Friedrich Perschak

Friedrich Perschak

Lector, muy lector.  Desde hace años participo de talleres de escritura y lectura.  Estudiar Tora me lleva de la mano a mi identidad judía. Desde que me acuerdo, he leído.  En un verano, cuando tenía 9 años, mi padre nos dio a mis hermanos y a mí, libros para leer en la hora de la siesta;  ese fue el verano de Stefan Zweig. Desde ese momento mi relación con la literatura nunca se rompió. Todos los libros son buenos para ser leídos, todo lo vivido para ser narrado y para ser visto en el cine. La comunicación literaria como mi forma de vida.

Columna de opinión

Obsolescencia

Aunque no lo creas, yo fui PUNK.

Con unos amigos nos preparábamos toda la semana para ir al cine. Donde ahora es la Trastienda, antes fue una iglesia pentecostal, pero antes había sido un supermercado y en 1987 era el  cine MIAMI. Ese cine tenía la costumbre de pasar en trasnoche dos películas fundamentales: “La naranja mecánica” y “Pink Floyd The Wall”. Así que nos poníamos unas muñequeras de cuero negras, hacíamos lo posible para que nos quedara el pelo parado y duro. Nos pintábamos los ojos de negro. En un ritual de iniciación quemamos nuestros vaqueros nevados. Como si fuéramos grandes,comprábamos cigarros Marlboro y rellenábamos las cajillas usadas, así cada uno de nosotros teníamos nuestra porción de vicio. Jamás conseguimos los mentolados. 

Yo, después  de la siesta tomaba la leche, casi siempre venían Marta y Javier y nos juntábamos en la mesa de la cocina a merendar. Café con leche, galletitas caseras que hacia mi madre con mermelada, tostadas y a veces bizcochos de la panadería Aguavivas. Luego comenzaba el rito de purificación y santificación: nos íbamos para arriba a pintar los pantalones, ver como podíamos disimular los granos de la cara y tratar de parecer lo más pálidos posible. Escuchábamos a The Cure, LedZeppelin y repasábamos e idolatrábamos a Pink Floyd. Hasta que por fin vestidos de negro bajábamos a despedirnos de mis padres que siempre decían lo mismo; “no vuelvas tarde, no seas vos el primero que comienza el lio, ¿llevas cédula? y acompaña a Marta a su casa”.  Muy góticos fuimos durante 17 fines de semana consecutivos, a ver esas dos películas desde las 12 a las 5 de la madrugada. 

Un combo explosivo.

Cuando terminábamos de verlas, teníamos los ojos vidriosos, mucha sed; habíamos estado horas cantando, gritando, bailando e imaginando; ganas de mear, pero como nos daba asco el baño de cine aguantábamos hasta que en la calle lo hacíamos en un árbol. A Marta le hacíamos carpita, nos dábamos vuelta y ella hacía. Nos dolía el cuerpo, estábamos cansados pero eufóricos, salíamos en fila capaces de todo. Creímos ser la generación que por fin cambiaría  el mundo.

Prometíamos que para el próximo sábado volveríamos con las cejas cortadas y preparados para romper la pared.

No nos animamos.

Estudiamos, los 5 fuimos a la universidad, empezamos a dejar el negro como color favorito de vestimenta, yo nunca más fumé. Trabajamos.Decidimos que 17 veces era suficiente. Algunos se casaron y otros nos animamos a vivir un poco distinto a nuestros padres.

Viví muchos años pensando que era como de los de  Pink Floyd, idealista, del lado correcto de la historia,  preocupado por todo, me enojaban todas las injusticias; soñador y comprometido en todas las causas. Hubiera dado todo por haber podido estar en Berlín cuando cayó el muro. Estudié medicina y viajé varias veces a Bolivia y a Perú a vivir en aldeas indígenas.En Israel traté a víctimas de los atentados terroristas. Hice lo que pude y creí correcto.

Los cinco nos reunimos cada vez menos. Nos pasó la vida a todos. Pero en cada saludo de fin de año, en cada feliz cumpleaños que nos escribimos alguna referencia hacemos a nuestras 17 veces. 

Pero hace unos años cuando vino en su avión privado por fin a Montevideo, Roger Waters, como único integrante de nuestro grupo preferido lo fuimos a ver tocar a la Trastienda. No fue lo mismo que antes. Lo vi viejo, mentiroso, equivocado. Opinando de lo que no podía saber: de Uruguay, de Israel y de Palestina. Del consumismo y del medio ambiente. Sentí que seguía repitiendo el mismo discurso desde  hace cuarenta años, se olvidó de abrir la puerta y salir a la calle para darse cuenta que el mundo había cambiado. 

Había perdido la oportunidad de seguir siendo mi referente….

 

 

Friedrich Perschak
(30 de Noviembre de 2020 a las 09:32)

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