Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

La verdadera razón del conflicto


No es por fronteras del 67 ni por gobiernos de derecha. Es mucho más de fondo.

Son numerosos los problemas a resolver en la agenda israelo-palestina. Cada lado tiene sus razones, sus duelos y dolores. El sufrimiento no es monopolio de ninguna de las partes. Pero analizando la historia, los hechos que ocurrieron en la realidad-y que no son cuestión de “narrativa” sino de verdades- es fácil comprender que la falta de paz entre las partes tiene su origen central en el rechazo árabe de la existencia de Israel.En gran medida, ello tiene una razón religiosa, pero ese no es el tema de esta nota.

Es indudable que la conquista de territorios por parte de Israel en la guerra de los Seis Días en junio de 1967, es vista por los árabes en general y los palestinos en particular, como un punto clave. También ameritaría aclarar, en nota aparte, la problemática del término “ocupación”, ya que Israel no conquistó esos territorios de un Estado soberano que los gobernaba legítimamente, sino a Jordania, que los había ocupado en 1948 una guerra a la que se lanzó, como otros países árabes, violando la resolución de la ONU del año anterior. Pero tampoco ese es el tema central de esta nota.

No decimos que la “ocupación”-más allá del análisis jurídico que el término merecería- sea un mero detalle. Digamos, la presencia militar israelí en los territorios en disputa. También a muchos israelíes preocupa y es un tema que requiere solución. Pero alegar que allí comenzó el conflicto, sería tergiversar la historia.

Es que en discursos formales y ordenados en tribunas supuestamente respetables, la retórica palestina habla de la ocupación de Cisjordania (suelen agregar a la Franja de Gaza, aunque Israel se retiró de allí en setiembre del 2005), como el pecado original, la razón por la que no hay paz.

Lo interesante es que en el fragor de la retórica de odio hacia Israel, no logran siquiera esconder su verdadera visión.

Es increíble que hace pocos días, el 15 de noviembre, lo hayan expresado miembros de una organización anti israelí en medio de la propia Times Square en Nueva York. Lo presentaron como “solidaridad con Gaza”-aunque eso debería  comenzar por una manifestación contra Hamas y el Jihad Islámico- pero sus palabras fueron otras.

Esta es la transcripción del “discurso” de odio, facilitado por MEMRI.

La concentración, en la vía pública, fue encabezada por Nerdeen Kiswani , quien cantaba “Hay solo una solución, intifada, revolución”, y Husaim Jaid del City College ,la sucursal neoyorquina de Students for Justice in Palestine, quien llamó a una “intifada en cada clase y en cada campus universitario”.

Aquí van algunas frases:

“Que los veamos en vida…¡intifada, intifada!

Hay sólo una solución, Intifada, revolución.

La intifada no tiene por qué ser en Gaza o Palestina. Tendremos intifada en cada aula. Tendremos intifada en cada campus universitario. Clausuraremos todos los eventos sionistas.Comencemos una intifada dondequiera que estemos.

Estamos hoy aquí para que todos sepan que Palestina tiene derecho a defenderse. Tenemos derecho a resistir. Es un derecho dado por Dios.

La gente pregunta: ¿Israel tiene derecho a existir? No! Israel no tiene derecho a existir en tierra palestina. ¿Israel tiene derecho a existir? ¡No!

¿Palestina tiene derecho a resistirlo? ¡Si!”.

 

Y aquí, el punto central, en boca de Sayed Kayed:

“Palestina es toda Palestina, desde el río hasta el mar. No es complicado. Devuélvanos nuestra tierra y tendrán paz. De lo contrario, habrá resistencia hasta el fin, hasta que hasta la última pulgada de Palestina sea libre”.

Traduzcamos en lenguaje normal:

Este discurso no es contra la ocupación de territorios en disputa, contra tal o cual frontera, tal o cual política o gobierno de Israel. Es contra la existencia misma de Israel.

Recordemos que días atrás se cumplió un nuevo aniversario de la resolución 181 de la Asamblea General de la ONU, una fecha clave en el camino hacia la declaración formal de la independencia del Estado de Israel pocos meses después, en mayo de 1948. La propuesta: un Estado judío y un Estado árabe. Los judíos dijeron que sí, y los árabes dijeron que no.

También a particiones propuestas antes del 47 dijeron que no.

¿Mera historia?

No.

También en julio del 2000 dijeron que no a las propuestas de avanzada de Ehud Barak. Laborista, no de derecha. Dijeron que no.

A pesar de ese craso error histórico, del “no” rotundo a la resolución de partición de Palestina en 1947, con el que los árabes estaban dispuestos a perder la posibilidad de la creación de ese nuevo Estado árabe allí recomendado, con tal  de impedir la creación del Estado judío, no se aprendió mucho.

Por eso, nos permitimos reiterar párrafos que ya hemos publicado en estas páginas:

Figuras palestinas diversas , y no pocas, suelen ir más allá de la legítima discusión, e intentan en sus proclamaciones y posturas públicas, dar a entender-o decir explícitamente- que  Israel se instaló en una tierra que no le pertenece, en la que era un extraño, con la que no tenía vínculo histórico alguno. Hasta que esta línea no desaparezca, no podrá haber paz.

Esto no quita la discusión aún candente en Israel sobre cómo dividir la tierra, si es que se llega en algún momento a un acuerdo de paz, para que también los palestinos tengan su independencia, algo que tendrían desde hace 72 años si el mundo árabe todo no hubiese dicho que no.

Pero la historia es clara. Hace 72 años, al aprobarse la resolución 181 no se robó nada a nadie ni se instaló nadie en una tierra foránea. Aquel 29 de noviembre de 1947, se hizo justicia con el pueblo judío, en su tierra ancestral, Israel.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(4 de Diciembre de 2019)

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