Entrevistas

El científico Dr. Adrián Krainer recibirá Honoris Causa de la Universidad de TA

Es oportuno recordar pues la entrevista que le realizamos hace poco, a raíz de otro importante galardón.

Hace algunas  semanas se llevó a cabo en California un evento de gala muy singular. Quienes marcharon por la alfombra roja no eran estrellas del celuloide sino científicos y exitosos empresarios de tecnología, galardonados con el “2019 Breakthrough Prize in Life Sciences”, considerado el “Oscar” de las ciencias, un premio creado hace pocos años para distinguir los avances en la ciencia médica.

En realidad, también estuvieron presentes varias celebridades de la industria cinematográfica como Pierce Brosnan, Orlando Bloom, Julianne Moore y  Rachel MacAdams entre otros.  Ellos y los magnates de Silicon Valley fueron los que  entregaron los premios.

El  Breakthrough Prize es en tres áreas: Ciencias Naturales (este año hubo 3, uno de ellos el de Adrián Krainer, compartido con su colega Frank Bennet), Física (compartido por dos)  y Matemática.  Este  año hubo  un premio especial en astrofísica, el área en el que años atrás el galardonado fue Stephen Hawking.

 El gran logro de Krainer y Benett fue el desarrollo del fármaco Spinraza, destinado a combatir la Atrofia Muscular Espinal (SMA, por sus siglas en inglés) una enfermedad degenerativa rara para la que no había hasta ahora casi ninguna respuesta. El tratamiento posible gracias al Spinraza está teniendo muy buenos resultados, aunque Krainer es precavido y no habla por ahora de “cura”. Lo que consigue, por ahora con alto porcentaje de éxito, es corregir  la función de un gen defectuoso para aliviar esta enfermedad, que provoca parálisis o muerte.

El Dr. Adrián Krainer y su esposa, la Dra. Kate Creasey, en la ceremonia del Breakthrough Prize

Algunos datos

Adrián Krainer nació en Uruguay y vivió en Montevideo hasta los 18 años, cuando viajó becado a estudiar en Columbia. Desde entonces vive en Estados Unidos.

Fue al liceo Zorrilla y después, por lo difícil que eran en aquellos años estudiar en forma ordenada en un liceo público, los padres lo pasaron al Yavne. Así también comenzó una etapa de mayor vinculación con la comunidad judía, y activó en el movimiento juvenil Hanoar Hatzioni.

Está casado en segundas nupcias y tiene tres hijos ya adultos de su primer matrimonio. La hija mayor está haciendo la residencia en neurología pediátrica. El mayor de los varones es artista, hace pinturas y esculturas pero no como profesión ya que ahora está trabajando en un laboratorio de genética, y el  más chico es ingeniero de software. 

 

P: Adrián, es un gran placer tener la oportunidad de conversar contigo. Es ineludible comenzar con una felicitación. ¿Cómo se vive el ser reconocido en forma tan destacada por tus logros científicos? Te dedicaste a lo que te gusta…y ser galardonado por eso no es poca cosa.

R: Este reconocimiento es mucho más de lo que uno se imagina o espera, pero la verdad es que no lo veo simplemente como algo personal  sino como un reconocimiento del  valor de la ciencia básica y el impacto social que puede tener.

P: En la investigación científica me imagino que hasta que se logra éxito, hay muchos esfuerzos que parecen infructuosos, tras los que hay prácticamente que volver a empezar.  ¿Cuál es la actitud clave?

R: Hay que ser bastante persistente para estar en la investigación. No hay que dar un paso atrás. Lo que uno está tratando de encontrar es algo nuevo y hay que intentarlo repetidamente, de diferentes maneras hasta que se encuentra un camino. No siempre se logra.

P: Y en esas largas horas de laboratorio ¿trabajas pensando que lo que se quiere lograr puede cambiar cosas claves para la humanidad?

