Mundo Judío

Pésaj y el elefante cautivo

Agradecemos el valioso aporte del Rabino Eliezer Shemtov, autor de esta nota

El viernes 19 de abril al anochecer se dará inicio a la festividad de Pésaj, denominada también como la fiesta de nuestra liberación. Fue en esta fecha, el 15 de Nisán, hace 3331 años que el pueblo judío fue liberado de la esclavitud egipcia a la que estuvo sometido durante 210 años. Celebramos dicho acontecimiento comiendo Matzá, o pan ácimo, en lugar de pan común durante los ocho días de la festividad. Las primeras dos noches de Pésaj nos reunimos en familia para hacer las cuatro preguntas, comer Matzá, tomar cuatro copas de vino, hierbas amargas y narrar la historia de Pésaj.

Como todas las festividades, también – o en especial – Pésaj es celebrado no sólo para recordar el pasado, sino para revivirlo y lograr algo a nivel personal.

 

La mesa de Pesaj
La mesa de Pesaj en un hogar en Jerusalem

 

Veamos algo de los significados de dichas leyes y costumbres y su aplicación a nuestra vida.

Matzá = Libertad

La razón que la Torá da por la que comemos Matzá es: “porque con prisa saliste de Egipto [y no tenían tiempo como para que su masa se leude…]”[1] Encontramos, no obstante, que Matzá no es simplemente una consecuencia circunstancial de su salida apurada de Egipto, sino que ya antes de salir fueron encomendados a comer Matzá[2]. O sea, Matzá es una llave que abre la puerta de la liberación, tanto nacional como personal y no solo un símbolo de una consecuencia circunstancial de ella.

Veamos cómo funciona.

La alimentación básica del hombre es el pan, producto de la mezcla de harina con agua. Hay dos variantes en el pan: 1) leudado; 2) no leudado. La masa leudada es una masa que llega a expandirse, mientras que la masa no leudada es una masa que no llega a expandirse. En la práctica, en la elaboración de la Matzá se toman las precauciones para controlar que no pasen más de 18 minutos desde el momento que el agua y la harina se junten hasta que salga del horno, pronta, asegurándose así de que no haya habido posibilidad de fermentación.

Las dos masas representan dos actitudes personales frente a la libertad. La masa expandida representa la idea de que la autoexpansión lleva hacia la libertad. “Cuanto más tenga, tanto más libre seré.” La Matzá representa una actitud muy diferente: “cuanto menos necesite, tanto más libre seré.” La filosofía “pan” apunta a la realización de los deseos, mientras que la filosofía “Matzá” apunta a la realización de objetivos de vida que van más allá de la satisfacción de necesidades personales, aunque la satisfacción personal será una grata consecuencia.

El que sigue la filosofía “pan” se encuentra siempre limitado por sus propias limitaciones. “El que tiene 100 quiere 200 y el que tiene 200 quiere 400,” declararon nuestros sabios hace miles de años[3]. En cambio el que suscribe a la filosofía “Matzá”, no se ve limitado ya que hace lo que debe, independientemente de lo que entiende, siente y quiere en el momento.

Otra diferencia entre el pan y la Matzá es que el pan se pone mal al poco tiempo, mientras que la Matzá se mantiene comestible durante meses o hasta años. El que vive en torno a sus objetivos personales, puede llegar a perder el interés en ellos, en cambio el que vive en torno a lo que es correcto, no se arrepentirá tan fácilmente.

Las cuatro copas de vino

Durante el Séder tomamos cuatro copas de vino o jugo de uva (Kasher, por supuesto) representando las cuatro expresiones de redención que encontramos en relación al éxodo[4].  Cada copa representa la salida de una dimensión diferente de nuestras limitaciones: instintiva, emocional, intelectual, subconsciente. La quinta copa, la de Eliahu Hanavi que no tomamos, representa la liberación personal total que lograremos recién con la llegada del Mashíaj.

De acuerdo a las enseñanzas kabalísticas, las tres Matzot representan a los tres patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, mientras que las cuatro copas representan a las cuatro matriarcas, Sara, Rivká, Rajel y Lea. La diferencia esencial entre la Matzá y el vino es que la Matzá no tiene un gusto especial mientras que el vino se destaca por el gusto. La enseñanza es que hace falta las dos cosas en nuestra vida como judíos: empezamos por la subyugación - un compromiso aunque no tengamos gusto intelectual y/o emocional - a la voluntad de Di-s y luego adquirimos el gusto por ella.

Los Cuatro Hijos

El protagonista principal del Séder, o cena de Pésaj, es el hijo, ya que el objetivo del Séder es transmitirle al hijo la historia del Éxodo.

Pero ¿cómo se hace para transmitir la misma historia a hijos diferentes?

De hecho, la Torá reconoce la existencia de cuatro hijos diferentes, el “sabio”, el “rebelde” el “simple” y el que “ni sabe preguntar”.

Cada uno de ellos tiene una actitud diferente y a cada uno hay que hablarle en su idioma. Hete aquí una gran enseñanza pedagógica: antes de hablarle a tu hijo, tienes que saber cuál es su “idioma”. Tienes que entender no solamente qué es lo que está diciendo sino qué quiere decir y - quizás más importante aún - escuchar qué es lo que no está diciendo. Recién después de entenderlo, estás en condiciones de esperar que él te entienda a ti. La verdad no cambia; cambia solamente la manera de comunicarla. Fue sabio aquel alumno que dijo: “No me importa cuánto sabes hasta que no sepa cuánto te importo…”

El elefante cautivo

Hubo quien observó un elefante de circo agarrado por una cadena que estaba anclada a una estaca. “¿Cómo puede ser que el elefante que tiene tanta fuerza no saca la estaca de su lugar?” preguntó el hombre al entrenador.

“Es muy sencillo,” respondió. “Cuando el elefante era un bebé lo atamos con la cadena a la estaca. Intentaba e intentaba soltarse pero no pudo. Se acostumbró a la idea de que no puede sacar la estaca y ahora, aunque pudiera ni intenta…“

Cada año, en el Séder, revemos nuestras limitaciones personales para ver cuán reales e insuperables son.

El hijo interior

En la noche del Séder no sólo debemos focalizarnos en nuestros hijos, sino también atender a nuestro propio “hijo” interior. Cada uno de nosotros retenemos siempre la pureza del niño que éramos. Con el tiempo las realidades adultas tapan y ocultan esa sensibilidad y pureza, pero no la destruyen.

En la noche del Séder es una buena oportunidad para liberar a nuestro propio “niño” interior de la esclavitud e imposiciones de nuestro “adulto” interior. Para cada “no se puede” que nuestro adulto interior nos dice, debemos escuchar el “¿por qué no?” que el niño pregunta y quizás así lograremos salir de nuestra propias limitaciones.

El quinto hijo

El Rebe señala que si bien se habla de cuatro hijos, en realidad existe un quinto hijo: el que ni está en el Séder. Probablemente porque ni sabe que es Pésaj. Ese es el eslabón más vulnerable de la cadena y al que hay que dar más atención, ya que una cadena es apenas tan fuerte como el eslabón más débil que tiene.

¡Jag Kasher Vesaméaj!

Extracto del libro VEAMOS DE QUE SE TRATA - Un paseo guiado por el judaísmo, por el Rabino Eliezer Shemtov (450 págs., Empiria Editores)



[1] Deut., 16:3
[2] Exodo, 12:8
[3] Kohélet Rabá, 1:13
[4] Exodo, 6:6,7

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