Entrevistas

Oran Almog no olvida.Ni las heridas, ni los familiares muertos. Pero decidió seguir viviendo.

“Recuerdo los gritos, yo estaba en el piso, cubierto de sangre, herido grave.Me desmayé en la ambulancia. Desperté dos semanas más tarde, en el hospital”.

Este miércoles por la noche se llevará a cabo en la explanada del Muro de los Lamentos, el acto oficial central que inicia el solemne día de Iom HaZikaron, el día Recordatorio de los caídos en la lucha por Israel, así como también de las víctimas de atentados terroristas.

Cada historia es un mundo. Esta es la de Oran Almog, una historia de profundo dolor, duelo y ganas de vivir.

El sábado 4 de octubre del 2003, tras varias horas en familia en la playa de Haifa, Oran Almog, en aquel entonces de 10 años, entró con sus padres , sus hermanos, sus abuelos , su tía y su primo, al  popular restaurante “Maxim” ubicado frente a la costa. El lugar, siempre concurrido, era propiedad conjunta de judíos y árabes. Ello no impidió sin embargo, que se convierta en escenario de uno de los peores atentados terroristas de aquellos años. Cuando la terrorista Inadi Jaradat del Jihad Islámico detonó la carga explosiva que llevaba consigo, mató a 21 civiles, 4 de ellos niños, hiriendo a más de 50 personas.

Entre los muertos estaban Moshik (43) , el papá de Oran, su hermano menor Tomer de 8 años, sus abuelos paternos Zeev(71)  y Ruth (70) y su primo Asaf Shtayer (11) . Su mamá Orly, su hermana Adi y su tía Galit resultaron heridos. Oran fue el herido más serio de todos.  Además, quedó ciego.

Quedó ciego, pero irradia luz.

Esta es su historia

 

Oran Almog, de niño, con su hermano Tomer y su hermana Adi.
Oran Almog, de niño, con su hermano Tomer y su hermana Adi. Cuando eran tres.

 

Moshik, su papá
Moshik, su papá

 

P: Oran, estamos sentados en un café  en Sarona en Tel Aviv, una zona hermosa, yo te tengo enfrente siendo consciente de todo lo que has vivido y me pregunto cómo presentarte, además de destacar tu ejemplo de empuje y opción por la vida. Sé que tú y tu mamá dijeron ya hace mucho tiempo que no quieren que vuestro hogar quede dominado por la tristeza. Pero eso no significa que pueda ser tan evidente que hayas logrado ganar medallas en velo para ciegos, que hayas hecho el servicio militar, logros derivados de tu actitud ante la vida. Entonces…¿cómo empiezo?

R: Sin duda que lo central es que fui víctima de un atentado, que perdí a varios familiares y quedé ciego. Evidentemente es difícil poner en palabras todo lo que pasó. Pero finalmente logré romper las fronteras que supuestamente estaba claro que debían limitarme. Mi comienzo no fue bueno, me tocaron cartas bastante malas, pero supe jugar bastante bien.

P: ¿Siempre te ríes de ti mismo?

R: No era mi intención reirme sino simplemente describir con una sonrisa mi situación. Así fue mi vida. Empecé de un punto muy bajo, muy malo, pero logré avanzar, partiendo de  lo que quedó, que no fue poco.  Tuve que lidiar no sólo con numerosas heridas sino con lo duro de la nostalgia, la tristeza, a veces la frustración. Por otro lado, de allí partí a construir lo necesario, a construir gran parte de mi personalidad que no necesariamente diría es combativa pero sí que me permite siempre hacer lo mejor que puedo para lograr lo que necesito. Lucho hasta el final.

P: No te haces descuentos, no buscas términos medios.