R: Bueno, uno siempre lo tiene como meta pero no sabe si va a ser en esta generación o en la siguiente, o si va a salir de la investigación inmediata, o simplemente uno está aportando un granito de arena para que sumado a lo que hacen  otros en el campo, a  la larga se pueda encontrar un camino colectivo. Esto no fue una cosa inmediata: trabajamos en desarrollo del medicamento durante 12 años, pero también si uno empieza a contar la parte más básica, fueron varios años antes de eso. Al final es a largo plazo, pero a medida que uno va avanzando aumentan las posibilidades de éxito. Claro que uno no quiere hacerse  demasiadas ilusiones porque los tropiezos son comunes y puede venir el desánimo.

Estamos preparados para el éxito o el fracaso, pero con pequeños éxitos se puede seguir avanzando y a veces todo se da bien y se llega  a un éxito realmente, como en este caso, que es lo máximo que uno puede esperar.

 

UN APORTE SIGNIFICATIVO

P: Si te pido que no seas modesto y que trates de resumir como si estuvieras hablando de otro, ¿cómo explicarías  cuál es tu aporte, con el Spinraza, a la lucha contra las enfermedades, a la medicina y a la humanidad?

R: En nuestro caso investigamos una enfermedad para la que no había ningún tratamiento disponible, solamente paliativo, es una enfermedad que mataba a la mitad de los pacientes diagnosticados en menos de dos años. Provoca  parálisis gradual en casi todo el cuerpo, especialmente piernas y brazos; también pueden tener dificultad para hablar, pero no en todos los casos. Los bebés con diagnóstico genético que han recibido Spinraza, ya antes de que aparezcan los síntomas de la enfermedad están mostrando desarrollo normal.

En  los casos más leves puede demorar años o décadas pero siempre es algo degenerativo. Todavía hay muchos pacientes en ese estado, gente  atrapada en su cuerpo, gente muy inteligente y capaz pero inhibida por el progreso de la enfermedad degenerativa. Nosotros no sabíamos si el tratamiento iba a impedir que siguiera el progreso de la enfermedad, pero al final resultó no sólo eso, sino que muchos pacientes están mejorando y siguen mejorando a medida que transcurre el tiempo. Los pacientes más afectados  están sobreviviendo mucho más de lo que se esperaba. Todavía no sabemos el límite porque puede demorar años y siguen mejorando. Hay mucha esperanza, realmente superó las expectativas.

P: ¿Y eso puede ayudar también en otras enfermedades degenerativas?

R: No sería el Spinraza mismo sino otros medicamentos de diseño similar.

La influencia de esta investigación y del medicamento se extiende a otras enfermedades del sistema nervioso, donde ahora hay mucha investigación y  desarrollo de fármacos. 

P: En una película puede haber alguien que grite ¡Eureka! Al descubrir  o entender algo clave.En la realidad ¿hay un momento en que te das cuenta que tenés en tus manos algo impresionante?

R: Sí, la verdad que hubo varios momentos  de esos porque el desarrollo del fármaco es todo un proceso que uno sabe que empieza en el tubo de ensayos y después en células y en modelos de ratón. A la larga se lleva a estudios clínicos. Todas estas  facetas siempre anduvieron bien y nos fuimos acercando a la meta. Creo que uno de los momentos más importantes fue cuando se iniciaron los ensayos clínicos, que demoraron cinco años, y también y especialmente cuando se le dio la primera inyección al primer paciente.. Es un  momento que asusta un poco pero por suerte salió todo muy bien.

Se hicieron dos estudios con placebo  y un tercio de los pacientes no estaban recibiendo el fármaco, es todo doble ciego y aleatorio, y entonces se determinó de antemano que cuando se llegó a suficiente número de pacientes con tratamiento durante cierto tiempo que iban a poner a los estadísticos para ver si se veía una diferencia. Mi colaborador estaba en un safari en África y en medio de eso llegó el aviso que  los resultados habían sido clarísimos y que estaban muy contentos. Eso significaba que todos los pacientes en placebo podían empezar a recibir el fármaco inmediatamente.

P: Me imagino la sensación...

R: Fue un momento muy importante y a los tres meses se aprobó el medicamento. Eso fue antes de lo que pensábamos: el 23 de diciembre de 2016 se aprobó y fue un momento grandísimo. Fue mucha alegría para todos los pacientes y familias que desde hace años buscaban una solución .

