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Vidas uruguayas en Israel: Celia Kon Hetinschi

Celia es una entrevistada singular. Y para explicarlo, debo contar que no es que  la conocíamos de antes y la buscamos para solicitarle esta entrevista, sino que su nieta Nicole Goldman, que evidentemente la adora, nos escribió comentándolos que le parecía podría resultar interesante conocer la historia y más que nada el encare actual de  su abuela, que hace no tanto comenzó una nueva vida al radicarse en Israel.

Autoretrato

 

Y tenía razón.

Celia Kon está cumpliendo 90 años este domingo 26 de setiembre. Se radicó en Israel el 28 de agosto del 2001 y vive en la ciudad de Raanana con su hija menor Raquel y su esposo Nelson. Tiene también otra hija, Teresa, y de ambas dice que son maravillosas . También tiene en Israel a sus sobrinos Graciela y Mario, hijos de sus cuñados Sara (Z”L) y Gregorio (Z”L). Es muy importante para Celia tener en Israel también a su nieta mayor Nicole y a la menor, Jessica. Como es natural, vive disfrutando a los que tiene cerca y echando mucho de menos a los familiares que no están en Israel: su hija Teresa y su marido Leonel, su cuñada Frida –“más que cuñada es una amiga”, nos dice- y a su amiga Aída que sostiene es “de esas amistades verdaderas”. Y ni que hablar de sus cuatro nietos Patty, Diego, Karen y Daniel, sus  6 bisnietos  Mica, Matías, Imanuel, Amadeo, Uriel y Ela.   “A pesar de la distancia, ellos me respetan, me quieren y yo los adoro”,resume Celia.

La hija mayor, Teresa, en Uruguay, junto a su esposo Leonel y su hijo Daniel, señalando uno de los cuadros pintados por Celia. La hija de Teresa, Nicole, está en Israel y es quien nos contó de su abuela dándonos la buena idea de entrevistarla
La hija Raquel, en Israel, con su familia

 

P: Celia, esta entrevista será publicada en el marco de la serie “Vidas uruguayas en Israel”. Comencemos entonces contando cómo es su vida en Israel. ¿Qué me contaría? ¿Cómo es su día?

 

R: Todos los días voy al Moadon “Iom” en Raanana- un club donde se pasa el día con distintas actividades-, allí desayunamos, almorzamos y es donde comencé a pintar. Hay charlas, música y a veces paseos por el país.

Un día en la semana voy también a E.S.R.A. (English Speaking Residents Association), allí somos un grupo de mujeres voluntarias que nos pasamos tejiendo para quien lo necesita.  Entre medio de cada cosa me hablo con mis hijas, nietos y bisnietos por Whatsapp .

 

Celia con su hija Raquel y una de sus nietas, Jessica

P: Entiendo que el arte ocupa un gran lugar en su rutina desde hace unos años ¿verdad? ¿La enseñanza es que nunca es tarde para aprender cosas nuevas?

R: Comencé a pintar hace poco, a mis 83 años... cuando me pasé de la OLEI- o sea la Organización de Inmigrantes Latinoamericanos- al Moadon “Iom”, allí conocí a Betty, una docente  de plástica con la que enseguida me encariñé. Ella me animó a hacer cosas nuevas. Primero fui haciendo dibujos marcándolos con fichitas de plástico, luego haciéndolos con plasticina, luego lápices de colores y un día me animé a hacer cuadros, marcarlos y luego pintarlos. Hoy en día ella ya no está en el club pero yo sigo haciendo los cuadros, vendiéndolos y repartiéndolos a todo el que quiere y guste. 

Con mucha paciencia me enseñó a combinar colores y a mirar los cuadros de otra manera. Me gusta mucho, no puedo estar sin hacer nada, asi que también sigo en casa con los cuadros a veces, o con cuadros hechos a base de lentejuelas.

Con la maestra de pintura
En el moadon, el club, en plena sesión de pintura

 

P: Creo que de esto se extrae una lección de vida, no se trata de un mero entretenimiento.

R: Es cierto. Nunca es tarde para aprender, eso lo entendí acá. Hay que querer y tener voluntad de hacer cosas y querer ayudar. No vale poner excusas como decir “a nuestra edad…” Siempre tenemos algo, el querer ser útiles y ayudar a quienes realmente lo necesitan, nos hace olvidar nuestros dolores y problemas. ¿Quién no los tiene? Pero si nos sentamos solo a quejarnos no se resuelven.

P: Excelente planteamiento. Yo sé que no sólo hace cosas que le gustan, sino que también ha hecho por los demás, como voluntaria. ¿Qué me puede contar al respecto?

R: Mi vida en Israel comenzó cuando conocí la Olei de Raanana, allí fui voluntaria en varias cosas y terminé siendo partícipe también de la comisión directiva. A veces cobraba la cuota a socios, a veces iba a hacer los depósitos y otras veces iba a visitar a los enfermos (Bikur Jolim).

