Entrevistas

Dialogando con Alain Mizrahi, director del grupo RADAR, nieto de una sobreviviente de la Shoá.

La entrevista sobre redes y encuestas irá aparte. Ya está hecha. Hoy, esto es un homenaje.

A Alain Mizrahi lo conocen bien, profesionalmente,  quienes se interesan en el tema de investigación de mercado, uso de internet y redes sociales . Pero nosotros nos hemos percatado también de otros temas que le interesan  y tocan el corazón como la problemática del antisemitismo y la discriminación. Hace pocos años, cuando lo entrevistamos por primera vez, terminamos ambos llorando.

Ahora, en una nueva conmemoración de Iom HaShoa, el Día recordatorio del Holocausto, le pedimos compartir su visión personal del tema. Asimismo, sobre algunos puntos que resultan preocupantes, en nuestro propio Uruguay.

 

Alain Mizrahi
Alain Mizrahi

 

P: Alain, la vez pasada que te entrevisté, hablamos también de ciertas expresiones de antisemitismo en Uruguay, a raíz de la guerra de Israel contra Hamas en Gaza, sobre la que te manifestaste también en Facebook, en un texto que circuló mucho. Quisiera recordar aquello …

R: Aquello fue terrible, realmente ahí tomé conciencia de que si bien los números que daba la investigación que publiqué sobre judeofobia  indicaban que no había un aumento de la cantidad de gente que no quiere a los judíos, o sea si bien la judeofobia no había aumentado en cantidad de personas, lo que había cambiado notoriamente era la calidad. En otras palabras: había dejado de ser políticamente incorrecto manifestar el odio hacia los judíos. Cuando empezás a ver que en las redes sociales una persona -con su nombre y apellido, con la foto de su familia, con toda su historia a la vista, dónde trabaja, dónde vive, la foto de su hija o su esposa- pone: “A los judíos hay que hacerlos jabón”, te preguntás qué está pasando, por qué dejó de ser políticamente incorrecto decir cosas como esa y que otras personas pongan “Me gusta” a ese comentario, y que otros contesten y suban la apuesta diciendo “¡qué lástima que Hitler no terminó su trabajo” o cosas así, que las vemos todos los días.

A mí lo que me llama la atención es que frente a todo esto todavía nadie haya hecho denuncias penales. En un momento, allá por 2015, quise embarcarme en una especie de cruzada personal: mi idea era denunciar a al menos diez personas simultáneamente por incitación al odio, a la violencia y a la discriminación y hacer mucho ruido en los medios. Hablé con un abogado muy conocido y muy prestigioso, no judío (era una condición para que fuera aun más creíble) y estaba de acuerdo en tomar el caso en forma honoraria; también había arreglado con el director de un medio de prensa para que le diera difusión llegado el momento. Ya había empezado a trabajar, pero me surgieron otras prioridades más urgentes, dejé enfriar el asunto y nunca avancé.

 

P: Interesante la iniciativa sin duda. Recordemos que algo así habría tenido no sólo un trasfondo personal sino jurídico. En Uruguay hay una ley contra la discriminación.

R: No solo hay una ley contra la discriminación. Es un delito penal la incitación al odio racial, y muchos de esos comentarios son incitación al odio racial por los cuales perfectamente se podrían hacer denuncias penales. Yo no participo de ninguna institución actualmente, pero creo que  la comunidad judía no se puso las pilas para hacer denuncias penales contra unos cuantos que merecerían tenerlas.

Esto es ilegal, no se puede hacer. Es ilegal, es inmoral y es contrario a la “uruguayez”, totalmente contrario al espíritu republicano uruguayo. No se puede escribir eso, no… si querés pensar eso pensalo pero no podés escribirlo en Facebook a la vista de todo el mundo.

Igual tengo cierta tranquilidad de que tanto las autoridades de nuestra comunidad como a nivel policial se le presta muchísima atención y se toman muy en serio estas cosas cuando alguien se pasa de la raya. En 2016 denuncié a un muchacho que posteaba consignas nazis en Facebook, y a los pocos días me enteré que allanaron su casa en Salto, un gurí de 20 años, encontraron una cantidad de objetos nazis en su casa. Se ve que ya lo tenían en la mira.

