Entrevistas

¿Sabías que el Director General de la Kneset, Samy Bakalach, nació en Uruguay?

“La Kneset es la casa del pueblo. Y aquí  siento que estoy cumpliendo una misión”

Encontrar uruguayos destacados en distintas áreas en Israel, siempre es motivo de alegría. Lo que nunca imaginamos es que habría un uruguayo en el puesto de Director General de la Kneset. Samy Bakalach (60), nacido en Uruguay, que vivió en Punta Gorda, Montevideo y emigró a Israel con su familia cuando tenía 9 años, llegó al cargo tras una larga trayectoria como Director y Administrador de grandes empresas en el sector público y privado, de consultorías políticas a alto nivel. Y aunque confiesa que la última vez que había visitado la Kneset en Jerusalem había sido cuando estaba en 5° de escuela, no puede deslindar el trabajo que realiza de la emoción que éste le genera.

Pero mejor, nos lo cuenta él.

 

Foto: Ariel Jerozolimski

 

P: Samy, quisiera comenzar por el principio, por tu historia familiar, que no empezó en Uruguay sino en Polonia y la Palestina del Mandato Británico.

R: Así es. Te cuento que mi abuelo materno, Simon Bruck, deportista destacado como luchador libre en su Polonia natal, había viajado en algún momento antes del 1° de setiembre de 1939 fuera del país en el marco de una delegación, al parecer a una competencia. El estallido de la Segunda Guerra Mundial lo sorprendió en el exterior, en un sitio en el que no había control nazi. Logró entrar de regreso a Polonia burlando los controles nazis, encontró a Ana Pakciar, su prometida, mi abuela, escondida. Increíblemente consiguieron huir del país y llegar finalmente a Uruguay. Casi  todo el resto de la familia murió en la Shoá. 

Mis abuelos llegaron al puerto de Montevideo y allí también consiguieron en determinado momento instalar un negocio.En el piso de arriba funcionaba una juguetería y abajo, mi abuelo hacía colchones. Era un producto de alta calidad. Todos los marinos iban a comprarle a él. Fueron haciéndose un lugar y así criaron a dos hijas. Una de ellas, era mi mamá llamada Josefa y conocida como Pepita. 

P: Entiendo que parte de la familia se había instalado ya antes en la Palestina del Mandato Británico.

R: Exacto. Ante todo, un hermano de mi abuelo materno se había ido ya antes a la tierra de Israel. Pero además, del lado de mi padre,  Jacobo Bakalach, varias generaciones ya vivían en Israel y eran una familia muy conocida en Hod Hasharon y Tel Aviv. Originalmente eran de Varsia ,Polonia. Mi abuelo, Boris Bakalarz,  era activo en el Beitar y el propio Jabotinsky lo mandó a Montevideo para abrir una sucursal del Beitar. Su hijo, mi padre, tenía 1 año cuando partieron a Sudamérica.  Así que de hecho mi padre creció en Uruguay y fue clave en Beitar. En casa habia cartas de Begin y Jabotinsky que fueron entregadas al Museo de Jabotinsky en Tel Aviv . Cuando Begin estuvo en Uruguay, fue a la casa de mis abuelos. Y en 1969 vinimos con mis padres a Israel.

 

Recordando a Uruguay

Uruguay, presente también en Jerusalem (Foto: Ariel Jerozolimski)

 

P: ¿Qué recuerdas de Uruguay? 

R: Nos fuimos cuando era chico, pero estuve dos veces. También tengo cédula y pasaporte de Uruguay, aunque ahora ya no están vigentes. No sé si puedo hablar claramente de recuerdos de niño, pero sí puedo decir que de todos los lugares en los que estuve en el mundo, Uruguay es el único en el que sentí algo diferente. No sé cómo llamarlo…fue como algo que venía de adentro. En Uruguay hay algo que tranquiliza, como cuando uno está en casa, en su hogar.

P: ¿Se mantiene algo de Uruguay en tu vida hoy?

