Entrevistas

Salvando corazones.

Dr.Akiva Tamir: “Hay quienes ganan con la guerra. Yo saco fuerzas de salvar la vida de un niño”.

En el hospital Wolfson de Holon, lo llaman con cariño “Aki”. Es el Dr. Akiva Tamir, Jefe de la Unidad de Cardiología Pediátrica, quien atiende en dicho marco tanto a los niños israelíes que llegan a ser tratados como a los de otros lados, que son atendidos en el marco de “Salvar el Corazón de un Niño”, el singular proyecto humanitario que funciona en el Wolfson desde 1995  realizando operaciones cardíacas a niños llegados de sitios en los que la medicina no está suficientemente avanzada como para curarlos.

Más de 4800 niños de 57 países ya han sido operados en este marco, entre ellos numerosos de países musulmanes, inclusive varios que no tienen relaciones diplomáticas con Israel, como Siria e Irak y  también niños palestinos.

El Dr. Akiva “Aki” (67) Tamir nació en y creció en Tel Aviv y vive hoy en Rejovot. Estudió medicina en la Universidad de Tel Aviv.Hizo dos especializaciones en Cardiología infantil, una en Israel y la otra en Nueva York.  Trabaja en el hospital Wolfson desde hace 54 años. Tiene 3 hijos y 6 nietos.

Lo vimos “en acción”recientemente un martes, día de la “clínica palestina”, cuando llegan a consulta niños de Cisjordania y la Franja de Gaza. Este es un resumen del diálogo mantenido.

 

Con una familia de Hebron. Los abuelos trajeron a su nieto a revisación médica para ver si puede ser operado.

 

P:  ¿Cómo es el vínculo entre la unidad misma y el proyecto “Salvar el corazón de un niño”?

R: Bueno, la unidad misma es del hospital, del Wolfson. “Salvar el corazón de un niño” es considerado un proyecto externo, es una asociación sin fines de lucro , independiente, pero fue creado dentro de este hospital y lo natural es que quien hace el tratamiento mismo somos nosotros. Y aunque somos empleados del hospital y no de la asociación, tratamos a gran parte de los niños que llegan a través de ellos.  La asociación le paga al hospital y de allí viene parte de los sueldos de los médicos que trabajamos con ellos.

Recordemos el comienzo.En 1995 el Dr. Ami Cohen, lamentablemente ya fallecido, tuvo la idea de crear un proyecto especial en cuyo marco traigamos aquí a niños que necesiten operaciones cardíacas, que los operemos aquí y que puedan volver a ser tratados en sus países de origen en el seguimiento. Parte de la idea era que viajemos a esos países e instalemos clínicas de consulta junto a los médicos locales y que les ayudemos a comprender cómo lidiar con los distintos problemas. Era como dar un empuje desde el punto de vista del tratamiento cardiológico. Asimismo, eso incluía traer médicos a Israel para que hagan aquí la especialidad. Y también cada tanto hacer operaciones afuera, en aquellos en los que la medicina ya hubiera avanzado más, para empujar así el desarrollo local. Ese fue el comienzo.

P: Ustedes aquí, de hecho, no sólo ayudan operando sino que también capacitan a médicos de otros lares ¿verdad?

R: Así es. Recuerdo muy bien, entre muchos otros, a la Dra. Saga Net, de Etiopía, una mujer increíble, pediatra destacada, que dejó durante un año a su esposo y sus hijos pequeños para trabajar intensamente aquí especializándose en cardiología. Estamos en contacto con ella todo el tiempo y este mes viajaremos a Etiopía a evaluar a sus pacientes y ver a quiénes podemos ayudar. También otro médico que construyó un hospital importante en una ciudad de Etiopía lejos de la capital, el Profesor Abraham. El nos envió un equipo entero a Wolfson y aquí ayudamos a capacitarlos para que puedan trabajar en su país en forma independiente.

También ayudamos a formar un equipo entero en Tanzania, después que una cardióloga de nombre Naiz que llegó de allí, estuvo casi tres años en nuestro hospital. También se han especializado con nosotros médicos palestinos, como Ula Awad  de Beit Jalla, Salim de Nablus y Fadj de Gaza que desde hace 20 años sigue viniendo un día por semana aquí. Hay anestesistas y expertos en cuidados intensivos llegados de distintos lares, muchos de ellos palestinos.

P: Cuando combiné para venir, me dijeron que martes es un buen día porque funciona la “clínica palestina”. O sea, niños palestinos de Gaza y Cisjordania que son tratados en el marco de “Salvar el corazón de un niño”, llegan los martes a que usted y sus colegas los revisen y evalúen.