P: Me acuerdo del caso de Salto…increíble.

R: Así es. Te diré que pasó casi un año, yo me había olvidado del asunto y un buen día el tipo me manda un mensaje directo por Facebook desde la cuenta que supuestamente Facebook le había cancelado por mi denuncia, diciendo “no me amenaces (sic) porque mirá que salí !! Te lo recomiendo”. Fui a hacer la denuncia a la 10ª, no había llegado a la esquina que me llamó el comisario, volví a hablar con él, a las pocas horas me llamaron de la Dirección Nacional de Inteligencia, fui a ratificar mi denuncia, hicieron capturas de pantalla de mi Facebook, y me contaron que el tipo había salido en libertad anticipada, pero que con esta denuncia la jueza lo iba a mandar de nuevo “para adentro”, y me pusieron custodia policial por unos días.

P: Me dejás fría…no sabía todo eso.

R: Sí, fue  muy fuerte. Coincidió con el tristísimo episodio del asesinato de David Fremd en Paysandú, pero igual me sorprendió la rapidez de las reacciones.

 

PERCEPCIONES EQUIVOCADAS

P: Vos, por tu trabajo, estás muy en contacto fuera de la colectividad.

R: Sí, mayoritariamente.

P: ¿Tuviste oportunidad de conversar con colegas o gente de otros  ámbitos, no judíos, sobre este fenómeno?

R: Lo  que pasa es que la gente con quien me muevo, mi entorno habitual, son librepensadores, gente con convicciones republicanas que nunca me discriminaría por ser judío, entonces siempre lo que recibo es apoyo. De hecho cuando escribí aquellas notas en  Facebook  a raíz de la guerra entre Israel y Hamas en 2014,  que se viralizaron, no solo la compartieron los judíos, sino que lo más importante es que también no gente de la cole. Creo que parte de la culpa de que haya tanta ignorancia sobre qué somos los judíos la tenemos nosotros.

P: ¿Dónde está la falla?

R: Creo que tenemos un serio problema de comunicación. Yo no quise decir que no estemos haciendo nada, lo que quise decir es que no estamos comunicándolo de forma tal que se sepa y que pase por encima de la imagen que tantos uruguayos de nivel educativo y cultural bajo tienen de que los judíos son todos ricos, viven en Pocitos, votan al Partido Colorado, son empresarios explotadores, etcétera. ¿Qué estamos comunicando mal, como comunidad para que todavía se tenga esa imagen tan estereotipada?, ¿qué botón equivocado estamos apretando?

Unos días antes de las elecciones de 2014, una chica que trabajaba en mi empresa desde hacía unos cuantos años, que me conocía, es una empresa chica, todos nos conocemos y compartimos muchas horas, me dice: “Pero, ¿vos votás en Uruguay?”.

P: No puedo creer.

R: Yo no entendí lo que me estaba diciendo, creí que me estaba diciendo: Ah, vos votás en Francia porque sos francés, y no, ella no creía que yo era uruguayo porque yo era judío.

P: Pero entonces realmente es una ignorante…

R: Eso es muchísima gente, cuando aparecieron grafitis que decían “Fuera judíos de mi país”, o los posts en Facebook diciendo: “Judíos: váyanse a su país, Israel”, ahí me di cuenta de que había un nivel de ignorancia enorme. Mucha gente no sabe que se puede ser uruguayo y judío a la vez, o que ser judío, sionista o israelí son conceptos distintos, pero seguramente porque nosotros nunca nos hemos preocupado mucho por explicarlo de la forma debida.