Ahora soy voluntaria en E.S.R.A., que me ha recibido también con los brazos abiertos. Allí tejemos para niños y a veces para jaialim bodedim, o sea soldados que no tienen a sus familias en el país. Hacemos desde mantas, bufandas hasta conjuntitos y vestidos. Somos todas “chiquilinas” desde 80 a 100 años. Cada una hace lo que puede y sabe, ellos nos dan la lana y nosotras tejemos. Nos llevamos a casa a veces para seguir y lo traemos terminado la semana siguiente. Ellos se encargan de repartirlo a quien lo necesita. Llevan a hospitales y a barrios donde hay personas necesitadas. Es un voluntariado, lo hago de corazón, ojalá pudiera ayudar más, pero ese es mi granito de arena.

P: Absolutamente hermoso. La felicito Celia. 

 

R: Gracias Ana.

La nieta Karen con su familia: Yoel, Imanuel y Uriel, con algunos de los trabajos de la abuela
La nieta Patty y su familia, con cuadros de la abuela Celia
Pintando con su nieta Nicole
El nieto Diego con sus hijos Ela y Amadeo, y los cuadros de la abuela

 

¿Por qué el cambio?

P: Entiendo que usted llegó a Israel ya de mayor. ¿Por qué se decidió? 

R: Llegué a Israel a los 70 años, a Raanana y del mercaz klita (centro de absorción)  pasé a vivir con mi hija Raquel y su familia. Mi hija había decidido hacer aliá y me pregunto qué quería hacer. Yo en aquel entonces trabajaba con ella.  Así que decidí venir, aunque sabía que podía quedarme con mi otra hija, porque me pareció que sería más fácil viajar de Israel a Uruguay a visitar que al revés. Y así  lo hice, hasta que esta pandemia me dejó sin poder viajar…estoy esperando que mis nietos vengan a visitarme pronto porque ya no soy una nena.


P: ¿Había visitado Israel antes de radicarse? ¿Puede comparar entre lo que esperaba, o lo que conocía como turista, y lo que ve al vivir en Israel? Yo suelo decir, no es un país fácil, pero es singularmente maravilloso creo yo.

R: Vine con mi marido a Israel de paseo en el año 1961.Recorrimos mucho. Me acuerdo que lo que nos había llamado la atención ¡era todo lo que comían! Acá todo se festeja con una “comilona”. Y hoy en día sigue siendo así…siempre que alguien invita a la casa, hay muchísima comida.  

P: Es una observación muy cómica y en general muy cierta.

R: Yo veo en Israel oportunidades y libertad. El que quiere trabajar puede hacerlo, no importa la edad. Es tener voluntad y deseo de ser una buena persona. Además es interesante ver cómo crece el país , o sea cómo se desarrolla, de un año al otro. Siempre hay cosas diferentes, sean carreteras nuevas o algo en construcción. 

La tercera edad en Israel

P: ¿Considera que puede analizar cómo se trata en Israel a la gente en la tercera edad? Claro que esto generaliza mucho, hay de todo en todos lados. Pero me refiero, evidentemente, a través de su propia experiencia.

R: Yo creo que en general la gente de la tercera edad es muy bien tratada. Yo vine con 70 años y aunque recibía el dinero del Bituaj Leumi, el Seguro Nacional-algo por lo que estoy muy agradecida- decidí trabajar.  Primero fui metapelet, o sea cuidaba a dos niñas chicas a las que iba a buscar al gan, al jardín. Las llevaba a la casa, les servía la comida y jugaba con ellas hasta que vinieran sus padres. Luego cuidé 2 perritos. Y por último a un  señor mayor, Adolfo (mayor que yo), que estaba enfermo y precisaba compañía. Era una persona estupenda. A pesar de su grave enfermedad, nunca se quejaba de nada. Que en paz descanse, su familia era excelente también.  

 

Una nueva vida

 

P: Como sabemos hay idiosincracias distintas en cada lado. Y cabe suponer que usted hizo cosas en Israel que en Uruguay no se le habrían dado.

R: Así es. Ya le he dicho…. Mi vida cambió mucho.

He ido a conciertos y he regresado caminando a mi casa a las 12 de la noche. He ido a paseos y conozco casi todo Israel, lugares que no conoce nadie. Ahora las piernas ya no me dan. Pero internet me ayuda y siempre recibo algún video de paseos o yo busco para ver.

 

P: ¿Qué hacía en Uruguay Celia? 

R: Hacía ropa para bebés y niños, chiripas, pañales, batitas. Luego pasé a trabajar con mi hija Raquel, que  tenía negocio de ropa y yo la vendía. Además, cuidaba a mis nietos en trabajo de abuela, cada vez que querían. 

P: ¿Hay algo de Israel que cree que le haría bien a Uruguay? 

R: La cantidad de plazas con juegos para niños, las construcciones que cada vez hay más, cada año hay cosas nuevas. Es un país de crecimiento y se ve, se siente.

 

La historia familiar

P: Entiendo que usted nació en Uruguay. ¿Cómo fue la historia de su familia? O sea ¿cuándo y de dónde llegaron sus padres a Uruguay? Quizás lo más interesante sea preguntarle cómo llegaron… ¿Cómo fue esa historia?

