Janet Rudman

Janet Rudman

Me gusta leer y escribir. Encontré en la lectura y la escritura una forma de canalizar mi esencia. Leo con la misma pasión con la que tomo café. Me gusta escribir sobre historias mínimas. He trabajado en varios proyectos editoriales uruguayos que construían identidad judía: Kesher, TuMeser, Jai y ahora formo parte del staff de SemanariohebreoJai.

Columna de opinión

La montaña rusa

Pasaron muchos años desde la última vez que lo vi. Esta vez, quería saludarlo para su cumpleaños. Me sorprendió ver mi mensaje leído y no contestado en whatsapp. Me pregunté quién se creía que era para no devolverme el saludo.

Estar cerca suyo era parecido a una montaña rusa. El sexo era algo que pasaba de forma natural. Siempre me dijo que ”el sexo era la continuación de la amistad por otros medios”. No sé por qué le creía. El sexo con él no era glorioso, algún pasaje por la ducha y siempre en la cama. Era muy dulce y sus besos me volvían loca. Me besaba todo el cuerpo y yo moría de ganas de que descendiera. A veces no lo hacía y yo no le decía nada. Me daba mucha vergüenza.  Yo tenía muy poca experiencia y  sentía que él se las sabía todas.

De vez en cuando me recitaba alguna poesía, más en tono irónico que romántico. Era un tipo áspero y antipático,

Con el devenir del tiempo, crecí. La imagen que tiene Manuel de mí quedó petrificada en el tiempo. ¿Se acordará del día que me dijo como si nada que se mudaba de la ciudad y que no nos podríamos ver? A él le ofrecieron un empleo con apartamento y auto adosado. No consideró ni por un segundo que yo lo acompañara. Me quedé casi muda y al salir de su casa, mis lágrimas casi inundaron 18 de Julio.

Nos volvimos a ver en el entierro del padre de un viejo amigo en común. Nos miramos y nos sonreímos, cómo si nos conociéramos de una vida pasada. Para nosotros, los entierros tenían un toque erótico, después, siempre había un encuentro sexual. Pensé que lo quería. Error. Visité con él por primera vez un remate de muebles viejos.  Disfrutaba de Woody Allen tanto como yo, mucho antes de que fuera cancelado de nuestro mundo.

Cuando se fue a vivir a Punta del  Este y nunca más me llamó, me costó aceptar lo poco que significaba para él. Fueron años de terapia entener que yo merecía alguien que se emocionara cuando me viera y no precisamente en un velorio.

La siguiente vez que nos vimos yo era mamá de mellizas y nada me importaba más en la vida. El seguía jugando a ser el soltero inalcanzable. Con el tiempo se convirtió en un cascarrabias. Imagino que le molestaba todo de sus compañeras ocasionales. Había visto “El lado oscuro del corazón”, la película de Gradinetti en la que apretaba un botón y la mujer salía despedida  por el aire.

Una vez nos encontramos y me pidió mi celular. Salimos algunas veces y su celular decía número privado. Yo estaba sola en ese momento, porque me había separado del padre de las mellizas. Recorrimos lugares del pasado. Nuestros cuerpos siempre se entendieron mejor que nuestras almas. Desaparecía y aparecía a gusto, yo no le decía nada porque mi vida transcurría entre llamada y llamada. Con las mellizas en edad escolar, mi vida era muy rutinaria y pensar en verlo me alegraba la vida. Encontrarme con él era tremenda historieta, buscar niñera, vestirme, arreglarme, depilarme, comprarme ropa interior hermosa. Cuando nos encontrábamos yo estaba tan fascinada que me mojaba solo con verlo.  Soñaba con ponerme sushi en el cuerpo y que él lo comiera con sus labios carnosos. No sé si era tan buen amante como el recuerdo que construí. Varias veces llegué al trabajo con chupones en el cuello que trajeron  bromas de mis compañeros. Pasábamos tirados mirando películas enroscados hasta que miraba la hora y se inventaba un compromiso inexistente. Yo me vestía y volvía a mi vida.

Un día me llamó del aeropuerto y me dijo que se iba a Europa por un año. Ahí hice un click. Me miré al espejo y me amigué con mi imagen. Me bajé de la montaña rusa. Conocí a un muchacho sin hijos, que amaba a los chicos y mis hijas lo amaban. Tuve una pareja de verdad y solamente algunas veces recuerdo a Manuel. Ir  a un mueble después de un entierro pertenece a una vida pasada, una travesura de juventud.

Janet Rudman
(10 de Febrero de 2021 a las 09:40)

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Fuente: JNS Por Caroline Glick

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2021-05-11T07:25:09-03:00