R: Claro. En la práctica no se puede separar las cosas. Nosotros venimos al trabajo, yo paso mi tarjeta del Ministerio de Salud Pública como cada día que llego al trabajo, y sé que los martes nuestra actividad se concentra en los niños palestinos. Los martes también son los días en los que se atiende a los niños israelíes de incubadora  y claro que si hay que atender por algo a niños internados en el departamento, también se los trata a ellos. Claro que la envergadura del trabajo es mucho mayor de lo normal, por “Salvar el corazón de un niño”.

La Dra. Alona Raucher haciendo un estudio a un niño de la Franja de Gaza.

Pacientes de Siria

P: Hemos hablado de los niños palestinos, pero usted ha tratado aquí también niños llegados de Siria.

R: Así es, y siento gran compasión por los sirios, por lo que están viviendo. Si pudiera, me iría a trabajar a un campamento de refugiados sirio. Aquellos a los que vi aquí, eran gente fuera de serie. En general los niños llegan con sus padres. Y uno los ve y piensa que su país está viviendo una situación terrible por culpa de un líder alterado o varios locos…y se estruja el corazón.  También en ellos vi la preocupación por los hijos, igual que la nuestra, duele el corazón saber lo que están viviendo.

Es más fácil sentir compasión cuando el otro se ve como uno…es la naturaleza humana. Y yo los veo como nosotros, lo mismo….Y vuelvo a mencionar a la Shoa…porque lo que ellos están pasando es una especie de mini Shoa , y el mundo sigue como siempre…indescriptiblemente hipócrita.  Todos reaccionan con ira cuando muere un niño palestino, no importa si Israel lo mató por error o a propósito, pero nadie dice nada de miles de niños sirios muertos, quizás sólo alguna cosa para quedar bien…nada a fondo. Es increíble.Es que si a alguien le importara, esto habría terminado hace tiempo.  Pero el mundo no interviene lo suficiente. Para mí, esta actitud explica también por qué nadie bombardeó las vías de los trenes en camino a Auschwitz.

 

El resumen de fondo

 

P: ¿Qué significa para usted este trabajo? Me refiero a atender  niños en general y también este desafío especial de “Salvar el corazón de un niño”..

R: Te diré ante todo que cuando fui a estudiar medicina, tenía claro que quiero ser pediatra porque tengo una muy buena comunicación con niños. Ante todo, un niño no tiene su propia agenda. No tiene agenda política, no anda con vueltas de cosas ajenas a la relación natural y automática entre seres humanos. Cuando uno ve a un bebé dulce, le sonríes, lo quieres, y realmente no importa si el padre es musulmán, cristiano, o de donde sea. Un bebé es un bebé, algo divino. Así están “hechos” los  bebés en forma natural, con esos ojos grandes  que hacen que uno enseguida sienta conexión con ellos. Y aquí en “Salvar el corazón de un niño” tenemos una ventaja muy grande porque somos conscientes de que probablemente, si no estuviéramos aquí para ayudarlos, esos niños morirían. Y algunos de ellos, quizás con gran sufrimiento.

P: O sea que se siente privilegiado por las vidas que logran salvar.

R: Por supuesto. Todos nos sentimos así.  Tenemos aquí algo que va más allá de la relación entre el médico y el paciente. Si viene a verme una niña israelí de Bat Yam u otro lado, con una deficiencia cardíaca,  puede ir a pedir una segunda opinión en Tel Hashomer  o Schneider y saber que allí la operarán de maravillas. Venir a mí no es su única opción.Claro que siempre me alegrará atender a cualquiera y ayudarlo, pero sé que su vida no depende de mí.  Sin embargo, en el caso de los niños del proyecto, es muy probable que si yo o uno de mis colegas no los atendemos, sus vidas correrán peligro, puede que si no estamos nosotros, no recibirán tratamiento. Así de simple.

P: Y ese es un pensamiento muy duro…

R: Sin duda, muy fuerte. Significa que uno tiene que dedicar toda su capacidad profesional, todo su talento, para luchar por la vida de esos niños, porque somos la última estación en el camino. Y eso es un gran desafío y una gran satisfacción cuando podemos ayudarles.

P:  ¿Piensa en sus hijos y nietos cuando trata a los niños aquí en el hospital?

R: Yo digo todas las mañana gracias al Todopoderoso por tener una familia sana. Eso es lo central. A veces veo con qué cosas tiene que lidiar la gente, veo tantos dramas…y veo situaciones en las que traen a los niños por algo y yo encuentro algo más serio, les digo que se tienen que hacer un cateterismo urgente, por ejemplo…y siento que el cielo se les cae encima.

