Mundo Judío

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El Niño en el Pozo - La Necesidad de Mentores Espirituales - Confía - La Menorá de Janucá

 

 

No. 183

Vaieshev
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Horario de velas en Montevideo, Viernes  16/12 19.37 hs.

Demás localidades ver en  www.jabad.org.uy

EL NIÑO EN EL POZO

Por Yossy Goldman

Hay mucho drama en la Biblia esta semana cuando leemos la historia de Iosef y sus hermanos. Túnicas de lana multicolor, rivalidad entre hermanos, pozos infectados de serpientes y un intento de fratricidio dominan la parashá.

Cuando los hermanos se complotan para matar a Iosef, Reuvén, el mayor, hace un valiente esfuerzo por salvar la vida de Iosef y sugiere que en lugar de ello lo tiren a un pozo. Eso sería suficiente para enseñarle una lección sin necesidad de derramar sangre. De hecho, de acuerdo a Rashi, la Torá misma testifica que la intención de Reuvén era salvar a Iosef de sus hermanos y devolverlo a su padre.

Pero el destino tenía otros planes.

Mientras Reuvén estaba ausente, los hermanos vendieron a Iosef como esclavo. Cuando él volvió a rescatarlo, el muchacho ya no estaba y rasgó sus vestimentas por el dolor.

¿Pero dónde estaba Reuvén cuando se produjo la venta? ¿Por qué no estaba con sus hermanos en ese momento? ¿A dónde desapareció de repente?

Rashi da dos posibles explicaciones. 1) Era su turno de ir y servir a su anciano padre. Los hermanos se rotaban y había llegado el turno de Reuvén por lo que volvió a lo de su padre. 2) Reuvén estaba ocupado haciendo teshuvá (arrepentimiento) con ayuno y arpillera por el pecado de haber interferido en la vida marital de su padre (Bereshit 35:22).

Recuerdo escuchar al Rebe de Lubavitch preguntar: De acuerdo a la segunda opinión, Reuvén dejó a Iosef en el pozo para ir y ocuparse con “ayuno y arpillera”, es decir, con el arrepentimiento de sus pecados. Y veamos que sucede como resultado. Reuvén está ausente, Iosef es vendido como esclavo y llevado a Egipto. Allí es encarcelado bajo falsos cargos y un día asciende al poder interpretando exitosamente los sueños del faraón. Se convierte en virrey de Egipto, y entonces encuentra a sus hermanos perdidos desde hace tiempo cuando vienen en busca de alimentos durante la hambruna. Después de revelar su verdadera identidad, trae a su padre Iaacov y a toda su familia a Egipto donde los sustenta y apoya.

Y así es precisamente como los judíos se convirtieron en esclavos en Egipto. Todo comenzó con Iosef siendo sacado del pozo y vendido a los egipcios. ¿Por qué? ¡Porque Reuvén estaba ocupado haciendo teshuvá! Recuerdo al Rebe diciendo con voz atronadora: “¡Todo el exilio egipcio tiene su origen en la teshuvá inoportuna de Reuvén! Cuando un niño judío languidece en el pozo, no es el momento de preocuparte por tu propio estado espiritual. ¡Es momento de salvar al niño!”

Por supuesto que la teshuvá es una hermosa mitzvá. En cierta forma, es la mitzvá más grande de todas porque puede reparar el daño hecho por no haber observado todas las otras mitzvot. Pero hay un tiempo para hacer teshuvá y un tiempo para salvar vidas. Y cuando una vida está en peligro, aun la teshuvá debe esperar.

La analogía con el niño judío en el pozo resuena poderosa hoy. No se trata solo de salvar vidas físicamente, sino también espiritualmente. ¿Cuantos millones de niños judíos están en riesgo espiritual? ¿Y cuantos judíos, y por cierto cuantos rabinos, están preocupados por su propia elevación espiritual e ignoran la situación penosa de los jóvenes “en los pozos”?

Es una reflexión seria que requiere una respuesta.