R: En la comida, el dulce de leche, la carne de los asados…son sabores irrepetibles en ningún otro lado. Pero más allá de eso que es un tanto pintoresco, puedo decir que lo que oí siempre en mi casa es que Uruguay era un hogar  cálido para los judíos. Allí los judíos no tenían que temer. Uruguay es un lugar en el que se siente seguridad, tranquilidad, de judaísmo seguro. Claro que también vi allí jóvenes revolucionarios  con todo tipo de ideas. Estuve varias veces. La última fue hace unos 8 años.

P: ¿Cuándo fue tu primera visita a Uruguay?

R: Cuando terminé el servicio militar obligatorio. Hace muchos años. Y ya entonces tuve esa sensación especial, distinta de cualquier otro lado. No sé si diría como de estar en casa pero sí distinto de todos los otros lugares que visité. También de otros lugares en Sudamérica. Me encantó la tranquilidad, la calma. Uruguay recibe bien. Da sensación de hogar. Me hizo acordar la sensación que uno tiene después de estar dos semanas en el exterior y toma un avión de El Al para  volver a Israel. Ahí uno ya se siente en casa. Si toma otra compañía, no. Eso sentí en Uruguay.

P:Llegaste de niño a Israel, pero alcanzaste  a ir a la escuela en Uruguay. ¿Recuerdas dónde?

R: Sí. Claro. Estudié en la escuela primaria en Punta Gorda- Escuela N° 81. Creo que pasé más tiempo en penitencia que estudiando.Es que era muy travieso, hiperactivo. Recuerdo que teníamos una casa en Las Toscas, como casa de fin de semana. Muchas cosas que uno recuerda de niño, son muy distintas al verlas de adulto. Yo recordaba  que iba a pescar al lago, pero era un jardín púbico, una especie de placita chiquita  donde había canales de agua y algunos peces. Iba a pescar con un frasco y un hilo y un poco de pan.

Samy, en el medio, en el jardín de la casa de Punta Gorda, con sus hermanas, sus padres y sus abuelos

 

P: ¿Qué otros recuerdos tienes del barrio?

R: Teníamos un vecino de avanzada edad que no tenía hijos. Yo pasaba mucho con él, y cuando mi padre me preguntaba adónde voy, yo decía que voy a tomar algo al bar con mi amigo.Y fueron una vez a ver con quién pasó mis tardes. Yo tenía 5 ó 6 años y él tenía 65 ó 70. Me llevaba con él al bar, donde se encontraba con sus amigos. Ellos tomaban whisky y para Samy pedían Coca Cola.

P: ¿Cuál era su historia?

R: Se había escapado de Europa, pero no era judío. Era una persona solitaria, no tenía esposa ni hijos. Se llamaba Tito. Lo recuerdo muy bien.

P: ¿Cómo fue reencontrarte con tu barrio?

R: Muy emocionante. Fuimos tres familias, también con las familias de mis hermanas. En la escuela del barrio fue todo un tema .La directora salió a recibirnos y nos presentó como si hubiéramos llegado de Marte---o de Israel.

 

La nueva etapa: Israel

P: ¿Cómo fue el proceso de inserción en Israel?

R: Al llegar a Israel estuvimos primero en un centro de absorción en Beer Sheba y luego nos instalamos en Bat Yam.Mi papá consiguió trabajo como chofer, transportaba obreros  al trabajo en la construcción de bases. Casi hasta el fin de sus días no supo hebreo, muy parcialmente. Mis abuelos maternos finalmente también vinieron, unos 10 años más tarde,y vivían cerca nuestro. Tuve una niñez creo yo bastante propia de nuevos inmigrantes de aquel entonces. Dificultades de idioma, apremios económicos, mis padres empezaron totalmente de cero. 

P: Me imagino que no se puede señalar un momento puntual ¿pero recuerdas cuándo comenzaste a sentirte israelí?

