Entrevistas

Entrevista especial con el escritor Fernando Butazzoni, sobre su nuevo libro LOS QUE NUNCA OLVIDARÁN

Sobre el operativo del Mossad en Shangrilá en el que fue asesinado el criminal de guerra Herbert Cukurs

¿Por qué escribió sobre este tema? ¿Qué le sorprendió durante la investigación? ¿Pensó en términos de buenos y malos al escribir sobre un operativo en el que el Mossad  asesinó de modo terrible a Herbert Cukurs, criminal de guerra responsable del asesinato de decenas de miles de judíos en Riga? ¿Se puede describir los hechos sin hacer juicios de valor o no hay que intentar siquiera?

Estas son algunas de las preguntas que planteamos al escritor Fernando Butazzoni a raíz de la publicación de su nuevo libro “Los que nunca olvidarán”, sobre aquel operativo del Mossad en el que mataron a Cukurs en Shangrilá, Uruguay, 55 años atrás. 

Atrapante, ya antes de haber podido juntarnos con el libro, que conociendo la pluma de Butazzoni, seguramente es imperdible.

P: Fernando, felicitaciones ante todo por tu nuevo libro “Los que nunca olvidarán”, sobre el asesinato en Shangrilá del criminal de guerra Herberts Cukurs por parte de un comando del Mossad. ¿Por qué elegiste este tema?

R: El tema me eligió a mí. La muerte de Cukurs me había impresionado mucho en su momento, porque en mi infancia yo pasé varios veranos en Shangrilá, cerca de la casa donde apareció el cadáver. Yo tenía doce años cuando ocurrió el homicidio. Después me olvidé por completo del tema, hasta que en 2014 vi en una revista una nota sobre una comedia musical que se estrenaba en Letonia sobre Cukurs. Aquello era muy loco: ¿una comedia musical sobre un criminal de guerra asesinado medio siglo antes y en la otra punta del planeta? Me puse a investigar y descubrí tres mundos: uno, el del episodio en sí, fascinante y terrible. Otro, el de la vida de Cukurs, más fascinante y más terrible. Y otro el de los hombres que lo mataron, igual de fascinante y terrible que los otros dos. 

 

P: Me imagino que ya en la presentación puede darse pie a discusiones. Como sabemos, las palabras tienen mucha carga emocional, y habrá quienes digan que no se debe llamar “asesinato” si la víctima fue de hecho un gran victimario. ¿Cómo ves este punto?

R: Las palabras dicen, tienen una carga semántica específica, que también es moral. Y cuando una persona resulta ejecutada de forma extrajudicial y con alevosía, eso es un asesinato en cualquier idioma. No hay asesinatos buenos y asesinatos malos. Al parecer el Mosad creyó que sí, al igual que todos los servicios de inteligencia en todo el mundo. Allá ellos. Por otra parte, los propios autores del atentado dijeron más de una vez que habían cometido un asesinato. No hay que tener miedo a las palabras. Hay que usarlas con justeza y con justicia. Además, y eso también lo digo en el libro, la historia está llena de asesinatos. No me imagino cómo se podría hacer una planilla de Excel con los asesinatos buenos en una columna y los asesinatos malos en otra. En lo personal estoy en contra de la pena de muerte, estoy en contra de la guerra y estoy en contra de los espías. Ergo: estoy en contra de cualquier asesinato. Pero eso no tiene importancia.

P: Tú ya dijiste en una conferencia por zoom organizada por la NCI hace varios días, que no hay ningún elemento de ficción en este libro, aunque no lo presentás como un libro de historia. ¿Te parece que se puede describir los hechos en forma exacta sin hacer juicios de valor?

R: Nadie escribe sin hacer juicios de valor. Cuando un periodista elige unas preguntas y no otras, cuando un historiador elige determinados documentos y no otros, cuando un juez en una sentencia califica los actos juzgados de una manera y no de otra, siempre se están haciendo juicios de valor. Eso no es malo, es bueno. Pero creo que lo más importante es presentar la verdad de los hechos (que es mucho más que los propios hechos) para que cada lector se forme su propia opinión y emita sus propios sus juicios de valor. El viejo Onetti decía que la manera más repugnante de mentir es decir la verdad, pero ocultar el alma de los hechos. Creo que en este libro el alma de los hechos habla por sí sola. Eso sí, para encontrar el alma de aquellos hechos hay que leer el libro.

