Mundo Judío

Volviendo a Pasteur, desde cualquier punto del mundo

No soy argentina. No estaba en la Asociación Mutualista Argentina (AMIA) aquel nefasto 18 de julio de 1994 cuando una bomba asesinó a 85 personas inocentes y dejó a más de 300 heridas. No conocía personalmente a ninguna de las víctimas. Pero hoy, 18 de julio del 2022, 28 años después de aquel atentado terrorista, yo también vuelvo a Pasteur, aunque no esté allí físicamente.

Foto: Saúl Kurlender

 

Siento que estoy con todos aquellos que minutos antes de sentarme yo a escribir estas líneas en Israel, de pie frente al estrado central del acto recordatorio en Buenos Aires, escucharon la sirena a la hora exacta del atentado, cada uno levantando una foto de una de las víctimas. Y del lado de atrás, que era el que veía y podía leer quien levantaba la foto, un texto contando sobre la vida de esa víctima a la que probablemente nunca había conocido.

Así se daba vida nuevamente al terrible número de 85 muertos en un atentado terrorista, el más letal en la historia de América Latina. Con la foto y las respectivas historias personales, cada uno era mucho más que un número. Era un mundo entero.

Minutos después de compartir en este mismo espacio la entrevista que le hice hace unos años a Marianella Kreiman, que perdió a su madre Susy en el atentado, me llega un mensaje de un amigo uruguayo que está ahora en Buenos Aires en el homenaje a las víctimas. Entran dos fotos. Una, la de Susy Kreiman, la que le tocó a él levantar . Otra, el texto de su historia, el dorso de la foto.

Y ahí nos cuentan que Susy Wolynski de Kreiman tiene 48 años y es la responsable de Trabajo de la AMIA. No, no escribimos mal. En presente. TIENE 48 años. Siempre los tendrá, porque no la dejaron cumplir más.

Y nos cuentan que ha dedicado su vida al trabajo comunitario en Argentina y Chile donde vivió por 20 años con su esposo, el Rabino Ángel Kreiman y sus tres hijas: Marianella, Claudia y Marcela. Y volvemos a recordar la entrevista a Marianella en su casa en Israel y el trabajo artístico que hizo una de sus hijas en memoria de su abuela. Es que después que se llevaron su cuerpo, no hay que permitir a los terroristas que se lleven también su presencia. Y siempre estará con los suyos.

Nos cuentan que  trabajó en instituciones educativas, dio clases de Torá e impulsó programas de asistencia social.

Nacida en el seno de una familia religiosa, sobreviviente del Holocausto, hizo propia la militancia por los derechos humanos y el diálogo interreligioso.

Fue una de las 85 víctimas asesinadas.

Y siguen entrando mensajes de amigos uruguayos y argentinos que están ahora allí, en Pasteur, honrando la memoria de las víctimas. Y con su sola presencia, piden justicia y fin a la impunidad.

Y aunque estoy lejos físicamente,  yo también estoy en Pasteur. Y las víctimas de esa bomba fueron asesinadas por el mismo terrorismo que voló autobuses en Jerusalem y Tel Aviv, que abrió fuego hacia comensales en la calle Dizengoff y que mató a jóvenes a la entrada de una discoteca en la costa de Tel Aviv. Es exactamente el mismo terrorismo que mató un día después de la AMIA, también hace 28 años, a los pasajeros del vuelo Ala Chiricanas de Panamá. Y del que dos años antes había matado a 25 personas en la Embajada de Israel en Argentina. Y el que mató a los enviados de Jabad en Mombay, India, y a turistas israelíes en Bulgaria…y la lista es interminable.

Por eso, todos tenemos que estar hoy en Pasteur.

Y lo peor es sentir hace años que seguirán pasando los aniversarios y seguiremos estando en Pasteur, pidiendo que los criminales paguen. Pero en lugar de responder por sus crímenes, continúan planeando nuevos ataques. El mundo libre debe recordar. Pero más que nada, debe actuar.

Y mientras,seguiremos yendo a Pasteur.

 

Ana Jerozolimski
(18 Julio 2022 , 12:17)

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