Ianai Silberstein

Ianai Silberstein

Nacido 1957, casado, dos hijos. Empresario. Licenciado en Literatura y Literatura Inglesa en la Universidad de Tel-Aviv en 1980. PDD en la Universidad de Montevideo en 1999. Participante de los Seminarios para líderes comunitarios del Shalom Hartman Institute en Jerusalém en los años 2009,2010,2011,2012, 2016, 2017, y 2018. Integrante del Consejo de la EIHU entre 1997 y 2006. Vicepresidente en 2003 y 2004. Miembro de la Comisión Directiva de la NCI 2003 a 2013. Presidente 2006 a 2009. Actualmente Vicepresidente 2º de la NCI. Creador del espacio radial “radiomaná” al aire entre 2004 y 2009. Creador del sitito web (hoy blog) TuMeser en línea desde 2009 a la fecha. Escritor. Charlista. Juez All-Rounder del Kennel Club Uruguayo.

Columna de opinión

Una respuesta a MiSinai 61

Hace ya muchos años que no confronto a nadie respecto de temas judíos. Por el contrario, me gusta pensar en la imagen acuñada por mi maestro el rabino Donniel  Hartman que habla de dar un “espacio para respirar”. Me gusta pensar que cada comunidad o sinagoga elige el lenguaje en el cuál sostendrán su propia conversación judía, y quiero suponer que contribuyo con la mía. Pero cuando me cruzo con algún texto que no sólo me resulta ajeno sino que me subestima, no puedo evitar confrontarlo.

No precisamos Netflix para sentirnos confrontados por las corrientes ortodoxas en su variedad. Cuando leí la entrega #61 de MiSinai, “La Buena Vida”, que Beit Jabad Uruguay distribuye y publica en Semanario Hebreo/Jai, me sentí confrontado. A días de comenzar Elul, tal vez sea buen momento para aclarar algunos tantos, no sea que algunos quieran creer que lo que firma Yossi Goldman es, como él lo plantea, una verdad casi obvia.

Empecemos por el final: “Por favor, no piense que soy presumido y condescendiente cuando hablo de esta forma sobre la superioridad del estilo de vida observante de la Torá.” “Si somos objetivos no podemos dejar de lado la evidencia tangible de que nuestra parashá tiene razón: que la forma de vida de D-os no es solo un camino al paraíso en el más allá, sino que es en sí mismo una bendición para nosotros aquí y ahora.” Resulta más que claro que, si no presumido, el autor es inequívocamente condescendiente; el mero uso de una palabra como “superioridad” en relación al vínculo con la Torá lo demuestra. Por otro lado, no existen “objetividad” ni “evidencia” cuando leemos el texto bíblico, porque la experiencia es siempre subjetiva. Si fuera “objetivo” y “evidente” no precisaríamos leerlo cada año.

No puedo discutir la alusión talmúdica acerca de que “la recompensa por las mitzvot no está en este mundo”, pero tal como yo lo entiendo, el Talmud es precisamente un ámbito de discusión e interpretación en el cual los Rabinos se preocuparon muy especialmente del bienestar físico y psíquico de sus congregantes, valores todos aplicables en ESTE mundo. Tampoco voy a discutir la traducción del pasaje que abre la parashá, porque en ese caso sería yo “presumido y “condescendiente”, pero sí debo señalar que esta versión sustituye dos verbos centrales, “ver” y “escuchar”, por “presentar” y “obedecer”. Si, tal como propongo en mi propia lectura de “Ree” (está en mi Facebook), ésta es acerca de empoderamiento, la lectura de MiSinai apunta inequívocamente al acatamiento.

Tal vez lo que más me rebeló cuando leí la publicación, como la leo cada semana (y muchas veces he encontrado conceptos complejos, profundamente desafiantes, y útiles), es el desarrollo del texto argumentando cómo una vida de mitzvot minimiza algunos de los “males” que aquejan a la humanidad (¿o debo decir, al pueblo judío? su teología me confunde), a saber: divorcios; crímenes violentos; males sociales. Asumo que el autor honestamente cree en lo que escribe, pero de ahí a llamarlo “evidente” hay un trecho. Precisamente, porque hay evidencias en contrario.

El casamiento judío y un eventual divorcio han engendrado la tragedia de las “agunot”, por citar un problema inherente al judaísmo. El propio autor concede el caso Yigal Amir como crimen violento, pero incurre en un dudoso humor cuando habla de un congregante que le pega al gabai porque no recibió los honores que creía merecer. La violencia verbal y física de grupos ortodoxos en mayor o menor grado la hemos visto, si no padecido, en repetidas oportunidades. Por no hablar de males sociales como la bebida, las drogas, el Sida (sí, incluye el Sida como mal social). Si las “evidencias” son las que maneja el texto, son bien pobres y flaco honor le hacen a un texto riquísimo y mayor como Parashat “Ree”.

Por todo esto me he visto en la necesidad de confrontar. No sé si estadísticamente el señor Goldman estáen lo cierto, pero sí creo que es presumido y condescendiente cuando subestima a buena parte de sus lectores. Pertenece a un movimiento que tiene miles si no millones de seguidores en todo el mundo, y a mí me consta (en mi acotada experiencia) que el respeto a cualquier judío en cualquier circunstancia prevalece por sobre el acatamiento a las mitzvot o “una vida de Torá” de acuerdo a los principios que su movimiento propugna. Esta suerte de reprimenda infantil que nos trajo MiSinai esta semana, precisamente cuando la Torá apela, desde la apertura misma de la parashá, a nuestro discernimiento adulto, sería divertida si no fuera que es ofensiva. 

El mensaje de la Torá se expresa, entre otros recursos, en sus mitzvot específicas, muchas de las cuales están incluidas en “Ree”, pero su grandeza es tal que excede la práctica puntual de las mitzvot. Los valores de la Torá son inherentes a la condición humana, y como judíos nuestro desafío es poner esos valores de relieve. Algunos lo hacen mediante mitzvot, otros mediante la conducta ética, otros especialmente ante momentos críticos. Pero la libertad de elección, valor central del judaísmo, está ahí, “a la vista”, como dice “Ree”. No precisamos admoniciones maestriles de nadie.

 

Ianai Silberstein
(18 de Agosto de 2020 a las 16:19)

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