Mundo Judío

MiSinai

La Prueba de Fuego - Siendo una Influencia Positiva - Una Promesa Audaz - El Shemá Antes de Dormir

 

No. 178

Vaierá
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Horario de velas en Montevideo, Viernes  12/11 19.06 hs.

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LA PRUEBA DE FUEGO

Por Yossy Goldman

La semana pasada leímos como Abraham recibió la orden de D-os de marchar: “Lej lejá – de tu tierra, del lugar donde naciste, de la casa de tus padres, hacia la tierra que te mostraré”. D-os le dijo que abandonara todas sus zonas de confort y viajara hacia un destino desconocido. Este, eventualmente, sería conocido como la Tierra de Israel y Abraham como a quien esta fue originalmente prometida. En ese momento, sin embargo, Abraham probablemente no tenía idea hacia donde iba. Pero órdenes son órdenes y él marchó fielmente.

Al final, el gran y difícil viaje de Abraham fue el cumplimiento de su llamado a ser el padre del monoteísmo. El enfrentó a todo el mundo pagano del momento y tuvo éxito más allá de sus más grandes sueños.

De acuerdo a nuestros sabios, este viaje hacia lo desconocido fue la primera de diez pruebas de fe que el Todopoderoso le puso a Abraham. Pero la última prueba, que la leemos en Rosh Hashaná y nuevamente esta semana, es considerada la prueba suprema. El akeida, la atadura de Itzak, el casi sacrificio del hijo que esperó un siglo para tener, genera mucho más cobertura en la Torá, en nuestras plegarias y en los comentarios escritos.

¿Por qué esto es así? La primera prueba de Lej Lejá tuvo un impacto universal, mientras que la atadura de Itzak fue solo entre un padre, su hijo y D-os. En algún lugar en una cumbre aislada, lejos de la mirada pública, se desarrollaba un drama personal. El periplo de Abraham, por otro lado, tuvo una audiencia casi global. Seguramente, esta prueba universal debería ser considerada mucho más importante que la prueba personal del padre e hijo.

La respuesta es que antes que podamos emprender una misión universal hacia la humanidad, debemos primero entender nuestra relación personal con D-os. O, para ponerlo más sencillo, antes de que puedas cambiar el mundo, debes saber quién eres tú. Si no te conoces a tí mismo, si no reconoces su propia misión espiritual personal, ¿cómo puedes esperar influenciar a la sociedad?

Los sabios enseñan, “Perfecciónate a ti mismo antes de buscar perfeccionar a otros”. Obviamente, esto no quiere decir que no debemos intentar y enseñar a otros hasta que nos perfeccionemos (¿quien es perfecto?). Lo que sugiere es que si esperamos tener un impacto en los demás, nuestro llamado debe resonar como algo auténtico y genuino. ¿Cómo podemos dejar una impresión en los otros si no somos personas creíbles? Un buen vendedor cree en su producto.

El legendario Hillel nos dice en Pirke Avot “No juzgues a tu prójimo hasta que te hayas puesto en su lugar”, y una interpretación alternativa interesante entiende que quiere decir que para juzgar a una persona acertadamente uno debería primero establecer que tipo de reputación tiene el individuo en su propio makom, en su propia ciudad y hogar.

Años atrás encontré una frase que tuvo un profundo impacto personal en mi: “Todo rabino tiene un solo mensaje, la forma en que vive su vida”. Es tan cierto. Podemos predicar desde hoy hasta el próximo Iom Kipur, pero si no hacemos lo que decimos y vivimos el juego que proponemos jugar, dejaremos a nuestros oyentes impasibles. Los oradores más elocuentes no podrán impresionar si sus escuchas saben que su mensaje es hueco y no está respaldado por un compromiso personal genuino.

Así que, mientras que la historia del viaje de Abraham y su misión universal aparece en la Torá cronológicamente antes que la prueba final, en esencia el akeida reina supremo. No solo porque fue la más difícil, sino porque nuestro compromiso e integridad personal siempre forman la base moral de nuestra misión en el mundo. Al final del día, solo eso valida a la persona y su mensaje. Y esta es la prueba de fuego para todos nosotros.

SIENDO UNA INFLUENCIA POSITIVA

"[Abraham] plantó un huerto [y abrió una posada] en Beersheba. Allí proclamó el nombre de D-os." (Bereshit 21:33)

La posada de Abraham fue la primera institución pública dedicada a la diseminación de la creencia en el monoteísmo y al comportamiento ético que obedece a esta creencia. Al establecer una institución pública que desafiaba los dogmas consagrados del mundo, Abraham promovió la conciencia del monoteísmo incluso entre personas que nunca habían visitado su posada. A medida que su renombre se extendía, la posada de Abraham ejercía una influencia cada vez más profunda y amplia.

De la misma forma hoy, la mera existencia de sinagogas e instituciones de estudio de Torá ejercen una gran influencia positiva sobre una ciudad simplemente en virtud de su presencia, más allá del valor intrínseco del estudio y plegaria que tiene lugar dentro de sus paredes.

Séfer HaMamarim 5686, pág 82.

Génesis (Bereshit) 18:1 – 22:24

La cuarta sección del libro de Génesis continúa la crónica de Abraham. El nombre de esta sección (Vaierá, “El se apareció”) es su primera palabra, describiendo la revelación de D-os a Abraham luego de su circuncisión. Esta revelación es seguida por la visita de tres ángeles, quienes le informan a Abraham del nacimiento inminente de su hijo Isaac. Luego seguimos a Abraham cuando discute con D-os sobre la destrucción de Sodoma y Gomorra, migra a Filistea, expulsa a Hagar e Ismael después del nacimiento de Isaac, y finalmente es puesto a prueba por la directiva de D-os de sacrificar a Isaac.