Y también es cierto que muchos judíos uruguayos tienden a moverse en un circuito totalmente cerrado. Hace un par de meses fui como todos los años a dar una charla a los chicos que hacen el curso de madrijim de Macabi y mostrarles mi estudio sobre judeofobia en Uruguay. Como se asombraban de que uno de cada cinco uruguayos dice que no le gustaría tener un judío en su familia, les pregunté qué porcentaje de sus contactos en Facebook o Instagram no eran judíos. Se hizo un silencio y creo que entendieron el mensaje: se puede ser más “abierto” al mundo no judío sin perder nada de la identidad judía. Es una falsa dicotomía.

P: Claro está que si van a una escuela judía y al movimiento juvenil, quedan pocos espacios de contacto quizás fuera de eso, a menos que vayan al club a hacer gimnasia o a estudiar inglés a algún lado…Pero entiendo tu mensaje. De todos modoso, no me parece que  toda la culpa recaiga en  nosotros.

R: No, todo no, pero creo que muchas veces damos por sentado que se saben cosas que no se saben. Empezás a decir que no hay más un judío en Gaza desde 2005, y la gente no lo sabe, todavía se imaginan que está el Ejército israelí y una cantidad de colonos judíos ocupando Gaza. El conflicto entre israelíes y palestinos y sus ramificaciones en todo Medio Oriente es complejísimo hasta para nosotros los judíos, que hemos nacido y crecido siguiéndolo de cerca. ¿Cómo podemos pretender que el común de los uruguayos lo entienda y no se quede con los estereotipos que circulan en las redes sociales? Y más habiendo una campaña anti israelí tan brillantemente orquestada.  

P: Mucho tiempo pensé que Israel era un desastre para explicar, y ahora, aunque todavía hay mucho que mejorar, creo que  el problema central es que no alcanza con cómo explicás, precisás que alguien quiera escuchar. Y  no estoy segura de que haya suficiente gente que lo quiera hacer.

   R: Eso también, claro, es parte del problema. Pero tenemos que ver cómo resolver  lo que depende de nosotros. Y claramente no estamos comunicando bien y somos en parte responsables de que mucha gente no pueda distinguir “judío” de “israelí”. Es mucho más complejo de entender que lo que creemos.

 

 

HIJO Y NIETO DE SOBREVIVIENTES

 

Con su abuela, su madre, sus hermanos, compañera y el hijo
Seder de Pesaje este año en familia. Alain hunto a su abuela Irene y su hijo Pipe (Philippe, que llora porque no quería sacarse una foto). Están también Jeannine, la mamá de Alain, sus hermanas Marlene y Nadine y los sobrinos Michel, Lucca, Didier y Paul.

 

Alain Mizrahi y su hijo Pipe
Alain Mizrahi y su hijo Pipe. Vale la pena verlo sonriente, no llorando como en la otra foto.
Alain, su compañera Cecilia y el hijo de ambos, en una foto de hace 2 años
Alain, su compañera Cecilia y el hijo de ambos, en una foto de hace 2 años

 

P: ¿Cómo incidió el ser nieto de sobrevivientes de la Shoá? Yo entrevisté a tu abuela materna, Irene Brunstein, que las pasó duras, aunque su vivencia fue  diferente a la de quien estuvo en los campos durante la Shoa. ¿Cómo te influyó todo eso a vos?

R: Creo que de la misma forma que incide en toda mi generación. Nosotros somos los hijos y los nietos de los sobrevivientes y vivimos mucho con la culpa de ser sobrevivientes.

 

P: ¿Eso se vivió en tu casa?

R: Sí y en toda mi generación. Yo no me había percatado de esto hasta que hace muchos años conversé un día con Isaac Varón, el psicólogo, que había estudiado mucho el tema. Él fue el que me hizo caer la ficha de cómo había salteado una generación y mi generación estaba, muchas veces sin darse cuenta, sufriendo la culpa de ser sobrevivientes cuando otros no pudieron contar el cuento por no haber podido nacer. Claro que todo esto me pegó, yo soy hijo de inmigrantes y nieto de inmigrantes, la generación de mis padres fueron los inmigrantes.

P: Y tu mamá es la bebita que tu abuela tenía cuando huyó.

R: Claro.