P: Y sobre juicios de valor, que me parecen como ineludibles cuando hablamos de algo relacionado al nazismo y los crímenes de la Segunda Guerra Mundial, aunque aquí el tema de tu libro sea precisamente el operativo en el que fue muerto uno de esos criminales…¿con qué espíritu abordaste la investigación? O sea…¿tenías en tu mente, o en tu corazón, un esquema de “buenos” y “malos”? 

R: No se trata de esquemas. Lo que pasó en Europa durante la guerra con el exterminio de los judíos fue una catástrofe de dimensiones únicas en la historia. Mi libro aborda un pequeño escenario: Riga. En esa ciudad, hasta que entraron los nazis en 1941, vivían unos cincuenta mil judíos. Había ricos, pobres, buenos, malos, izquierdistas, monárquicos… de todo. Al final de la guerra quedaban menos de cuatrocientos, todos caquécticos. Al reconstruir la vida de Cukurs, reconstruí también las masacres de Letonia, y la personalidad de su máximo perpetrador, el general de las SS Friedrich Jeckeln. Él fue un auténtico heraldo del Holocausto. Como diría Vallejo, un “heraldo negro”. Cukurs estuvo siempre allí, a su alrededor, hasta que terminó la guerra. A Jeckeln los soviéticos lo colgaron en la plaza de Riga después de la guerra, en un juicio que duró cuatro días y que contó con cientos de testimonios. Al día siguiente de que los soviéticos colgaran a Jeckeln (y a otros generales nazis), Cukurs salió con su familia de Europa rumbo a Brasil. Tenía cola de paja.

La investigación

P: ¿Qué podés contarme sobre la investigación misma que realizaste? ¿Cuáles fueron los hallazgos principales?

R: Hubo varios. Uno de ellos fue lo erróneo de los relatos preexistentes sobre el caso. Incluso uno de los autores del crimen, un judío nacido en Alemania llamado Yaakov Meidad, escribió un libro sobre el operativo. Lo hizo con un periodista muy famoso en Israel, ex agente del Mosad también, llamado Gad Shimron. Bueno, pues incluso en ese libro hay una enorme cantidad de distorsiones, datos erróneos (o falsos) y lagunas en la información. Es lógico: nadie le puede pedir a un par de espías que digan la verdad sobre sus actividades…Lo primero fue reconstruir los hechos con apego a ellos, sin distraerme con mentiras. La familia de Cukurs también mintió, y lo hizo de forma sistemática. Otro hallazgo importante fue conocer cómo actuó la policía uruguaya, qué hizo, qué pistas siguió, a quiénes fichó como cómplices, etc. Y otro hallazgo fue descubrir la enorme cantidad de pronazis que hay en Letonia hoy. Allá hay mucha gente que reivindica a los nazis y a las SS. Hacen un desfile incluso. Nadie me lo contó: yo lo vi con mis propios ojos. Un desfile por el centro de Riga. 

P: ¿Algo te sorprendió?

R: Me sorprendió y me sorprende la facilidad con la que algunas mentiras persisten aún hoy. Está el caso del comisario Otero, de la Inteligencia uruguaya. Él supuso y dijo que a Cukurs habían querido secuestrarlo, llevarlo a Israel y juzgarlo igual que a Eichmann. No hay ninguna prueba sobre eso, sino más bien lo contrario. A Israel no le hubiera servido de nada secuestrar y juzgar a Cukurs, porque el objetivo del operativo era otro, distinto del de Eichmann. Pues bien, hasta hoy mucha gente sigue creyendo que lo de Cukurs fue “un secuestro que salió mal”. Lo otro que me sorprendió es el escaso o nulo conocimiento del tema. Mucha gente con la que hablé ni siquiera sabía dónde quedaba Letonia. De Cukurs no recordaban nada, por supuesto. Y eso que sobre el caso Cukurs se han escrito decenas de libros en español y en otros idiomas, se han filmado películas. Hay un debate internacional que sigue… 

P: ¿Cuánto tiempo te llevó este libro?

R: Empecé a pensar en él a fines de 2014. Después me fui a la Antártida, volví y me puse a escribir sobre mi viaje, y recién retomé la investigación a principios de 2016. O sea que me llevó unos cuatro años.