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UNA PROMESA AUDAZ

Por Yerachmiel Tilles

Rabí Abraham Iehoshua Heschel, el Rebe de Kopischnitz (1888-1967) siguió los caminos de su predecesor, el Apter Rov como un Ohev Israel, amante de sus hermanos judíos. En la América del Norte después de la Segunda Guerra Mundial, llevó sobre sus hombros, débiles y frágiles, el dolor y sufrimiento de innumerables individuos. De hecho, a menudo cuando oía los problemas de otros rompía en un llanto incontrolable. El pesar de sus hermanos judíos lo atormentaba mucho más que sus propias aflicciones, y en innumerables ocasiones el Rebe puso su nombre y honor en riesgo en un esfuerzo por ayudar a otros.

Una vez, un sobreviviente destruido del infierno Nazi se presentó a la puerta del Rebe. Él había llegado de Europa y estaba esperando establecerse en América. A su esposa, sin embargo, se le había negado la entrada debido a su mala salud y estaba en la Isla de Ellis a la espera de la deportación inminente. El hombre, inconsolable, había indicado que si su esposa sería deportada de hecho, no pensaría dos veces con acabar con su propia vida. "No se preocupe, por favor no se preocupe", imploró el Rebe. "¡Le prometo que la semana próxima su esposa estará aquí junto con usted!" Al oír las palabras del Rebe, el hombre sintió de inmediato una gran calma, y muy liberado de su pesar, se marchó como una nueva persona.

El Rabino Morgenshtern, uno de los discípulos del Rebe que había sido testigo de la escena, juntó valor y le preguntó al Rebe cómo era posible dar una garantía tajante con tal facilidad. ¡Era nada menos que prometer un milagro!

"Usted vio lo desesperado que estaba el pobre hombre", el Rebe contestó. "Mi primera preocupación era tranquilizarlo y gracias a Di-s, tuve éxito. Por lo menos durante la próxima semana se sentirá bien. Si después de una semana él ve que estaba equivocado y su esposa fue deportada, dirá: 'Abraham Iehoshua no es un Rebe verdadero, Abraham Iehoshua es un mentiroso'. Pero por lo menos durante una semana logré traer algo de paz a su vida."

Luego el Rebe tomó su Tehilim (Libro de Salmos) y empezó a recitar los versículos con intensa emoción. Cuando las lágrimas estaban cubriendo su cara, podía oírse que suplicaba: "Por favor, Di-s, por favor, Haz que Abraham Iehoshua no haya dicho una mentira. Sólo estaba intentando ayudar a un judío en una situación patética. Por favor no me permitas ser un mentiroso..." Estas oraciones continuaron mucho tiempo durante la noche.

El Omnipotente oyó sus plegarias. A la mujer se le concedió el permiso para quedarse en América, y se reunió con su marido.

EL SHEMÁ ANTES DE DORMIR

Los psicólogos que estudian el tema de los sueños nos dicen que los últimos cinco minutos conscientes de cada día determinan aquello que soñaremos de noche. Y todos sabemos que la manera en que dormimos de noche determina, en gran medida, la forma en que funcionaremos al día siguiente.

Hay una razón muy buena para acostumbrarse a la rutina del “Shemá de ir a dormir”. Encuéntrala en tu libro de oraciones. Hazlo así:

Relájate

No trates de hacerlo de prisa como hiciste hoy con el tránsito de la hora pico. Haz una pausa. Deja de lado todos los pensamientos enloquecedores del día que pasó. Vacía la mente.

Re-examina

Deja que los momentos más destacados del día pasen por tu mente. Busca los destellos de belleza que viniste a buscar a este mundo. Descarta la basura, los enredos. La próxima vez lo harás bien.

Refresca

Conviene que olvides todos esos embrollos. La mejor forma de lograrlo es olvidando los líos de los demás que te afectaron. Tal como solía decir el sabio talmúdico Rava: “A los que ignoran el impulso de ser exactos, se les ignoran todos sus pecados en el registro Celestial”.

Es por eso que antecedemos el “Shemá de ir a dormir” con un breve párrafo compuesto por el Rabí Isaac Luria, en el que declaramos nuestro perdón a todos los que puedan habernos ofendido.

Reenfócate

Ahora di el Shemá Israel, declarando que detrás de todo lo que ocurrió hoy hay un solo D-os. Dilo con un intenso enfoque mental y de ese modo se te purificará el alma.

Arrepiéntete

Piensa en la bondad de D-os, que te permite empezar de nuevo cada día. Di la plegaria de Vidui (confesión) que viene después del Shemá. Acerca tu alma a Él y aléjala de todo lo que te ata.

Vuelve a confiarle…

Concluye el Shemá con la bendición Hamapil, en la que pides una noche tranquila confiándole tu alma a las fieles manos de D-os y alabándolo por todo lo que presenciaste hoy, o sea, que Su gloria ilumina el mundo entero. Una vez que dijiste esa bendición, evita comer y beber hasta que te vuelvas a despertar.

¿Te cuesta quedarte dormido? Trata de decir, pensar o visualizar las palabras del Shemá.

 

MiSinaí es una publicación de Jabad Uruguay. Pereira de la luz 1130, Montevideo.
Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
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