R: No…Sé que maduré muy rápido. Siento que me tiraron muy temprano, contra mi voluntad, al agua profunda del gran mundo, al conflicto israelo palestino, algo muy complejo. Y desde muy joven lidié con ello a nivel personal, viviendo una vida compleja de la que en parte saqué mucha cosa buena y por otro lado también sentía muchas cosas malas, negativas.  Pero finalmente, tanto a la pérdida de mis seres queridos como a la ceguera, he logrado sobreponerme, si cabe el término, de un modo que me ha dejado muy satisfecho.

P: Es que no solamente no te dejaste caer y seguiste adelante, sino que lo hiciste obteniendo logros, destacándote en las actividades que realizaste, como competencias de velo para ciegos. Y sé que tienes lo que llamas “tu rincón de ego”, con todos los trofeos que ganaste.

R: Es cierto. Tengo  mi “armario del ego”  en mi pieza con la medalla por haber ganado el tercer lugar en el campeonato mundial de velo para ciegos en Sicilia, Italia, junto con una pequeña estatuilla que gané después de haber encendido una antorcha en el acto central de Iom Haatzmaut hace unos años, y otros premios o distinciones que he recibido a lo largo de los años de diferentes lados. A raíz de lo vivido en el atentado, en mi camino por seguir adelante, también he tenido oportunidad de conocer gente muy interesante. Y espero seguir agregando logros.

 

Oran Almog, años atrás, campeón de vela para ciegos
Oran Almog, años atrás, campeón de vela para ciegos

 

P: Oran, en tí se han mezclado o mejor dicho acumulado, diferentes desafíos. Hay mucha gente en el mundo que no ve, o no camina, y se destaca en distintas ramas del deportes especiales en su situación. Pero en ti la ceguera fue una pieza más en un mosaico especialmente doloroso por la pérdida de varios de tus seres queridos. Todo junto, imagino, es mucho más duro…

R: Si , por supuesto. Además, esa pérdida me cayó encima cuando era un niño. Perdí a cinco miembros muy cercanos de mi familia, quedé ciego, sufrí varias heridas por esquirlas que me entraron en el cuerpo, tuve que pasa decenas de operaciones a lo largo de los años , y hoy creo que puedo decir que logré lidiar con ello lo mejor posible. Claro que en la parte física, lo que no se pudo corregir fue la ceguera, pero no pierdo la esperanza de que haya un avance tecnológico que permita que vuelva a ver. Sé que hay investigaciones. Yo sigo esperando.

P: ¿Te han dicho que existe la posibilidad de que vuelvas a ver?

R: Sí, parece que en el futuro será posible, pero nadie puede decirme cuándo. Yo sigo las investigaciones que se hacen en el mundo, los experimentos, y sé que se avanza a buen ritmo. Creo que los ciegos volverán a ver, yo también.  De todos modos, no importa mucho. No es que vivo con la sensación de que el cambio será pronto.

P: No lo tomas como un plan de acción.

R: Así es. Mientras tanto, hago lo mejor con las herramientas que tengo. Y si realmente vuelvo a ver, sería maravilloso

P: ¿Se puede hablar de nostalgia por lo que ya no ves? O ansias de ver lo nuevo que has conocido…imagino que debe ser una combinación.

R: La nostalgia por la capacidad de ver me acompaña constantemente. Claro que extraño cosas que antes veía y ahora no. Casi toda la gente que se halla a mi alrededor, no sé cómo se ve. O que las conocí después o que las vi por última vez hace 14 años, ya bastante tiempo.

P: La gente más cercana, tu mamá, tu hermana…

R: Así es. Mi mamá, mi hermana menor , mis amigos. ¿Pero quién no vive con alguna nostalgia?

P: Y esta frase que acabas de decir, la puede decir alguien que tomó la decisión de seguir adelante, de sacar lo bueno de cada situación, inclusive de tu tragedia, ¿verdad? ¿Tuviste que decidir que abordas la vida positivamente?

R: Así es. Decidí crecer desde ese punto difícil en el que me encontraba. Y realmente creo que logré sacar no pocas cosas buenas de lo que viví.

