Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Los israelíes de origen etíope, entre logros y dolor.


Israel no está libre de seria fallas. Para corregirlas, no hace falta decir que todo está mal.

Salomon Takka tenía sólo 18 años y no debía morir. Al dolor de su familia por su ida tan prematura, se agrega la frustración de su convicción: el policía que lo mató desenfundó el arma con ligereza, simplemente porque estaba lidiando con un grupo de jóvenes de la comunidad de origen etíope. O sea, por su color de piel. A raíz de ello estallaron manifestaciones de protesta sumamente violentas, en las que se cruzaron muchas líneas rojas indebidas.

El oficial responsable del disparo a Salomon está bajo arresto domiciliario y es investigado por el Departamento de Investigaciones Internas de la Policía. Su testimonio, el de testigos presenciales, análisis de expertos forenses en el terreo y materiales grabados por cámaras de seguridad en la zona, deberán conducir a la verdad. Deberán permitir saber qué ocurrió allí en los minutos previos a la muerte de Salomon.

Según el policía detenido, cuando él, no en funciones ni de uniforme, estaba paseando con su esposa y sus hijos chicos en un parque, divisó de lejos una pelea, se acercó a tratar de separar y cuando se identificó como policía fue atacado, se sintió en peligro y disparó. Según el otro lado, jóvenes del grupo en el que estaba Salomon-dicho sea de paso, no todos miembros de la comunidad de origen etíope- no hubo ataque ninguno ni provocación de ningún tipo.

Cabe esperar que se pueda llegar a la verdad. Se deberá analizar también cómo disparó, si fue directo al cuerpo, si disparó al piso y la bala rebotó…y más que nada, si había justificación alguna para usar el arma.

No es la primera vez que ocurre algo así. Ha habido ya otros dos casos de jóvenes de la comunidad etíope muertos en choques con la policía, en circunstancias que sus compañeros aseguraron no justificaban en absoluto que se les haya disparado.

El problema de fondo, sostienen, es que se los ve como delincuentes potenciales, por ser negros. Que con ligereza les piden documentos, detienen o interrogan en la calle sin motivo alguno. Sienten que su color de piel los expone a situaciones que no deberían ocurrir y que a jóvenes blancos no les suceden.

Las estadísticas confirman que en efecto, se detiene mucho más a jóvenes de la comunidad de origen etíope que a otros. Una comisión del Ministerio de Justicia israelí encabezada por la Directora General Emy Palmor, confirmó hace ya 3 años que en todas las 17 ciudades de Israel en las que hay mayor concentración de población de origen etíope, eso sucede. Desde entonces, los números han mejorado considerablemente, gracias a intensos contactos entre las comunidades y la policía y a un trabajo de concientización importante que se ha hecho a distintos niveles. Pero todavía hay mucho que hacer.

¿Por qué? Porque un caso solo, ya está de más. Está mal, es una actitud prejuiciosa e injusta. Y eso no debe suceder en absoluto.  Muchos usan términos más fuerte que nosotros y hablan directamente de racismo. Yo suelo ser más cuidadosa con los términos.

Paralelamente a la condena, a la exigencia que se haga un trabajo educativo de fondo y que se vea qué hay que hacer a nivel nacional en distintos ámbitos para que eso no ocurra, discrepamos con la facilidad con que se usan los peores adjetivos y se mancha a la sociedad toda. Ni la Policía ni el Estado son enemigos de la comunidad israelí de origen etíope. Ni Israel es un Estado racista. ¿Si hay gente prejuiciosa y con actitudes racistas? Por supuesto. Israel no es una sociedad de ángeles. Ninguna sociedad lo es. Entre eso y lo que se ha estado oyendo en los últimos días, hay a nuestro criterio, años luz de distancia.

Evidentemente que es especialmente grave si se desenfunda un arma con ligereza y por supuesto si también se abre fuego. Pero es necesario trabajar a fondo también en los casos en los que el policía pidió documentos porque realmente sospechó de algo, en una situación en la que si se hubiese tratado de un joven blanco, no habría sospechado.