R: Mi carácter travieso ayudó en eso. Traté de ser un niño israelí o de parecerme a un israelí. Me conecté muy bien con los niños en Bat Yam con el fútbol, con la camiseta de Peñarol, y era el golero del equipo del barrio.

P: Los niños israelíes sabían qué había sido Maracaná?

R: Sí, claro, conocían, sabían que Uruguay había sido campeón del mundo.

P: Y podías decir “yo vengo de allí”.

R: Por supuesto. Pero no sólo eso sino que tenía la ropa de Peñarol. Era una conexión muy fuerte. 

 

 

Carrera profesional

P: ¿Qué camino recorriste hasta que llegaste a la Kneset?

R: Mi primer título fue en Administración de Empresas en la Universidad de Bar Ilan, con especialización en Finanzas  y el otro en Economía y Contabilidad en la Universidad de Tel Aviv. La verdad es que tengo una trayectoria bastante grande en cargos de dirección en diversas empresas públicas, privadas, industriales, de servicios, de todo tipo.

P: Y desde un punto de vista profesional, a pesar de las polémicas que envuelven a la Kneset, el Parlamento de Israel ¿es profesionalmente  una especie de cúspide? Más allá de discrepancias, es un gran símbolo del Estado de Israel.

R: Quisiera explicártelo de modo informal. Yo había estado en la Kneset de niño, en un paseo de la escuela. Claro que en el liceo se estudia sobre la Kneset, la democracia, el papel de la Kneset en la división de poderes, su importancia, todo eso que aprendimos técnicamente. Pero como adulto no tomé conciencia a fondo sobre el significado de la Kneset. Me dediqué a dirigir grandes empresas y asociaciones, fui conferencista en dos colegios universitarios, asesoré a autoridades municipales y empresas púbicas, realmente un marco muy variado, sumamente interesante y con mucho contenido.

Mi abuelo era de Betar, también mi padre. Pero yo nunca fui miembro de ningún partido, tengo ideas de derecha…

P: Siempre aclaro que los términos derecha e izquierda son muy distintos en Israel que en Sudamérica. En Israel se refieren más que nada al encare del conflicto israelo palestino. Es importante aclararlo. 

R: Así es.  Como te decía, nunca activé en ningún partido, estuve siempre ocupado en negocios y la dirección y administración de empresas, dedicado a mi trabajo. En uno de mis puestos, fui director de una empresa gubernamental en el campo del turismo. La compañía tenía un serio problema de dirección y como yo estaba en el grupo más conocido de directores, el entonces Ministro de Finanzas Moshe Kahlon , a quien yo no conocía personalmente, me recomendó para hacerme cargo de esa dirección. El entonces Ministro de Turismo, que es el actual Presidente de la Kneset, me entrevistó a mí y entrevistó a otros candidatos. Esa fue la primera vez que me encontré con él, Yariv Levin.

 

P: Entiendo …Así se conocieron, vio tu desempeño en esa empresa, quedó muy satisfecho y como el cargo de Director General de la Kneset es un cargo de confianza, te llamó a ti.

R: Así es. Aquella empresa gubernamental en el campo del turismo, que estaba por ser desmantelada, pasó a ser una empresa muy importante que hace hoy proyectos por cientos de millones de shekel ..

P: Y tú puedes decir modestamente “yo aporté, yo ayudé a lograr eso”.

R: Puede ser. La segunda vez que vi a Yariv Levin fue en el marco de una reunión de directiva, no mucho más. Pasaron dos años desde que terminé mi cargo en aquella empresa y un día uno de sus asesores me preguntó si yo estaría dispuesto a tomar un café con él. Me imaginé que se trataba de algún otro cargo en una empresa.Confieso que esos días yo todavía no tenía claro que Yariv Levin había sido elegido como Presidente de la Kneset. En ese encuentro, su asesor me propuso ser el Director General de la Kneset, me dijo que le interesaría mucho que yo desempeñe ese cargo por varias razones. Una de ellas era el desafío especial que suponía para la Kneset tener que lidiar con la pandemia del Coronavirus. Y además, buscaba alguien absolutamente profesional para dirigir. Y combinamos un encuentro con Yariv Levin.