P: ¿Por ejemplo? Se me ocurre que puedes captar auténticamente cómo te trata la gente .Y que no tendrás prejuicios por cosas exteriores sino que sabrás juzgar realmente por la actitud de la gente.¿Hay algo de eso?

R: Por supuesto. No juzgo a la gente y gran parte de mi comportamiento con los demás deriva del hecho que sé cuan complejo es estar del otro lado. Yo digo la verdad. Aprendí mucho por mi situación , sobre lo que está bien y lo que está mal. La gente no siempre sabe qué decir  cuando uno está en mi situación, en general no lo que uno necesita oir.

P: Y el dolor…¿convive con la vida que continúa?

R: Sí, se combina con la vida diaria. El dolor es parte de mi vida. Es una parte significativa, pero una parte. No es toda mi vida, no es la vida misma.

P: ¿Qué necesitabas que te digan con todo lo que sufriste?

R: Creo que la sinceridad es lo más importante. Cuando yo volví a la escuela tras haber perdido todo 5º año por estar internado, volví a la misma clase, a mis amigos. Y lo que me salvó fue la sinceridad en la forma de hablar.Es muy importante que otros no piensen mejor que uno qué me hace bien. Es mejor que vengan y pregunten. Si mis amigos van al cine y no saben si quiero ir porque soy ciego, lo mejor es que me pregunten. Y así fue con ellos.

P: La frescura de los niños es lo más sano.

R: Sí, puede ser. Por otro lado, cuando era niño, sentía muchas veces que los adultos pensaban que sabían mejor que yo qué es bueno para mí, qué quiero, y eso me molestaba mucho, porque además, muchas veces no era cierto y de hecho me sentía obligado a hacer cosas que no quería, o había otras que quería hacer y a veces no me dejaban. A veces quería estar solo, en silencio, y no podía, o estar con determinada persona…era difícil. No me gustaba ni que piensen por mí ni que elijan por mí. Ahora como adulto lo entiendo de otro lado. Lo mejor, siempre, es preguntar.

P: Siendo ciego ¿no te pasa eso también ahora, ya de grande?

R: Sí, la verdad que sí. A veces noto que hay gente que cree que porque soy ciego también tengo muchos otros problemas. Me ha pasado que llego a algún lugar y me insisten que me siente. ¿Por qué, si estoy bien parado? ¿Qué tiene que ver que sea ciego? O si estoy con alguien, le hablan a la otra persona, no a mí, sobre algo que se refiere a mí.

P: Tenías 10 años cuando fue el atentado. Y me pregunto, a esa edad-aunque puede ser simplista plantearlo así- qué es más difícil, quedar ciego o perder a su padre, su hermano, sus abuelos, su primo…

R: La decisión o comprensión acerca de con qué uno tiene que lidiar primero o que lidiar más, no es algo que se hace en forma racional.  Hoy puedo explicar qué hice y cómo actué pero a los 10 años creo que simplemente hice lo que me parecía bien hacer en ese momento. Actué, creo yo, en forma instintiva.

P: ¿Puedes analizar retrospectivamente tu comportamiento?

R: Sí, en parte sí. Puedo decir que comprendí que quedé con viva y que eso e bueno, pero que no es suficiente, que no alcanza con simplemente sobrevivir sino que quiero vivir lo mejor que la vida podía permitirme. Claro que hoy lo sé decir, en ese momento no me lo planteaba así, simplemente actué de acuerdo a eso, sin ponerlo en palabras. O sea, hoy puedo explicar que esto es lo que yo sentía como niño en aquel entonces. Sentía que el haber quedado vivo tras el atentado, no era el final sino el comienzo de algo nuevo , un punto desde el cual tenía que empezar a avanzar. Tenía claro que habría muchas dificultades, que había mucha pérdida que lamentar, y cada cosa , también las dificultades, tuvo su lugar.

P: ¿La ceguera fue inmediata?

