Mundo Judío

Pésaj: la tarjeta de presentación de Dios

Fuente: aishlatino

r por Sara Yoheved Rigler

El propósito del Éxodo fue establecer una relación personal, afectiva, entre Dios y el pueblo judío, incluyendo a cada judío individual.

Jenny Weisberg creció en un hogar judío asimilado de clase media-alta en Baltimore. Ella no tenía el mínimo interés en Israel, el estado judío. Para ella, el estado judío era New Jersey. Hasta los diez años, asistió por las tardes a una escuela hebrea: un día a la semana estudiaban hebreo y un día "cultura hebrea". En su tercer año de universidad, pasó un semestre en Indonesia.

Allí, su mejor amiga era Pippin, una musulmana devota. Pippin cada día se cambiaba la ropa por prendas blancas y rezaba cinco veces al día. Un día, ella le dijo a Jenny: "Nunca te vi rezar. ¿Acaso los judíos no rezan?".

Jenny, con el beneficio de cuatro años de escuela hebrea más lecciones de bat mitzvá, le respondió: "Sólo tenemos permitido rezar una vez a la semana, sólo los sábados a la mañana y sólo si hay una sinagoga. Aquí no hay sinagoga, así que no tengo permitido rezar".

Sorprendida, Pippin le respondió: "¿De veras? ¿Y no extrañas a Dios?".

Jenny se quedó estupefacta ante la pregunta. Un mes y medio más tarde estaba en Jerusalem, donde se embarcó en una travesía de aprendizaje y práctica del judaísmo. Hoy reza todos los días en su casa en Jerusalem o en un bosque cercano. Ella es la creadora y la fuerza vital del popular sitio web jewishmom.com

Cómo no extrañar a Dios
Pésaj es la respuesta judía a: "¿No extrañas a Dios?". Los Sabios llaman a Pésaj "la festividad de la emuná". Emuná por lo general se traduce como 'fe en Dios', pero en verdad emuná es más 'conocerlo' que 'creer en Él'. Es más parecido a saber que tu madre es tu madre que lo que sabes que George Washington fue el primer presidente de los Estados Unidos.

Cuando Dios se presentó ante el pueblo judío al revelarse en el Monte Sinaí, Él no se presentó a Sí Mismo como el Creador del mundo, las estrellas y las galaxias, lo cual hubiera sido una forma impresionante de presentarse. Él no se presentó como la única fuerza que opera en el universo, Quien mantiene cada latido y cada respiración, lo cual también hubiera sido una impresionante tarjeta de presentación. En cambio, Él eligió presentarse como: "Yo soy Hashem, tu Dios, Quien te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre".

¿Qué es tan importante respecto al Éxodo para que Dios eligiera definirse a Sí Mismo de esta manera? El Éxodo se menciona en el Kidush que recitamos cada Shabat y en la bendición que decimos después de la comida. Ambas cosas aparentemente no tienen ninguna relación con la liberación de la esclavitud. De hecho, hay una mitzvá de la Torá de recordar cada día el Éxodo de Egipto. Incluso los eventos históricos más monumentales pierden impacto con el tiempo. ¿Por qué el Éxodo debe recordarse perpetuamente a lo largo de los milenios?

¿Quién es el Dios del Éxodo?
Las dos referencias en segunda persona de la declaración: "Yo soy Hashem, tu Dios, quien te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre", en hebreo están en singular. "Tu Dios", en singular, tu Dios individual, connotando una relación personal. "Quien te sacó" de la esclavitud, significa: "Yo intervine en tu vida para tu beneficio". El mensaje de este, el primero de los Diez Mandamientos, es: "Yo estoy conectado contigo en una relación personal, afectiva y Yo manipulo los eventos para tu beneficio".

Así es como Dios quiere que lo conozcamos.

Esta es la razón por la cual la Hagadá, la historia del Éxodo que recitamos en el Séder de Pésaj, no menciona a Moshé, el gran liberador y hacedor de milagros. La Hagadá lo deja claro: puedes haber visto a Moshé sacudir su vara en las Diez Plagas y en el Mar de los Juncos, pero Dios es el poder invisible cuyo compromiso y preocupación por ti te liberó de la esclavitud. Como declara la Hagadá: "Hashem nuestro Dios nos sacó de allí con mano fuerte y brazo extendido". No te confundas: incluso el ser humano más poderoso sólo es un agente de Dios.

Pésaj celebra el amor que Dios tiene por nosotros. Por eso, en Pésaj se lee el Cantar de los Cantares, el gran poema de amor bíblico.

Pero, ¿quién nos puso en la esclavitud?


Hay una historia que cuentan sobre Rav Nóaj Weinberg, el fundador de Aish Hatorá. Un nuevo estudiante de Aish llegó a ver a Rav Weinberg. El estudiante le explicó que había llegado a aprender más sobre sus raíces judías porque Dios había hecho un milagro para él. Un día, iba conduciendo su motocicleta por un sinuoso camino de montañas y la motocicleta se desplomó por un barranco, cayendo muchos metros, pero él salió ileso. "Dios me salvó", dijo el joven. Rav Weinberg le respondió: ·"¿Y quién te empujó para que cayeras?".

Ensalzar a Dios por los milagros del Éxodo exige que nos preguntemos: si Dios es la única fuerza operativa en el universo; ¿cómo pudo permitir esa tortuosa esclavitud? Si bien los seres humanos tienen libre albedrío en el ámbito moral y son responsables por sus actos, razón por la cual los egipcios fueron castigados por tratar a los israelitas con crueldad y sadismo, nada sucede sin que la Divinidad lo desee o lo permita.