Yariv Levin. Presidente de la Kneset (Foto: Kneset)

 

 

Esto no es un trabajo  más

P: Además del desafío profesional ¿una propuesta así hace temblar de emoción a quien viene de una familia sionista? Hay un gran simbolismo de fondo.

R: Por supuesto. Hasta ese momento yo estaba muy ocupado con mi carrera, mi familia, y hasta diría que no me había percatado de esa dimensión que sí existía en mí, pero quizás no en la superficie. Una noche me convocaron a un encuentro personal con Yariv Levin. Llegué a la Kneset y sentí algo distinto, que no había sentido nunca.

P: Un hito en tu vida.

R: Como subirme a un avión de El Al, como lo que se siente al volver a Israel o como lo que se siente al viajar a Uruguay. Algo distinto de todo lo demás. Sentí que cambiaba el ritmo de mi pulso. Y te diré que yo no soy de emocionarme fácilmente. Pero aquí sentí una especie de temblor.

P: Hasta la entrada a la Kneset y verla de lejos, impacta.

R: Recuerdo que llegué temprano, antes de tiempo, como siempre. Y recuerdo que entrar por la explanada principal de arriba y mirar el edificio de la Kneset  con las banderas, me tocó algo adentro. Inspiraba respeto, sabía que eso había tenido un gran significado para la creación de Israel y su democracia, que es algo que nos trasciende, que es más que nosotros, está por sobre nosotros. Y cuando entré, bajé a la zona conducente a la oficina del Presidente de la Kneset, y sentí que el lugar mismo irradiaba una dignidad que emociona. Las banderas de Israel, las fotos de todos los presidentes anteriores, de quienes construyeron el país, todo inspiraban cosas que no son de todos los días. Creo que la última vez que había estado aquí había sido en 5° de escuela. Nunca más. Y sentí que me habían ofrecido una misión. Es eso. El Presidente de la Kneset me ofreció formalmente el puesto y no pude decir que no. Ya había estado temblando de emoción, así que claro que dije que seguro acepto el cargo. Cuando volví al coche, me llevó unos minutos recuperar el ritmo normal de mi respiración. Sabía que analizando con enfoque realista de contador, tenía sentido preguntarme si había tomado la decisión  correcta sino todo lo contrario.

P: En el sector privado se gana más.

R: Sin duda alguna. Yo renuncié, diré con modestia, a aproximadamente el 60% de mis ingresos, para aceptar este puesto en la Kneset. Es que se me aclaró de inmediato que desde el momento que yo acepte el cargo y sea aprobado por la Comisión de Finanzas, tengo que dimitir en el plazo de una semana de todos los cargos que tenía, cerrar cualquier negocio particular, todo. Económicamente, no es lo correcto.

P: Pero la vida no es solamente el dinero.

R: Por supuesto. La vida no es sólo dinero. Creo que cerré varios círculos familiares en mi vida y que este era el mejor regalo que puede recibir un hombre pocas semanas antes de cumplir 60 años.  Un regalo significativo. 

Foto: Ariel Jerozolimski

 

¿En qué consiste el trabajo?

P: ¿Qué hace el Director General de la Kneset?

R: Se ocupa sin duda de muchas cosas. De garantizar que en la oficina de cada diputado haya lo necesario, incluyendo el jabón, hasta cerciorarme de que se preserve la democracia también cuando hay 12 diputados en cuarentena a los que hay que traer a las votaciones de modo que no violen las reglas de cuidado en la pandemia, o sea todo un desafío logístico. Distinto de todo lo que había hecho.

P: Seguramente incluye cosas que nadie imagina

R: Estoy seguro…Hay que ocuparse de las condiciones de los perros guardianes que participan en las patrullas de seguridad, de temas del medio ambiente, de todo. Yo hasta diría que es logísticamente como un mini Estado. La política la determina el Presidente de la Kneset. Pero hay que dirigirlo y hacer posible que funcione 24 horas al día, 7 días a la semana, porque esa es la democracia.

