Rabino Eliezer Shemtov

Rabino Eliezer Shemtov

Nacido en 1961 en Brooklyn, NY, recibió su título de Rabino de United Lubavitcher Yeshivoth en 1984. En octubre de ese mismo año se casó con Rachel Chitrik. Pocos meses después (en febrero de 1985), a pedido de la Comunidad Israelita del Uruguay, el matrimonio fue enviado al Uruguay por el Rebe de Lubavitch - que su mérito nos proteja - para fundar el Beit Jabad en ese país y dirigir sus actividades educativas, culturales y sociales. Es Director General del Jabad Uruguay, conferencista y autor de numerosos artículos, principalmente sobre temas del judaísmo en la actualidad. Sus artículos y entrevistas han aparecido en medios comunitarios, nacionales e internacionales. 

Columna de opinión

Editorial KESHER 74: no hace falta bailar solo

Seguimos viviendo historia. Nunca hubo tanta incertidumbre ni —paradójicamente— tanta oportunidad.

Meses antes de Rosh Hashaná empezamos a planificar. ¿Dónde realizaremos los servicios de Rosh Hashaná y Iom Kipur, sin exponer a la gente a los riesgos de Covid-19? Pocos días antes de Rosh Hashaná decidimos aprovechar el terreno de Jabad en Ellauri y Guayaquí para realizar los servicios bajo techo y al aire libre. Pudimos cumplir al pie de la letra con las exigencias tanto de la ley Divina como de la terrenal. Además se organizó el toque de Shofar en muchas plazas de Montevideo. Más de mil personas (!) escucharon el Shofar en los eventos de Rosh Hashaná que organizó Jabad este año. Iom Kipur superó todas las expectativas como también Sucot y en especial por la reintroducción de la Sucá-Móvil que visitó muchas plazas en Montevideo en un horario preanunciado para que todos pudieran cumplir con las Mitzvot de las Cuatro Especies y la Sucá.  

Otra novedad de este año de pandemia fue la realización de los servicios de Rosh Hashaná y Iom Kipur en Punta del Este. Respetando los protocolos, pudimos ofrecer la oportunidad a quien así lo deseaba de participar de los servicios. También se realizó el toque de Shofar en la Plaza de la Bandera ante un público muy nutrido y agradecido. Desde entonces hay Minián cada viernes de noche y cada sábado de mañana. 

Nos consta que otras comunidades también supieron transformar las amenazas de la pandemia en desafíos y oportunidades logrando más de lo que hubiesen logrado en tiempos “normales”.

Es todo una cuestión de perspectiva.

Después de Simjat Torá llamé a un amigo para ver cómo le fue, ya que pasó las fiestas encerrado en su casa, sin poder salir. “Fue muy difícil,” me dijo. “Es difícil bailar solo”. 

“¿Por qué tuvo que bailar solo?” pregunté.

“¿Con quién iba a bailar?” 

“¡Con usted mismo!”

Muchos nos estamos replanteando nuestros valores y prioridades. Las definiciones de “real” y “virtual” no son las mismas que antes. La gran incógnita es: cuando termine este desafío, ¿saldremos mejores? 

Depende de cada uno de nosotros. Si logramos una mayor claridad en cuanto a lo que es permanente y duradero y lo que es nada más que circunstancial y pasajero, sin duda estaremos más sanos, felices y mejores personas.

¿Por qué a mi amigo le pareció que estaba bailando solo en Simjat Torá y le costó bailar “consigo mismo”?

Quizás porque no entendió bien la dinámica del baile de Simjat Torá. 

Suele suceder que uno va a bailar para alegrarse y divertirse —léase: distraerse— y no porque ya está alegre y quiere expresar esa alegría.

La alegría expresada por el baile de Simjat Torá —y los bailes jasídicos en general— fluye en la dirección opuesta, de adentro hacia afuera. Cuando uno se concientiza de lo afortunado que es —por la razón que sea—  no necesita a nadie para ponerse a bailar. ¿Qué pasa si viene Simjat Torá y uno no está consciente de lo que representa y lo afortunado que es al punto de estallar en baile? Tiene que “bailar consigo mismo”; tiene que conectar su consciente con su inconsciente hasta el punto que entren en sintonía y estalle en baile.

El padre del Rebe, Rabí Levi Itzjak Schneerson, zéjer tzadik librajá, fue exiliado por los rusos a la profundidad de Kazajstán como castigo por su trabajo en pos del judaísmo en la Unión Soviética. Ni podemos imaginarnos la soledad de ese gran sabio aislado de su comunidad y de una vida judía plena. Lo único que tenía además de la compañía de su esposa, Rebetzín Jana, quien con gran sacrificio lo acompañó en ese lugar desierto, fueron unos libros de Torá, Zohar y Tania que ella le llevó. No tenía ni pluma ni tinta para escribir. No podemos ni imaginar su sufrimiento, siendo un escritor prolífico, al no poder expresar el flujo constante de ideas. Su esposa aprendió a confeccionar tinta de hierbas, flores y frutas autóctonas y con eso pudo expresar sus ideas en forma muy críptica en los márgenes de los libros, ya que el papel escaseaba. Cuando llegó la noche de Simjat Torá Rabí Leví Itzjak pasó toda la noche bailando con dichos libros con una alegría que daba de entender que se encontraba en otro mundo.


Es una característica muy presente en el jasidismo. 


Mi tío abuelo, Rabino Mendel Futerfas, A”H, disfrutó del “hospedaje” en Siberia durante varios años como consecuencia de sus actividades que ayudaron a salvar a muchas familias de la opresión soviética.


Hay muchas historias pintorescas con profundas moralejas que compartió luego de ser liberado. Comparto aquí una de ellas.


Reb Mendel siempre estaba de buen ánimo, a diferencia de los demás reclusos. No podían entender cómo era que nunca se deprimía.


“Es muy sencillo,” dijo. “Uds. ¿por qué se deprimen? Porque al venir aquí vieron frustrados sus proyectos de vida. No pueden formar una familia, no pueden desarrollar sus negocios, no pueden hacer política, no pueden estudiar, no pueden enseñar… Mi proyecto de vida no se frustró aquí, ya que mi proyecto de vida es servir a Di-s, y lo puedo hacer en cualquier lugar que Él me ponga, inclusive aquí….”


La situación que nos toca vivir a todos no se compara con las dos situaciones que mencioné. Sin duda podemos aprender de su ejemplo para no sentir que estamos bailando solos, sino aprender a conectarnos con una parte más profunda y amplia y ahí nos daremos cuenta —además— que nunca estamos solos. 


Las vacaciones que nos vienen ahora son una buena oportunidad para respirar hondo, reflexionar y recalibrarnos.  

 

Rabino Eliezer Shemtov
(9 de Diciembre de 2020 a las 08:09)

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