P: Comenzó a huir estando embarazada…

R: Claro. Mi mamá nació en Bruselas ocupada por los nazis y mi papá pasó toda la guerra escondido en un pueblito en las montañas en el centro de Francia, tenía cuatro años cuando empezó la guerra y 10 cuando terminó. Por eso, el ver esos brotes de antisemitismo en Uruguay, cuando creíamos que era algo que surgía muy de vez en cuando y lo sentíamos todos como algo lejano, como cosas muy aisladas, empezar a ver en la Ruta Interbalnearia o en una caseta de guardavidas en la playa “Fuera judíos de mi país”, empezar a leer las cosas que leíamos en Facebook, decís “¡Caramba!  Ni siquiera en Uruguay estamos a salvo de eso”. Entonces, claro, te vuelven todos los fantasmas encima.

P: Y no siempre podrá entenderlo quien no lo duele en carne propia.

R: Muchos nos dicen: “Ah, no, ustedes los judíos son unos paranoicos bárbaros y siguen currando con la Shoa”. Yo lo tengo debajo de mi piel, pasé toda mi infancia escuchando cuentos de la Shoa, no me lo puedo sacar de debajo de la piel. Entonces, cuando pasan esas cosas, veo esos comentarios y leo esos grafitis es como que se te vienen todos los fantasmas encima, los fantasmas de tu prehistoria, ni siquiera de tu historia porque vos no lo viviste. Muchas veces lo tomo para la risa. Hace unos días estaba conversando con un pre-candidato a la presidencia de la República y me pidió una opinión sobre un hecho político del momento; le dije “te voy a decir mi teoría conspirativa de judío paranoico”, se rió mucho y me dijo “los más paranoicos fueron los que se salvaron”. Ahí dejé de reirme yo, jajaja.

P: Mejor ni te pregunto quién es…Alain, mencioné antes a tu abuela Irene  irradia un espíritu muy singular de ir para adelante.

R: Claro, mi abuela materna ha logrado procesar la Shoá  de una forma increíble. Tuvo la fortaleza o la sabiduría, o ambas cosas, de procesarlo. Pero mi  abuela paterna nunca pudo. Si hubiera podido reescribir su historia, creo que no hubiera sido judía.

P: ¿Las historias más duras las oíste de ella?

R: Todos los cuentos de mi familia paterna me los hacía mi abuelo porque mi abuela nunca habló del tema. Solo aparecía el tema en episodios casi cómicos como cuando era la administradora de su edificio, y un vecino la amenazó por no sé qué incidente típico de edificio, ella se le plantó adelante con su metro cincuenta de alto, lo miró fijo con cara de mala y le dijo “no le tuve miedo a los alemanes, no le voy a tener miedo a usted”.

P: Original hasta imaginarse la escena….Y en serio, volvemos al fenómeno de todos aquellos que no lograban hablar de eso.

R: Claro. Mi padre prácticamente nunca habló del tema, es muy difícil.

P: Haberse salvado porque pasó escondido toda  la guerra, tampoco fue fácil  ¿no?

R: Claro. Mi abuelo me contaba que la milicia francesa, colaboracionista, entró al pueblo en el que estaban escondidos una noche y estaban de kabalat shabat  en la casa y mi abuelo, con el libro de oración en hebreo sobre la mesa. Se escaparon porque había un soldado de la milicia francesa que estaba ahí a quien mi abuelo le había vendido camisas, le había conseguido cosas que eran inconseguibles durante la guerra, y gracias a eso el soldadito le dijo al jefe: “Yo le dije, jefe, que estos no eran judíos”. Las leyendas familiares, ¿no?

 

P: Ellos estaban escondidos en la Francia de Vichy.

R: Así es, en  la Francia de Vichy.  Mi abuelo ahí, haciéndose pasar por un campesino, con una cara de turco que no podía más, disfrazado de campesino francés plantando papas, imagínate lo discreto que podía ser eso [risa].

