POR IONATAN WAS
Hace pocas semanas, en el auditorio de la universidad ORT, con la maestría en la conducción del acto por parte de Tomás Fridman, se dio el homenaje a la figura del profesor Enrique Rodríguez Fabregat. Tomaron la palabra los expresidentes Julio María Sanguinetti y Luis Lacalle Herrera, además del exintendente de Montevideo Ricardo Erlich; los tres representando el mapa completo de la política uruguaya, pero sobre todo, vinculados en mayor o menor medida al homenajeado. Estuvieron presentes entre otros la embajadora de Israel Michal Hershkovitz- que dijo unas palabras—, el rector de la universidad ORT Jorge Grünberg, el presidente del Comité Central Israelita Roby Schindler, y la exvicepresidenta Lucía Topolansky, que a ojos de muchos fue una presencia llamativa.
Julio María Sanguinetti, el Rector de la Universidad ORT Jorge Grunberg, el periodistaTomás Friedmann y Ernesto Stolowicz
Unos días después del acto nos sentamos a conversar con Ernesto Stolowicz, quien encabeza desde hace años la Comisión Rodríguez Fabregat. Stolowicz fue dos veces presidente de la Organización Sionista del Uruguay, luego dos veces presidente de la Kehilá, además de haber ocupado distintos cargos en instituciones judías a nivel continental.
El acto y la importancia de su representatividad
¿Cómo evaluás el acto del otro día?
Había una gran expectativa, en especial por la calidad de los componentes del panel. Teníamos pensado contar con el expresidente Mujica y lamentablemente no pudo ser. En cambio vino el ingeniero Ehrlich, otra figura del Frente Amplio. Todos ellos conocieron de alguna forma a Rodríguez Fabregat, y tienen muy cercanas sus vivencias en el marco de las Naciones Unidas.
No pudo ya estar Mujica pero sí Lucía Topolanski.
Y se portó en forma muy amistosa con nosotros. Incluso ella iba a ocupar una plaza en el panel, pero a último momento nos pidió si la podíamos exonerar. Y entonces nos sugirió traer a Ehrlich. Igualmente la Sra. Topolanski tuvo la deferencia de venir al acto y así acompañarnos.

La figura de Fabregat y el significado de homanejar su memoria
¿Cómo fue el acercamiento a la Comisión Rodríguez Fabregat?
Se dio a fines de los noventa, en tiempos del embajador de Israel en Uruguay Joel Salpak, que se preocupó especialmente de revivir la Comisión, que en ese entonces la integraban por ejemplo Ramiro Rodríguez Villamil, el doctor Antonio Turnes, Saúl Gilvich, y otra gente de la política, de los tres partidos. A mí lo que me motivó a participar más que nada fue mi lectura de adolescente de “La rebelión en Tierra Santa” de Menajem Beguin, por un capítulo en que se relata la llegada de la UNSCOP (Comité Especial de las Naciones Unidas para Palestina). De aquella delegación formaba parte Rodríguez Fabregat, a quien Beguin recibe en la clandestinidad. Ahí se relata cómo lo cambian de vehículo (a Rodríguez Fabregat y a Garcia Granados delegado de Guatemala), le tapan el rostro, hasta llevarlo a destino, para el encuentro. Yo cuando leí esta parte tenía trece años, y me llenó de orgullo, por mi doble condición de uruguayo y de judío. Encontrarse con un uruguayo de la sensibilidad de Rodríguez Fabregat, más las alabanzas de Beguin hacia el estado uruguayo, para mí fue algo impresionante; me impactó. Cuando el embajador Salpak veinte años después me ofrece la posibilidad de integrar la Comisión, fue un halago enorme; me dije, esto no me lo puedo perder. Ahí fue que empecé a trabajar en la Comisión. Unos años después, siendo yo presidente de la Kehilá, el propio embajador Salpak me pidió que tomara las riendas de la Comisión. Y desde entonces la misión nuestra es mantener viva la memoria de Enrique Rodríguez Fabregat.
¿Cómo se mantiene viva esa memoria?
Nosotros nos trazamos dos metas. Una fue encontrar un sitio en donde rendir homenaje, y así es que desde 2003 una plazoleta en el Buceo lleva su nombre; yo hice la gestión ante la Intendencia. Y en el último tiempo nos dedicamos a reeditar el libro, que aprovecho para contar, además de la pluma propia de Rodríguez Fabregat, tiene una segunda parte a cargo del historiador Elder Ruiz. También hemos realizado conferencias en los liceos judíos, si bien desde la pandemia andamos un poco trancados. Queremos que la memoria de Rodríguez Fabregat esté inserta en la educación formal; lo que él hizo es como para ser un Justo entre las Naciones.
