Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Un alto el fuego que alivia y preocupa


Entró en vigencia este lunes a la mañana, tras 700 cohetes y 4 israelíes muertos.

Este lunes 6 de mayo amaneció en medio de una tensa calma, al haber entrado en vigencia un alto el fuego entre Israel, Hamas y Jihad Islámico.

Los palestinos lo habían anunciado alrededor de las 4.30 de la madrugada, asegurando que había sido logrado con mediación egipcia y de la ONU y el portavoz de la comandancia conjunta de Hamas y Jihad Islámico, Abu Mujahed, lo dio como hecho. Del lado israelí nadie comunicó nada-ni el Primer Ministro ni nadie en su nombre- pero lo que confirma que hay alto el fuego, en la práctica, fue el anuncio de Pikud Haoref, el Comando de Defensa Civil, señalando que “todas las medidas defensivas” quedaban sin efecto a partir de las 7 de la mañana y que se podía reanudar las clases.

Eso, claro está, no quiere decir que se termina la alerta ni que se devuelve las baterías del sistema protector anti-cohetes Cúpula de Hierro a los depósitos, sino que ya no hay restricciones de movimiento cerca de la frontera, ni limitaciones a la cantidad de gente que puede reunirse en un mismo lugar, o instrucciones acerca de cuan cerca hay que estar de un refugio. En resumen, vuelta a la rutina.

Pero aquí está el problema.

Hace demasiado tiempo que la rutina es el péndulo entre períodos de calma-cada vez más cortos- y escaladas de violencia, siempre lanzadas cuando los terroristas deciden y terminadas, diga lo que diga Israel, cuando ellos deciden que les viene bien.

La reacción inmediata cuando se anuncia alto el fuego, inevitablemente es de alivio. La gente en la zona atacada, agotada ya de esta situación, no tiene que pensar vaya donde vaya si tendrá adónde correr a refugiarse en 15 segundos o su única opción será cuerpo a tierra para al menos minimizar el riesgo que le pegue una esquirla mortal. Se podrá hacer lo que hace todo ciudadano del mundo en una situación normal, sin pensar si la alarma te sorprenderá en medio de la ducha, en el baño, en el trabajo o en medio de la noche cuando uno casi no sabe cómo se llama pero tiene que atinar a correr al refugio, cerrar la puerta y las ventanas blindadas en un abrir y cerrar de ojos, porque de lo contrario puede morir.

Claro que ahora la gente puede sentir alivio.

¿Pero y después?

Junto al alivio inmediato, hay una ineludible preocupación. Nadie en el sur de Israel duda a esta altura que es sólo cuestión de tiempo hasta que estalle otra vez una ronda de violencia. Una nueva escalada. Y lo que más subleva, es que está claro que los que tomarán la decisión al respecto serán los terroristas. Israel NUNCA inicia escaladas sino que se ve arrastrado a las mismas, responde a los ataques terroristas.

Nada de lo que ocurrió en el terreno-por más que esta vez Israel sí subió un escalón en el tipo de blancos atacados,  lo cual sin duda hizo que Hamas pida alto el fuego- hace pensar que esta vez será distinto.

Y esta vez costó caro: 4 civiles israelíes muertos, por lo menos 160 heridos , muy serios destrozos en diferentes partes del sur, todo ello causado por los casi 700 cohetes disparados por los terroristas desde Gaza. En realidad, seamos más precisos: fueron lanzados casi 700, de los cuales más de 400 cayeron en zonas descampadas, y de aquellos que se captó que estaban en camino a caer en zonas pobladas, el 86% fueron interceptados por la Cúpula de Hierro. Eso significa que el resto, varias decenas, aterrizaron en Ashdod, Ashkelon, Beer Sheba, Sderot, Kiriat Gat y los numerosos poblados más pequeños aledaños a la frontera. Cayeron junto a casas particulares, impactaron en casas, sobre escuelas y jardines de infantes. También en el hospital Barzilai de Ashkelon. El sistema de alarmas, la disciplina de la gente y no pocos milagros, salvaron vidas.

Volvamos a la preocupación.

Lo que la gente en el sur piensa ahora es hasta cuándo durará la calma que parece haber vuelto este lunes.

El problema es que para garantizar que la calma sea permanente, hay que tener también valentía política. Y no estoy tan segura que el Primer Ministro Biniamin Netanyahu la tenga.

Me explico.

Que no sea apresurado para lanzarse a guerras de gran envergadura, es una virtud que siempre hemos elogiado en él. Ni por iniciativa ni como respuesta a provocaciones enemigas.

