Rosh Hashana

Pender de una cuerda

Por Rochel Holzkenner

Fuente: jabad.com

El primer ministro de Israel y el presidente de Estados Unidos están reunidos en Washington, D.C. El primer ministro nota un teléfono demasiado elegante en una mesita de la sala privada del presidente.

“¿Para qué es ese teléfono?”, pregunta.

“Es mi línea directa con Di-s”.

El presidente insiste con que el primer ministro la pruebe, y él, en efecto, se conecta con Di-s. El primer ministro mantiene una larga conversación con él.

Luego de colgar, el primer ministro dice: “Muchas gracias. Me gustaría pagar por la llamada”. El presidente, por supuesto, se niega. El primer ministro se mantiene firme, y al final el presidente se rinde. Revisa el contador del teléfono y dice: “De acuerdo, son $100 000”. El primer ministro, con gusto, firma un cheque.

Unos meses más tarde, el presidente está en Ierushaláim, en una visita oficial. En la sala del primer ministro ve un teléfono idéntico al suyo y se le dice que también es una línea directa con Di-s. El presidente recuerda que tiene asuntos urgentes y pregunta si puede usar el teléfono. El primer ministro accede con gusto, le pasa el teléfono, y el presidente tiene la conversación.

Luego de colgar, el presidente le ofrece pagar por el servicio. El primer ministro mira el contador del teléfono y dice: “Un shekel”. El presidente se asombra: “¿Por qué tan barato?”.

El primer ministro sonríe: “Llamada local”.

 En Rosh Hashaná, yo pienso que Di-s está a una distancia audible del susurro de mis labios. Eso me ayuda a realizar un rezo más auténtico.

¡No es coincidencia que la lectura del Haazinu, la parte que se lee siempre cuando se acercan los Iamim Noraim, compare nuestra conexión con Di-s con la atadura de una cuerda! Devarim 32:9 dice: “Pues la porción del Hashem es su pueblo; Iaacob es la cuerda de su heredad”.

La analogía de la cuerda, cuyo extremo superior está atado arriba y el inferior abajo, se compara con el alma, cuyo extremo superior está atado a lo alto y el inferior está atado al cuerpo, según explica rabí Schneur Zalman de Liadi en el Tania.

Hay muchas explicaciones profundas, y también enseñanzas, sobre la metáfora de la cuerda descripta en Haazinu:

a) Así como una cuerda está compuesta de muchas hebras, nuestra relación con Di-s es multifacética, multisensorial, y es su complejidad lo que la hace fuerte.

b) Cada una de las 613 mitzvot es una hebra de una cuerda más grande que nos mantiene conectados con Di-s. Por desgracia, descuidar una mitzvá hace que algunas de esas hebras se desconecten y la cuerda se debilite.

c) Un tirón del punto más bajo de la soga hará caer también la parte de arriba. Esto quiere decir que todo lo que yo haga afecta al mismo Di-s. Él es la otra punta de mi cuerda. Cuando me caigo, lo arrastro conmigo.

Ahora bien, esto último es aterrador. Hace que Di-s parezca vulnerable. Pero según la Cabalá, Di-s repartió algo de su fuerza vital creadora a creaciones divinas, llamadas kedushá; y “lanzó hacia atrás” algunos de esos poderes para dar vitalidad a aquellas corrientes que van en el sentido opuesto al suyo, la sitra ajara. Cuando uso la energía que me dio Di-s para comportarme de maneras no apropiadas, lo que hago es redistribuir la fuerza vital de Di-s, transfiero la energía sagrada que fue invertida en mí al dominio de la sitra ajara.

Y por último:

d) Di-s está con nosotros incluso cuando hemos fallado. La cuerda se asegura de que nunca pasemos solos por una crisis. Como un padre compasivo que acompaña a su hijo indecente, a Di-s lo afectan nuestras luchas y espera con ansias nuestro retorno a él.

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