Gisela Saslavsky comenzó este año a estudiar en el IWO. "Pensé que el ídish me serviría para recuperar algunos dichos, situaciones, momentos en general de mi infancia. Mis abuelos y tíos lo hablaban. Me resulta, además, una forma de seguir investigando y conociendo historias relacionadas con mis orígenes, de manera entretenida. Practico con mi prima y con mi hermana. También intercambio frases y palabras con un amigo que habla alemán; juntos analizamos diferencias y similitudes entre ambas lenguas". Gabriela Weingarten decidió estudiar impulsada por su historia familiar. "De chica escuchaba a mi papá hablar ídish con mi abuela, cuando había temas que se suponía no debía conocer. También lo hablaban mis tías. Dentro de mi familia hoy no tengo con quién practicarlo, los que lo utilizaban fallecieron".

Tujes 

Fue acaso Tato Bores (apodo del actor televisivo argentino Mauricio Borensztein) quien introdujo la palabra "tujes" en el lunfardo porteño: en Buenos Aires cualquier persona sabe a qué alude la palabra, sin necesariamente conocer su origen.

Agradecimientos: Ester Szwarc, Silvia Hansman, Gabriela Kogan, Susana Skura, Débora Kacowicz (IWO); Gisela Saslavsky, Gabriela Weingarten, Simón Grynwald, Abraham Zylberman.

Basado en el artículo de Sebastian Scherman.

 

Fuente: tumeser.com

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