Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

No, este horror no es en nombre de Dios.


Terrorismo en medio de la Pascua cristiana. 

Aún nadie ha reivindicado las ocho explosiones registradas este domingo en Sri Lanka, tanto en la capital Colombo como en otras zonas, tres de ellas en iglesias , cuatro en hoteles y la última en un sitio no identificado en un suburbio capitalino. Las seis primeras estaban evidentemente sincronizadas y fueron llevadas a cabo intencionalmente durante el Domingo de Pascua celebrado por los cristianos. Las otras dos, destinadas tanto a matar como a sembrar el pánico y confundir, justamente cuando se supone que las autoridades y servicios de rescate están ocupados lidiando con los resultados de las explosiones de la mañana. Siete sospechosos han sido detenidos.

Por lo menos 290 personas han muerto-numerosos ciudadanos de Sri Lanka y varias decenas de 35 extranjeros- y casi  500 han resultado heridas. Y conociendo la dinámica de estas situaciones, las cifras que resumen el horror aún pueden ir subiendo en el correr del día.

Las iglesias que fueron blanco de los atentados de la mañana son Saint Anthony, San Sebastian y Zion. Y los hoteles, Shangrila, Grand Cinammon y Kingsberry.

Y al día siguiente de los atentados, se reveló que en una estación central de ómnibus habían sido halladas 85 cargas explosivas prontas para ser detonadas. Más de 25 sospechosos fueron detenidos.

Nadie se ha declarado autor aún, por lo cual lo cual nos atenemos por ahora a trozos de información, sospechas y especulaciones, aunque basadas por cierto en lo que la experiencia enseña. Resulta que hace 10 días, según informó la AFP, el jefe de policía de Sri Lanka Pujuth Jayasundara envió a los altos oficiales en todo el país, una alerta advirtiendo que extremistas musulmanes planeaban atentados durante la Pascua cristiana. Su mensaje era claro: “Una agencia extranjera de Inteligencia ha informado que el National Thowheeth Jama’ath está planeando llevar a cabo ataques suicidas en Iglesias prominentes, así como también en la Alta representación de India en Colombo”.

El grupo mencionado es una organización extremista islamista cuya existencia fue revelada el año pasado a raíz de la vandalización de monumentos budistas que le fueron atribuidos.

Cabe señalar que de los 22 millones de habitantes de Sri Lanka, la enorme mayoría (70%) son budistas. Hay algo más de un 12% de hindúes, casi un 10% de musulmanes y un 7.6% de cristianos.

Los múltiples atentados perpetrados durante años por jihadistas musulmanes, nos han acostumbrado a pensar automáticamente en islamistas, cada vez que hay un ataque de este tipo. Y según las advertencias de seguridad en la propia Sri Lanka, es muy probable que también esta vez esa sea la identidad de los responsables. Un gran temor de fondo es que musulmanes locales que se sumaron a las filas de ISIS  y están volviendo al país, sean los responsables de estos ataques.

No es ésta la primera vez que santuarios cristianos son atacados por quienes consideran que tienen la única verdad en sus manos y que para garantizarla, tienen permitido asesinar. En Egipto esto ha ocurrido repetidamente, también en las últimas fiestas cristianas. La alerta es constante.

Pero no perdamos de vista que junto a las iglesias, fueron atacados hoteles, por considerarse naturalmente sitios turísticos, sitios en los que los terroristas saben que matarán a gente llegada del exterior con ánimo de vacaciones, de paseo, de vida normal. Y eso es lo que atacan: la fe de otros y la normalidad, la libertad de elegir cómo vivir.

Los asesinos creen actuar en nombre de Dios. En realidad, están cumpliendo la misión del Diablo.

 

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(21 de Abril de 2019)

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