P: ¿En qué medida tu capacidad administrative y directive y la carga emocional que trajiste contigo a tu cargo, inciden en la realización del trabajo?

R:La Kneset es una combinación de ideas y partidos, la casa de todos. Y nosotros debemos representar a todos sin distinción religiosa,política, de ningún tipo. Esta casa debe funcionar constantemente para todos, para todos los credos y las ideas, de un extremo a otro. Ese es el desafío. Los reglamentos se escriben y se cambiar de acuerdo a situaciones que surgen, de acuerdo a la ley y a lo que determinan las comisiones parlamentarias, según el tema. El trabajo es muy dinámico, en gran medida ahora por el desafío que supone la pandemia. Acá todo tiene que funcionar como si no pasara nada, tiene que haber electricidad aunque haya apagón, agua aunque haya corte de suministro . Hay muchos mecanismos de seguridad, todo es muy complejo. Y cuando entra en el medio la política, se torna más complejo aún.

P: ¿El trabajo requiere necesariamente contacto directo constante con los legisladores?

 

Samy en el plenario de la Kneset (Foto: Ariel Jerozolimski)

 

R: Claro, tengo que estar en contacto con los legisladores, ya que administrar la Kneset es proporcionar las herramientas que permitan a los diputados cumplir con su trabajo. Las herramientas son variadas, se refieren a cómo hacer posible que se lleve a cabo el trabajo de las comisiones, cómo recibir información de investigación seria para legislar en tiempos de Coronavirus, temas de personal, de los materiales necesarios,de cómo poder sentarse en una sala 10 personas para un debate en tiempos de pandemia. Recurrí a técnicas determinadas para que se lo pueda concretar sin riesgos. Por dar un ejemplo, la noche antes de la votación sobre la postergación de la ley de presupuesto, estuvimos hasta las 5.30 de la madrugada. Había  todo tipo de problemas logísticos y vine especialmente de mi casa en Raanana para terminar de resolver todo. Cuando terminamos con eso pensé irme a casa a descansar un poco hasta la reunión del plenario, pero ahí se confirmó que una diputada de Kajol Lavan había dado positivo al Coronavirus.

P: La Ministra Pnina Tamano-Shata…

R: Así es…Dos días antes había pasado kabalat shabat en Kfar Hamacabia, así que al confirmarse que ella se había contagiado, otros 12 diputados tuvieron que ir a cuarentena.¿Cómo se lidia con una situación en la que 12 diputados, cuyo voto evidentemente puede cambiar mucho, no pueden votar, justo antes de una ley tan significativa para la actividad de la Kneset? Así que desde las 5.30 de la madrugada, cuando pensé que había terminado, hasta dos horas antes de la votación en el plenario, estuvimos construyendo compartimientos aislados en la parte superior , ocupándonos de conseguir  coches protegidos, que sean manejados por choferes que estén totalmente protegidos, organizando que puedan entrar por algún lado donde no pongan en peligro a otros funcionarios. Te diré que en la Kneset, mover el lugar en el que se vota es casi como mover el Arón Hakódesh. Es todo muy estricto, supeditado a opiniones jurídicas, de opiniones de la secretaría de la Kneset, a temas de sistemas informativos, de seguridad de la información. Sería demasiado largo dar todos los detalles, pero es sólo un ejemplo para comprender cómo algo supuestamente sencillo requiere una logística tal. Hay que estar en contacto con los diputados, saber quién puede venir y quién no, cómo se siente cada uno, en qué condiciones hay que tratar a cada uno, por ejemplo si hay un diputado lisiado que precisa un auto especial, y mucho más.

P: Hay una diputada en silla de ruedas, Karin Elharar de Yesh Atid.

R: Así es. Y hay otro diputado que tiene serios problemas de vista, casi no ve. Hay que saber todo y adaptarse.

