Mundo Judío

El mensaje directo del Rab Yisrael Goldstein de Chabad Poway

"Un terrorista intentó matarme porque soy judío. Nunca me rendiré".

Esta nota, escrita por el propio rabino, fue publicada en The New York Times. 

Poway, California - Hoy tendría que haber sido mi funeral.

 

Me estaba preparando para dar mi sermón en Shabat por la mañana que era también el último día de Pesaj, la festividad de nuestra libertad, cuando escuché un ruido tremendo en el hall de entrada de mi sinagoga.

Pensé que se había caído una mesa o quizás que, D-os libre, mi querida amiga Lory Gilbert Kaye se había tropezado y caído. Tan solo unos momentos antes había saludado a Lory allí; ella había venido a los servicios para decir Izkor, la plegaria de duelo, por su madre fallecida.

Fui al hall de entrada para ver que le había pasado. Lo que vi en esos segundos me perseguirá por el resto de mis días.

Vi a Lory sangrando en el piso. Y vi al terrorista que la asesinó.

Este terrorista era un adolescente. Estaba parado allí con un gran rifle en sus manos. Y ahora me estaba apuntando a mí. Por una sola razón: Soy judío.

Empezó a disparar. Mi dedo índice derecho voló. Otra bala dio en mi dedo índice izquierdo, que empezó a derramar sangre.

Luego de la masacre de Pittsburgh, tuvimos una capacitación comunitaria. Ahora ese entrenamiento se puso en acción. De alguna forma mi cerebro dirigió mi cuerpo al salón de fiestas de la sinagoga, donde varios niños, incluyendo dos de mis nietos, estaban jugando. Corrí hacia ellos gritando “¡Salgan de aquí! ¡Salgan de aquí!”. Agarré fuertemente a todos lo que pude con mis manos ensangrentadas y los saqué del edificio.

Uno de los congregantes de ese día, Almog Peretz, un veterano de las Fuerzas de Defensa Israelíes, corrió tras de mí para ayudar a salvaguardar a los niños y recibió un disparo en la pierna. Su sobrina de 8 años, Noya Dahan, recibió algunas esquirlas. Entonces sucedió un milagro increíble: El arma del terrorista se trancó. Otros dos heroicos congregantes, un veterano del Ejército llamado Oscar Stewart y un agente de la patrulla fronteriza fuera de servicio llamado Jonathan Morales, corrieron hacia él y él huyó.

Las ambulancias todavía no habían llegado. Nos reunimos todos afuera. No recuerdo todo lo que le dije a mi comunidad, pero recuerdo haber citado un pasaje de la liturgia del Seder de Pesaj: “En cada generación se levantan para destruirnos; y en Santo, Bendito Sea, nos salva de sus manos.” Y recuerdo haber gritado las palabras: “¡Am Israel Jai! ¡El Pueblo Judío Vive!” He dicho esa frase cientos de veces en mi vida. Pero nunca sentí la verdad de ella más que en ese momento.

Soy un hombre religioso. Creo que todo sucede por alguna razón. No se porque D-os me salvó la vida. No se porque tuve que ser testigo de escenas de un pogrom en el condado de San Diego como los que mis padres experimentaron en Polonia. No se porqué me fue quitada una parte de mi cuerpo. No se porque tuve que ver a mi buena amiga, una mujer que personificaba el valor judío del jesed (bondad), asesinada en su casa de rezo. No se porque tuve que ver al amado esposo de Lory, un doctor, pálido mientras intentaba resucitarla. Y luego a su única hija, Hannah, llorando en agonía cuando encontró a sus dos padres caídos en el piso.

No conozco el plan de D-os. Todo lo que puedo hacer es intentar encontrarle un sentido a lo que pasó. Y usar este tiempo prestado para hacer que mi vida tenga más significado.

Solía cantarles una canción a mis hijos, una canción que mi padre me cantó cuando era niño. “Hashem está aquí”, cantaba, usando un nombre Hebreo de D-os, apuntando con mi dedo índice hacia el cielo. “Hashem está aquí”, cantaba, señalando a mi derecha e izquierda. “Hashem está verdaderamente en todos lados.” Ese dedo que usaba para indicar la Omnipresencia de D-os me fue quitado.

Rezo para que mi dedo perdido me sirva como un recordatorio constante. Un recordatorio que cada ser humano es creado a la imagen de D-os; un recordatorio de que soy parte de un pueblo que sobrevivió la peor destrucción y que siempre perdurará; un recordatorio de que mis ancestros dieron sus vidas para que yo pueda vivir en la libertad de América; y un recordatorio, por sobre todas las cosas, de nunca jamás tener miedo de ser judío.

De ahora en adelante voy a ser más atrevido. Voy a estar más orgulloso de caminar en la calle vistiendo mis tzitzit y kipá reconociendo la presencia de D-os. Voy a usar mi voz hasta quedarme afónico urgiendo a mis prójimos judíos a que vivan como judíos. A prender velas antes de Shabat. A poner mezuzot en sus puertas. A hacer actos de bondad. Y a venir a la sinagoga, especialmente este Shabat próximo.

Soy un orgulloso emisario de Jabad Lubavitch, un movimiento de Judaísmo Jasídico. Nuestro líder, el gran Rabí Menajem Mendel Schneerson, es conocido por haber enseñado que una pequeña luz disipa mucha oscuridad. Es por eso que los rabinos de Jabad viajan a todo el mundo para establecer comunidades Judías: tengo colegas en Katmandú, en Ghana, así como en París y Sydney. Creemos que ayudar a cualquier ser humano a acceder a su chispa divina es un paso hacia la curación de este mundo quebrado y acercar la redención de la humanidad. Es por esto que hace 33 años mi esposa y yo vinimos a este rincón de California para construir una casa de luz.

Debido a que somos obviamente judíos, identificables por nuestros sombreros negros y barbas, significa también que algunos de nosotros hemos sido objetivos antes. Hace once años, mis colegas Rabí Gavriel y Rivka Holtzberg, quienes dirigían Jabad de Bombay, India, fueron asesinados junto a cuatro de sus huéspedes. Fueron apuntados por el grupo terrorista Lashkar-e-Taiba porque eran judíos. Y a lo largo de los años gente que conozco a sido agredida verbalmente y asaltada por ladrones en el vecindario donde crecí, Crown Heights, Brooklyn, en incidentes que, como de costumbre, no son reportados por la prensa.

En su manifiesto malvado, el terrorista que disparó en mi sinagoga llamo a mi pueblo, el Pueblo Judío, “una raza escuálida y parásita”. No. Nosotros somos un pueblo a quien la Divinidad ordenó traer la luz de D-os al mundo.

Lo mismo es con este país. Estados Unidos es algo único en la historia del mundo. Nunca antes se fundó un país sobre los ideales de que todo el pueblo fue creado a la imagen de D-os y que todo el pueblo merece autonomía y libertad. Luchamos una guerra para hacer que esa promesa sea real.

Y creo que la podemos hacer real nuevamente. Y eso es lo que me comprometo hacer con mi tiempo prestado.

El Rabino Goldstein entrevistado días atrás en CNN
El Rabino Goldstein entrevistado días atrás en CNN. Los conceptos que dijo en la entrevista, son muy similares
a los que aparecen en esta nota.

 

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