 

MUCHAS FORMAS DE SER JUDÍO

 

P: Y vos lo sentís muy tuyo todo. Recordemos que aparte, no sos  solamente nieto de sobrevivientes sino hijo, aunque tu mamá  era bebita cuando pasó todo esto…

R: Así es. Mirá, yo me fui a estudiar a Francia con 17 años en 1982. En  1986, estudiando en Lyon, cuando mis amigos se iban de vacaciones a la playa o a escalar montañas, yo me fui con un amigo a Polonia atrás de la cortina de hierro porque quería conocer la ciudad donde había nacido mi abuela y quería ir a Auschwitz. Y  con 20 años me fui a Auschwitz, cuando no existía la “Marcha por la Vida” ni nada de eso. No había nadie, no había ningún turista, estábamos mi amigo, no judío, yo, y una familia belga, que tampoco era judía, con un guía que hablaba francés y nos llevó a visitar el campo. Ah, y un grupo de las Juventudes Comunistas de Alemania Oriental con sus camisas azules. Eso era lo que había en Auschwitz, nadie sabía dónde era, tuve que adivinar que en polaco se decía Oswiecim, era complicado llegar, y yo sentí la necesidad de ir a hacer ese viaje, andá a saber por qué, a tratar de exorcizar fantasmas, no sé, a decir “Yo no puedo revivir a los muertos, esto es lo que puedo hacer”.

Y desde entonces, cada vez que viajo y paso por alguna ciudad que tenga lo que sea que recuerde la Shoá, me tomo un tiempo para ir. Solo en el último año estuve en el Mémorial de la Déportation en París, el Holocaust Memorial Museum de Washington DC, y me pasé un día entero de tres que estuve en Berlín recorriendo el Museo Judío, el Memorial a los Judíos asesinados de Europa y la Topografía del Terror. Lo siento como una obligación moral, es difícil de explicar con palabras pero cualquier judío me entiende. Hace unos años, en Bujará (Uzbekistan), fui al cementerio judío y dejé unas piedritas en la tumba de uno que visiblemente había muerto peleando con el ejército soviético contra la Alemania nazi. No sé, me gusta imaginar que ese pobre soldado que peleó para que muchos de nosotros pudiéramos vivir, de alguna forma sabe que hay un uruguayo que pasó por ahí 70 años después y se detuvo diez segundo frente a su tumba y pensó en él.

P: Muy emotivo Alain. Anduviste buscando raíces por varios lados….

Alain Mizrahi, buscando raíces
Años atrás, buscando raíces en Europa

 

R: A lo largo de 20 años recorrí los cuatro lugares donde nacieron mis abuelos, fui primero a  Polonia, donde nació mi abuela Irene, después fui a Estambul, donde nació mi abuelo paterno, y caí en Estambul por casualidad, el día de Rosh Hashaná. Pero yo creo que esas casualidades no existen.

Y fui a la sinagoga donde mi abuelo cantaba en el coro ese día de Rosh Hashaná de 1996. Escuché a los viejos hablando ladino. Después, en 2001, fui a Storozhynets, un pueblito en Ucrania, en la frontera con Rumania, donde nació mi abuelo materno, era un shtetl, típico shtetl de “El violinista en el tejado”, anexado por Stalin después de la Segunda Guerra Mundial, y podés creer que también caí el día de Rosh Hashaná? Encontré el cementerio judío y todo, y hasta una matzeivá con el apellido de mi abuelo, que no logré saber de quién era porque no tenía fecha y a nadie le sonaba el nombre. El último lugar, el que me quedaba por recorrer, era Salónica, donde nació mi abuela paterna; fui con el mismo amigo con el que había ido a Polonia 20 años antes y fui a la sinagoga de Thessaloniki el día de Tisha b'Av. Yo no sabía…. casualidad. Muy fuerte, ¿no? Increíble.

P: Fuerte es decir poco…

R: Claro que fue toda una historia para entrar, porque desconfiaban de mí. Andá a  tratar de convencerlos de que estás ahí porque tu abuela nació ahí y vos viniste de la otra punta del mundo [risa] sólo porque tu abuela era de ahí, y no me podían creer. Pedían mi  pasaporte, querían revisar mi mochila… Todo un tema.