LA NECESIDAD DE MENTORES ESPIRITUALES

[José] les dijo [a sus hermanos], “Por favor, escuchen este sueño que tuve.” (Bereshit 37:6)

Los dos sueños de José parecen transmitir la misma idea. La razón de la aparente repetición es que simbolizan dos etapas distintas en la relación de cada generación con sus líderes.

Las gavillas de trigo están hechas de tallos individuales, que crecen separadamente uno del otro, cada uno en su propio canal. Unirlos en gavillas simboliza nuestra primera tarea en la vida: reunir todas nuestras capacidades y talentos y unificarlos en el trabajo de santidad. Una vez que nos hemos convertido en una “gavilla”, necesitamos buscar la guia y la inspiración de un “José”, un líder espiritual.

A medida que maduramos espiritualmente, alcanzamos un nivel más alto: habiéndonos elevado por encima de la conciencia mundana, recuperamos nuestra conciencia celestial original del alma y brillamos como una “estrella”. Pero aun en este nivel, no debemos confiarnos en nuestros propios logros por inspiración, porque esto puede llevar al estancamiento y la complacencia. Sino, que debemos continuar dirigiéndonos a nuestro “José”, es decir nuestro mentor espiritual, para más ideas e inspiración.

Likutei Sijot, vol. 3, págs. 805-810. Vea también Hitvaaduiot 5744, vol. 2, pág. 715; Likutei Sijot, vol. 15, pág. 345, subnota.

Génesis (Bereshit)  37:1 – 40:23

La novena sección del libro de Génesis comienza con la crónica de José, hijo de Jacob. José comparte sus sueños, en los cuales se ve a sí mismo como el futuro líder de la familia de Jacob, con sus hermanos. Esto convence a sus hermanos que él representa una amenaza para la misión Divina de la familia, y deciden eliminarlo. Es vendido como esclavo a Egipto, donde primero asciende a una posición de responsabilidad en la casa de su amo luego de lo cual es puesto en prisión como resultado de acusaciones falsas. Interrumpiendo esta narrativa está el relato de cómo el hijo de Jacob, Judá, es excluido por su familia y luego es engañado para tener hijos con su nuera viuda Tamar.

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CONFÍA

Por Jorge Dobry

Hace pocos días nos habíamos puesto de acuerdo en familia para comenzar a respetar la mitzvá de kashrut. Después de algunos arreglos necesarios, empezamos sin dificultades. Era mucho más sencillo que lo esperado, y el cumplimiento de la dieta no ofrecía inconvenientes.

Sin embargo, el jueves por la tarde se presentó un problema al recibir a través del correo electrónico dos invitaciones simultáneas para el próximo domingo. La primera era para el encendido de las luminarias de Janucá en una plaza pública. La segunda era una fiesta de cumpleaños con asado y fútbol de un ex compañero de estudios universitarios que iba a realizar en su campo, alejado de la ciudad. Evidentemente, nos resultaría imposible estar en los dos lugares al mismo tiempo ni tampoco estar un rato en cada lugar, así que tendríamos que elegir entre el tentador asado y participar del encendido de las luminarias.

"No sabía que comías kasher", se sorprendió cuando le conté a mi compañero de estudios por teléfono, "yo también soy judío, pero como te imaginarás, no cumplo con esos preceptos. De cualquier modo me gustaría que vinieras. Tal vez puedas hacer una excepción esta vez."

Cuando terminamos de hablar me pregunté porque no le había dicho en forma directa que no iría. Es que realmente aún no estaba decidido. Después de todo, hace pocos días que habíamos empezado con esta mitzvá y, como había dicho mi amigo, pensaba en que tal vez pudiera hacer una excepción esta vez. Más aún, empecé a darme cuenta de las implicancias reales, no previstas, que el cambio traía. ¿Cuan firme debía ser mi voluntad? Era evidente que el cambio no era solamente en relación a la comida sino también en el aspecto social: ¿acaso el cumplimiento de este precepto debía limitar mi relación con la gente?

Como no estaba resuelto, lo único que pude hacer en ese momento fue esquivar el tema, tratando de olvidarlo, sobre todo porque todavía tenía tiempo para decidir. Mientras tanto, el viernes por la noche asistimos en familia al Kabalat Shabat y el sábado al servicio de rezos.