Que no reaccione de modo exagerado, con las vísceras, está bien.

Que recuerde siempre que pasar de bombardeos a blancos de Hamas desde el aire a una incursión por tierra significa arriesgarse a que numerosos soldados vuelvan a casa en un ataúd, es clave.

Pero para intentar cambiar la situación a fondo en Gaza, las opciones son o una guerra total que cobraría un altísimo precio a ambas partes, o un intento de arreglo político que pase por un contacto con la Autoridad Palestina, algo que Netanyahu evidentemente no quiere propiciar porque le obligaría probablemente a pagar precios políticos en Cisjordania.

Esta fórmula requiere por un lado hacer un gran esfuerzo para mejorar la situación interna en Gaza-porque ello es un interés israelí, no porque Hamas merezca regalos-y tratar de crear una situación en la que la Autoridad Palestina vuelva a ser el patrón de Gaza.

Claro…escribo esto y mientras tecleo, yo misma me digo “pero….”.

Hay muchos “peros”.

Hamas no dejará de ser una organización terrorista ni depondrá las armas.

Si la Autoridad Palestina no vuelve a Gaza hasta ahora, no es por culpa de Israel, sino porque no llega a ningún acuerdo con Hamas. Exige que Hamas se desarme y Hamas se niega. La AP no volverá a Gaza para ocuparse del alcantarillado y la limpieza de las plazas, sino para ser gobierno.

Además, claro está que la propia AP incita al terrorismo y lejos está de merecer gran confianza de parte de Israel.  No sólo eso, sino que ha sido un terrible catalizador en el agravamiento de la situación interna en Gaza, ya que como palanca de presión sobre Hamas, cortó sueldos y suministros de todo tipo a la Franja. Los platos rotos, evidentemente, los pagó Israel, no Ramallah.

Sí, los “peros” son muchos.

Sin embargo, no hay más remedio. La calma que comenzó este lunes, debe ser aprovechada para cambiar algo en la situación.

Que Netanyahu no quiera realmente terminar con el gobierno de Hamas, hasta podemos comprenderlo. No porque Hamas merezca vivir sino porque para arrancarlo de raíz, se debería entrar en una guerra de dimensiones difíciles de prever . Que Israel no quiera alentar que los palestinos vuelvan a unirse,  también. Cabe recordar que no se dividieron por culpa de Israel, sino por la lucha de poder entre  ellos.

Pero en estos momentos, aún enojados por la línea del Presidente palestino Abbas, que hace años habla mucho de paz pero rechaza toda opción de diálogo o acuerdo, hay que pensar que la mejor forma de debilitar a Hamas es fortalecer a su máximo enemigo: la Autoridad Palestina.

Abbas no volverá a Gaza bajo las bayonetas de Israel. Sería por cierto un suicidio. Pero Israel tiene que volver a intentar ahora una nueva etapa en la relación con Ramallah. Un acuerdo de paz no se logrará. Pero algo hay que intentar. No sólo por Gaza. Hamas intenta denodadamente reconstruir su infraestructura armada en Cisjordania y han sido ya numerosos los atentados planeados por su gente desde Gaza a perpetrarse en Cisjordania y en el territorio soberano de Israel, que han sido frustrados por Israel. Si Hamas logra su cometido, su primer objetivo será derribar a Abbas, así como lo echó de Gaza en junio del 2007. Y ahí, el desafío de Israel será mucho peor.

Ya ahora funciona bien la coordinación de seguridad entre Israel y la AP , aunque a nivel político, la retórica es propia de enemigos.

Algo hay que cambiar, para que Hamas entienda que tiene ante sí un frente unido de Israel y Abbas, que puede amenazar su gobierno.

No es fácil. Pero hay que intentar.

Y no puedo terminar estas líneas sin escribir explícitamente lo que todo Israel tiene claro: sin alardes de nada, sin declaraciones dramáticas ni ínfulas de nada, los habitantes del sur de Israel-muy especialmente de las comunidades aledañas a la frontera, pero no sólo allí-son verdaderos héroes. También quienes por unos días optaron por alejarse y viajar al norte para no estar otra vez bajo las alarmas. Es gracias a ellos que la zona florece a pesar de las amenazas. Apuestan por la vida y todo Israel les debe agradecer.

Casi en la víspera de un nuevo aniversario de la independencia de Israel, merecen nuestro homenaje.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(6 de Mayo de 2019)

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