Mundo Judío

MiSinai

Memoria - El Camino a la Redención - La Demanda - Tisha BeAv en Shabat o Domingo

No. 164

Parashá Devarim

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Horario de velas en Montevideo, Viernes  5/08 17.48 hs.

Demás localidades ver en  www.jabad.org.uy

MEMORIA

Por Yossy Goldman

En el Shabat previo a Tisha B'Av, el día de duelo nacional Judío, escucharemos la famosa Haftará (lectura de los profetas) de Jazón, la “Visión de Isaias”. Y en Tisha B'Av, recordaremos la destrucción de nuestro Sagrado Templo cerca de 2000 años atrás, ayunando y haciendo duelo junto con otras observancias del día.

Pero ¿por qué recordar? El mundo no puede comprender porque hablamos constantemente del Holocausto, y ¡fue hace sólo 70 años atrás! Durante 19 siglos, hemos recordado y observado este evento y se ha convertido en el día más triste en nuestro calendario. ¿Por qué? ¿Por qué no olvidar lo que pasó? Es historia. Lo que fue, ya fue. ¿Por qué siempre volver a pasar por visiones dolorosas?

Dicen que Napoleón estaba una vez pasando a través de un gueto Judío en París y escuchó sonidos de llantos y gemidos emanando de una sinagoga. Se detuvo a preguntar de que se trataba el lamento. Le dijeron que los judíos estaban recordando la destrucción de su Templo. “¿Cuándo sucedió?” preguntó el emperador. “Hace unos 1700 años atrás”, fue la respuesta que recibió. Entonces Napoleón manifestó con convicción que un pueblo que nunca olvida su pasado está destinado a siempre tener un futuro.

Los judíos nunca tuvimos historia. Tenemos memoria. La historia se puede convertir en un libro, un museo y antigüedades olvidadas. La memoria está viva. Y la memoria garantiza nuestro futuro.

Aún en medio de las ruinas, rehusamos olvidar. El Primer Templo fue destruido por los Babilonios. Mientras llevaban a los judíos al cautiverio, los judíos se sentaron y lloraron. “Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentamos y lloramos al recordar a Zión.” ¿Por qué llorábamos? ¿Por nuestra riqueza, hogares y negocios perdidos? No. Llorábamos por Zion y Jerusalem. “Si te olvidare, Jerusalén, que mi mano derecha olvide su destreza. ¡Que mi lengua se adhiera a mi paladar sino te recordare, si no he de traer a la mente a Jerusalén durante mi mayor alegría!” (Salmo 137). No estábamos llorando por nosotros o por nuestra libertad perdida, sino por la ciudad celestial y el Santo Templo. En medio de la esclavitud, aspiramos a reconstruir, en medio de las ruinas soñamos por volver.

Y porque nos rehusamos a olvidar Jerusalem, volvimos. Porque rehusamos aceptar la derrota o aceptar nuestro exilio como un hecho histórico consumado, hemos reconstruido comunidades judías orgullosas a través del mundo, mientras que nuestros vencedores han sido vencidos por el tiempo. Hoy no hay más babilonios y la gente que hoy vive en Roma no son los romanos que destruyeron el Segundo Templo. Esas naciones son historia mientras nosotros, inspirados por la memoria, hemos emergido revitalizados y regenerados y será verdad para siempre que Am Israel Jai, el pueblo de Israel vive.

Recuerdo haber escuchado una historia del Holocausto de un estudioso de la Torá y su sobrino. En el campo de concentración estudiaron el Talmud juntos. Estaban aprendiendo el tratado Moed Katan, una parte del Talmud que, irónicamente, discute las leyes de duelo. Y cuando llegó la hora en que el tío se vio mirando a la muerte en la cara, le dijo a su sobrino, “prométeme que si sobrevives, terminarás de estudiar este tratado de Moed Katan”. En medio de la miseria, desolación y tragedia, ¿qué pensamiento ocupaba su mente? Que el Talmud aún fuera estudiado. Esa fue su última voluntad en la tierra. ¿Era una locura o es el mismo secreto de nuestra supervivencia?