 

Los niños nunca tienen la culpa

P: Más allá del aspecto humano tan clave de ayudar a salvar vidas de niños, ¿se ha puesto a pensar en algún momento que esto significa también que se puede vivir juntos o al menos coexistir en paz?

 

R: Creo que a lo largo de todos estos años que estoy trabajando con “Salvar el corazón de un niño”, he pasado varios cambios.  Ante todo, uno ve acá a los palestinos como seres humanos, no como monstruos. Es muy fácil hacer una deshumanización del otro, un fenómeno sicológico que conocemos. Claro que los ejemplos más notorios se dieron durante la Shoa. Uno no puede entender  cómo Rudolph Hess criaba a sus hijos en las afueras de Auschwitz, su esposa les hacía oir Bach y Mozart y a corta distancia de su casa, quemaban y asesinaban niños. Es que vemos que el ser humano es capaz de separar, de decir “esos no son considerados gente”, “no los reconozco como humanos”. Sicológicamente el ser humano es capaz de eso de etiquetar a un grupo y sentir entonces que los puede tratar como infrahumanos.  Esto lo digo en términos muy generales, para recordar el fenómeno, aunque es un fenómeno extremo. Pero cuando uno conoce al “otro lado” personalmente, como seres humanos, como pacientes, los humaniza. No son terroristas que vienen a matarnos sino niños que precisan mi ayuda.

 

P: ¿Por qué decía que pasó varios cambios?

R: Recuerdo que hace muchos años, un día en que yo estaba solo atendiendo en el marco de la clínica palestina, hubo  un atentado en Gush Katif, en la Franja de Gaza, contra un ómnibus que llevaba niños de un asentamiento a la escuela, niños israelíes.  Mataron a varios niños y varios más resultaron heridos. Ese mismo día llegaron acá a atenderse varios niños palestinos . Para mí, ese fue un día de crisis. Matan a nuestros niños y yo atiendo a los de ellos. No puedo negar que me fue difícil. Pero rápidamente internalicé que esos niños no tenían la culpa del asesinato de los nuestros y que los responsables son quienes tienen agendas políticas con objetivos nefastos.

 

P: Entiendo que tuvo que “trabajar” sus propios sentimientos…

R: Exactamente. Hice una especie de elaboración interna para entender que ambas cosas no tienen nada que ver. Y te diré que otra cosa que fui elaborando a lo largo de los años, fue la Shoa, aunque mi familia directa no la sufrió porque estaban todos aquí, en la tierra de Israel. Pero los padres de mi esposa sí estuvieron en la Shoá, les hicieron transfer en Rumania. No llegaron a un campo de concentración pero sí a un ghetto. El tema de la Shoá siempre me pegó a mí muy profundo y siempre tuve por lo tanto plena conciencia sobre la problemática de etiquetar a grupos humanos.  Así que yo jamás lo voy a hacer, no voy a ver a esos niños como árabes musulmanes a los que no tengo que ayudar porque eso es lo que nos hicieron a nosotros en Europa.

Un principio básico del judaísmo es “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, Es un valor supremo. Es un camino marcado por Dios, cuyo mensaje es que uno no se tiene que creer superior a nadie y tiene que saber ponerse en el lugar del otro.

 

P: El punto que mencionó de no deshumanizar a otros, inclusive si hay un conflicto de por medio, es clave…

R: Por supuesto. Durante muchos años no tuve gran contacto con musulmanes. Conocía algún médico, árabes israelíes, pero no es que tuve una relación especial. Y heme aquí en contacto constante con  los palestinos y veo sin ningún lugar a dudas que son tan humanos como nosotros. Y que les importa de sus hijos.

Mucho tiempo pensé que los palestinos que mandan a sus hijos a explotar en nuestros restaurantes, no son seres humanos, porque no les importa de sus hijos. Pero entendí que no se puede poner a todos en la misma canasta, que no son todos iguales. Que una cosa son los terroristas y otros el resto. Y sé que a la mayoría sí les importa mucho de sus hijos y quieren que estén sanos, y son padres y abuelos dedicados. Y se sientan al lado de ellos en la cama y lloran cuando al niño le duele …y están preocupados. Así que ver todo eso personalmente, cambia percepciones y conceptos.

Sé que hay quienes ganan de la guerra .Hay quienes sacan fuerza de esa situación. Y yo saco fuerzas de salvar la vida de un niño. Así de simple.

 

 

(Ana Jerozolimski)

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