También hay un memorial en Israel.
Estuve en la inauguración con Sanguinetti, durante mi primera presidencia de la Kehilá; Éramos unos cuantos uruguayos. Está en Ramat Gan, y consiste en un monolito donde se resume su intervención en la UNSCOP, la Comisión de la ONU para Palestina.
¿Cómo describirías el contexto socio político de aquel noviembre del 47?
Rodríguez Fabregat era profesor de historia en Nueva York en ese entonces, y además, amigo de muchos años del entonces Presidente de la República Luis Batlle Berres. Y fue Batlle Berres que le pidió a Rodríguez Fabregat si podía asumir el liderazgo de la delegación de Uruguay en las Naciones Unidas, sobre todo por la cuestión judía. Al principio Rodríguez Fabregat dudó, pero después de comenzada la tarea, se convirtió realmente en el líder de los países latinoamericanos que votaron a favor de la Partición. Y además insistió en la necesidad de que la UNSCOP visitara los campos de desplazados en Europa, hacia el final de la Segunda Guerra, para luego visitar el mandato británico de Palestina. Porque si bien Rodríguez Fabregat tenía la misión de Batlle Berres de generar una solución lógica y justa para los dos pueblos, don Enrique quería conocer de primera mano la situación. Y fue así que la gran solución que encontró la UNSCOP, con el trabajo formidable de Rodríguez Fabregat, fue decir: los dos tienen razón, los dos deben convivir, una parte que sea judía y la otra árabe. La profesionalidad de Rodríguez Fabregat fue tal que llevó a un ingeniero agrimensor uruguayo —de nombre Sixto—, para dilucidar cómo se podía dividir el territorio. No era cuestión de hacer cualquier cosa: había que ser lo más justo posible. Si tenía una virtud don Enrique, es que era una persona justa.
¿Cómo siguió su trayectoria, en especial respecto a la comunidad judía?
Él siempre estuvo muy vinculado, tenía lazos muy arraigados; visitó varias veces Israel, como se cuenta en el libro. Se relata en el prólogo del libro una visita a la Kneset estando Menajem Begin todavía en la oposición, dialogando entre ellos por horas. Evidentemente existió una corriente de empatía entre ellos. Como Beguin estuvo proscripto de por vida en Inglaterra, igual Rodríguez Fabregat en algún momento estuvo exiliado de Uruguay, por ejemplo durante la dictadura militar. Era un libertario, muy antiimperialista.
¿Lo llegaste a ver alguna vez, a Rodríguez Fabregat?
Una vez, en el cine Censa (18 y Magallanes), en un acto de Iom Haatzmaut. Mi padre me lo señaló, y entonces lo vi. Todo el mundo quería tocarlo.
En este punto Ernesto hace una digresión, para contar esas fiestas multitudinarias por la independencia, o bien en el (enorme) cine Censa, o bien en el Palacio Peñarol. Aquellos primeros años indescriptibles, con la gente temblándole la voz al cantar el Hatikva, emocionándose al ver las imágenes en blanco y negro, la tierra de Israel empezando a rodar…
Algún comentario final que quisieras hacer, aun saliendo de tema.
No es fácil entender la aversión que tiene hoy en día un segmento de los partidos de izquierda con Israel. Hay ciertas manifestaciones públicas con visos de agresividad, como una respuesta automática negativa; y eso antes no se notaba, ni que hablar en el año 47 cuando no solo la causa judía tenia el apoyo de Emilio Frugoni, sino que además la Resolución 181 de ONU fue votada por la Unión Soviética. Aunque por supuesto que son tiempos muy distintos. Por otro lado quisiera resaltar el trabajo de todos los integrantes de la Comisión Rodríguez Fabregat, pero en especial de la secretaria general Raquel Fogel, de Salomé Rodríguez (nieta de Rodríguez Fabregat), de Patricia Serban entre otros. Además agradecer a la directora del Comité Central Israelita Gabriela Fridmanas y sus colaboradores. Por último resaltar la idea que es emblema del pueblo judío y por supuesto de la Comisión Rodríguez Fabregat: la cristalización de un estado árabe que conviva en buena vecindad con Israel. Era parte de la resolución 181, que el mundo árabe lamentablemente rechazó y optó por lanzarse a la guerra contra el naciente Estado de Israel.Hasta que no se consiga, lo sentimos como una asignatura pendiente.