 

 

Matt Larson, Dr. Frank Bennett, Adrán Krainer y Dianne Larson; adelante esta Emma, que tiene AME tipo 2; participó en el ensayo clínico de fase 3 apenas cumplio los 2 años, y continúa con el tratamiento; va a cumplir 6 años en febrero. La enfermedad había avanzado bastante desde que fue diagnosticada hasta que comenzó el tratamiento, pero desde entonces ha mejorado muchísimo, y continúa mejorando. Ya puede permanecer parada por primera vez en su vida, y logra caminar un poco.

El contacto humano, personal.

P: Cuando se lidia con una dura enfermedad, también la familia la vive y padece. ¿Qué importancia tiene conocer a la familia del enfermo? Imagino que te aporta una dimensión humana muy fuerte.

R: La verdad que sí. Siempre fue algo que nos motivó mucho porque deja de ser una investigación abstracta. Hace años, cuando era un proyecto y uno no sabía qué posibilidades de éxito había, no se podía entender lo que significa para pacientes que no tenían un tratamiento disponible... Recuerdo  que había padres que decían que no les importa tanto si lo que estamos haciendo llevaba a una solución o no, pero que les da esperanza. Ya con los esfuerzos, con el hecho que nos dedicáramos a investigar y buscar un remedio, estaban sumamente agradecidos.

P: Qué fuerte. Ahora que mencionás este punto, se me ocurre preguntar si acaso no tendría que ser obligación que quienes se dedican a esto se encuentren personalmente con los pacientes. Quizás estoy planteando una tontería.

R: Bueno, supongo que no se puede forzar a nadie a nada. Pero en Estados Unidos esas cosas no son difíciles ya que  si uno está trabajando seriamente en una rama de investigación, asiste a congresos y tiene una parte aplicada a una enfermedad, con oportunidad de conocer a enfermos. Se juntan médicos y familias. Donde no lo he visto tanto es en cáncer porque es algo tan lamentablemente común que todo el mundo está al tanto, a menos que sea una forma muy específica de la enfermedad.

 

Las raíces

 P:  ¿Qué había en el hogar de los Krainer que explica que de ahí haya salido un científico de tu envergadura?

´R: Pienso que es la historia de muchos inmigrantes judíos que sobrevivieron a la guerra y al Holocausto y no tuvieron grandes oportunidades de educación por culpa de la guerra. Los que llegaron a Uruguay y a otros países hicieron lo que pudieron. Y yo  tuve la oportunidad que mis padres no tuvieron para estudiar. Tanto mi hermano Eduardo como yo hicimos estudios universitarios y en nuestra familia, nuestra generación fue la primera que tuvo oportunidades. Se puso énfasis en la educación y eso fue una influencia muy importante.

P: ¿Este logro es entonces también un homenaje para tus padres?

R: Sin duda. Lamentablemente mi papá falleció en el 2015 y no vivió para ver esto. Tenía 90 años cumplidos. Mi mamá todavía vive en Uruguay.

P: Me imagino su orgullos….”najes” a gran escala.

R: Sí, claro. La llama todo el mundo. . Está muy orgullosa pero dice que le hubiera gustado que mi papá viera  esto.

P: Claro, eso es indudable. Fue triste y lindo al mimo tiempo lo que comentaste antes, que tú y tu hermano pudieron tener las oportunidades que quienes vinieron de la guerra habían perdido. ¿Eso se manifestó siempre entonces en un hogar en el que se destacaba el estudio?

R: No lo discutimos directamente pero siempre era obvio para nosotros la importancia del estudio . Sabíamos que mi padre en Europa no había tenido la oportunidad ni tampoco nadie de la familia. El tuvo que hacer trabajos forzados apenas cumplió 18. Y ya antes de eso, en Rumania-donde vivía- la situación era de gran miseria.  Mi madre nació en Uruguay. Sus padres habían llegado de  Hungría. Lograron irse de allí en el año 30 pero dejaron mucha familia que terminó en Auschwitz. Nunca se supo más nada de ellos.

P: ¿Tu papá hablaba mucho de eso? Ha habido experiencias muy distintas en ese sentido, gente que contaba todo a la familia y por otro lado quienes no podían hablar de nada y decían que hay que mirar solamente para adelante.

