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Hezbolá en la Triple Frontera

Por  Luciano Mondino  Máster en Relaciones Internacionales. Experto en terrorismo y crimen organizado

Fuente: https://brunch.com.ar/

 

Los diagnósticos necesarios para comenzar a reducir los procesos de radicalización que llevan a la proliferación de las actividades terroristas se determinan por la observancia de, al menos, dos variables: aquellas que actúan como inhibidoras del surgimiento de las radicalizaciones y aquellas otras que surgen como potenciadores. Por tratarse de la Triple Frontera y los desafíos de gobernanza de la seguridad regional entre Argentina, Paraguay y Brasil, los potenciadores para el terrorismo y el crimen organizado se sitúan en los factores demográficos, las fallas en la seguridad y los avances tecnológicos que permiten, con cada vez mayor celeridad, mejorar y profundizar los canales de financiación de estos grupos.

En tanto los objetivos, es muy discutido aún sostener la relación que puede darse entre una agrupación terrorista y una agrupación de crimen organizado. No existiendo entre los países occidentales una definición conceptual tipificada y estandarizada sobre lo que significa terrorismo, sí está consensuado que uno de sus objetivos es la obtención de réditos políticos por medio de la violencia planificada y el terror. Para el caso de un grupo de crimen organizado, como un cartel de la droga o agrupaciones delictivas, el objetivo es esencialmente económico. Sin embargo, es posible encontrar zonas grises en la definición de los objetivos de ambos dado que se produce una retroalimentación entre los objetivos políticos y económicos que ambos precisan para subsistir en el tiempo. Cuando el Estado Islámico, también conocido como Daesh, logró la conquista de Mosul en Irak, se hizo con las principales reservas de petróleo y comenzó a hacer usufructo de sus ganancias. Se podría, aunque con diferencias, citar la expedición de los grupos talibanes a los campos de opio en Afganistán.

La Triple Frontera, un punto de enormes complejidades para gobernar la seguridad, reúne los límites de tres estados completamente disímiles en sus realidades políticas y económicas. Dado que no pueden coexistir los esfuerzos por contrarrestar el terrorismo y el crimen organizado con aquellos gobiernos aliados políticamente con el terrorismo internacional, la Triple Frontera se ha convertido progresivamente desde la década de los 80 y 90 en la puerta de entrada para grupos como Hezbolá que logran afincarse gracias a la diáspora libanesa y los procesos de radicalización.

 
Cuando se toma el factor religioso en la radicalización de los individuos se refiere, exclusivamente, a aquellas personas que estructuran y planifican la violencia usurpando la religión y haciendo mal uso de sus recursos. Hoy, dentro del Líbano, la estructura política de Hezbolá ha perdido apoyo en, especialmente, la juventud libanesa con aspiraciones a modificar su calidad de vida y lograr dejar atrás una cruenta crisis que los golpea con fuerza desde 2019 y en la explosión del puerto de Beirut en 2020.

La agrupación Hezbolá, también conocida como Partido de Dios, es una agrupación formada en 1982 en medio de la guerra civil del Líbano y cobijada desde sus orígenes por la República Islámica de Irán en su programa de exportación de la revolución instaurada en 1979. Hezbolá, considerada como agrupación terrorista por un número considerable de países entre los que se encuentra Argentina desde 2019, tiene una estructura organizativa ligada a las explotaciones de negocios ilícitos y también a los distintos atentados terroristas como los de la Embajada de Israel en 1992 y la mutual AMIA en 1994. Su estructura, encabezada por su actual secretario Hasan Nasrallah, es de procedencia chiita, una facción del islam, e interactúa con otras organizaciones como Hamas en la Franja de Gaza que es sunnita, la Yihad Islámica o los grupos hutíes en Yemen también patrocinados por Irán.

AMENAZAS

Por fuera de lo que se supone como su principal zona de operaciones, es decir Oriente Medio y el arco chiita que recubre Irak, Siria, Irán y Líbano, las actuaciones en los atentados ocurridos en Argentina durante los años noventa han comenzado, según dictámenes firmados por la Unidad Fiscal de Investigación AMIA, en la Triple Frontera. Distintos agentes informantes en la causa han logrado consumar cargas probatorias para que el cuerpo de fiscales argentinos presentara en el 2006 la acusación formal contra Hezbolá y en el 2007 conseguir el levantamiento de las Circulares Rojas sobre los ciudadanos iraníes partícipes.

La distribución demográfica y el poco control de las fronteras entre Brasil, Paraguay y Argentina ha permitido el asentamiento de grupos de crimen organizado y su vinculación con la agrupación terrorista libanesa que se han traducido en causas judiciales, detenciones y sentencias sobre ciudadanos con ascendencia del Líbano. En el 2017 fue detenido Ali Issa Chamas bajo los cargos de liderar una estructura de tráfico de drogas que operaba en Paraguay y enviaba cargas a Turquía, Irán y Chipre. Fue un caso donde se develó que los estupefacientes partían desde Ciudad del Este ocultadas en cargas lícitas y luego enviadas al extranjero a través de líneas aéreas por rutas comerciales seguramente lícitas. Finalmente, por haber develado detalles sobre la estructura organizativa y sus vínculos con el extranjero, la condena sobre Chamas fue de tres años por un juzgado federal de Miami, Estados Unidos, hasta que en 2020 fuera extraditado.

También en el 2017 la Administración de Control de Drogas, DEA por sus siglas en inglés, logró detectar a uno de los sostenes financieros de Hezbolá que tenía también conexiones locales en la Triple Frontera. Kassim Tajideen, un empresario libanés, se declaró culpable por sostener los nexos y evadir las sanciones impuestas a la República Islámica de Irán por su programa nuclear y el sostén de grupos insurgentes y armados de Oriente Medio.

Las amenazas perduran actualmente en tanto la República Islámica continúa siendo una amenaza para la estabilidad y seguridad de Oriente Medio acechando ya no solo a sus históricos rivales sino también a otros Estados Árabes que han optado, provisoriamente, por profundizar un cambio de paradigma histórico y acercarse al Estado de Israel y Estados Unidos. Según el último informe publicado por la Dirección Nacional de Inteligencia de Estados Unidos, en febrero de 2022, Irán se sigue sosteniendo como una amenaza por sus misiles y por los sostenimientos a grupos terroristas fuera de Irán profundizando lo que se conoce como guerra proxy.


La gobernanza de seguridad de la Triple Frontera requiere reducir, progresivamente, los potenciadores de las acciones terroristas y los nexos, probados y perseguidos por la Justicia, con el crimen organizado. La falta de control en los puertos entendidos, de forma holística, como una política de contrainteligencia y preventiva, especialmente la salida desde Ciudad del Este convierte la ruta de la Hidrovía en un punto estratégico para la seguridad de la región. 

Cuando se deja de lado la entrevista y se consulta sobre Hezbolá a miembros de la diáspora libanesa fuera de la Triple Frontera se puede percibir, fácilmente, la incomodidad que les produce que su religión y fe hayan sido usurpadas como vehículos para el terrorismo y el crimen organizado. Saben, en el fondo, que los nexos de muchos de ellos con Hezbolá se mantienen y que el Partido de Dios se ha convertido en una pieza más del tablero de la seguridad en América Latina y el Caribe.

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