Janet Rudman

Janet Rudman

Me gusta leer y escribir. Encontré en la lectura y la escritura una forma de canalizar mi esencia. Leo con la misma pasión con la que tomo café. Me gusta escribir sobre historias mínimas. He trabajado en varios proyectos editoriales uruguayos que construían identidad judía: Kesher, TuMeser, Jai y ahora formo parte del staff de SemanariohebreoJai.

Columna de opinión

Sin sexto sentido

Odio los grises. La  gente es buena o mala. Matías era bueno. Tenía treinta años cuando lo conocí. Mi intuición nunca funcionó. Era el segundo marido de una ex  compañera mía de escuela. A ella  le importaban mucho las apariencias.

Lo conocí en un cumpleaños. Mi compañera, Mónica,  me comentó que se habían mudado a vivir juntos. “Uno que no le tiene miedo al compromiso”, pensé.  Parecía un combo: excelente cocinero, lavaba platos rápido y los dejaba impecables, arreglaba desde la cisterna hasta un enchufe, le fascinaba salir con los suegros y según ella, era  un amante tierno y fogoso. Siempre me pregunté cómo se puede ser apasionado y tierno a la vez. En los cumpleaños de sus hijos, Mónica tenía una niña y un niño de su matrimonio anterior, con  enormes carteles con flores y regalos hechos a mano, parecían la familia perfecta.

Muchas amigas  le echaban en cara  a sus maridos su falta de creatividad. Estos miraban a Matías con cara poco amigable.  Tal vez notaban algo que las mujeres cegadas por tanta devoción, no percibimos. O les molestaban las comparaciones, son odiosas, y siempre se hacen.

Era como un encantador de perros. Tenía una alegría que se trasmitía a su alrededor siempre de buen humor. Nuestro grupo pasó a verse cada vez menos y les perdí la pista.

Pasaron quince años. Me enteré que la alegría había desaparecido del rostro de Mónica, aunque seguía manteniendo las  apariencias,  la función estaba por caer. Matías estuvo a un paso de ir preso por dar cheques sin fondos, Mónica lo había salvado con una casa que le había regalado la abuela. Su matrimonio hacía agua por todos lados. Me contaron que tiene un perfil en Tinder con su foto verdadera. El ídolo cayó. ¿Había sido todo una puesta en escena?

Ese sexto sentido que avisa quién es auténtico y quién es una mentira con patas, no me funciona.  ¿Cómo pensé que existía la perfección en esta vida,  alguien que era excelente en todos los frentes? Solo es un ser humano. Saca a pasear a su  mamá de noventa años todas las semanas. También se llevó de vacaciones a Cabo Polonio a la suegra a los ochenta para que conociera la reserva natural. No es un monstruo, simplemente es humano.

 

 

Janet Rudman
(8 de Octubre de 2021 a las 14:10)

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