P: ¿Conoces a los 120 diputados?

R: A la enorme mayoría. No olvides que estoy aquí hace pocos meses.  He tratado de reunirme con todos en forma personal.  No sé si esa era necesariamente la costumbre pero consideré que es lo mejor.  Yo estudio cada tema muy a fondo. Conozco muy bien el edificio, lo recorro todos los días, conozco todas las funciones que existen aquí y entablo contacto personal. Si alguno de los funcionarios pierde a un ser querido, voy a a dar el pésame. He ido a casas de diputados de todos los partidos, de todas las religiones e ideas políticas. 

P: ¿Cuántos funcionarios tiene la Kneset, aparte de los legisladores?

R: Cerca de 800 que son parte del plantel fijo y formal de la Kneset. Este número no incluye tampoco a los asistentes de los legisladores, que pueden ser 1 por diputado o hasta 4.Depende de si es jefe de una comisión, si es ministro, eso cambia. 

 

Entre la television y la realidad

P: Samy, tú describiste antes cómo te sentiste cuando entraste a la Kneset hace unos meses a ese encuentro con el Presidente Yariv Levin. Y te entendí perfectamente porque Israel es el hogar nacional del pueblo judío y la Kneset es uno de sus símbolos. Pero en los últimos meses o quizás ya más, hay una sensación de crisis de confianza que creo cruza líneas partidarias de lo que aquí se llama izquierda o derecha. ¿Lo sientes también en la Kneset?

R: El diálogo en el seno del pueblo es un espejo de la casa del pueblo. Claro que también aquí hay discrepancias, a veces más agudas y a veces menos. Claro que se lucha contra otras cosas, no sólo contra la pandemia. La división interna dificulta la lucha. No quiero entrar a los sentimientos y opiniones políticas de cada uno, porque no estoy en ese punto.

P: Tampoco es mi intención. No corresponde en tu puesto.

R: Así es. Yo me aboco a mi trabajo y te diré que siempre llego temprano, antes de las 8 y me voy tarde, muchas veces ni me di cuenta que no comí en todo el día. El día se me va volando por lo interesante del trabajo y la sensación de misión que me acompaña.

P: El tiempo te vuela.

R: Exactamente. Mis secretarias me persiguen con el almuerzo. No soy delgado, pero la verdad es que muchas veces no alcanzo a comer. Te lo comento porque estoy ocupado continuamente, abocado a esto, pero sí, veo la fractura interna, veo las manifestaciones afuera, es difícil no verlas. Pero no estoy adentro de eso. 

P: Tú no puedes entrar a la polémica política ¿pero puedes entender a los ciudadanos que ven hoy a la Kneset de otra forma, con menos respeto que antes?

R: No, la verdad que no. O sea, no creo que la gente vea a la gente como algo distinto de antes. La Kneset como tal  es una combinación de ideas políticas diversas, es la casa del pueblo, no es el gobierno. No la coalición y no es la oposición. Es la casa del pueblo todo. Así que si bien no estoy acá hace mucho, de acuerdo a lo que converso con gente que sí está en la Kneset hace añares, siempre hubo discusiones y siempre hubo ideas opuestas. Esa es la esencia de la Kneset. Y yo no me puedo identificar con unas u otras.

P: En tu cargo, te refieres seguramente. Como ciudadano, claro está que votas….es otra cosa.

R: Por supuesto. Mi opinión personal es otra cosa. Yo vengo, eso sí, de un hogar sionista de ideas de derecha como dijimos antes, pero no mezclo el trasfondo familiar con temas de trabajo .Y te diré que he hecho aquí amistades de muy diversos puntos del espectro político israelí.

 

P: Y seguramente en la vida diaria de la Kneset los vínculos que se entablan entre los propios diputados son muy distintos de lo que puede pensarse al verse los debates y discusiones en el plenario.