R: No exactamente. Recuerdo que inmediatamente después de la explosión-recuerdo esos momentos- aún veía. Estaba en el piso, herido muy grave . Recuerdo el restaurante . No sabía qué me había pasado ni dónde estaba. Recuerdo que sentí que estaba como en un sueño extraño en el que no tenía claro realmente qué debo hacer. Y recuerdo que vi  los destrozos del lugar. Ahora sé que lo que vi eran ventanas rotas, mesas rotas, sangre, heridos, cuerpos sin vida.

P: Qué difícil debe ser recordar todo eso…

R: Sí, recuerdo los instantes posteriores a la explosión. Y algo , creo que el instinto, me dijo que no debo estar allí. Me paré y empecé a caminar en el restaurante, sin dirección clara, sin meta precisa. Mi mamá, que había resultado levemente herida,  me vio y me sacó de allí. Me introdujeron a la primera ambulancia que llegó, ahí me desmayé y lo primero que recuerdo después de eso, fue de dos semanas más tarde, cuando me desperté del coma en el hospital. Había perdido el conocimiento y además me durmieron porque pasé varias operaciones y no querían que sufra del dolor. En cuanto a la vista, hubo altibajos y finalmente quedé ciego.

P: Yo he presenciado un atentado con bomba en una calle de Jerusalem , estaba cerca del ómnibus donde voló el suicida. A otros llegué como periodista, cuando me enteré. Dicen que lo primero, después de la explosión, es el silencio sepulcral.

R: Yo recuerdo los gritos de los heridos. Era una especia de mezcla entre cierto silencio y caos. No recuerdo qué era lo primero y todo se me mezcla un poco.  Sí recuerdo que dentro de mi cabeza estaba todo en silencio pero afuera, oía a la gente gritar. Oí que alguien decía “Rambam”, el hospital de Haifa.

P: ¿Quisieras olvidar esas imágenes?

R: La verdad que no. Creo que en cierta medida, son recuerdos que me formaron. Es algo que me quedó grabado muy hondo, fue algo muy duro, pero que es mejor que lo recuerde, no que lo olvide.

P: Imaginé que me dirías eso, porque no eres de los que esconden las cosas debajo de la alfombra.

R: Así es. Prefiero mirar a las cosas directo a los ojos.

P: Y esta determinación a seguir adelante y no andar con vueltas ¿es cuestión de una decisión o simplemente tu personalidad?

R: Aparentemente no fue una decisión racional, sino algo en mi carácter que se tornó extremo, que entendió que hay que lidiar con la situación. Algo en mí quiso lidiar con todo. La elección que uno hace es compleja porque además, no sé si puedo decir que a los 10 años elegí . En realidad, creo que no. No es que me senté y me dije “Oran, estas son las opciones, tienes que decidir”.  Al parecer algo en  mí decidió que ese camino era el adecuado y así se dio. Ese algo me salvó. Como adulto creo que a veces las decisiones racionales son menos buenas que las que toma un niño por instinto.

P: Oran ¿cómo recuerdas lo que se vivía en el restaurante antes de la explosión?

R. El restaurante está frente al mar, bastante cerca de la entrada a Haifa. Era shabat al mediodía, o sea que mucha gente que había ido a pasar la mañana con la familia en la playa, llegaba allí a almorzar. Había muchas familiar, la gente estaba sentada comiendo, buen ambiente. Es un restaurante de comida oriental e inclusive árabe, propiedad de árabes, entre otros. Había una atmósfera de alegría, buen ambiente. Los mozos iban de un lado a otro, había mucha gente de traje de baño y chinelas de playa. Era casi al final de la segunda intifada, un momento más tranquilo que antes.

P: Parecía que todo se había empezado a calmar.

R: Así es. La sensación era que uno podía permitirse sonreir un poco más, disfrutar del sol, del verano y la playa, faltaba poco para Rosh Hashana, la gente ya hablaba de las reuniones familiares.