Sólo si rehusamos olvidar, sólo si observamos Tisha B'Av, podemos tener la esperanza de reconstruir un día. Ciertamente, el Talmud nos asegura “Quien hace duelo por Jerusalem, tendrá el mérito de ver su regocijo”. Si vamos a volver a Zion, si nuestro pueblo abriga la esperanza de ser restaurado y revivido, entonces no olvidemos. Necesitamos observar nuestro día nacional de duelo. Olvide las películas y los restaurantes. Siéntese en un asiento bajo y haga duelo con su pueblo; y quizás aún más importante, recuerde. Y, por favor D-os, El restaurará esos días gloriosos y reconstruirá Su propia casa para siempre. Que sea pronto en nuestros días.

 

EL CAMINO A LA REDENCIÓN

[Dijo Moshé al pueblo:] “Os rebelásteis contra la orden de D-os y obstinadamente ascendieron a la montaña.” (Devarim 1:43)

Ese grupo de judíos se había arrepentido del pecado de los espías y ahora querían subir a la Tierra Santa. ¿Qué había de mal en ello, si es que se nos enseña que nada se interpone en el camino del arrepentimiento?

La respuesta es que la Tierra de Israel solo podía ser conquistada con la presencia del Arca del Tabernáculo y el liderazgo de Moshé. El arrepentimiento podía borrar los pecados del pueblo, pero no podía cambiar el procedimiento necesario para apropiarse de la tierra. Como esos individuos no estaban dispuestos a someterse al liderazgo de Moshé y querían conquistar la tierra por su propia cuenta, D-os rechazó su iniciativa.

Lo mismo vale para nuestros días. La Torá ha establecido un preciso procedimiento para la Redención Mesiánica, así como para toda forma de redención personal. Todo intento de saltar pasos en el proceso de redención está destinado al fracaso. Al igual que lo que ocurre con el éxito de todo emprendimiento, la posibilidad de acelerar la llegada de la Redención depende exclusivamente de que nuestro enfoque coincida con el plan de D-os. De aquí la importancia de estudiar Torá en forma personal y buscar la guía de estudiosos calificados en Torá para todos los aspectos de nuestra vida.

 

Igrot Kodesh, vol.7, pág.280

Deuteronomio (Devarim) 1:1 – 3:22

Deuteronomio, quinto y último libro de la Torá, está dedicado principalmente a los discursos de despedida que dio Moshé al pueblo judío poco antes de su muerte y la entrada del pueblo a la Tierra de Israel. La primera sección del libro registra sus palabras (Devarim, en hebreo) de crítica al pueblo judío por distintos episodios que tuvieron lugar durante sus cuarenta años en el desierto, y las lecciones que debían aprender de sus errores.

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LA DEMANDA

Por Yanki Tauber

Un viernes de tarde, un hombre golpeó la puerta de Rabí Itzjak Aizik, rabino de Vitebsk.

- "Rebe, tengo un Din Torá (demanda, pleito)", dijo. "Pido que oiga mi caso y tome una decisión."

- "En verdad", dijo el rabino, "ahora estoy muy ocupado con los preparativos para Shabat. Quizás usted y su litigante puedan venir después de Shabat, y oiré a ambos."

- "Soy un melamed (maestro)", dijo el hombre, "y enseño a mis alumnos desde mañana hasta la noche. Mi único tiempo libre es el viernes por la tarde."

- "Muy bien", dijo Rabi Itzjak Aizik, "oiré su caso ahora. Pero debemos convocar a su litigante. Se me prohíbe oír sus argumentos sin que su litigante esté presente."

"Él está presente", dijo el hombre. "Mi Din Torá es con D-os."

- "De acuerdo", dijo Rabi Itzjak Aizik, después de una larga pausa. "Entre a mi estudio y oiré su caso."

Dijo el melamed: "D-os me ha bendecido con una hija que ya ha alcanzado la edad de casarse. Pero no tengo un kopeck en mi bolsillo, ningún dinero para la ropa, gastos del casamiento, y mucho menos para una dote. Mi demanda es que D-os está legalmente obligado a ayudarme a casar a mi hija."

- "¿En qué se basa para semejante demanda?", preguntó Rabí Itzjak Aizik.

