Rosh Hashana

Almas en la Lluvia

Por Yosef Y. Jacobson Fuente: jabad.com

Si Di-s es " perfecto", como dice el judaísmo, ¿qué lo impulsó a crear el universo? ¿Qué vacío necesitaba llenar?

La respuesta que nos da la mística judía es que Di-s deseó matrimonio. El matrimonio requiere de alguien distinto a uno mismo con quien compartir la vida, esa es la razón de la unión entre el hombre y la mujer. Di-s eligió la humanidad como su novia.

Este matrimonio, fue una montaña rusa de afecto y romance pero también de peleas y disgustos. En cada generación, algunos consejeros matrimoniales incitaron al divorcio mientras otros proclamaron la muerte del Novio. Pero la relación ha perdurado porque ambos compañeros saben intrínsecamente que se pertenecen. Cuando se corren todos los velos, el hombre manifiesta evidentemente su anhelo de unirse con Di-s.

Según la Cábala, la temporada de las Altas Fiestas es la experiencia anual del matrimonio cósmico entre Di-s y humanidad. Podríamos hacer un paralelismo entre los cinco momentos claves espirituales de esta temporada y las etapas de un clásico cortejo prenupcial. Las fiestas nos invitan a viajar de nuevo a través de este proceso y rejuvenecer la relación.

El Cortejo

El mes hebreo de Elul precede las Alta Fiestas. Este mes se describe en las enseñanzas del Jasidismo como el momento en el cual "el Rey sale al campo a encontrarse con Su gente, saludándolos con bondad y ternura, mostrándoles alegremente su rostro". Nosotros, a su vez, "abrimos nuestros corazones a Di-s".

Este tiempo nos proporciona una oportunidad de conocer Di-s.

El Novio se declara

Cuatro semanas después, en la víspera de Rosh Hashaná, Él le propone matrimonio.

El mundo se vuelve loco, dice el maestro cabalista rabino Isaac Luriah. "Durante la noche de Rosh Hashana," escribe, "la conciencia que anima el universo se fragiliza y debilita". Los grandes místicos judíos, de hecho, se sentian físicamente débiles durante la noche de Rosh Hashaná.

Toda la existencia se creó a raíz de esta propuesta de matrimonio. Si nosotros nos negamos, entonces toda la creación fue en vano. El cosmos entero espera nuestra decisión.

La Novia se compromete

En la mañana de Rosh Hashaná, un penetrante sonido se eleva de la Tierra: el lamento del shofar. Es un lamento simple, que expresa el anhelo del hombre por conectarse con lo Divino.

Hemos decidido. Nuestra respuesta es sí.

La Boda

El día de la boda llega: Iom Kipur. Un día descripto en la Cabalá como "el momento de la unidad" en el cual cósmicamente el novio y la novia se unen para la eternidad.

En la tradición judía, el novio y la novia ayunan el día de la boda. En el día que nos unimos con Di-s nos abstenemos también de comer y beber. El Talmud nos enseña que en el momento de la boda perdonan todos los pecados del novio y novia.

Es por eso que este día se llama Iom Kipur, "el día de expiación".

La ceremonia de la boda comienza con la emotiva melodía de Kol Nidre en que removemos el poder de los votos y aficiones que nos atan. Durante estos profundos momentos, intentamos liberarnos de la conducta compulsiva, los hábitos negativos, los resentimientos, enojos, miedos y envidia.

La boda judía tradicional culmina cuando los novios entran a un cuarto privado (jeder ijud en hebreo) para estar un momento solos, exclusivamente el uno con el otro. Iom Kipur finaliza con Neila, la oración del cierre, llamada así por como el sol de Iom Kipur se pone, las puertas del cielo se cierran—con nosotros dentro.

Durante Neila, cada alma está sola con Di-s.

La Celebración

Cuando los novios salen del cuarto privado, empieza la fiesta. De Iom Kipur saltamos a la fiesta de los siete días de Sucot, descripta en la Tora como "el tiempo de nuestra Alegría".

Estos días están alborozados de festejos y felicidad, celebrando la unión entre Di-s y Su gente.

La unión

El banquete de bodas ha terminado. Los invitados y parientes han vuelto a casa. En la consumación de la relación, los novios experimentan intimidad por primera vez, sus vidas se fusionan como marido y mujer.

Desde aquí, en los siete días de Sucot, alcanzamos el cenit de las Altas Fiestas: Shemini Atzeret y Simjat Torá, descripto en la Cabalá como el "tiempo de intimidad con la Divinidad". Durante estos dos días colmados, la alegría alcanza su éxtasis; Di-s y Su pueblo se funden en un todo. Una semilla Divina se planta en cada uno de nuestros corazones.

Es por esto que recitamos oraciones especiales para la lluvia en la fiesta de Shemini Atzeret. ¿Qué es la lluvia? En medio de la intimidad entre el cielo y tierra, las gotas procreadoras del cielo fertilizan, nutren y son absorbidas por la madre-tierra, que en el tiempo darán nacimiento a sus "verdes hijos".

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