P: Y en ese ambiente, en medio de eso, entró la terrorista suicida, Inadi Jaradat.

R: Así es. Se sienta y pide para comer. Su intención no era volar allí en el restaurante.

P: ¿En serio? No recordaba ese dato.

R: Ella había entrado a Israel con alguien que llevaba a palestinos que no tenían permiso de entrar a Israel. Había dicho que quería llegar a Hadera. Fue a Hadera el sábado de mañana pero no encontró un lugar que le resulta suficientemente “atractivo” para cometer su atentado y decidió que viajaría al hospital Rambam de Haifa. En el camino le preguntó al hombre que la llevaba si sabe dónde se puede comer .Dicho sea de paso, logró pasar las revisaciones de seguridad porque se disfrazó de mujer embarazada y en ese momento estaba prohibido revisar embarazadas con el detector de metales. Luego cambiaron ese reglamento.

P: Así que finalmente se sentó en Maxim, donde le habían recomendado.

R: Sí,  y decidió al parecer  que el lugar estaba suficientemente lleno como para detonar su carga allí . No puedo asegurar si pensaba comer y luego ir a otro lado, pero lo seguro es que primero pidió algo para comer y luego decidió estallar.

P: Oran, cuando estabas en el liceo, hiciste una película sobre el regreso a Maxim, y luego también quisiste hablar con palestinos presos por ayudar en atentados. Pero ellos no quisieron hablar contigo. ¿Qué piensas de ellos? ¿Cómo describirías a esos monstruos?

R: A mí me interesa aquellos que los mandan. Son jihadistas con una concepción de mundo en la que lo bueno e matar a todos los judíos, literalmente hablando. Gente peligrosa. Pero yo sentía que algo en mí se sentiría más pleno si lograba abrir la herida y volvía al restaurante. Y allí fui, por primera vez . Me sentí muy extraño. Durante todo el proceso de preparación de la película sentí que absorbía el lugar y comprendía su significado para mí. Pero también necesitaba hablar con ellos, enfrentarme a ellos y plantearles preguntas duras.

P: Y tenías preguntas directas para plantearles…

R: Por supuesto. Y también era consciente de que probablemente, si les preguntaba cómo se sienten de tenerme allí frente a ellos, me podrían haber contestado que habrían preferido que muera.  Era duro, pero sentí que tenía que lidiar con eso. No sé qué habría pasado si ellos hubieran aceptado hablar conmigo. El hecho es que se negaron.Dicho sea de paso, creo que eso muestra en parte su cobardía. Yo lo vi como una pequeña victoria mía sobre ellos. Yo quise enfrentarme al tema y ellos optaron por esquivarme. Así que también esa victoria fue importante.

P: Oran, tú tuviste que lidiar con tus heridas y con la ceguera a raíz del atentado y me pregunto si eso no influyó también en tu forma de hacer el duelo por los seres queridos que perdiste en esa explosión.

R: Es cierto…La verdad es que al principio dediqué mis fuerzas más que nada a mis heridas. Recién más tarde pude lidiar con la pérdida de mis seres queridos.  Entendí después que nuestra capacidad de enfrentarnos con crisis es limitada, no se puede todo junto. Unos meses después de las heridas, hospitales, internaciones, operaciones, pude enfrentarme a mi pérdida. Fue un proceso. Era un niño de 10 años. A esa edad creo que uno no puede realmente entender todo. Pero unos meses después del atentado pude vivir ese proceso personal, llevó tiempo tomar plena conciencia del significado de lo que había ocurrido, de la pérdida de mis familiares.

P: Y se me ocurre que otra dificultad era que no solamente perdiste por ejemplo a tu papá, tu hermano, tus abuelos, sino que ellos tampoco estaban para ayudarte a recuperarte de tus heridas.