- "En la Torá está escrito que hay tres socios en el nacimiento de una persona: su padre, su madre y D-os. Dos de los socios son pobres, pero el tercer socio es, por Su propia declaración, bastante adinerado: Él así lo declara: 'Mía es la plata, Mío es el oro" (Jagai 2:8). Es, por consiguiente, deber del socio rico asumir los gastos en esta empresa."

El Rabino se retiró a su estudio para verificar las fuentes pertinentes y legitimar el caso. Después de un rato, salió con su veredicto.

"El melamed está en su derecho", declaró. "El Omnipotente está obligado, por la ley de la Torá, de proveer lo necesario para el matrimonio de la joven."

Cuando el melamed llegó a su casa, vio que un coche lujoso partía velozmente de su ruinosa casa.

- "No creerás lo que pasó," dijo su esposa, desde la puerta. "Un noble estuvo aquí con su esposa. La señora estaba convencida que alguien le dio un mal de ojo, y oyó que la esposa del melamed sabe los secretos adecuados para protegerse de eso. Hice lo que me pidió, y cuando el noble me preguntó cuánto debía pagar, pronuncié la suma que necesitamos para la dote y los gastos del casamiento. Sin decir una palabra, el hombre puso el dinero en la mesa y salió."

TISHÁ BEAV EN SHABAT O DOMINGO

Las siguientes reglas se aplican a cualquier año en el cual Tisha Beav se observa en un domingo, ya sea si cayó originalmente en domingo o si cayó en Shabat y el inicio del ayuno se pospuso hasta el sábado a la noche.

En Shabat, toda manifestación pública de duelo está estrictamente prohibida. En este día, comemos, bebemos y nos regocijamos como de costumbre, y aún más. Hay dos excepciones:

a) Si Shabat cae el 9 de Av, entonces las relaciones conyugales están prohibidas.

b) Si Tisha Beav es observado el domingo, está prohibido estudiar la Torá a partir de Shabat al mediodía (fuera de las secciones de la Torá que están permitidas estudiar durante Tisha Beav). Así también, en este Shabat no recitamos el capítulo de “Ética de los Padres” como se acostumbra hacer en muchas comunidades los Shabat de tarde entre Pesaj y Rosh Hashaná.

No se lleva a cabo la “comida de separación” de duelo previo al ayuno. En cambio, poco antes de la puesta del sol participamos de una abundante y alegre comida de pre-ayuno. Se debe tener cuidado, sin embargo, con que esta comida se finalice antes de la puesta del sol.

Nos sentamos en sillas de altura regular y vestimos calzados normales hasta el anochecer. Solamente lavarse, comer y beber están prohibidos a partir de la puesta del sol.

Durante las plegarias nocturnas, el usual inserto del sábado de noche Ata Jonantanu se incluye. La plegaria de Vihi Noam se omite. Inmediatamente, luego de recitar el versículo de Barjú, se cambian los zapatos de cuero por calzados que no sean de cuero.

Aquellos que no recitaron la plegaria nocturna deben decir antes de realizar alguna actividad que estuviera prohibida en Shabat: “Baruj hamavdil bein kodesh lejol” (“Bendito es Aquel que separa entre lo sagrado [el día de Shabat] y lo mundano [el resto de la semana]”).

En algún momento durante el sábado a la noche, se enciende la vela de Havdalá y se recita la bendición apropiada.

La Havdalá se recita el domingo de noche antes de comer (si una persona está enferma y necesita comer durante el ayuno, él o ella debe recitar la Havdalá antes de comer) omitiendo las bendiciones del incienso y del fuego. Si es posible, se le debe dar a un niño o niña menor de bar/bat mitzvá el vino o jugo de uva de la Havdalá para que lo tome.

Si el noveno día de Av, cae en Shabat, en cuyo caso el ayuno se pospone hasta el domingo décimo de Av, todas las restricciones aplicadas a los nueve días se observan en la noche siguiente al ayuno, pero no se extienden hasta la mañana siguiente, el 11 de Av.

 

MiSinaí es una publicación de Jabad Uruguay. Pereira de la luz 1130, Montevideo.
Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
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