Lo que sigue en este relato no puedo explicarlo de modo racional, pero lo cierto es que al finalizar el Shabat sentí un `clic´ repentino. De todas las Tefilot que había leído, una de ellas quedó grabada en mi mente; una que comienza con las palabras "Confía en D-os...". Y a partir de allí, inexplicablemente, se aclaró mi visión en relación a este asunto. Mi confianza se afianzó y mi balanza personal se inclinó hacia el lado correcto.

El sábado por la noche, después de Shabat, llamé a mi amigo para felicitarlo por su cumpleaños, y sin dar excusas le avisé que lamentaba no concurrir. "Ok, no hay problema, te entiendo", me dijo de modo tranquilizador. "Cualquier día de estos nos podemos encontrar y me contás como es eso de comer kasher". ¡Sorpresa!: no solo no se había molestado, sino que también estaba interesado en conocer sobre kashrut.

Sin duda, yo ya estaba mucho más animado en relación a mi elección aunque, para ser sinceros, me había quedado con las `ganas´ de comer aquel asado.

Así, el domingo por la tarde fuimos con mi esposa al encendido de las luminarias. Durante un breve descanso en la actividad, me senté junto a un amigo del templo. "¿Te avisaron?", me preguntó sonriendo, "el Rab nos invita mañana a comer un asado", y mi rostro de pronto se iluminó.

Podemos llamarlo casualidad, podemos llamarlo pequeño milagro, o podemos llamarlo como se quiera, pero les aseguro que el placer de compartir esa inesperada comida kasher junto a otras personas que también iniciaron su acercamiento a nuestras raíces sobrepasó en mucho al de cualquier otra que recuerde. `¡Confía!´, dice la Tefilá. En algún momento, inesperadamente, la recompensa también llega.

LA MENORÁ DE JANUCÁ

Por qué: El encendido de la Menorá de Janucá fue instituido como una estrategia de publicidad: dar a conocer a todo el mundo que D-os hace milagros por aquellos que defienden la verdad y la justicia.

Cuándo: Los Macabeos expulsaron a las fuerzas de la oscuridad con espadas; nosotros lo hacemos con velas. Es por esto que encendemos la Menorá poco después de la puesta del sol. Dos excepciones: el viernes a la tarde encienda las velas antes de la puesta del sol. El sábado a la noche, enciéndalas cuando ya es de noche. La primer vela se enciende este año la noche del domingo 6 de Diciembre.

Dónde: Donde quiera que este viviendo en el momento. Ponga la Menorá en un corredor central, cerca del marco opuesto a la mezuzá. Otros tienen la costumbre de ponerla frente a una ventana que da a la calle.

Quién: Toda persona judía, hombres, mujeres y niños. En muchos hogares el jefe de la casa enciende una Menorá para todos. En otras, todos encienden la suya. Algunos encienden una vela y dejan que los niños enciendan el resto.

La Menorá: El milagro de Janucá está asociado con el aceite de oliva, de forma que este es el combustible preferido. Pero puede usar cualquier vela que arda hasta media hora después del anochecer. Las menorás eléctricas son buenas para decoración, pero va a necesitar una con velas para cumplir con la mitzvá.

Cómo:

1. Haga que todos se reunan alrededor de la Menorá.

2. Encienda la vela del shamash (“asistente”).

3. Parado, recite las bendiciones que están en el libro de oraciones.

4. Encienda las velas. En la primer noche ponga una vela a la derecha de la menorá, y agregue una cada noche hacia la izquierda. Cada noche, encienda la nueva vela primero y continue encendiendo de izquierda a derecha. Agregue de derecha a izquierda y encienda de izquierda a derecha.

5. Ponga el shamash en su lugar en la menorá y cante los himnos de Janucá de “Haneirot Alelu” y “Maoz Tzur”.

6. Permanezca alrededor de las velas cerca de media hora (excepto el viernes por la tarde). Comparta algunas historias de Janucá con su familia, disfrute de un juego de dreidel y ¡deleitese con algunos latkes calientes!

 

MiSinaí es una publicación de Jabad Uruguay. Pereira de la luz 1130, Montevideo.
Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
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