Dios es el gran maestro de ajedrez. Sus movimientos responden a nuestros movimientos. Veamos la historia de los hijos de Israel en Egipto. Cuando el patriarca Iaakov y sus hijos y nietos descendieron a Egipto, llegaron como invitados de honor del faraón. El hijo de Iaakov, Iosef, era el virrey de Egipto. Su clan recibió tierras fértiles en Goshen (conocido por los arqueólogos como Avaris), en el delta del Nilo. Ellos prosperaron, se multiplicaron y triunfaron en la sociedad egipcia.

El antiguo Egipto fue el imperio más longevo que ha conocido el mundo. Como lo describió la Dra. Rajeli Shalomi-Hen, profesora de egiptología de la Universidad Hebrea de Jerusalem:

Las mismas personas vivieron en el mismo lugar, hablaron el mismo idioma y creyeron en los mismos dioses durante más de 3.000 años… Egipto en el Nuevo Reino (1550-1059 AEC) fue el poder político más importante de la región, formando un imperio que se extendía desde la Cuarta Catarata del Nilo en el sur, en el corazón de África, hasta el Éufrates en el noreste… Las grandes ciudades de Egipto atraían a gente de todo el mundo conocido, y en sus calles se mezclaban muchas lenguas y culturas.(1)

En síntesis, Egipto en esa época era como Nueva York hoy en día. No sorprende que los israelitas admiraran y se asimilaran a esa sociedad cosmopolita. Ellos se codeaban con la clase alta y adoraban a sus dioses. Un siglo después de que los israelitas emigraran a Egipto, un "nuevo faraón" percibió a este grupo próspero y exitoso como una amenaza estratégica, una posible quinta columna en caso que llegara a estallar la guerra. La acusación de deslealtad de los judíos a su país adoptivo comenzó en el antiguo Egipto. El faraón y sus consejeros idearon una estrategia. Ellos convocaron a los israelitas a demostrar su patriotismo ofreciéndose como voluntarios para proyectos públicos de construcción. El voluntariado pronto se transformó en una conscripción y luego en esclavitud.

Al igual que en España en el siglo XV y en Alemania en el siglo XX, lo único que detuvo la asimilación completa de los judíos fue que el gobierno local se volviera en contra de ellos.

Pero Dios le había dicho a Abraham siglos antes: "Tu descendencia será extranjera en tierra ajena, y los esclavizarán y afligirán" (Génesis 15:13). Aparentemente la esclavitud era parte del plan Divino. ¿Por qué? ¿Qué era lo que el sufrimiento podía imprimir en el ADN judío que el éxito no podía lograr?

Si bien este es un tema para reflexionar profundamente, quiero proponer una respuesta: la compasión por aquellos que sufren. Los Sabios del Talmud declaran que la compasión en tan inherente al carácter judío, que si un judío no exhibe la cualidad de la compasión uno puede dudar legítimamente de que en verdad sea judío. Esta compasión explica por qué los judíos han estado al frente de todos los movimientos sociales. También explica por qué los judíos a lo largo de la historia se destacaron por dar más caridad que sus compatriotas no judíos. Como observó Mark Twain:

El judío no es una carga para las caridades del estado o de la ciudad; estas pueden dejar de funcionar sin que eso los afecte. Cuando está sano, trabaja. Cuando está incapacitado, su propio pueblo se hace cargo de él. Y no de una forma pobre y mezquina, sino con fineza y gran benevolencia. Su raza merece ser llamada la más benevolente de todas las razas humanas (2).

Un artículo de 1983 del Wall Street Journal señaló: "El United Jewish Appeal recauda cada año más que la sociedad norteamericana de cáncer, la asociación norteamericana de corazón, la asociación de distrofia muscular, March of Dimes y National Easter Seal Society combinadas"(3). Las magnánimas donaciones judías no se limitan a causas judías. Un estudio de 1987 reveló que "los judíos son un poco más propensos a hacer contribuciones a una filantropía no judía que a una filantropía judía" (4).

La razón del Éxodo

En la Torá misma, Dios aclara la razón del Éxodo: "Yo soy Hashem, tu Dios, quien te sacó de la tierra de Egipto para ser tu Dios" (Deuteronomio 11:21). El propósito tanto de la esclavitud como de la redención fue establecer una relación entre Dios y el pueblo judío, incluyendo a cada judío individual. En el Monte Sinaí, Dios codificó esa relación como el primero de los Diez Mandamientos: "Ten fe en Mí, en que Yo me preocupo por ti, y en Mi participación en tu vida".

Esto no implica que Dios te dará el billete ganador de la lotería. Esto significa que Dios hará lo que en definitiva sea mejor para tu rectificación espiritual, lo cual es el propósito por el cual tu alma descendió a este mundo físico.

Cuando Jenny estaba en la universidad y no rezaba, no extrañaba a Dios. Por eso ella casi lo pierde de vista. Gracias a su devota amiga musulmana, comenzó su búsqueda. Y encontró a Dios… que estaba esperándola a ella.

 
Cuadro: Camino a Sinaí, de Yoram Raanan

1The Koren Tanakh of the Land of Israel, p. 3
2“Concerning the Jews,” The Complete Works of Mark Twain, p. 266
3“Jewish Charities Raise Huge Sums in the U.S.” 1 de abril 1983
4G. Tobin, “We Are One, We Are Many,” presentado en la Reunión Internacional de Liderazgo de la UJA, New York, 1987, p. 21

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