 

SENTIMIENTOS COMPARTIDOS

 

P: Es impresionante lo que me hacés sentir…

R: Yo cuento esto y se me pone la piel de gallina, porque fue muy fuerte.

P: A mí también…escuchándote a vos, recordando lo que me contó tu abuela…y sintiendo que cosas que nosotros dos , judíos uruguayos, no vivimos personalmente, son de todos modos partes de nuestra  memoria colectiva…Hay como un hilo conductor en el mundo judío, aparte de las vivencias de cada uno. Pero no sólo hacia atrás  con los recuerdos, sino también hacia adelante.

P: Sí, es increíble porque vas a cualquier parte del mundo y te encontrás con judíos de tu generación y sienten lo mismo que vos, tienen historias y cuestionamientos similares. En Francia a raíz de todo lo que pasó allí, atentados, ataques, y de cosas que escribí en Facebook , muchos amigos míos franceses me empezaron a contar lo que ellos vivían en Francia, que estaban viviendo lo mismo, y un amigo judío colombiano, de Cali, me contaba lo mismo de Colombia.

P: Y el colombiano es tan colombiano como los otros, y los franceses, franceses…

R: Tan franceses como los franceses, el colombiano es un colombiano, y leían lo que yo escribía y se sentían totalmente identificados, me escribían por privado, me mandaban mails y me contaban cómo era lo que ellos estaban viviendo en su propia sociedad y era exactamente lo que nosotros estábamos viviendo acá, lo estaban sintiendo de la misma forma. Era increíble, gente ubicada en distintas partes del mundo sintiendo lo mismo frente a los mismos fenómenos y viviéndolo de la misma forma. Sí, hay algo que nos une y muchas veces independientemente de tu vínculo con lo religioso, esa es otra cosa que descubrí y aprendí a valorar.

Yo no soy religioso, no soy ni siquiera creyente, pero me siento tan judío como cualquier otro,  por otra cantidad de cosas que no tienen nada que ver con la religión. Yo sentía a través de las cosas que escribía que gente que pensaba como yo y que estaba en otras partes del mundo me escribía y se solidarizaba y me contaba sus vivencias. Yo soy de los que creen que hay tantas formas de ser judío como judíos hay en el mundo. Hay cosas que nos unen independientemente del vínculo que tenemos o no tenemos con la religión, eso me parece súper valioso.

Es difícil explicárselo a un no judío, yo todavía no encontré la forma. Los valores judíos, ¿qué significa eso?, ¿cómo se lo explicás a un no judío? Yo no encontré la forma. El valor de la educación, la solidaridad, la búsqueda de la paz y de la justicia, yo qué sé, son tantas cosas…

Leyendo el libro de Nahúm Bergstein, “Judío. Una experiencia uruguaya”, recuerdo que él en un momento elabora todo el concepto de que no somos mitad uruguayos y mitad judíos sino las dos cosas en un 100% y podemos sentirnos bien con las dos identidades. Yo a eso le agrego la identidad francesa, que también siento como mía y también me siento muy cómodo con ella, por más que critique a Francia y todos sus errores. Quizás  por eso también me dolía tanto cuando veía eso de “Fuera judíos de mi país. ¿Por qué “de mi país”? ¡Tu país es Mi país también!”. Mirá, este 19 de abril increíblemente coincidieron tres cosas que sucedieron a miles de km de distancia una de otra pero que tenían que ver con lo mismo: la búsqueda de la Libertad. El desembarco de los 33 Orientales, la primera noche de Pésaj, y el levantamiento del Gueto de Varsovia. Y me siento profundamente identificado con las tres cosas y no lo siento como un conflicto, al contrario, me encanta !

P: No agrego nada. Estaría de más . Me limito a agradecerte..y a contar que terminamos esta entrevista, ambos, con lágrimas en los ojos.

R: Así es. Gracias a vos Ana.

 

Ana Jerozolimski
(01 Mayo 2019 , 18:02)

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