R: Exacto. Los perdí y además , por eso, no podían estar a mi lado para ayudarme . Fue una pérdida múltiple que me obligó a aprender a depender de mí mismo y saber recibir ayuda de amigos. No es que sustituyeron a mis familiares muertos, pero sí en cierta medida a veces ocuparon su lugar. El resultado principal fue que aprendí a arreglármelas solo, a tomar decisiones yo mismo, porque así, si algo anda mal, yo soy el único al que puedo culpar. No sé si esta característica que tengo hoy empezó ya entonces pero es muy probable. Es que también quienes sí estaban conmigo, tenían que lidiar con muchas cosas más, a nadie le fue sencillo.

P: Exacto. Tu mamá había perdido un hijo, a su esposo, también estaba herida…

R:  Claro. Cada uno tenía pérdidas, heridas…y por eso yo traté de  concentrarme en mí mismo y en mis amigos.

P :Cuando pudiste hacer tu propio proceso de duelo, paralelamente al dolor ¿te hizo bien el poder al fin enfrentarte a eso, llorar a tus seres queridos? Es una etapa que hay que pasar ¿verdad?

R: Sí, el proceso de duelo es importante . Es ineludible ya que de lo contrario, no permite descanso. Se llega a un punto en el que uno comprende que no volverán. Duele, es difícil, pero esa es la realidad. Y sí, pasé ese proceso. Claro que no significa que ahora no siento dolor o que no me hacen falta, pero se llega a un punto en el que uno siente que la pérdida y el dolor son parte de tu vida, no son toda tu vida misma. Y que yo puedo traerlos a la superficie cuando quiero. De lo contrario, paraliza pensar todo el tiempo en los que murieron y qué habría pasado si estuvieran vivos.

Logré ponerlo en un lugar en el que yo decido cuándo me acompañan, en lugar de que se me imponga constantemente. Si no, no puedo vivir.

P: Es interesante tu planteamiento ya que me habías dicho algo muy parecido cuando hablaste de la ceguera. Que es parte de tu vida pero no es tu vida toda.

R: ¿Sí? Bueno…es  lógico. Es que lo difícil tiene que ocupar su lugar pero no convertirse en todo mi ser.

P: ¿Cómo recuerdas a tus seres queridos? Los ves seguramente a pesar de tu ceguera. ¿Qué quedó de ellos en ti?

R: Quedó muchísimo. Quedaron numerosos momentos compartidos , supuestamente insignificantes, pero para mí, claves.

P: Las pequeñas grandes cosas de todos los días.

R: Exactamente. Las cenas en lo de mis abuelos, los juegos  con Asaf mi primo en el jardín de su casa, momentos vividos con Tomer mi hermano, sea mirando juntos televisión o jugando en la computadora algo que nos gustaba, o cuando jugábamos al fútbol en el barrio o salíamos a andar en bicicleta.  Claro que las vivencias con mi papá, en el jeep, o cuando le saltaba encima cuando volvía a casa, los chocolates que me traía del exterior. Hubo muchos pequeños momentos  en los que no es que pasaba algo especial, pero que para mí, eran la rutina , la vida misma.

Tengo muchos recuerdos de todos ellos. Los preservo, los llevo conmigo. Supongo que si yo pudiera ver, sería más fácil recordar, porque podría mirar fotos. Pero hay muchos recuerdos muy claros. Los llevo conmigo.

P: ¿Ayuda cuando sientes que el país, el pueblo, viven de cierta forma tu duelo, saben lo que te pasó y te apoyan?

R: Sí, en cierta forma ayuda. Da fuerza. De todos modos, la verdad es que para mí el recuerdo es más en los pequeños momentos, cuando alguien en la calle, por ejemplo, se me acerca a decirme que conoce mi historia y me alienta, que es bueno que haya elegido seguir el camino que seguí…Eso es más fuerte que las palabras grandiosas en un día nacional de recordación. Es que para mí, no son nombres grabados en la pared. Para mí, es mi familia lo que perdí.Oran Almog

 

Ana Jerozolimski
(06 Mayo 2019 , 07:46)

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