En comunidad

Entre el Artigas de bronce y el gran bailarín

En un nuevo aniversario de su natalicio

Hace unos días, en un contacto por correo electrónico con un colega argentino en Israel, intercambiábamos impresiones sobre un panel al que ambos habíamos sido invitados a participar para hablar sobre la cobertura periodística en zona de conflicto. En uno de los mensajes que iban y venían, al tratar de aclarar un aspecto en discusión, él nos escribió: “Ya lo dijo tu prócer nacional: Con la paz no ofendo ni temo”. Claro, él parafraseó medio en broma al Jefe de los Orientales, el Gral.José Gervasio Artigas, al sustituir la libertad por la paz, dado que habíamos hablado en el panel sobre conflicto, búsqueda de la paz y demás. En definitiva, algo muy relacionado por cierto a la libertad.

  Pero pensé, cuando leí sus palabras, que ojalá Artigas pudiera oírlo o lograra  captar ese mensaje desde el más allá, desde el mundo de los justos en el que seguramente descansa. Sus frases siguen claras y su  mensaje, profundo. Y cuando se lo cita, hasta ahora, desde diferentes confines del mundo por donde están dispersos no pocos uruguayos-y hasta este argentino lo hacía, en Israel- la sensación es que las frases retumban.

 

Y ahora, lo que quizás pueda ser visto como una digresión, un comentario diferente del común y más conocido sobre Artigas.

Años atrás entrevistamos al historiador Lincoln Maiztegui Casas, hoy lamentablemente ya fallecido. Entre muchas otras cosas relacionadas a historia nacional-así como también a Israel y el pueblo judío-surgieron comentarios sobre Artigas. Y así nos dijo Lincoln:

 

Hace unos años El Cuarteto de Nos sacó “El día que Artigas se emborrachó”, que fue horrorosamente rechazado por los que teníamos determinada edad como una cosa guaranga, irrespetuosa, estúpida y los chiquilines la celebraron y se reían, y cuando me querían hacer entrar a mí me la cantaban. Un día hablando con mi amigo Gerardo Caetano me decía: ¿sabés por qué?, porque han convertido a Artigas en parte del establishment, una figura ideática, de bronce, siempre pronunciando palabras para la posteridad. Le quitaron su humanidad, el hecho de que Artigas era el mejor bailarín de su tiempo, de que tocaba la guitarra y cantaba muy bien, que tocaba el acordeón piano, usaba el pelo en una trenza que le caía hasta el suelo antes de ser blandengue, y era, como decían algunos contemporáneos, una persona siempre rodeada de jóvenes alucinados que lo seguían. Ahí empezás a tener una visión del caudillo, de por qué tuvo el atractivo que tuvo. 

Lincoln Maiztegui en su casa

 

Aquel comentario de ese gran historiador nos pareció fascinante.

 

Y aunque se nos enoje Lincoln Maiztegui desde arriba y desde aquí abajo, hasta los 120, el gran Gerardo Caetano, vuelvo por un minuto al Artigas “de bronce”, para recordar que de niña, al estudiar en la escuela sobre él, sentía algo muy parecido a lo que nos despertaba el estudiar sobre los profetas de Israel: la pena de no haber  podido conocerlos, de tocar  su grandeza de cerca.

    Por eso, no está de más también hoy recordar que “la causa de los pueblos no admite la menor demora" , que “con libertad no ofendo ni temo” y—¿cómo no?- que “mi  autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana" . Son de esas enseñanzas que los uruguayos nos llevamos por siempre, profesemos la religión que profesemos y estemos donde estemos. En Montevideo, en Estocolmo o Jerusalem.

Artigas de bronce, parte de los festejos por el desempeño de Uruguay en un Mundial (Foto: Gerardo Lehrer)

 

Ana Jerozolimski
(19 Junio 2020 , 02:18)

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