Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Luz contra la oscuridad y no sólo por Janucá


Una necesidad actual para proteger a Israel

 

En los últimos tiempos se ha agravado en Israel el fenómeno conocido como “Tag Mejir” (etiqueta de precio), ataques de vándalos extremistas judíos en localidades árabes, tanto del lado palestino como dentro del Israel soberano, que se manifiesta principalmente en neumáticos pinchados y grafittis hostiles y ofensivos contra los árabes en general y contra el profeta Mahoma. A veces también arrancan olivos.

Días atrás se registró uno de estos ataques en una envergadura jamás registrada, dejando a aproximadamente 120 coches particulares con las ruedas cortadas, en el barrio Shoafat al noreste de Jerusalem. Y en la localidad beduina Zabda Manshia en el valle de Yizreel, amanecieron ante neumáticos pinchados y pintadas de odio sobre casas de habitantes locales, así como en las paredes de una de las mezquitas.

En muchos casos, cámaras de seguridad registraron a individuos enmascarados que se acercaban a tempranas horas de la madrugada a sembrar el odio.

No está claro de cuántos extremistas se trata. Evidentemente, no son siempre los mismos. No son cuatro gatos locos ni tampoco miles. Las fuerzas de seguridad estiman que se trata de algunas decenas. Pero evidentemente, no se logra frenar el fenómeno y los vándalos cobran cada vez mayor osadía. Hay que hacer algo drástico antes de que sea demasiado tarde y alguien pague con su vida por este flagelo.

Ya ocurrió años atrás, en el terrible caso de la familia Dawabshe en la aldea palestina Duma, cuya casa ardió por una botella incendiaria lanzadas por desconocidos. El pequeño Ali Dawabshe murió en el ataque y luego fallecieron sus padres por las quemaduras sufridas.  Quedó sólo su hermano mayor, al cuidado de sus abuelos. Una terrible tragedia. Los sospechosos están en prisión, uno de ellos acusado de asesinato y otros bajo otros cargos. El juicio aún no ha finalizado.

Las autoridades siempre intervienen, la policía llega al lugar de los hechos al confirmarse que se registró un crimen de odio, pero evidentemente hay que hacer más para poner fin a este horror.

No tenemos dudas de que esto no representa ni de lejos a la sociedad israelí. Se trata de una minoría extremista que decide tomar la ley en sus manos-alegando que ataca blancos árabes en venganza por ataques a judíos- pero no podemos hallar consuelo en el hecho que son elementos marginales los que los protagonizan. El hecho es que cada vez se animan a más y que en los últimos tiempos, cada seis días aproximadamente aparecen neumáticos pinchados o graffittis de odio en alguna localidad árabe.

Tampoco es consuelo aclarar que esto ni se compara con el terrorismo palestino. De eso no tenemos duda alguna. Pero el que “nuestros” locos no despierten simpatía en el grueso de la sociedad y que sus ataques no sean celebrados por la ciudadanía en general como sí ocurre a menudo del lado palestino- donde salen a repartir caramelos para festejar cuando mueren israelíes en atentados- no soluciona el problema.

Hay sí un importante consuelo, paralelamente a la necesidad de detener a todos los responsables de estas aberraciones : cada vez que se comete un ataque de este tipo en alguna localidad árabe, sea palestina en Judea y Samaria (Cisjordania) o dentro del territorio soberano de Israel, llegan luego al lugar delegaciones de israelíes judíos a expresar su repudio y transmitir un mensaje de convivencia.

Al frente de estas iniciativas van en general los miembros de la organización “Tag Meir” (que significa “etiqueta que ilumina”, en un hermoso juego de palabras opuesto a “tag mejir”) encabezados por su fundador y director, el gigantesco Gadi Gvariahu. Por su labor de acercamiento, diálogo y apoyo a la convivencia pacífica, Gvariahu fue galardonado recientemente por la fundación Monte Sion, en un emotivo acto en la iglesia homónima.

Días atrás, a raíz de un incidente en el que el conductor palestino de un ómnibus de la compañía israelí Egged fue atacado por extremistas del asentamiento Bat Aiyn, varios miembros de “Tag Meir” fueron a visitarlo. Le llevaron flores a Majdi Atrash. Y en el grupo había también habitantes judíos de la ciudad de Efrat, un asentamiento en la zona de Gush Etzion, varios de cuyos pobladores fueron a solidarizarse con el joven palestino atacado sin razón. Uno de ellos llevó a su hija Amit, de 3 años. Hermosa forma de educarla en los valores de la paz.

Y no sólo “Tag Meir” se hace presente en el terreno para combatir la oscuridad. Tras el último ataque, contra la localidad beduina Manshia Zabda dentro del Israel soberano, aproximadamente 300 israelíes de los poblados y kibutzim vecinos llegaron a la aldea a expresar su solidaridad y recalcar el mensaje de convivencia pacífica que les acompañan en la zona desde siempre.

En una entrevista a la radio pública israelí KAN, el Sheikh Ali, Imam de Manshia Zabda, destacó tanto las visitas de apoyo de los vecinos judíos como la rápida reacción de la policía. “Fue bueno que la policía vino de inmediato, estuvo aquí trabajando seriamente durante largo rato, y también que vinieron autoridades de las instancias encargadas de compensar a la gente por  el perjuicio económico, lo cual transmitió un mensaje que tranquilizó a la población”, declaró.

Agregó tener claro que los responsables de estos actos son pocos y que no representan la situación entre árabes y judíos en el terreno. “Yo dije en mi sermón en la mezquita que siempre hemos vivido aquí en paz con nuestros vecinos judíos y que esto debe seguir”.

Cabe suponer que esa es precisamente la razón por la que los vándalos extremistas eligieron la tranquila localidad Manshia Zabda como blanco de su último ataque: para sembrar odio y arruinar la convivencia.

Pero así como la oscuridad desaparece apenas se prende una luz, ese odio no puede prosperar si hay quienes se le oponen y lo combaten.

Esto no tiene nada ver con izquierda y derecha. Ni reduce en lo más mínimo la firmeza necesaria en la lucha contra el terrorismo palestino. Ni la memoria y alerta sobre los atentados que continúan perpetrando o intentando cometer. Tiene que ver con los valores fundamentales de Israel, sobre los que fue construido y vive el Estado judío. Quienes tratan de difundir odio deben saber que quedan fuera de la sociedad.

Esos, no son mis hermanos.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(13 de Diciembre de 2019)

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