R: Sin duda alguna.Es tan así que uno de los temas que más me sorprendió al llegar a mi trabajo en la Kneset, fue la diferencia entre lo que veía en la pantalla de televisión en los noticieros y lo que veo aquí en el día a día.

 

P: Eso es muy interesante. E importante de contar.

R: Cuando tenía tiempo de mirar las noticias, veía debates enardecidos, discusiones agresivas entre diputados de distintas posturas políticas, enfrentamientos que me parecía no eran dignos de la Kneset. Así lo veía como espectador desde afuera. Pensé que la sensación que daban era que cada uno necesitaba un guardaespaldas porque otro querrá atacarle. Pero aquí adentro se ve el significado real de la Kneset, que da a cada uno la posibilidad de expresar sus ideas en el parlamento que incluye todo tipo de ideas y posturas. Detrás de esas posturas a veces expresadas con mucha energía y en forma acalorada, hay una persona. Y es muy común ver a dos legisladores enfrentados seriamente en el plenario, tomando juntos un café o comiendo juntos y hasta mostrando uno al otro fotos de los hijos y nietos, riéndose y estrechándose la mano.

P: Derecha, izquierda, religiosos, laicos, judíos y árabes.

R: Por supuesto. Todos. En la casa del pueblo. Así como en la universidad todos estudian juntos, distintas comunidades, distintos credos, en la Kneset, aunque cada uno representa a su partido, se puede convivir en medio de las discrepancias. 

P: Y en esta Kneset hay varios diputados que nos llevan a categorías de “por primera vez”. Por primera vez una legisladora que lleva hijab, musulmana religiosa, Iman Khatib-Yasin. Y también por primera vez una diputada ultraortodoxa, o sea del sector haredi, Tehila Fridman.

R: Es bueno que das justo esos ejemplos, porque precisamente cuando la diputada haredi Tehila Fridman pronunció su primer discurso en el plenario, la primera en levantarse a saludarla y felicitarla fue la diputada que lleva hijab. Tenías que verlas , una hermosa escena.También lo vi cuando un diputado haredi, no recuerdo si era de Yahadut Hatorá o de Shas, terminó su discurso inaugural, numerosos diputados de variados partidos se levantaron a saludarlo. Es la casa del pueblo.

P: Samy, usas este término, la casa del pueblo, con un respeto especial, casi como si estuvieras hablando de algo sagrado ¿verdad?

R: Es cierto.  Es que precisamente por eso siento que estoy cumpliendo una misión. Me enorgullece mucho sentir que esta misión deriva de hecho del hogar en el que crecí. Es que solamente una vez en varias generaciones  puede darse una oportunidad así. Y siento que represento a todos, y que debo hacer mi trabajo, sí, con ese profundo respeto.

 Puedo decirte que lo que se ve desde afuera no necesariamente es la verdad.

P: O no toda la verdad…

R: Yo te pudo asegurar que no he visto en la Kneset ningún caso de algo que se haga para dañar, resoluciones que se tomen para perjudicar a otros. Un tema del que se habla mucho en la opinión pública hace tiempo, es el de la  creciente violencia en el seno de la ciudadanía árabe. Tienes que ver a diputados de Yahadut HaTora y de Shas, también del Likud, presentando propuestas de ley sobre ese tema. Esto cruza líneas partidarias. Se trabaja en serio. Creo que de base, todos los diputados que están aquí quieren  hacer bien a la ciudadanía, más allá de sus propias posturas partidarias. Y cuando hay propuestas de ley, no es en el aire,  hay previamente un trabajo serio de investigación. Que se aproveche la política para objetivos puntuales, yo personalmente no lo he visto mucho, no es esa mi impresión.

P: Bueno, recordemos que la Kneset es una institución política. 

R: Por supuesto, eso es otra cosa. Pero eso no tiene nada que ver con mi trabajo. Tengo que administrar la Kneset en forma igualitaria para todos.

P: Muchas gracias Samy.

R: A ti.

Ana Jerozolimski
(30 Noviembre 2020 , 20:49)

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