Friedrich Perschak

Friedrich Perschak

Lector, muy lector.  Desde hace años participo de talleres de escritura y lectura.  Estudiar Tora me lleva de la mano a mi identidad judía. Desde que me acuerdo, he leído.  En un verano, cuando tenía 9 años, mi padre nos dio a mis hermanos y a mí, libros para leer en la hora de la siesta;  ese fue el verano de Stefan Zweig. Desde ese momento mi relación con la literatura nunca se rompió. Todos los libros son buenos para ser leídos, todo lo vivido para ser narrado y para ser visto en el cine. La comunicación literaria como mi forma de vida.

Columna de opinión

S.O.S.

Se llama Fernando y es experto en romper récords.

Unos años atrás, quería conocerlas a todas. Cuidaba su cuerpo. Se esmeraba para tener perfecta su barba. Siempre bien perfumado y con la ropa impecable. Todas las noches antes de salir, verificaba que todo estuviera en su lugar; pantalón limpio y con la raya perfecta, camisa con los dos primeros botones desabrochados y  mangas dobladas hasta el ante brazo, para así poder mostrar el pecho y su musculatura, pero sin ostentación. De sonrisa perfecta y sin mal aliento. Él era lo que todas querían tener. Un trofeo. Cada día era una competencia consigo mismo para ver a cuantas satisfacía. Ellas lo pedían y su cuerpo las recompensaba.

Ya no es lo que era. Su récord ahora pasa por ir todas las noches a un buffet de comida distinto.  Esta noche va a uno nuevo.  Es temático de ABBA. Los empleados sospechosamente japoneses son chinos y  están vestidos como en los años setenta. Huele a plástico quemado, alfombra mojada; hay un aroma dulzón y agrio en ese aire turbio.

Al entrar  en los parlantes suena  “SuperTrouper”

Llena los platos con todo lo que hay. No importa que se mezclen los sabores. Todo va a ser tragado con pasión. Con satisfacción sexual.  Quiere ir a servirse 7 veces.  Es su meta para hoy.

Elije sentarse lo más cerca posible de las mesas donde depositan la comida. Toma un plato y va directo a elegir lo que va a comer. Sushi por supuesto. Hay 12 tipos distintos, elije los más grandes, los apila uno encima del otro, hasta formar una torre de 7 pisos. Evita los que tienen picante, siempre le da ardor estomacal al hacer la digestión. Luego va hacia la mesa de los fritos, se sirve cuanto puede: aros de cebolla, miniaturas de pescado, colas de calamares, langostinos y berberechos, todo brilla, todo se ve crujiente y delicioso. Para completar este primer plato un poco de arroz. Luego será el turno de una sopa de fideos de arroz, acompañada de queso tofu y un poco de coliflor hervida. Más tarde irá por más sushi, con panko frito, humeante y caliente que acaban de reponer en la mesa de servicio número 2.  Luego se  servirá pollo, cerdo agridulce y toda esa comida  que  le es  desconocida, pero que por sus colores fuertes y aspecto plástico a Fernando lo tientan junto a cuatro huevos fritos.

Ahora se escucha: “Take a chance on me”.

Bebe toda la gaseosa que pude. Con cada plato que se sirve, también llena su  vaso extra grande de distintas bebidas, las elige de distintos sabores y tonalidades.Todas con azúcar y muchas burbujitas.

Tiene la cara brillosa y con restos de comida.No le importa ensuciarse. Para que usar una servilleta.

Va por cuarta, quinta y sexta vez a servirse.

Va al baño.

Baja las escaleras lo más rápido que puede, esta apurado por aliviarse y volver por los postres.

Está oscuro. Solo algunas luces  diminutas iluminan estratégicamente el ambiente rojo y negro del baño para no tropezar y caer. Una noche perfecta no merece una caída en la oscuridad de un buffet japonés.

En el cubículo en el que apenas cabe hay un espejo.  Con movimientos apretados se baja el pantalón deportivo hasta los tobillos, después el bóxer, se sube la camisa hasta el pecho y con la pera la sujeta para que no resbale y allí parado como está, se descubre reflejado. Lo ve pequeño. Una migaja de pan. Como un grano de arena, rodeadode una jungla canosa. Lejano e inaccesible.

Inútil.

Recuerda, allí parado, con su arma de juguete en la mano, como le gustaba pavonearse desnudo, frente a cada una de sus presas nocturnas. Lo excitaba.  Cuanto tiempo pasaba frente al espejo mirándose, adulando todos los pormenores de su cuerpo.

¿Cuantos kilos han pasado?

Desde allí dentro puede escuchar el eco de la canción “Chiquitita”.

Ahora comprende, empezó a batir récords con su cuerpo  el día en que se cansó de ser el muñeco de  aquella “Dancing Queen”

Maldita Alicia.

Les agradezco sus comentarios al mail: [email protected] 
O por Twitter: friedrich.perschak

 

 

 

 

 

Friedrich Perschak
(15 de Diciembre de 2020 a las 10:23)

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