R: Mis padres se conocieron en Uruguay y se casaron. Mi papá ya estaba en Uruguay hacia años, vino de Besarabia, se escapó de allí, porque querían obligarlo a hacer el ejército y él no quería. Y mi mamá había llegado de  Rumania. Los presentaron y se casaron. Mi mamá llego sin nada, había gente de su barrio que había ido a Uruguay y le dijeron que se venga. Le consiguieron trabajo en una cocina judía…Ella solo hablaba idish.

Mis padres tenían una compra y venta de muebles. Con eso alcanzaba para la ropa, para vivir.  Después de muchos años cerramos el negocio y alquilamos una casa grande en la que subalquilábamos las piezas.  Y entre esas personas que nos alquilaban, llegó quien más tarde sería mi marido. Ellos nos alquilaron 2 piezas, una para sus padres y otra para sus hermanos.

Aprendizajes de vida

P: Muchas cosas han cambiado en el mundo en los últimos 90 años. Y seguirán cambiando hasta que usted cumpla 120. ¿Cree en esa frase que dice que “todo tiempo pasado fue mejor”?

R: La frase no siempre es cierta, pero sí, a veces creo que sí. 

Mis padres eran humildes, honrados y muy trabajadores. Lamentablemente mi papa sufrió un accidente y perdió parte de la pierna, no volvió a ser el mismo, pero aún así siempre estaba tratando de ayudar. Me enseñó que cuando alguien extiende la mano no hay que dejársela vacía y que “una mano no tiene que saber lo que la otra da”. Yo sigo sus consejos, pero ahora algo es diferente. La gente cambió y yo también. Yo ayudo dentro de mis posibilidades a todo aquel que realmente lo necesita. Las personas han perdido los valores y el respeto por el otro.  Lamentablemente son muchos los que piden ayuda, pero también hay otros que se hacen los vivos, es más fácil pedir que trabajar a veces. En Israel el que quiere trabajar siempre puede encontrar algo para hacer como lo hice yo.

P: ¿Le gusta en especial algo de la era moderna, que cuando usted era joven no tenía?

R: Me gusta el respeto hacia la persona mayor. Nos ayudan en todo. Por supuesto que hay personas sin educación, pero son las menos. Lo mismo con los jóvenes/adolescentes. Me ven que voy con el caminador y siempre alguno me para y me pregunta si preciso ayuda.  No tengo temor de salir sola de noche. Ahora ya no salgo, pero porque yo no veo bien de uno de mis ojos, pero antes lo hacía. 

Los jóvenes, ahora parecen más inteligentes, no son de pegar a sus hijos como muchos padres hacían antes. Los padres de hoy les hablan, les explican a sus hijos sin gritos. (Así también me educaron a mí y yo eduqué así a mis hijas). Por otro lado, no me gusta, que, al mismo tiempo, hoy los jóvenes tienen de todo y no sabe valorar las cosas..., tal vez falta eso, falta el trabajar duro, como lo hicieron nuestros padres o nosotros mismos.

P: Muy interesantes sus observaciones Celia.

R: Gracias Ana.

 

El broche de oro

P: Me encantaría que me cuente sobre sus nietos y bisnietos y qué significa para usted. De lo que yo sé, tiene al menos una nieta que la adora, Nicole, que disfrutaba de antemano pensando en la alegría que le supondría que salga esta entrevista.

Celia en la boda de su nieta Nicole con Asaf

 

R: En cuanto a mis nietos y bisnietos, los adoro, me respetan, me quieren. En estos tiempos que los chicos son más independientes y creo, que mucho no se respeta lo que aconsejan los mayores. Todos dicen: “qué saben ellos, son antiguos”. Los míos me respetan. Los años vividos nos enseñaron mucho. Cada uno ocupado en lo suyo, los que tienen hijos los educan respetando a todos, al diferente, a los animales. Soy feliz viéndolos felices. 

Nicole es mi nieta mayor, yo quiero a todos mis nietos y bisnietos por igual!, ellos son mi vida. Pero sí, Nicole me dio el título de abuela y además cumplimos el mismo día años, ella es muy pegada a mí, cualquier cosita ya salta. En Israel tengo a mi nieta mayor y a mi nieta menor, todos los demás viven en Uruguay.

Nicole y su esposo Asaf.De fondo, siempre, los cuadros de la abuela Celia.
Jessica, la nieta menor, en Israel, con los cuadros de Celia

 

P: ¿Algo que quiera agregar?

R: Hay que venir a conocer Israel para ver todo lo hermoso que es, todo lo que lograron nuestros antepasados, trabajando la piedra, la arena y sin casi agua. Ahora, hay agua por todos lados, repletos de árboles, plantas y flores, unas playas hermosas. 

Gracias de nuevo por tu tiempo y por la entrevista. Shana Tova y Metuka. Que haya Salud, Paz y Amor.

P: Amén. 

R: Amén.

Ana Jerozolimski
(24 Septiembre 2021 , 04:13)

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