R: Hay gente que no quiere hablar, es cierto. Mi padre contaba si le pedíamos. Fueron tiempos duros pero comparado con quien tuvo que ir a campos de concentración era otra cosa. Él hizo trabajo forzado como alternativa al servicio militar, al que los judíos no podían ir.  Creo que hizo un par de años, pero indudablemente fueron tiempos muy duros pero él tenía claro que comparado con las vivencias que pasaron otros, lo de él había sido mucho más liviano.

 

La identidad

 P: Después de tantos años viviendo en Estados Unidos, ya más de 40 años ¿Qué es lo que llevás contigo de Uruguay?

R: Todas las cosas son de un período de formación personal y profesional pre universitaria. Me quedaron amistades, la familia, las vivencias. Bueno, toda la cultura...Yo siempre visitaba a mis padres. Y me gusta ir también hoy a pesar de que todo ha cambiado mucho. Muchos de aquellos que yo conocía, ya no están en el país. Hay muchos ex compañeros en Israel.

 P: Y si uno te pregunta ahora cómo presentarte….¿científico uruguayo norteamericano? Por otra parte ¿qué importancia tiene tu condición judía para ti?

R: Todo eso es parte de quien soy. Me vine a Estados Unidos de Uruguay y también soy de la comunidad. Sí, todo eso es parte de  mi identidad.

 P: Aunque te fuiste joven de Uruguay y toda la carrera la hiciste en Estados Unidos ¿hoy tenés vínculos a nivel científico con colegas uruguayos?

R: Yo  me fui de Uruguay antes de hacer estudios universitarios, así que no tenía vínculos académicos pero los fui estableciendo con el tiempo. He tenido en mi laboratorio  a un par de uruguayos como estudiantes. Ahora, por ejemplo, estoy en el Consejo Internacional del Pasteur en Montevideo porque he llegado a armar vínculos como cualquier otro académico en otros países. Por suerte también lo he hecho en Uruguay y cuando voy ahí paso por el Pasteur y de vez en cuando tenemos reuniones organizadas para asesoramiento o para ayudarlos con ciertas decisiones.

P: ¿En qué se manifiesta hoy tu  vínculo con Uruguay. Imagino que seguirás a la Celeste, en los mundiales al menos.

R: Sí, el mundial siempre lo miro y disfruto o sufro según corresponde, como cualquier otro uruguayo. Leo el diario “El País” por internet y la página de El Espectador. No es algo que hice de forma continua, pero en los últimos años sí. Visito una o dos veces por año, entonces mantengo los vínculos.

 

Doctor Honoris Causa de la Universidad de Tel Aviv

 P: ¿Tenés algún vínculo personal o científico con Israel?

R: Ante todo tengo un primo hermano, también muchos ex compañeros de liceo con quienes  nos mantenemos en contacto por un grupo de whatsapp. También tengo gente que trabajó en mi laboratorio que ha regresado a Israel. En mayo voy a viajar porque en la Universidad de Tel Aviv  me van a dar un Honoris Causa.

P: Ah, qué alegría. Enhorabuena pues desde ya.  Hace unos meses, también el ex presidente Luis Alberto Lacalle recibió el Honoris Causa de la Universidad de Tel Aviv.

R: Sí , y te diré que fue una lástima que los tiempos no dieron, ya que el plan original era que también yo lo recibiera este mayo pasado, con lo cual habríamos sido dos uruguayos en el mismo acto.

P: Eso sí que habría sido un record seguramente nunca visto.

R: Es cierto. Lo que pasó fue que un colega de mi campo que trabaja en Tel Aviv me nominó para eso y la intención era que lo reciba este último mayo, pero como este colega estaba de año sabático en Australia  pidió que se pospusiera.

P: Será emocionante seguramente también en mayo. Nos veremos entonces. Y que hasta entonces y también después, continúes cosechando éxitos sin perder la sencillez y humildad que he sentido claramente en este contacto y todo lo que lo acompañó. Muchas gracias Adrián.

R: Gracias a ti Ana.

 

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