Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Detrás de las bambalinas de la política israelí


¿Por qué prefirió Netanyahu ir a elecciones?

 

Ya está. El tira y afloje de las últimas semanas ha terminado. Ahora está claro el desenlace de esta etapa: Netanyahu no logró formar coalición, la Kneset votó su propia disolución y la ciudadanía israelí va a las urnas el 17 de setiembre.

¿Por qué?

En la nota que publicamos la noche del gran drama en la Kneset  planteamos lo que alegan los involucrados principales, acusándose mutuamente por supuesto por esta situación.

http://www.semanariohebreojai.com/articulo/889/kneset+disolvio+israel+vuelve+urnas+eleccionesel+setiembre

 

Pero hay algo más de fondo, algo que al parecer preocupa a Netanyahu más aún que las sospechas en su contra por las que se le podría llevar a juicio después de la audiencia que tiene con el Fiscal del Estado a comienzos de octubre: la posibilidad que el Likud se una detrás de una figura alternativa y que comience la era post-Netanyahu en el partido de gobierno.

Anoche explicamos que por ley, la disolución de la Kneset era una de las opciones, pero que había también otra: que Netanyahu notifique al Presidente Rivlin que no logró formar coalición y que por ende le devuelve el mandato. En una situación así, la ley pide al Presidente que vuelva a evaluar el escenario político y encomiende a otro diputado el desafío de formar gobierno.

Lo interesante es que la ley no determina ni siquiera que dicho diputado deba ser del partido más grande ni tampoco que tenga que ser el número 1 de la lista. Un diputado. Esa es la única especificación, dicho sea de paso bastante extraña por cierto. Pero así dice la ley.

En la nota anterior-disculpen que vuelvo a citarme a mí misma- mencionaba que lo más probable habría sido, en un escenario así, que ese otro diputado sea Beni Gantz, jefe de la oposición, al frente del partido “Kajol Lavan”. Y que Netanyahu no quería arriesgarse a un escenario de ese tipo, aún creyendo que los números no le alcanzarían a Gantz para tener éxito donde Netanyahu fracasó. Pero ahora entiendo que lo que más preocupaba al Primer Ministro era la posibilidad que el Presidente encargue la formación del gobierno a otro diputado del propio partido Likud.

¿Por qué?

Ante todo porque los números que emergieron de las elecciones del 9 de abril complican las cosas para “Kajol Lavan” de Beni Gantz. Pero más que nada, porque el propio Gantz dijo explícitamente que el Likud sería un socio válido y legítimo para formar coalición de gobierno,si no está encabezado por Netanyahu. Con un Primer Ministro sobre quien pende la sombra de un juicio por corrupción, aclaró, no se hará ninguna alianza. Pero el Likud es un socio absolutamente legítimo para gobernar a Israel.

El partido laborista ha estado dividido al respecto, pero sus 6 escaños son menos claves que los 35 de Kajol Lavan.

En esta situación, consideramos que la fórmula tiene nombre y apellido: el ex Ministro Gideon Saar, que ha sido crítico de Netanyahu en diversos aspectos, aunque desmintió categóricamente acusaciones que el Primer Ministro había lanzado en su contra alegando que había conspirado con Rivlin para ser él el elegido para la misión de formar coalición.

Cuando Netanyahu lo dijo, fue evidentemente un invento destinado a presentar a Saar como quien se levantaba contra él en el Likud. Le contestaron con firmeza tanto Saar como el propio Presidente Rivlin. Pero se hace algo así contra alguien que es visto como una amenaza. Como el potencial nuevo líder futuro.

Y si Netanyahu no está al frente del Likud, para él es el fin de todo. De su carrera política y de la posibilidad de salir ileso del proceso jurídico en su contra.

Por otra parte, elecciones el 17 de setiembre significan un estancamiento tal que tampoco podrá promover la legislación que ya se sabe que estaba buscando (en el tema de inmunidad parlamentaria y de limitación de los poderes de la Suprema Corte de Justicia) para ayudarle contra los cargos que podría presentar el Fiscal del Estado. Esto, por ende, podría parecer una contradicción.

Es confuso, complejo y preocupante. Aquí fueron sólo unas pinceladas. Seguro habrá mucho más que analizar.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(30 de Mayo de 2019)

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