P: “La Vida y los papeles” fue aquel libro que escribiste después de la Antártida. Fabuloso aquel y bueno que retomaste esta investigación, porque suena apasionante, aunque aún no he podido leer el libro. ¿Descubriste cosas que nadie había entendido o descubierto jamás?

R: Sí, varias. Descubrí que un prestigiosísimo periodista, ya fallecido, había escrito varias mentiras sobre el tema, nada más que por vanidoso y fanfarrón. Eso estaba tapado. Y descubrí los nombres de quienes, de acuerdo a los servicios de inteligencia uruguayos, fueron los apoyos locales del Mosad: nombres, direcciones, números de teléfono, etc. Descubrí muchas cosas, algunas lindas, como la historia de Sasha Semenoff… pero habrá que leer el libro para saberlas.

P: Vos ya has reconstruido madejas muy complejas…En “Las cenizas del cóndor" fuiste desatando hilos entrelazados en una historia de mucho dolor…pero tenías a mano al menos a algunos de los protagonistas. Aquí era otra cosa… ¿no?

R: Sí. Aquí trabajé exclusivamente con documentos. Algunos viejos, otros no tan viejos… Por ejemplo, un informe de la CIA de 1998 sobre el caso Cukurs. ¡Sorprendente! Con poca humildad debo decir que hallé la explicación a ese informe. Una explicación extraordinaria. Fue interesante, porque de toda la documentación sobre el caso y sobre Cukurs, sobre Yaakov Meidad y sus compañeros del comando, fue surgiendo solita la verdad, es decir el alma de los hechos. Eso provocó que tuviera que ponerme a investigar las matanzas de judíos en Letonia (que, por cierto, son poco conocidas en América Latina), y eso me llevó a Las Vegas, a un casino y a un músico. En realidad, investigar la documentación me permitió entender la escala de aquella tragedia. 

P: ¿Cuál fue el mayor desafío de este libro?

R: No despreciar ningún dato en la investigación. Chequearlos todos dos, tres, cuatro veces. Estar seguro. Por ejemplo ¿a qué hora llegó a Montevideo el avión que traía a Cukurs desde Brasil el día de su muerte? Puede parecer algo completamente menor, pero era necesario obtener el dato preciso, por razones que se entenderán leyendo el libro. En algunos datos fracasé, no pude corroborarlos del todo, así que los dejé fuera. Por ejemplo, uno de los hijos de Cukurs, el mayor, se llamaba Ilgvars. Él luchó contra los bolcheviques, con los nazis. Cayó prisionero de los soviéticos y recién pudo volver a Letonia a fines de los años 90, ya viejo y ciego. Había nacido en 1924… Traté de saber cuál fue su destino final, cuándo murió, dónde está sepultado… Pero obtuve datos contradictorios, así que eso no lo pude utilizar.

 

El desempeño del Mossad


P: ¿Qué se aprende sobre el accionar del Mossad a partir del caso Cukurs? O quizás sea irrelevante tratar de extraer conclusiones generales de este caso particular.

R: Lo más interesante fue descubrir que el Mosad, en este caso, cometió muchos errores, algunos que deberían causar risa. No sé cuántos errores más cometió en otros casos, pero en este algunos fueron muy gruesos. Los cometió antes del operativo, durante el operativo y después del operativo. Eso en el mundillo del espionaje se sabe. Sin embargo, el Mosad logró mantener su aura de infalibilidad intacta.

Advertencia, también hoy

P: Esto es historia, pero es también actualidad, porque la simpatía a los nazis no ha desaparecido del mundo, y porque en la propia tierra natal de Cukurs, Letonia, lo tienen como héroe. Si bien está claro lo que él hizo en el tema de la aviación, uno podría plantearse que, si sus propios compatriotas saben que mató a gente inocente, lo lógico sería que cambien la forma de verlo, pero no. ¿Cómo ves este tema?

