Janet Rudman

Janet Rudman

Me gusta leer y escribir. Encontré en la lectura y la escritura una forma de canalizar mi esencia. Leo con la misma pasión con la que tomo café. Me gusta escribir sobre historias mínimas. He trabajado en varios proyectos editoriales uruguayos que construían identidad judía: Kesher, TuMeser, Jai y ahora formo parte del staff de SemanariohebreoJai.

Columna de opinión

Cómo El nervio óptico de María Gainza me llevó al Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires

Hay lectoras que terminan un libro y lo cierran. Yo fui al museo.

El nervio óptico, la novela de la escritora argentina María Gainza, tiene una lista implícita: cuadros, pintores, salas. Una geografía real dentro de una ficción que se siente más verdadera que muchas memorias. Cuando terminé de leerla, necesitaba comprobar algo — no sé muy bien qué. Quizás que los cuadros existían. Quizás que yo también podía estar dentro del libro, aunque sea por un momento.

Esto es lo que encontré.

Yo, frente al Rothko. Buenos Aires, Museo Nacional de Bellas Artes.

Era la lista de cuadros de El nervio óptico, la novela de María Gainza. Recorrí sala por sala buscando cada obra como quien sigue un mapa al revés: primero el libro, después la realidad.

En una sala me detuve más de lo previsto. Está el cuadro Ruth: la mamá de Adriana Riva, de espaldas, frente a un Rothko rojo. Me saqué una foto en el mismo lugar. No sé muy bien por qué. Supongo que hay libros que te hacen querer ser, aunque sea por un momento, parte de su mundo.

Más adelante encontré los cuadros de Cándido López. Gainza los trata con una delicadeza particular, y entendí por qué cuando supe su historia: perdió la mano derecha en la Guerra del Paraguay y aprendió a pintar con la izquierda para seguir documentando lo que había visto. Hay una obstinación en eso que te deja sin palabras.

Gainza escribe así. Como alguien que perdió algo y encontró otra manera de mirar.

Yo tengo mi propio museo refugio. Cuando siento el alma pesada, voy al Museo Nacional de Artes Visuales del Parque Rodó. Entro, camino despacio, y algo se acomoda. La narradora de este libro haría lo mismo. Por eso me sentí tan reconocida leyéndola.

El nervio óptico no es una novela fácil de resumir. Es una novela que te cambia la manera de mirar, y eso solo se puede conversar.

Si te interesa leerla conmigo, el martes 23 de junio a las 18h nos juntamos en Montevideo a hablar de ella. Escribime a [email protected] y te cuento cómo sumarte.

Y si junio te encuentra con ganas de más: Samanta Schweblin el miércoles 24 por Zoom a las 14h, María Inés Krimer también el 24 a las 17:30h por zoom para B’nai B’rith, y Virginia Feito el lunes 29 presencial en Montevideo a las 19h. Escribime y te cuento.

 

 

Janet Rudman
(8 de Junio de 2026 a las 16:54)

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