Mundo Judío

En el centenario del natalicio del Papa Juan Pablo II, recordamos cómo salvó a una niña judía en la Shoa

“Era como si el cielo se hubiera abierto y Dios hubiese bajado”

Este 18 de mayo se cumplen 100 años del nacimiento de Karol Wojtyla, a quien el mundo recuerda como el Papa Juan Pablo II, de bendita memoria.

En su homenaje compartimos hoy una nota que publicamos en la BBC hace muchos años, pero cuya emotividad se mantiene vigente. Entrevistamos en aquel momento a Edith Tsirer, ciudadana israelí residente en Haifa, quien de niña, en 1945, fue salvada por  el entonces sacerdote Karol Wojtyla, apenas salió del campo de concentración  nazi en Polonia.

 

   “Ya entonces estaba claro que era una persona especial.Para mi, fue como un ángel. Y me alegra y alivia  haber podido, años después, agradecerle personalmente. Ahora, lloro su muerte”, nos dijo cuando falleció el Papa polaco Así nos contó Tsirer,  convencida de que de no ser por la ayuda que recibiera de niña, a los 13 años, del sacerdote que se convirtió más tarde en el Papa Juan Pablo II, no estaría con vida.

   “En enero de 1945 los rusos nos liberaron del campo de concentración y yo tuve que emprender mi camino sola, en un intento de regresar a casa, en la localidad polaca de Wadowicze, para ver si alguien había quedado con vida”- cuenta pausadamente, consciente hoy de que en aquel momento, de hecho, había perdido sin saberlo, a toda su familia. 

   “Alcancé llegar a una pequeña aldea, llena de gente,donde no había judíos sino gente que se notaba que no había pasado hambre.Yo tenía puesto todavía el traje de prisionera en el campo de concentración, fino y nada abrigado, y la temperatura era de muchos grados bajo cero.Había nieve y yo hacía días que no comía nada. Me senté en un rincón y durante días, nadie me miró siquiera, nadie me preguntó si necesitaba ayuda, aunque estaba claro que acababa de salir de un campo de concentración”.  

  Edit relataba y se emocionaba. Se detiene por unos segundos y retoma la historia. “De repente aparece una figura de un sacerdote católico, con una sotana marrón de los carmelitas, apuesto.En ese entonces tenía 25 años. Me preguntó por qué estoy así sentada y dije que no puedo pararme.Desapareció y me trajo un vaso de té con un platillo abajo”. Sonrió y me preguntó si  acaso puedo captar el significado de ese gesto.”No sé si puedes captarlo. Durante años no había visto un vaso.Cada uno tenía una especie de vasija herrumbrada encadenada a la mano y de allí comíamos.Y de repente él me trae un té en vaso con un platillo para apoyarlo”- explica.

  El sacerdote desapareció y volvió con enormes trozos de pan con queso, envuelto en papel pergamento. “¿Te imaginas? Es como si  hoy me trajeran un plato de oro con las tortas más sabrosas del mundo”. Minutos después le dijo que sería mejor irse de allí y tratar de llegar a Cracovia. “ Extendió sus manos y me las dió para que me apoye, pero yo me caí.Hacía días que no me movía. Mis piernas no me sostenían. Entonces él me puso a sus espaldas. Era robusto , con aspecto de atleta y simplemente me cargó. Así me llevó más de cuatro kilómetros en la nieve”.

   El sacerdote Karol Wojtyla-que dijo a la niña su nombre en la primera ocasión que se detuvieron a descansar- contó que ya en aquel entonces era huérfano y no tenía ni padres ni hermanos, fallecidos todos de muerte natural.Pero tenía sí fuerzas para alentarla y le aseguraba que sus padres deberían estar esperándola en algún sitio.

  “El me cargó en la nieve y me dió fuerzas para vivir.Yo no pensé ni por un momento que estaba con un sacerdote, sino simplemente con un ser humano, con un ángel que Dios me había enviado. No pensé que esa era una persona normal que carga una niña llena de piojos, sucia, rapada, de 29 kilos , fea, sin dejo de nada humano y la ayuda como él me ayudó.Fue un milagro.Era como si Dios hubiese bajado del cielo”.

     Al llegar al sitio del cual salía el tren para Cracovia, mientras el sacerdote Wojtyla buscaba algo para encender un barril de alquitrán que había hallado y con el que podrían calentarse, Edith vió unos judíos polacos que habían logrado ocultarse durante la guerra “y estaban bien, parecían normales, no salidos de los campos”.Ellos, sorprendidos por ver la ayuda del sacerdote desconocido a la niña y conocedores de la mala experiencia en muchos casos con la Iglesia polaca, le hicieron sospechar .”Te va a encerrar en un convento y nadie te va a hallar”- le advirtieron.Ella, empezó a dudar. Y al llegar a Cracovia, se escondió.”El me llamaba por mi nombre.Era la primera vez en años que alguien lo hacía.Durante mucho tiempo, había sido sólo un número.Pero aquella gente me hizo sospechar y yo me le escondí, hasta que se fue.Años después, comprendí que aquel temor no era justificado”.

   En 1978, cuando el Cardenal Wojtyla fue electo Papa, Edith-que desde 1951 vivía en Israel tras unos años en París- leyó la noticia en el “Paris Match”. Allí aparecía la foto y los datos biográficos, los mismos que ella recordaba le había contado aquel sacerdote en la nieve. “Estaba sola en casa y me caí de la silla, me desmayé.Era él. El nuevo Papa era el sacerdote que me había salvado.Y la verdad, es que me pareció muy lógico”.

   Tras el envío de algunas cartas al Vaticano-que cree nunca llegaron a Juan Pablo II- logró entablar contacto en 1997 y recibió una respuesta del Papa, de su puño y letra. En 1998, viajó al Vaticano a verle, previa coordinación con uno de los Cardenales cercanos, con el que había entablado contacto personal. 

  “Yo no me arrodillé ni le besé el anillo y él simplemente con sus dos manos, me tomó la mano.El sabía que yo estaba allí.Le dije que había venido especialmente de Israel para agradecerle por haberme salvado en 1945". Y cono tono de broma, agregó: “.Me dijo que hable fuerte, que ya está anciano y no oye bien. Puso sus manos sobre mi cabeza y me bendijo. Si no hubiera permanecido judía, sería hoy ya, con esa bendición, una perfecta cristiana”.

  Edit recuerda que “estaba muy emocionada, temblando y mi esposo tenía que sostenerme porque no podía mantenerme en pie. El encuentro fue corto pero hice lo que quería hacer, verlo personalmente, tomar su mano y agradecerle, algo que quise hacer , toda mi vida”.

   En marzo del 2000, Juan Pablo II visitó Israel.Y al llegar al Museo Recordatorio del Holocausto, Yad Vashem, en Jerusalem, Edit era una de los seis sobrevivientes (cada uno simbolizando a uno de los seis millones de judíos asesinados por los nazis) que le esperaban.”A mi lado se detuvo largo tiempo y yo le dije que me emocionaba mucho volver a verle.El me tomó la mano y me abrazó”.

  Poco antes de fallecer Juan Pablo II, Edit  recibió una tarjeta de Navidad del Papa.”Me escribió en polaco, como siempre, en una letra muy difícil de leer.Se notaba que le temblaba la mano.Cuando recibí esa tarjeta, me dije que esa, seguramente, era la última vez”.

   

 

Ana Jerozolimski
(18 Mayo 2020 , 13:53)

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