Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Entre goles y desafíos


El empate 2 a 2 fue bueno porque dejó a toda la hinchada feliz. Pero de fondo, había otro partido clave.

Lo central en el Clásico rioplatense en Tel Aviv fue la vivencia, la emoción, además del gran partido jugado. Los argentinos tuvieron a Messi cerca y los uruguayos a la Celeste. ¿Qué más se puede pedir?

Pero el resultado más a fondo, quizás el más importante a largo plazo, fue una goleada.

Una goleada a los que trataron de imponer una agenda de odio y boicot contra Israel. A los que trataron de convencer a ambos países a no viajar a Israel. No por temor a los cohetes sino para que Israel no pueda ser anfitrión de un evento tan especial y festivo.

No olvidamos ni por un momento que la victoria de la realización misma del partido, ni resuelve los problemas centrales con los que lidia Israel ni permite que se respire tranquilo como si aquí no pasara nada. Pero fue una victoria ante quienes alegan querer ayudar a los palestinos mediante la demonización de Israel, pero en lugar de alentar al diálogo y la negociación, favorecen una agenda que niega del derecho de Israel a existir. Por si no lo oyeron, el cántico típico de los promotores del BDS, el movimiento de boicot contra Israel, es “From the river to the sea, Palestine is to be free”, que en inglés rima perfecto. Significa: del río al mar, Palestina debe ser libre. Quien no lo capta enseguida, puede fijarse en el mapa. Traduzcamos: entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, Palestina debe ser libre. Aclaremos más, por las dudas: sin Israel. Para esa gente, Israel no debe existir. Entre el río y el mar debe haber un Estado palestino. ¿Pero no está Israel en el medio? Eso es lo que no quieren quienes promueven un boicot: un Estado palestino que termine con Israel, un Estado palestino no en territorios en disputa sobre los que se pueda negociar, sino un Estado palestino donde está hoy Israel.

Y esto lo escribe alguien que siempre estuvo a favor de un Estado palestino, pero no en lugar de Israel sino a su lado. Lo sigo estando. Pero no es eso lo que quieren los defensores del boicot.

Ni ellos creen que lo que quieren es ayudar a los palestinos.

Cuando el seleccionado argentino iba a jugar en Israel antes del Mundial de Rusia, el propio presidente de la Asociación Palestina de Fútbol estuvo al frente de la campaña de odio contra Israel, exhortando a quienes defienden “la causa palestina” a quemar la 10 de Messi. Fue sancionado luego por FIFA por esa incitación al odio. Messi y su selección no viajaron a Israel, aunque parecería que lo determinante no fue la presión pro-boicot sino otras consideraciones.

De todos modos, el argumento de algunos era que los palestinos presionaban para que no viajaran porque el partido iba a ser en Jerusalem. Alegaban que era inaceptable por la polémica en torno al estatuto de Jerusalem, aunque supuestamente los palestinos quieren su capital en la parte oriental, y el estadio de Malha en el que se iba a jugar el partido, está en la occidental.

Ahora está clarísima la verdad. El boicot es a Israel. No a una política determinada ni a una frontera determinada, no al gobierno de Netanyahu sino a la existencia de Israel. Quieren boicotear al Estado judío, en una muestra clara de antisemitismo disfrazado de legítima discrepancia con las políticas de su gobierno.

Que esté claro: cada uno tiene derecho a discrepar con lo que quiera. Si entre los propios israelíes hay muchos que discrepan con las políticas del gobierno ¿acaso no pueden discrepar afuera?

Pero cuando se adopta posiciones de este tipo sólo respecto a Israel, es antisemitismo, ya que se discrimina al judío entre las naciones.

No dicen una palabra contra países de regímenes asesinos y racistas, violadores de los derechos humanos en su vida diaria, pero consideran que Israel debe ser boicoteado.

Afortunadamente, por más que el movimiento que trata de impulsar el boicot haya logrado algunos éxitos, por más que quizás logren obtener algunos más, no podrán con Israel. No lograrán quitarle su derecho a vivir con normalidad. No lograrán convertirlo en un paria entre las naciones, porque todo el que llega a Israel, ve la verdad.

¿Perfecta? No, claro que no. Lejos de eso. Una sociedad imperfecta como tantas otras. Pero un país que merece, por su solidaridad y aporte a la humanidad, por su convivencia, igualdad de derechos y democracia, vivir con normalidad.

Todo eso ganó en el partido del lunes. Fue una victoria contra el odio. El empate 2 a 2 es un mero detalle.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(19 de Noviembre de 2019)

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