Cukurs como aviador

 

R: El problema es que, tanto en Letonia como en otros países (sobre todo del del este europeo) mucha gente se ha tragado el cuento de que los alemanes llegaron para liberarlos del yugo de bolcheviques y judíos. Eso está presente aún hoy. Muchas personas predican eso: la alianza demoníaca entre comunistas y judíos. Para ellos, Cukurs trató de salvar a Letonia del comunismo, y para eso usó métodos poco ortodoxos (o sea, matar judíos). Ese veneno se expande hoy en varios países. Viktor Orban es un destacado diseminador de ese veneno. Hay embajadores europeos que hoy dicen, en diferentes partes del mundo, que los neonazis representan “una forma de pensar” y que el pensamiento es libre. Y ojo: en Uruguay también hay muchos admiradores de Hitler, muchos coleccionistas de esvásticas, muchos insultadores profesionales de judíos. Están ahí en las redes, pero no solo en las redes. Hay algunos partidos políticos que tienen en sus filas a viejos y nuevos filonazis. ¿Y qué hacemos los uruguayos? Poco y nada. 

P: Y eso es especialmente preocupante. Fernando…es muy fuerte el título del libro “Los que nunca olvidarán”. ¿Dudaste antes de elegirlo?

R: Ni un minuto. Es el nombre de fantasía que empleó el comando del Mosad para comunicar su acción. Ellos firmaron su comunicado como “Los que nunca olvidarán”. Me pareció muy representativo de todo el espíritu de esa historia, porque los miembros del comando eran en cierto sentido sobrevivientes del Holocausto. Yaakov era hijo único, y su padre y su madre fueron asesinados en los campos, él en Theresienstadt, ella en Auschwitz. Yaakov se salvó porque se había ido a Palestina en 1936… Era un adolecente…

P: ¿Hay en este título un juicio de valor?

R: Creo que olvidar la historia y sus lecciones es catastrófico. Y creo que esto que acabo de decir es un juicio de valor.

P: ¿Es bueno que algunas cosas no se olviden jamás?

R: Hay dos niveles. En lo individual, no olvidar nunca puede ser doloroso e intolerable. En el plano social, olvidar el pasado nos condena a repetirlo. Hay cosas que deben quedar grabadas en la piedra. Nunca más, es una de ellas. No hay que olvidar nada. Por eso escribo estas historias, para subrayarlas, para hacer algo contra el olvido. En estos meses, a propósito del aniversario número 75 del fin de la segunda guerra, una gran cantidad de estudiosos europeos han escrito acerca del conflicto y todos mencionan el Pacto Ribbentrop – Molotov. Pero casi nadie menciona el pacto de Múnich.  Hay que recordar el pacto Ribbentrop – Molotov, claro que sí. Eso no se puede olvidar. Pero no hay que olvidar el pacto de Múnich, los acuerdos de Múnich entre Gran Bretaña, Francia, la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini, que además fue anterior… Descuartizar la historia a mi conveniencia no es serio ni es bueno.    

Y después de escrito...

El escritor Fernando Butazzoni (Foto: Max Argibay para Random House)

 

P: Aparte de la descripción de los hechos históricos ¿dirías que el libro tiene un mensaje actual?

R: Soy enemigo de los “mensajes” en los libros. Creo que eso lo tiene que elaborar cada lector. La verdad siempre emerge, aunque tarde mucho tiempo en darse a conocer. Cukurs creyó que el mundo se había olvidado de sus crímenes y, ya ves, más de medio siglo después de su muerte seguimos hablando de esos crímenes.

P: ¿Pensaste cómo sería tomado el libro? ¿Te importa lo que dice el lector después de leerlo o tu responsabilidad termina al finalizar la escritura?

R: Claro que me importa. Cuando un lector me lee hay un contrato implícito de respeto y de consideración entre él y yo. Los libros se escriben una y otra vez, tantas veces como lectores tenga. Cada uno les pondrá determinado énfasis a los personajes, imaginará de determinada manera las acciones, sentirá de distinta forma cada palabra. Mi compromiso es brindarle a cada lector esa posibilidad: la de que sea libre para imaginar, sentir y pensar. 

P: ¿Ya estás pensando en un nuevo tema?

R. Estoy trabajando hace meses… Pero de eso nunca hablo.

P: Ya lo sé, pero no podía dejar de intentar. Gracias Fernando. Suena apasionante. A leerlo pues. Que sea con éxito.

R: Muchas gracias.

 

Ana Jerozolimski
(05 Julio 2020 , 12:29)

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