Pero en la propia Policía israelí hay muchas decenas de agentes de la comunidad etíope. Así como los hay en las Fuerzas de Defensa de Israel. Oficiales, profesionales y hasta diplomáticos en el servicio exterior-.

Claro que el israelí blanco promedio está más acostumbrado a toparse con su compatriota de color como guardia en un centro comercial o como limpiadora. Eso fija quizás una percepción de la comunidad como débil y de bajo nivel, lo cual lejos está de pintar el cuadro general.  Pero es de esa percepción prejuiciosa que se llega, por ejemplo, a que un policía pida documentos o explicaciones a un ciudadano de tez oscura simplemente por verlo en un barrio residencial o una moderna zona de oficinas, creyendo que “algo malo estará haciendo”, porque no “encaja” en el estereotipo.

Israel realizó un gran esfuerzo por traer a los judíos de Etiopía al Estado judío y ser parte del pueblo. Fueron cometidos sin duda muchos errores en el proceso de absorción, como ha ocurrido también con otras comunidades en todas las olas inmigratorias. La diferencia básica entre el mundo del que muchos vinieron y el país al que llegaron, no ayudó.

La mayor parte de la comunidad ya es de los nacidos en Israel. El problema central es que también ellos afirman toparse con fenómenos de discriminación y prejuicios. Es inaceptable absolutamente y la mejor arma contra ello, es la educación.

Este miércoles, el portal israelí Ynet entrevistó a una enfermera en el hospital Ichilov, partera, que contó airada sobre un incidente en el que cuando su compañera de trabajo le pasaba la guardia, una mujer intervino en forma muy desagradable gritando que quiere hablar con la encargada porque “mi hija no dará a luz con esa negra”. ¿Qué se puede decir ante una animal así? (con perdón de la expresión).  Nada que alcance. 

Al mismo tiempo, me pregunto: ¿Acaso es justo que por individuos de esa calaña-que existen en toda sociedad- se olvide todo lo logrado desde que comenzó la inmigración de los judíos de Etiopía? ¿Y sus estudios? ¿Y el trabajo en el hospital, de los mejores de Israel? ¿Y todos los bebés blancos que nacieron gracias a sus manos, sin que a sus madres se les pasara por una neurona negarse a que una partera negra las ayude?

Lo que está mal, está mal, y debe ser corregido.

Y no se debe, mientras se trabaja para ello, olvidar todo lo que está bien. Escribo estas líneas y recuerdo claramente a soldados y oficiales de las Fuerzas de Defensa de Israel que he entrevistado. Al teniente de la comunidad etíope que hace varios meses se convirtió en piloto de combate. A compañeros en la universidad. A los tres diputados en la Kneset. A la ex Embajadora de Israel en Etiopía, que cerró un círculo al viajar a su país natal en representación del Estado judío. Y las reacciones positivas y elogiosas en la opinión pública israelí cuando meses atrás, en la ceremonia de juramento de los diputados electos en las elecciones del 9 de abril, se captó la imagen de un flamante diputado de “Kajol Lavan”, tirándose al piso para besar los pies de su madre, como expresión de respeto y agradecimiento por lo que le dio toda su vida. No es una costumbre israelí por cierto. Pero todo el mundo comentaba positivamente lo que eso irradió, los valores que transmitía, lo bueno de preservar la cultura original.

Claro, todo esto puede sonar a tonterías en comparación con un muchacho muerto sin razón. Nada vale más que la vida. Y ninguna humillación es aceptable.

Los problemas no hay que ocultarlos sino trabajarlos para hallarles solución. Y garantizar que todo mejore con la comunidad de origen etíope, es clave para Israel. Pero sugiero ser cautelosos en la descripción del cuadro general, que incluye sin duda muchas cosas que corregir y muchas lecciones que aprender, pero también muchos logros de los que pueden estar orgullosos tanto los israelíes de origen etíope como su país, Israel.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(4 de Julio de 2019)

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